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Edición 1: Margen de elección

Hunter Braithwaite

Tiempo de lectura: 10 minutos

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02.03.2015

After the laughter

Creando un sistema evolutivo de objetos y performances, los artistas Domingo Castillo y Hugo Montoya, radicados en Miami, utilizan humor y diversos trucos para transformar los códigos y las premisas del mundo del arte en una serie de espejismos.

KoalaSculptureHugo Montoya, Furrealz, vista del Summer 2012 DuhHype show en Swampspace

(Después de la risa)
El arte de Hugo Montoya y Domingo Castillo

Dos escenas. En el cayo Virginia, una de las islas que separan la extendida metrópolis de Miami del océano Atlántico, un hombre en vestido de baño arrastra una pesada nevera a su auto. En un lugar distinto, otro hombre se sienta rodeado de jóvenes en un tienda abandonada del centro comercial 777 International en el centro de Miami. El incienso asciende en el aire y se mezcla con el olor metálico del ceviche que emana de un restaurante peruano al otro lado del pasillo. ¿De qué hablan?

En la mayoría de ciudades, sería difícil situar ambas escenas dentro de las fronteras del arte contemporáneo, pero Miami no es como la mayoría de ciudades. Se trata de un lugar de re-invención y re-actualización, un lejano oeste donde la gente puede moverse horizontal o verticalmente sin esfuerzo, un puesto fronterizo pero también el centro emergente de un nuevo mundo. La ciudad ha ido creando rápidamente un tipo de arte que responde a una cultura con partes iguales de ocio y ruptura. Una de las estrategias de este arte es usar humor en sus muchas formas, yendo de los chistes vulgares al absurdo beckettiano. Dos artistas de esta tendencia son Hugo Montoya, el hombre de la nevera, y Domingo Castillo, el de la tienda.

Llevando la nevera a su auto ese día, Hugo Montoya estaba nervioso; no por que estuviera haciendo algo ilegal (aunque puede parecerlo, estas playas son famosas desde hace décadas por el tráfico de drogas) sino porque “el letrero en el parque dice que no se puede usar el parque para actividades atípicas”. Aunque lo que resulta típico en un parque puede discutirse, intenta explicarle a un guardaparques que estás extrayendo cientos de kilos de arcilla para un proyecto artístico. La nevera de Montoya estaba llena de arcilla que excavó del agua y que llevó, en varios viajes, a la galería Guccivuitton gallery en Little Haiti, donde la untó en la pared para una pieza titulada Playa negra.

BlackBeachDetailHugo Montoya, Black Beach, 2013, clay, wall, dimensions variable (installation 96″ x 144″)

Montoya nació en Gainesville, Florida, en 1975 en una familia venezolano-boliviana y se mudó a Miami a los cuatro años. Estudió fotografía y escultura en Florida International University y vivió un breve primer acto como fotógrafo. Aunque su práctica fotográfica era fuerte (lanzaba la imagen a la cara tanto del sujeto como del espectador, capturando lo que uno podría denominar como “el momento defensivo”), una exposición temprana donde no vendió nada lo hizo re-evaluarse y, eventualmente, abandonar el medio.

Como muchos, el joven artista dejó Miami por Nueva York, donde trabajó como art handler, lo que solo provocó nuevas crisis: “pensé ‘¿por qué hago esto? ¿Por qué quiero ser artista? ¿Para que mi trabajo termine en la casa de esta gente?’. Dejé de producir obra un rato”. Esto ilustra una realidad de Miami, una ciudad que se ha vuelto sinónimo de la cultura de las ferias de arte. El medio ambiente natural de una obra de arte son las casas lujosas. El museo, la universidad, la galería existen, pero a menudo son solo voces secundarias.

Al regresar al arte, su trabajo no se parecía a nada de lo anterior. Para comenzar, estaba haciendo esculturas que mostraban una personalidad subversiva, algo en lo que no se puede confiar del todo, al mismo tiempo consciente de la broma y afuera de ella.

