06.01.2020

Suzanne Césaire: madre desconocida de la Antillanidad

El académico Mamadou Badiane revisita la figura de Suzanne Césaire para reflexionar sobre la identidad cultural antillana. Invisibilizada por la historia, sus ideas radicales respecto a la racialización como un proceso expandido fueron eclipsadas por un marco sociopolítico que en su lugar reconoció a otras voces.

Tessa Mars, Nou la ansanm de la serie We are here, 2019. Acrílico sobre óleo, 4 x 8 pies. Imagen cortesía de la artista

Cuando se publicó, por vez primera, la revista Tropiques en 1941, Francia ya estaba bajo dominación alemana. Aimé Césaire y Suzanne Césaire (1915–1966) se encargaron de la edición de dicha revista, enfrentando al mismo tiempo problemas económicos y políticos. La isla de Martinica, departamento de ultramar de Francia, estaba aislada casi por completo de la metrópoli parisina y, por influencia de los representantes de Vichy [1], las casas editoriales decidieron no publicar la revista por las ideas anti-coloniales que a continuación describiré. En 1941, según cuenta Kesteloot:
Cuando [Aimé] Césaire decidió fundar una revista literaria, excedieron las dificultades. Martinica, alejada de todo contacto europeo, vivía con sus propios recursos. A falta de libros, revistas y periódicos franceses, la vida intelectual se debilitó notoriamente en un país que normalmente, sólo reflejaba las ideas de la Metrópoli. Para mantener una revista, era necesario contar con los talentos locales. Es por eso que Aimé Césaire y su esposa [Suzanne Césaire] fueron responsables no sólo de escribir un gran número de artículos, sino también de reclutar a empleados, editar ensayos, lidiar con casas editoriales y otros problemas financieros relacionados con el papel que era raro y caro en aquel momento. [2]
Fue un momento sumamente importante que empezó una etapa de introspección llevada a cabo por los propios hijos de la isla de Martinica y no por voces extrajeras. Para Suzanne Césaire, el pensamiento martiniqueño tiene que desarrollarse desde dentro, tal como lo exige en su artículo Malaise d’une civilisation [Malestar de una civilización]:

“Esta tierra nuestra solamente puede ser lo que queremos que sea”. [3]

A propósito, observa J. Santiago Torres en su artículo Suzanne Césaire: un legado intelectual de vanguardia:
A su vez, comienza la apropiación y transcripción de la historia no oficial de los colonizados; se trata de aquella escrita por ellos mismos. En el contexto caribeño, este periodo marcó el comienzo de una nueva literatura propiamente martiniquesa. Se va a experimentar un cambio en la perspectiva cultural, dirigida en parte por los intelectuales y escritores Aimé Césaire, Suzanne Césaire y René Ménil en la isla de Martinique. Esta nueva perspectiva fue la que estos mismos jóvenes intelectuales elaboraron y desarrollaron durante sus años de estudios universitarios en París, hacia finales de los años 1920 y la década de los años 1930. [4]
Suzanne Césaire publicó siete artículos en Tropiques, poniendo de relieve gran parte de una perspectiva identitaria que se usaría en el futuro por famosos críticos de la identidad cultural caribeña como Edouard Glissant, Nancy Morejón y los autores de la Créolité martiniqueña, principalmente a través de la geografía identitaria que Suzanne Césaire exploró ampliamente en su artículo Le grand camouflage [El gran camuflaje], su último ensayo en la revista:
Ahí va un antillano, descendiente de un colono y una negra esclava. Aquí está moviéndose para «girar en círculos» en su isla, todas las energías una vez necesarias para los colonos codiciosos, a quienes la sangre de los demás era el precio natural del oro, todo el valor necesario a los guerreros africanos quienes ganaban perpetuamente sus vidas en la muerte. [5]
Visto de otra manera, el antillano no es el producto de una sola sangre o cultura, sino de varios vínculos biológicos y culturales de relaciones continentales como lo nota muy bien Kara Rabbitt:
La identidad colectiva en Le grand camouflage deriva inicialmente de un temor o miedo compartido en la experiencia colectiva de la inestabilidad meteorológica; fluye entre las islas, en el mar que conduce de una a otra; reúne la fuerza del océano que los une con Europa, con el continente americano y, en última instancia, con África. [6]

