09.12.2019

¿Qué decanso es aquel del parpadeo?

El artista Alan Sierra, el filósofo Bruno Enciso y Diego del Valle Ríos, editor de Terremoto, tejen una red de cuestionamientos alrededor de la inestabilidad de las imágenes. En medio de la hipervisualidad que nos satura continuamente, levantan la pregunta por la posibilidad de una pausa: el parpadeo yace como condición de potencia para ver críticamente aquello que miramos.

La imagen para ser imagen ha sido atravesada
por una textualidad, la imagen vive en silencio.

—Bruno Enciso

Diego del Valle Ríos: Mientras editaba y hacía la investigación para este número, recordé un libro de Franco Bifo Berardi, La fábrica de la felicidad, en el que habla sobre el cognitariado. Es decir, una clase trabajadora que producimos a través de interfaces que encuentran nuestros ojos con imágenes cuyo flujo y ritmo, definidos por nuestro click and tap, mantienen la máquina capitalista.

Pienso, entonces, en el ojo abatido como la constante referencia a la que apelas en tu reflexión en torno a la imagen, Bruno. ¿Este obrero sobreexplotado está en huelga reclamando el goce de la siesta o simplemente está agotado?

Cualquiera que sea la razón, pienso que un posible estandarte de la causa de ese ojo abatido podría ser Palacio interior, unos pequeños párpados moldeados por Alan que invitan a no ver para suscitar fantasías, sueños y delirios que se desdoblan al contemplar los pliegues del silencio que yace en la oscuridad de nuestros párpados. En otras palabras, nos invitan a navegar en la absoluta libertad de lo desconocido. ¿Será que este tóxico sistema nos somete a la veloz sobreproducción de imágenes porque reconoce el descanso como potencia de vida? Pienso, por ejemplo, en el anti-imperialismo surrealista que deviene anti colonialismo cuando llega al Caribe; pienso en las obras hechas por artistas con VIH donde su cuerpo es vida y no condena, o en la huída de la plantación de las comunidades Negras.

Cuando se interrumpe el pulso enajenante de las imágenes que nos acechan para desgastarnos con miedo o estrés, podemos encontrar un espacio para imaginar otros mundos más allá de éste que nos ha fallado. Yo me pregunto, ¿cómo puede el ojo descansar? ¿Las imágenes permiten descanso? ¿Qué puede hacer una imagen como vía de escape de la pasividad impuesta?

Alan Sierra: Esto me recuerda al libro Un arte de ver de Aldous Huxley, es muy interesante porque no trata sobre el arte o la mirada. En cambio, es un manual para mejorar la vista a través de ejercicios para el músculo ocular con la finalidad de dejar de usar lentes. Es una búsqueda por fortalecer el aparato perceptivo para no depender de una interfaz y así ver mejor. Esa misma idea podría ser usada como metáfora y aplicarse a la tecnología o a los aparatos ideológicos que utilizamos para entender el mundo.

Bruno Enciso: Quisiera partir de dos estancias desde las que puedo plantearme para discutir. Uno es el ojo abatido: el cansancio, el agotamiento o la opacidad. El segundo es la potencia de la imaginación. El ojo abatido no puede evitar preguntarse por la potencia de la imaginación. Sin embargo, para mí es importante afirmar el ojo abatido —o elaborar lo suficiente en él— para no volverlo sólo el antecedente de una imaginación muscular productiva. Que la mirada esté cansada me parece un momento importante y complejo para hablar del sujeto en su presente, en contraste con la imaginación como algo potente, lo cual, otra vez, inaugura una exterioridad. Una parte importante del ojo abatido es no sólo mencionar el palacio interior sino visitarlo, ver las habitaciones, pasearse por sus jardines. Me siento cómodo afirmando el abatimiento para mostrar que la imagen no es plena y contiene fallas.

Desde Martin Jay —autor de Ojos abatidos. La denigración de la visión en el pensamiento francés del s. XX—, el ojo, en tanto cuerpo, funciona como gerundio. Está permanentemente ojeando. En esa medida, el ojo abatido no sólo se trata de los problemas en la imagen del mundo que se percibe si no también de problemas subjetivos.