En una exposición, Montoya presentó dos pedestales, uno de los cuales tenía una tetera de cerámica en forma de koala. En la otra no había nada, pero estaba envuelta en piel —una decisión que le sirve para entablar una conversación con la taza y plato cubiertos de piel de Meret Oppenheim y las conversaciones derivadas sobre lo camp y lo unheimlich. También, si eras un malpensado, la pieza estimulaba un salto mental al falo del koala. Pero lo más importante es que se veía bien. Trabajar como art handler y pasar años deambulando por Art Basel Miami Beach le ha dado a Montoya una habilidad sobrenatural para lograr piezas de gran factura que esconden innumerables puertas secretas tras su fachada.

HugoBoulderHugo Montoya, Stolen Boulder, 2013, found boulder, enamel paint, steel rod, dimensions variable

Montoya presentó Living is Not Enough en Guccivuitton en el otoño de 2013. Hubo incomodidad entre los espectadores porque el artista había balanceado una roca de 500 libras sobre una pieza de acero. “Siempre supe que quería la roca en la exposición. En realidad no es tan grande, es una pequeña roca gigante”. La idea se le ocurrió caminando por Wynwood, el distrito de grafitti y café helado de Miami, donde encontró la roca frente al campo de tiro del vecindario. Hugo y cinco amigos la levantaron hasta una camioneta y la instalaron en la galería.

Al estar en un cubo blanco (y no frente a un campo de tiro) la pieza parece hecha por Franz West, un artista que usaba materiales esculturales ligeros como papier maché e icopor para lograr la ilusión de un peso tectónico, aunque Montoya le da un giro a esa lógica. La ironía solo aumenta al saber que se trata de una roca robada de un campo de tiro en un vecindario donde las grandes colecciones privadas de Miami (como la de la familia Rubell) exhiben Wests genuinos.

Tras la roca estaba la pared de arcilla del cayo Virginia. En total, Montoya había llevado mil libras de arcilla a la galería para crear su pieza. A cierto nivel, era otra de sus agudas apropiaciones del trabajo de artistas destacados —se asemejaba un poco a un Richard Long— y, como tal, tiene en cuenta al Miami de Art Basel y las colecciones más grandes como la de los Rubell, la de la familia de la Cruz, y Marty Margulies. Aún así, al mismo tiempo, Montoya cava más profundo.

Aunque hoy en día Miami es una ciudad internacional, aún debe lidiar con el legado de un racismo feroz y un empobrecimiento institucionalizado. Durante la segregación, el cayo Virginia era una playa afro. Es un hecho no muy conocido, sobre todo porque ahora la tierra alrededor del cayo Virginia es una de las más caras de la ciudad. Al extraer la arcilla y permitirle secarse y deshacerse en la galería, Montoya señala con agudeza la tensa relación de la ciudad con su pasado.

Guccivuitton comenzó en 2013, fundada por tres artistas de Miami: Loriel Beltrán, Aramís Gutiérrez y Domingo Castillo, quien “quería tener una galería sin ser un galerista”. Si el trabajo de Montoya se mueve de forma en forma, oscilando entre sinceridad y distancia irónica para preservar alguna autonomía como artista, la práctica de Castillo se mueve entre productor, facilitador y diletante. Además de su trabajo en la galería, hace parte del espacio artístico nómada the end/SPRING BREAK y fue uno de los presentes en el centro comercial 777 International, rodeado de jóvenes artistas, aspirando incienso. Hablaban de Ubu Roi.

CastilloFringePerfomanceViewDomingo Castillo’s Fringe Project, performance/installation/rehearsal view. Photo: Gesi Schilling 

La obra, tituladaDomingo+Cathizo parte de Fringe Projects 2014, una serie de intervenciones temporales en el espacio público del centro de Miami. Castillo y un grupo de artistas se encontraron en el centro comercial cada día durante cuatro horas a ensayar la obra y a comprender el efecto que tuvo en su momento. “¿Cómo puede hacerse hoy esta obra y despertar la misma reacción? ¿Cuáles son las condiciones ahora para causar semejante furor?”, dice Castillo. La respuesta fue sorprender a las audiencias con indiferencia. Cuando los visitantes llegaron con sus expectativas de ver teatro, performance, algo sucediendo, fueron tristemente decepcionados. Los actores solo estaban departiendo, “encontrando un espacio para el pensamiento radical que no implique nada más que pasar el tiempo”, dice Castillo.