Massol Maïmé, Iwani, 2013. Collage; concepto, marco en cobre y latón, película fotográfica y cortes de revistas en monotipo

Estos temores se observan en el poema Balada de los abuelos de Nicolás Guillén donde florecen fuertemente las ansiedades relacionadas con un mestizaje cultural y biológico. El tresero cubano Arsenio Rodríguez nos deja escuchar estas ansiedades a través de unas metonimias melódicas: Yo nací en África. En cuanto a Suzanne Césaire, lo hará maravillosamente en Le grand camouflage a través del espejo con el blanco, quien tiene miedo de reflejare en este nuevo ser de ojos verdes y piel trigueña que Ana Lydia Vega retrata en su libro Falsas crónicas del sur.
Décadas después de su muerte, se siguen evidenciando estas mismas ansiedades identitarias en las escrituras de Edouard Glissant a través de su Discours Antillais [Discurso antillano]; en las escrituras de Nancy Morejón en Nación y mestizaje en la poesía de Nicolás Guillén; e incluso en L’Eloge de la créolité [Elogio a la creolidad] de los autores Jean Bernabé, Patrick Chamoiseau y Raphaël Confiant. Así mismo, Miguel Arnedo-Gómez, al estudiar los poemas El abuelo y Son número 6 de Nicolás Guillén, revela el alto nivel de ansiedad que abrumó la psique del poeta nacional cubano, algo que Arnedo enjuicia como “[…] su angustiada confrontación del enfrentamiento entre las dos piedras angulares de su identidad fragmentada”. [7] Esta perspectiva pluridimensional de la identidad cultural afro-caribeña fue, sin duda, desarrollada tempranamente por Suzanne Césaire quien, de nuevo, en su artículo Malaise d’une civilisation escribe:

“No se trata de un paso atrás, ni de la resurrección de un pasado africano que hemos llegado a conocer y respetar. Se trata, por el contrario, de una movilización de todas las fuerzas vivas mezcladas en esta tierra donde la raza es el resultado de una mezcla más continua”. [8]

Si se presta atención a lo que subraya Suzanne Césaire, uno identifica rápidamente que esas ideas son aquellas que Glissant extendió cuando desarrolló la noción de Relation. Aquí, subraya Suzanne Césaire, no se trata de un retorno a África, sino de una identificación con el espacio antillano donde “nace un niño” [9] y donde se oyen cuentos populares floklóricos martiniqueños. Por consiguiente, invita a sus compatriotas para que trabajen juntos esta tierra caribeña. Marie-Agnès Sourieau, en su artículo Suzanne Césaire et Tropiques: de la poésie cannibale à une poétique créole [Suzanne Césaire y Tropiques: de la poesía caníbal a la poética criolla] capta muy bien esta postura de Suzanne Césaire cuando dice: “negarse a ser un eco de la cultura de la metrópoli, es decir, afirmar la realidad y originalidad de la cultura de Martinica, es el proyecto de Suzanne Césaire en los siete artículos que publicó en Tropiques entre 1941 y 1945″. [10] A partir de ello, creo que fue el fundamento de la filosofía de Edouard Glissant. En otro artículo, In Search of the Missing Mother: Suzanne Césaire, Martiniquaise, Kara Rabbitt señala que:
Suzanne Césaire, firme creyente en la fertilidad y vitalidad del Caribe, proporciona un punto de origen diferente para las tendencias teóricas, desde la antillanité hasta la Créolité, que abordan la fusión de culturas y voces que celebró en sus ensayos. Cincuenta años después de su temprana muerte, está resurgiendo como una fuerza materna metafórica para un árbol genealógico que se ramifica desde el tronco ofrecido por los escritores de Tropiques hasta las diversas exploraciones culturales —en francés y criollo— de la Martinica actual. [11]
Es importante subrayar que mucho antes de los autores de la Creolité y Antillanité, Suzanne Césaire ya había puesto en órbita este debate sobre las identidades culturales. Ciertamente Glissant, Morejón y los autores de la Créolité han profundizado este ello; sin embargo, hay que reconocer que Suzanne Césaire ya había sentado las bases para un futuro debate identitario afro-caribeño. Hace falta recordar, sin embargo, que su posición se oponía a la esencia de Aimé Césaire quien respondía a otras ansiedades culturales y políticas. Por ejemplo, durante mi entrevista del 2007, Aime Césaire me dijo que era “martiqueño, francés, pero fundamentalmente negro con fuertes raíces africanas”. [12]