AS: Es muy difícil pensar en una revolución de callados. Siempre me pregunto sobre la función de cerrar el ojo. ¿Con qué fin? ¿El descanso puede ser una protesta?

El enemigo podría no estar afuera sino dentro de nosotrxs.

DDVR: Recuerdo una frase que escribiste, Alan, en aquella carta a Griselda Benavides para su exposición en Interior 2.1.[1]: “imaginar es un acto personal, íntimo e individual”. Reconocerse abatidx es reconocerse vulnerable. Es estar en intimidad con nosotrxs mismxs. Y dado que estar abatidxs es la constante, entonces siempre estamos vulnerables. Somos un gerundio de suspiros y nudos en la garganta. Un ojeando continuo donde la imagen de nuestra fantasía nunca se consigue. Es a partir de su incompletitud.

Por ello sospecho de las apuestas futuristas desde el cine: dan por hecho que el futuro es una imagen acabada cuando es justo lo contrario: imaginar es permanente incertidumbre.

BE: El ejemplo de las películas futuristas es potente. Han llegado los años representados en aquellas películas de culto como Volver al futuro o Blade Runner; esa temporalidad ya es nuestra y ni los autos vuelan, ni la humanidad ha llegado al límite que dibujan esas derivas teorico-artísticas sobre lo posthumano. ¿Qué tienen que decirnos estas imágenes fracasadas?

AS: Tengo la necesidad de establecer una distinción entre la práctica del cuento y la importancia de la negatividad en la teoría. En su libro Fragmentos de Frankfurt, Stefan Gandler plantea el problema de la teoría que habla del futuro: toda teoría que aspira a posibilidades concretas de cambios sociales es profecía. Lo único de lo que es capaz, es del análisis de la realidad y solamente puede decir lo que no se debe repetir de los errores. En otro lugar está el cuento, ¿cuál podría ser la función del cuento?

Hace unos días me encontré a la artista Manuela García en el espacio de exhibición de El castillo de los ladrillos rotos.[2]Al abrir la puerta, la vi en el paisaje de ese edificio derruido, se agachaba para observar unas rosas y traía un sombrero grande muy bonito. Sólo pude preguntarle: ¿cuál es el papel del artista en el fin del mundo? ¿Nos toca contar cuentos? ¿Nuestra acción es paliativa? ¿Son esos los cuidados que podemos ofrecer? ¿Qué tendría que soñar una persona en los últimos días?

DDVR: Pienso en lxs artistas ceropositivos durante la crisis del VIH en los años noventa. Pienso en la obras de José Leonilson, Feliciano Centurión u Omar Shiliro, quienes apelaban a momentos de pausa en el que la contemplación permitía desdoblar fantásticas poéticas de sanación. Pienso específicamente en las frazadas y los cojines bordados de Centurión que apelaban a reposar la mirada, la imaginación, ante una sociedad que constantemente atacaba con campañas de publicidad patologizantes y condenatorias. Para ellxs, cerrar los ojos era una forma de reconectarse con su cuerpo desfasado por ataques cognitivos.

Como personas que creemos en las imágenes y en el arte, nos hace falta sentido de urgencia para asumir la posición estratégica que tiene el pensamiento artístico en el estado de guerra permanente que vivimos, y a partir de ello, proveer momentos de pausa, de acogimiento, de contemplación ante los ataques del enemigo, llámese éste capitalismo, fascismo, neoliberalismo, et al.

BE: El enemigo podría no estar afuera sino dentro de nosotrxs. Pensar el ojo abatido y el Palacio interior también contempla cierta agencia sobre nuestra furia, desánimo y hacia dónde los dirigimos. Nunca se dice «mis ojos son parte del problema». Me parece interesante pensar en abandonar el esquema confrontativo hegeliano que busca una resolución. Entonces se mantiene un problema, pero un problema al que tendrás que acceder y habitar de forma distinta, ya no sólo localizar algo susceptible de corregirse. El parpadeo puede dar alivio pero eso no implica que el abatimiento sea plenamente cansancio, ni una herida, ni tampoco ceguera.

