Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Mano alzada

Humberto Junca

Sketch Bogotá, Colombia 05/11/2017 – 06/14/2017

Vista de instalación. Cortesía de SKETCH​ © Niko Jacob

Vista de instalación. Cortesía de SKETCH​ © Niko Jacob

Vista de instalación. Cortesía de SKETCH​ © Niko Jacob

Le pregunté a mi tía su opinión sobre la serie Vigilar y castigar (afuera). Ella, que fue profesora de ética y filosofía en un colegio distrital de Bogotá durante los últimos 36 años, me contestó con certeza:
-Pues que el artista está mal informado. Lo único que los estudiantes dibujan en los pupitres es su “genitalidad”.

En las obras que conforman Mano alzada, Junca va de las labores asociadas a la sumisión, al “juicio” y a la obediencia, como el bordado y el dibujo académico, a los gestos desobedientes e insumisos: rayar el pupitre, encriptar la información, mirar lo que no se debe; o a quien no se debe. Me imagino que, al hacer estas obras, él se comporta la mitad del tiempo como una abuelita resignada, o como una adolescente púdica, y el resto, como un adolescente indómito y travieso, la oveja negra de la casa.

En efecto, al combinar estos mundos de actuación en cada pupitre, cada sigla y cada bastidor, Junca clausura momentáneamente la brecha que convierte estas prácticas en fuentes de distinción, de segregación de la “gente bien” y la “gente mal”. Del bien y el mal.

Estos órdenes distintos de la gestualidad, se entretejen sobre superficies (los pupitres, las sedas, los yines gastados) que retornan con fuerza a los cuerpos; a los cuerpos sentados, al culo que soporta el peso de estos cuerpos en las largas jornadas de colegio, de dibujo, de costura; y por cierto, a las manos alzadas, las que se alzan para pedir la palabra, para-alabar-a-nuestro-señor-Jesucristo, para simbolizar la fuerza en una protesta, para gritar en un concierto; también para amenazar a la pareja con una bofetada, a los hijos con una tunda. Porque son los cuerpos atravesados por el poder, y que se resisten al poder, de la “mala educación”, del “modelo extranjero”, de las “buenas maneras”, a través de su genitalidad, por qué no, y a través del erotismo que implica dibujar, dedicar el tiempo a ese pacto efímero entre los ojos y las manos, entre el culo y la cabeza, entre el deseo y la razón.

– Sylvia Suárez

http://sketchroom.co/

Vista de instalación. Cortesía de SKETCH​ © Niko Jacob

Vista de instalación. Cortesía de SKETCH​ © Niko Jacob

Vista de instalación. Cortesía de SKETCH​ © Niko Jacob

Le pregunté a mi tía su opinión sobre la serie Vigilar y castigar (afuera). Ella, que fue profesora de ética y filosofía en un colegio distrital de Bogotá durante los últimos 36 años, me contestó con certeza:
-Pues que el artista está mal informado. Lo único que los estudiantes dibujan en los pupitres es su “genitalidad”.

En las obras que conforman Mano alzada, Junca va de las labores asociadas a la sumisión, al “juicio” y a la obediencia, como el bordado y el dibujo académico, a los gestos desobedientes e insumisos: rayar el pupitre, encriptar la información, mirar lo que no se debe; o a quien no se debe. Me imagino que, al hacer estas obras, él se comporta la mitad del tiempo como una abuelita resignada, o como una adolescente púdica, y el resto, como un adolescente indómito y travieso, la oveja negra de la casa.

En efecto, al combinar estos mundos de actuación en cada pupitre, cada sigla y cada bastidor, Junca clausura momentáneamente la brecha que convierte estas prácticas en fuentes de distinción, de segregación de la “gente bien” y la “gente mal”. Del bien y el mal.

Estos órdenes distintos de la gestualidad, se entretejen sobre superficies (los pupitres, las sedas, los yines gastados) que retornan con fuerza a los cuerpos; a los cuerpos sentados, al culo que soporta el peso de estos cuerpos en las largas jornadas de colegio, de dibujo, de costura; y por cierto, a las manos alzadas, las que se alzan para pedir la palabra, para-alabar-a-nuestro-señor-Jesucristo, para simbolizar la fuerza en una protesta, para gritar en un concierto; también para amenazar a la pareja con una bofetada, a los hijos con una tunda. Porque son los cuerpos atravesados por el poder, y que se resisten al poder, de la “mala educación”, del “modelo extranjero”, de las “buenas maneras”, a través de su genitalidad, por qué no, y a través del erotismo que implica dibujar, dedicar el tiempo a ese pacto efímero entre los ojos y las manos, entre el culo y la cabeza, entre el deseo y la razón.

– Sylvia Suárez

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