Con la publicación Discurso antillano en 1981 [13], Glissant también creyó firmemente que el regreso a las fuentes africanas ya no era una posibilidad; para aquellos quienes el esclavaje desplazó por la fuerza:
Hay una diferencia entre el desplazamiento (por exilio o dispersión) de un pueblo que continúa sobreviviendo en otros lugares, y el traslado (tráfico de esclavos) de una población que en otros lugares se convierte en otra cosa, en un nuevo conjunto de posibilidades. Es en esta metamorfosis que debemos tratar de entender uno de los secretos mejor guardados de la creolización. […] Abandonamos la idea del ser fijo. Una de las implicaciones más terribles del enfoque etnográfico es la insistencia en fijar el objeto de escrutinio en un tiempo estático, eliminando así la naturaleza enredada de la experiencia vivida y promoviendo la idea de supervivencia no contaminada. […] La historia de una población trasladada que se convierte en otra gente, en otros lugares, hace posible contradecir la noción general y las neutralizaciones que impone. [14]
La Relation de Glissant, empezada por Suzanne Césaire, aquí está probablemente en desacuerdo con la esencia negra africana defendida por Aimé Césaire: “negro soy, negro seré”. Para Glissant, la inmigración forzada de personas negras a las Américas ciertamente las ha convertido en otros seres dentro de un nuevo espacio. Esto es, sin duda, lo que explicaría la forma en que Glissant nos da una descripción detallada del paisaje caribeño en muchas de sus obras literarias.
Esta misma perspectiva identitaria-geográfica se ve desarrollada en el movimiento del Negrismo liderado por autores como Luis Palés Matos y Nicolás Guillén. El parentesco ideológico entre el Negrismo afro-caribeño y las ideas de Suzanne Césaire necesita un estudio especial que todavía no se ha hecho. Bien es verdad que varias de las reflexiones de Suzanne Césaire tenían que ver con sus comentarios sobre el Surrealismo; sin embargo, esto no explica que sea vista solamente como especialista de dicho movimiento. Además del Surrealismo, ha tocado varios aspectos de las heridas invisibles que abruman la mente de los afrocaribeños; temas que reaparecen en Frantz Fanon.
También temáticas desarrolladas por Suzanne Césaire se reflejan en los escritos de Nancy Morejón con la idea de la cubanidad que usa para definir al negro, al blanco, y al mestizo. Para ella, no se trata de identificarse como africano o español, sino simplemente como cubano:
No nos asimilamos, es decir, no nos aculturamos a la cultura española o la africana; con un espíritu altamente creador, en una búsqueda constante del ser nacional, nos producimos como pueblo mestizo, heredero y sustentador de ambos componentes, sin ser ya más ni españoles, ni africanos, sino cubanos. [15]

Obviamente esta postura no es unánime a pesar de aquel mito establecido sobre el mestizaje en las antiguas colonias españolas, se ha hablado mucho de carácter homogeneizante del mestizaje. El Partido Independiente de Color (PIC) se opuso a esta actitud; lo que hizo estallar la guerra del 1912.
La postura de Suzanne Césaire recuerda la nueva generación del movimiento de la Créolité que se desarrolla en las Antillas francesas con Bernabé, Confiant, y Chamoiseau quienes también aplican la misma idea al ser antillano. La particularidad de los movimientos identitarios afro-caribeños a principios y mitad del siglo XX, es el silenciamiento de las mujeres racializadas como Suzanne Césaire. Sharpley-Whiting ha puesto de relieve la notable ausencia de las mujeres en el mundo de la crítica:
Tal vez las omisiones más evidentes en la evolución de la Négritude han sido colocar solamente a Suzanne Césaire al campo surrealista. [16]
No solamente es que se calla el trabajo de Suzanne Césaire por varias razones, sino también que se subestima el papel importante que desempeñó en el nacimiento de nuevas corrientes literarias afro-caribeñas como el Antillanismo de Glissant y la Creolité de Confiant, Bernabé y Chamoiseau. Tal vez la razón principal de este olvido se deba a que era “la esposa de su esposo” quien era miembro poderoso y famoso del triunvirato de la Négritude. Y que como se sabe, Aimé Césaire, Léopold S. Senghor y L. G. Damas fueron todos líderes políticos. Quizá, haya otras razones como la diferencia ideológica con el esposo, Aimé Césaire, la dolorosa separación con el mismo, el mero hecho de que era mujer en una sociedad patriarcal y, finalmente, la triste realidad de su temprana muerte a sus 51 años.
Haca falta recordar que las hermanas Nadal quienes hicieron un trabajo fenomenal antes del nacimiento de la Négritude, fueron también eclipsadas por el triunvirato; lo que parece confirmar de manera subyacente que las mujeres escritoras de mitad del siglo veinte podrían haber sido olvidadas por ser mujeres. Tanto Suzanne Césaire —como las otras mujeres de la Négritude que llamo “las olvidadas”—, fueron parte del cuestionamiento de la identidad cultural de la persona negra que ocasionó un desenvolvimiento político y cultural. Ese olvido necesita ciertamente ser reparado por la nueva crítica.