AS: ¿Recuerdas ese fragmento en Así habló Zaratustra? Hay un parte en la que se habla de las seguridades del hombre:

“’¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” —así pregunta el último hombre, y parpadea.
[…]
‘En otro tiempo todo el mundo desvariaba’ —dicen los más sutiles, y parpadean.”

El parpadeo sirve como figura retórica para hablar de la inconsistencia de un discurso, a diferencia del ojo abierto que siempre vigila.

Pensaba en un ejercicio de observación personal a través del cual trato de poner atención a la realidad social que rodea lo que imagino. En este país el fin del mundo está pasando todos los días; está en los desaparecidos, en las bolsas negras, en actos violentos que se mantienen mudos. ¿Cerrar los ojos es una opción para quienes sufren la violencia?

BE: Es importante no reducir el problema de la imagen a la cuestión de la evidencia. La evidencia recubre las imágenes y nos promete conocerlas por completo, como si los ojos no pudieran mirar alrededor.

Trabajar en la imagen con ojos abatidos implica mucho desgaste. El gerundio del ojear —estar mirando— implica trabajar todo el tiempo la imagen viscosa. El ojo abatido no descansa, pues como decías, Diego, la imagen nunca está completa. Al no poder ver una imagen clara, fija y estable, siempre ve imágenes en crisis, cayéndose o vibrando. Esto implica usar más energía para tratar con ellas y justamente le da más peso a la idea del reposo.

Paul Valéry dijo que, en algún momento, las imágenes llegarían a nosotrxs como nos llega el agua a través del grifo. La urgencia que apuntas implica reconocer que si la imagen nos rodea y nos inunda, nosotrxs debemos aprender a nadar.

Hablar de la potencia de las imágenes en lo surrealista es señalar la crisis presente. El surrealismo presupone la mirada atenta que observa cómo el tigre brinca por encima del elefante.

DDVR: Inevitablemente pienso en el lugar donde nos encontramos actualmente dentro del sistema artístico contemporáneo. Estamos ahogándonos en una bastedad de imaginaciones. Todx artista o curadorx presenta una imaginación individual siempre subsumida a la pulsión productiva de lo que implica el trabajo del arte y la cultura en México, donde la neoliberlización del medio, no permite el nado sincronizado para encontrar nuestras imaginaciones y detenernos en pensar juntxs qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo en el contexto social que compartimos. ¿Ser daltónicxs a la violencia es un síntoma del ojo abatido? ¿Y si cerramos todxs juntxs los ojos en búsqueda de una imaginación política desde la común oscuridad?

AS: Implica, tal vez, dejar de usar los ojos y trabajar con las manos. Desde el arte, hay muchos ejemplos que responden a esa dinámica. Hemos visto la clara sustitución de la labor de la reseña por la vista de instalación. No es necesario ir a ninguna exposición ni escribir sobre ella porque las imágenes van a llegar de una u otra manera a través de aplicaciones, de revistas y correos electrónicos. Pienso que el hecho de que muchos artistas estén interesados en la escritura es precisamente en respuesta a dicha síntesis del discurso en la imagen.

BE: Los ojos son como manos, porque unx participa factualmente de algo con ellos. La pregunta por la imagen y el trabajo que ésta exige impide pensar que la vista sea pasiva en su naturaleza. La percepción ya está atravesada por una acción.

Cuando veo algo, lo pongo en mi mano; cuando recibo la notificación sobre una exposición de una artista que me interesa, curada por una persona que trabaja temas que me interesan y me dispongo a vistar tal exposición, eso ya es algo fáctico. Creo que la pregunta por la imagen implica pensarla como un acontecimiento y reconocer qué formamos parten activamente de ella.

AS: Recordé La estética del silencio de Susan Sontag en donde, al hablar de la asimilación del pensamiento espiritual, parece defender la individualidad ante la colectividad impuesta, regresando al mundo interior. Volviendo al cuento y a la necesidad de la narrativa, pienso ahora en el texto de Jung, Sobre cosas que se ven en el cielo, donde analiza casos de encuentros con alienígenas para preguntarse sobre la importancia social del hecho individual, del testimonio. Necesitamos que nos cuenten experiencias que demuestren que todavía se puede experimentar lo maravilloso en la sociedad.