Aunque conocido en la escena artística de Miami, Castillo ofusca activamente su biografía, burlándose del culto a la hoja de vida. Por ejemplo, acá está su biografía en el sitio web de Fringe Projects:

EL SEÑOR CASTILLO tiene experiencia sin comparación y conocimiento especializado. Lleva más de 50 años practicando las bellas artes, asesorando algunas de las compañías más destacadas de la República Dominicana y casi todas las grandes corporaciones de América Latina. En la actualidad hace parte de la junta directiva del banco más grande de República Dominicana. El señor Castillo aprovecha su profundo entendimiento del paisaje comercial y financiero en servicio de los clientes de su firma, asesorando coleccionistas y artistas en estrategias de largo plazo y manejo de crisis.

domingoPortraitFoto oficial del artista en la pagina CannonballMiami.org

Quizás está biografía corresponda a algún señor Castillo, pero no al que está sentado en el centro comercial 777 International, haciendo un taller acerca de Alfred Jarry. Tampoco al que se encargó de una galería en el elegante Design District de Miami en Art Basel 2011 para dar una de las fiestas más exclusivas de la temporada. El performance se llamaba Duets y solo los amigos de Castillo y un invitado podían entrar a la galería, donde un grupo de locales rodeaban una máquina de karaoke, cantando duetos. Revirtiendo la lógica de la exclusividad, Castillo negaba la entrada a todos los asistentes que para él fueran desconocidos: un gran porcentaje de la gente haciendo fila, incluidos muchos coleccionistas y otros que seguramente estarían en la sección VIP de cualquier otra fiesta de la ciudad.

No todo el trabajo de Castillo utiliza estos trucos tipo Kaufman. “Interesado en la historia de esta ciudad, en su falta de historia”, creó un archivo digital de su cultura llamado Miami World Internet Café (aunque ya no está en línea falta de pago). También armó una colección de memorabilia efímera de artistas llamado La Bête. Aunque todas estas cosas son necesarias, también hacen parte de un chiste. El Miami World Internet Café en realidad estaba en un edificio del guetto y no tenía computadores; La Bête se imprimió para que pareciera una revista perdida de un momento sin definir de la historia de Miami.

Al igual que Montoya, Castillo usa diferentes artimañas, estafas, momento de parresía y subterfugios lingüísticos para socavar nociones comunes sobre la vida en Miami. Y nada de esto es motivo de risa. “El arte es tan serio, pero al mismo tiempo no lo es para nada”, dice. “Se vuelve algo acerca de la vida y vivir. El arte es solo un momento para llegar allá. Solo con el desarrollo de comunidades y amistades la seriedad comienza a desvanecerse”.

Si estos dos artistas tienen algo en común, es haber redoblado lo absurdo y el posicionamiento liminal de Miami. Su trabajo no es sarcástico ni tampoco es distante. En cambio, se podría decir que funciona como un juego de mímica. En su famoso ensayo sobre el mimetismo animal, Roger Caillois argumenta que la cordura se define al mantener a cierta distancia el ambiente, entendiendo que eres distinto a él y que la esquizofrenia o la locura se reconocen por la ausencia de tal distancia; una maleabilidad de la personalidad influida sobre todo por el ambiente. En estos términos, las prácticas de Montoya y Castillo tienen éxito por ser al mismo tiempo cuerdas y locas. No es esta la ocasión para hacer una lista de lo absurdo en la sociedad de Miami, pero siempre está su complemento: momentos de levedad, calidez y potencialidad que fortalecen el arte que allí se hace. Lo bueno no puede existir sin lo malo. Hay que reír para no llorar.

Traducción de Manuel Kalmanovitz G.
Imágenes cortesía de los artistas y Guccivuitton, Miami.

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