Es imprescindible rehabilitar esta escritura femenina que participó en el nacimiento de la Négritude y la formación de nuevas corrientes literarias afrocaribeñas.

Notas

  1. El régimen de Vichy (ciudad al centro de Francia) fue lo que resultó de la rendición de Francia a la Alemania Nazi en 1940, capítulo conocido como “La colaboración”, en el cual se estipuló que el territorio metropolitano sería dividido en dos partes: una parte ocupada por los alemanes y dirigida por el Mariscal Philippe Pétain, que incluía a París, y una parte “libre” que estaba al sur de la metrópolis. En el territorio ocupado se implementaron políticas anti-semitas, racistas y discriminatorias, que seguían los tres principios fundadores de la “Nación francesa”: trabajo, familia y patria en apoyo al Tercer Reich.

  2. Lilyan Kesteloot, Les écrivains noirs de langue française: naissance d’une littérature, Bruselas: Université Libre de Bruxelles, Institut de Sociologie, 1965.

  3. Suzanne Césaire, «Malaise d’une civilisation» en Tropiques, no. 3, París: Jean-Michel Place, 1978, p. 45.

  4. Frances J. Santiago Torres, “Suzanne Césaire: un legado intelectual de Vanguardia” en Caribbean Studies, Vol. 41, no. 2 (julio – diciembre, 2013), p. 227–243.

  5. Suzanne Césaire, «Le grand camouflage» en Tropiques, no. 13–14 (1945), París: Jean Michel Place, 1978, p. 267–73.

  6. Kara Rabbitt, “The Geography of Identity in Suzanne Césaire’s Le grand camouflage» en Research in African Literatures, Vol. 39, no. 3 (Otoño, 2008), p. 121–131.

  7. Miguel Arnedo-Gómez, Uniting Blacks in a Raceless Nation: Blackness, Afro-Cuban Culture, and Mestizaje in the Prose and Poetry of Nicolás Guillén, Lewisburg: Bucknell University Press, 2016.

  8. Suzanne Césaire, «Malaise d’une civilisation» en Tropiques, no. 5 (1942), París: Jean-Michel Place, 1978, p. 43–49.

  9. Ibid., p. 45.

  10. Marie-Agnès Sourieau, “Suzanne Césaire et Tropiques: «de la poésie cannibale á une poétique créole»” en The French Review, vol. 68, no. 1, 1994, p. 69–78.

  11. Kara Rabbitt, «In Search of the Missing Mother: Suzanne Césaire, Martiniquaise» en Research in African Literatures, vol. 44, no. 1, Primavera 2013, p. 37.

  12. Mamadou Badiane, “Négritude, Antillanite et Créolité ou de l’é clatement de l’identitéfixe” en The French Review, vol. 85, no. 5, 2012, p. 837–847. Se puede ver que esta postura intransigente del padre de la Négritude se opone diametralmente a la de Suzanne Césaire, Edouard Glissant y de lxs miembrxs de la Créolite.

  13. Traducido y publicado al inglés en EE.UU. en 1989.

  14. Édouard Glissant, Le discours antillais, París: Seuil, 1981.

  15. Nancy Morejón, Nación y mestizaje en Nicolás Guillén, La Habana: Ediciones Unión, 1982.

  16. T. Denean Sharpley-Whiting, Negritude Women, Minneapolis: University of Minnesota Press, 2002.

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