DDVR: Lo maravilloso, lo surrealista, la imagen narrativa multidimensional.

BE: Hablar de la potencia de las imágenes en lo surrealista es señalar la crisis presente. El surrealismo presupone la mirada atenta que observa cómo el tigre brinca por encima del elefante. Insistir en afirmar el ojo abatido es contemplar la posibilidad de no estar mirando con atención.

AS: Parece que la imagen fue una consecuencia un poco floja del surrealismo, que originalmente era un proyecto político y literario. Se trataba de crear una propuesta para que las personas pudieran dignificar su mundo interior y tomar acciones que les permitieran generar energía en cualquiera de las circunstancias. Me parece interesante la traducción del Surrealismo en Latinoamérica donde, al llegar tarde, permite que surjan las imaginaciones de sujetos políticos distintos. ¿Cuál sería un surrealismo del presente?

BE: Tremenda pregunta. Hay un momento donde puede suspenderse la lectura que piensa que estar rodeados de imágenes es angustiante, solo por un momento, y ahí se puede pensar en que todo lo que nos rodea podría tener la potencia de inaugurar un Surrealismo del presente, que lo que tienes en frente puede cambiar. Darse cuenta que la imagen es algo más que una condena.

AS: Yo creo que un surrealismo, hoy, tendría que desatender la producción de imágenes y tal vez concentrarse en una ética. Una ética surrealista que logre escapar al régimen de consumo en el que vivimos, ¿para qué comprar si se puede re-imaginar? ¿Tal vez se pueda proponer una ética perfilada a una ecología de las imágenes?

BE: Justamente el ojo abatido puede transformar el problema en una pregunta. Creo que las preguntas potentes sólo pueden verse con ojos abatidos, ahí donde las imágenes no son plenas.

Sospecho de la ética pues creo que la pregunta por la imagen gira alrededor de repensar el binomio estética-política para evitar pensar en politizar la estética o estetizar la política: son una unidad, siempre han estado juntas.

DDVR: Ambos tropos obligan a inaugurar cuestiones sobre qué se narra, quién narra y cómo se narra a través de un pensamiento crítico interseccional. ¿Cuáles son las imaginaciones surrealistas —aquellas que asumen la incertidumbre como permanente condicionamiento del soñar— que están haciendo un llamado ético? ¿De qué forma esas imaginaciones replantean lo estético-político?

AS: ¿Puede el sueño ser político? ¿Puede el sueño ser crítico? No lo sé. Alrededor de esta pregunta me encontraba hace poco al pensar en mi escritura. ¿Cómo escribir crítica de arte hoy en día sin cargar con las responsabilidades que implica estar en una escena realmente pequeña, en la que si escribes algo comprometedor podrías condicionar tu carrera? Pensaba en la formula del sueño, “soñé que esta obra se derretía”, “soñé que le cerraban la exposición porque había un escándalo”. De esta forma, la responsabilidad es del sueño; tengo la libertad de ocultar las intenciones de mi discurso en él.

Pero ahora encuentro la necesidad de hacer una distinción entre un sueño y un surrealismo; el sueño del desposeído es muy distinto del surrealismo del desposeído.

DDVR: Claro, el sueño vino a ser instrumentalizado por el capitalismo como una imagen plena a la cual aspirar.

AS: ¿Puede una imagen cometer un crimen?

DDVR: ¿Puede un sueño resolver un crimen?

AS: ¿Puede un sueño ser justo?

BE: Estas preguntas ya atienden directamente a la reflexión de la carta editorial en cuanto a la potencia política de una imagen. A la cual apelaría con un par de preguntas: ¿puedo adjudicarle responsabilidades a una imagen? ¿A quién afecta esto?

Notas

  1. Interior 2.1 es un espacio de exhibición independiente en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México.

  2. El castillo de los ladrillos rotos fue una exhibición colectiva organizada por Guadalajara90210 en el marco de Gallery Weekend México 2019. Más información en: <guadalajara90210.com>.

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