Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Campana

Jimena Croceri

SlyZmud Buenos Aires, Argentina 05/13/2016 – 06/28/2016

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El sonido de la convocatoria

Parte de esta muestra se ideó y se terminó de puntillar en la localidad de Carupá, en el partido de Tigre, un barrio más parecido a Barracas que a la humedad del río Sarmiento. Jimena trabajó en un galpón gigante que le quedaba grande, donde había más cosas sin usar que las que manipulaba con más atrevimiento que éxito, pero que le permitieron desparramar esquemas hasta llegar a este que vemos acá.

Una campana sirve para lo burdo y para lo sofisticado. Las campanas son el metal para un llamamiento que según la época y el ámbito impera por que volvamos al aula, encontremos a Dios a través de un rito, lloremos a los muertos o dejemos de pelearnos. Pero es también un elemento ya anacrónico de la ciudad. Un becerro en retirada que condensa más vivencias de las que proyecta. Como una guarida de tiempo, las campanas suenan para recordar el poder frío de algunos sonidos. Una campana es la bisagra de una convocatoria cromada por su tintineo. También es un elemento inútil cuando no hay qué convocar. También es una metáfora formal para los que avisan: una manera piadosa de nombrar a un vigilante es decirle que haga de campana.

En ese género de “el que avisa no traiciona” se organiza la muestra, ceñida por la miel pegajosa que nos obliga a llevarnos partículas sin precio del piso. En esa línea va el video que enfoca un pullover vuelto mapa para un scroll de la mugre de la naturaleza, que entonces no es mugre sino astillitas que componen algo armónico, algo de infinito entre el cuerpo y el piso, inacabable si se lo acerca cada vez más. Digamos: con ese método todo es barroco, porque es cuestión de acercarse para notar el abismo de las capas. Ese descubrimiento puede que sea simple e infinito a la vez. También hay otro video, en plano abierto, del que diremos solo que parece un mantra para cuando el tiempo dura.

En esta muestra Algo vivo se come algo vivo y es el espectáculo de un trabajo. Las paredes están adornadas de pereza y de austeridad divertida. Miren a esa chica sosteniendo un pedazo de bolsa con el aliento, como si le rezara a nadie para engañar al que le tenga piedad. Es, de nuevo, un codeo con lo roto, la arcilla, lo crudo, lo cocido y los escombros. Los escombros lo son porque donde los ponemos molestan. Ya que estamos, ¿son escombros, metáforas de saches de leche o humanoides esquematizados aquellas formas rosadas y grises de textura ambigua?

Las muestras organizan la señalética de la artista para codificar lo que hizo con todo lo que hizo antes y lo que tiene en mente como explosión futura. En esta muestra parcial de lo que hace Jimena no está todo: pero está el resto que queda de pensarlo todo.

http://www.slyzmud.com/

Fotografía: Gonzalo Maggi, Agustín Rojas y María Faux
Cortesía de SlyZmud, Buenos Aires

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El sonido de la convocatoria

Parte de esta muestra se ideó y se terminó de puntillar en la localidad de Carupá, en el partido de Tigre, un barrio más parecido a Barracas que a la humedad del río Sarmiento. Jimena trabajó en un galpón gigante que le quedaba grande, donde había más cosas sin usar que las que manipulaba con más atrevimiento que éxito, pero que le permitieron desparramar esquemas hasta llegar a este que vemos acá.

Una campana sirve para lo burdo y para lo sofisticado. Las campanas son el metal para un llamamiento que según la época y el ámbito impera por que volvamos al aula, encontremos a Dios a través de un rito, lloremos a los muertos o dejemos de pelearnos. Pero es también un elemento ya anacrónico de la ciudad. Un becerro en retirada que condensa más vivencias de las que proyecta. Como una guarida de tiempo, las campanas suenan para recordar el poder frío de algunos sonidos. Una campana es la bisagra de una convocatoria cromada por su tintineo. También es un elemento inútil cuando no hay qué convocar. También es una metáfora formal para los que avisan: una manera piadosa de nombrar a un vigilante es decirle que haga de campana.

En ese género de “el que avisa no traiciona” se organiza la muestra, ceñida por la miel pegajosa que nos obliga a llevarnos partículas sin precio del piso. En esa línea va el video que enfoca un pullover vuelto mapa para un scroll de la mugre de la naturaleza, que entonces no es mugre sino astillitas que componen algo armónico, algo de infinito entre el cuerpo y el piso, inacabable si se lo acerca cada vez más. Digamos: con ese método todo es barroco, porque es cuestión de acercarse para notar el abismo de las capas. Ese descubrimiento puede que sea simple e infinito a la vez. También hay otro video, en plano abierto, del que diremos solo que parece un mantra para cuando el tiempo dura.

En esta muestra Algo vivo se come algo vivo y es el espectáculo de un trabajo. Las paredes están adornadas de pereza y de austeridad divertida. Miren a esa chica sosteniendo un pedazo de bolsa con el aliento, como si le rezara a nadie para engañar al que le tenga piedad. Es, de nuevo, un codeo con lo roto, la arcilla, lo crudo, lo cocido y los escombros. Los escombros lo son porque donde los ponemos molestan. Ya que estamos, ¿son escombros, metáforas de saches de leche o humanoides esquematizados aquellas formas rosadas y grises de textura ambigua?

Las muestras organizan la señalética de la artista para codificar lo que hizo con todo lo que hizo antes y lo que tiene en mente como explosión futura. En esta muestra parcial de lo que hace Jimena no está todo: pero está el resto que queda de pensarlo todo.

http://www.slyzmud.com/

Fotografía: Gonzalo Maggi, Agustín Rojas y María Faux
Cortesía de SlyZmud, Buenos Aires

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