01.06.2020

No nos hemos ido: apuntes feministas de lo impensable

Partiendo de la silenciación de las movilizaciones feministas en México debido a la contingencia sanitaria, la artista y activista Lorena Wolffer y la investigadora Ana Gabriela García insisten en la urgencia de la organización colectiva y el ejercicio de micropolíticas para desarticular las dinámicas heteropatriarcales de la rechazada «nueva normalidad».

Imaginemos que estamos viendo una cinta de VHS, presionamos el botón de rewind y luego play.

Es 6 de mayo, tras la pregunta de una periodista por cómo se evalúa el aumento de llamadas relacionadas a la denuncia de violencia contra las mujeres durante el periodo de confinamiento en México por la contingencia sanitaria, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, asegura que dichas cifras no han sufrido ningún aumento. Contrario a lo que varios datos públicos disponibles y refugios para mujeres víctimas de violencia han reflejado —en donde, en efecto, las cifras crecen exponencialmente—, el presidente afirma que los parámetros no pueden homologarse, pues la familia mexicana goza de fraternidad, la cual exime a las mujeres de sufrir cualquier tipo de violencia en sus propios hogares.

Rewind de nuevo, y luego play.

Es 5 de abril, durante el informe trimestral del presidente, no se hace mínima referencia a la violencia de género —que con o sin crisis sanitaria, aumenta día con día, y que ante el presente es más latente. Del mismo modo, tampoco se enuncian las manifestaciones por el Día de las Mujeres que tuvieron lugar el mes pasado.

Un rewind más, play.

Es 8 de marzo, millones de mujeres salen a las calles a marchar por el Día de las Mujeres. Con una participación histórica, las calles de varias ciudades en México son tomadas para denunciar al Estado feminicida. Los números oficiales de la participación de aquel día no se sienten como los reales.[1] Al día siguiente, el 9 de marzo, se lleva a cabo el Paro Nacional de Mujeres, para manifestar —ahora desde la ausencia— el hastío ante el panorama de violencia que las mujeres experimentamos día con día. Una semana después, comienzan las medidas preventivas de confinamiento frente a la pandemia de COVID-19.

Ana Gabriela García: Estos tres momentos han tenido lugar en un lapso muy breve de tiempo. En medio de la crisis sanitaria, pienso mucho en las afectaciones dentro de la fuerza laboral de las mujeres y en la precarización que éstas perpetúan. Paralelamente, en medio de lo que vivimos, persiste otra problemática por más inquietante: los feminicidios. Ante este clima de invisibilidad de la violencia, aunado al exacerbado uso del espacio público online, ¿cuáles son las estrategias feministas con las cuales podemos reaccionar de manera efectiva al presente?

Lorena Wolffer: En un país como México, con el nivel de pobreza que existe y donde no hay reservas que puedan utilizarse para la contingencia, el plan del gobierno hasta ahora es tomar del gasto corriente para atender la crisis. Es una medida francamente cuestionable, sobre todo cuando se pretende seguir adelante con los mega proyectos del presidente que claramente no son prioritarios —desde el Tren Maya y el aeropuerto hasta las refinerías; además, en el plano cultural, del proyecto de Los Pinos y el Bosque de Chapultepec.[2]

Ante el impacto diferenciado que la pandemia tiene en las mujeres, esperaríamos políticas de atención y programas de emergencia para nosotras. Pero la mitad de la población no somos prioridad para la administración del país en el que vivimos; donde —antes del COVID-19— se cometen de 10 a 11 feminicidios al día y la corrupción y la impunidad, delega la responsabilidad del bienestar de las niñas, jóvenas y mujeres siempre en la sociedad civil.

Parafraseando a la literata boliviana Liliana Colanzi, los feminismos se articulan desde una imaginación radical misma que, al friccionar lo privado con lo público, cambia el sentido común de nuestro tiempo. En pocas palabras, aceptan el desafío de replantearse todo, de imaginar otra cosa.

Eso, en el confinamiento, se vuelve imposible. Todo es muy volátil, pero hay espacios de posibilidad que se abren. Hay iniciativas como la de Casa de las Muñecas Tiresias de Kenya Cuevas y de la comunidad trans* que la acompaña, así como de otras compañeras que se organizan para llevar comida y despensas a diferentes comunidades, o colegas que han ayudado a mujeres que viven violencias en sus casas. Iniciativas que ponen en riesgo a quienes las implementan. En contraste, las políticas actuales incluyen recortes presupuestales para las organizaciones de la sociedad civil, empezando por los refugios para mujeres y las guarderías; en donde también la capacidad se ve rebasada.

Otro ejemplo de posibilidad es el nombramiento de Sayuri Herrera, una de las abogadas de Lesvy,[3] al frente de la Fiscalía de feminicidios; habrá que ver que se le permita trabajar en forma en una ciudad con un sistema de procuración de justicia deficiente, omiso y corrupto. A pesar de todo, no existe la infraestructura que permita tener gran alcance. Aunado a esto, las ideas que el presidente pregona sobre la familia son inconcebibles porque, si algo sabemos, es que ésa es la cuna de las violencias contra las mujeres. Se trata de un círculo vicioso monumental: desde los feminicidios hasta el trabajo no remunerado invisibilizado que pone a las mujeres en una situación de riesgo en el entrecruce de la exigencia a trabajar desde casa y seguir con una vida laboral productiva, ésa que sí se reconoce.

AGG: Pienso mucho en estos espacios de posibilidad, como los llamas. Estos gestos locales recuerdan ese accionamiento desde lo impensable, factor urgente a tener en la mira. Parafraseando a la literata boliviana Liliana Colanzi, los feminismos se articulan desde una imaginación radical misma que, al friccionar lo privado con lo público, cambia el sentido común de nuestro tiempo. En pocas palabras, aceptan el desafío de replantearse todo, de imaginar otra cosa.

Las lógicas patriarcales con las cuales hemos habitado el mundo y optado por formas de vida se encuentran cada vez más desgastadas. En medio de este panorama incierto, mismo que nos obliga desde sus estructuras capitalistas a producir más ante el supuesto desaceleramiento, ¿hacia dónde apunta lo impensable, desde los feminismos, hoy? ¿Acaso las prácticas artístico-políticas tendrán, dentro de sus mecanismos de socialización, la posibilidad de re-articular o trazar, al menos a nivel especulativo, otras rutas en términos de organización colectiva para un nofuturo más justo?

[…]un país en donde la política claramente no sólo no considera a las mujeres, sino que está abiertamente en contra de nuestros derechos. No hay una omisión, hay un enunciado, y éste es: la vida de las mujeres y su bienestar no importan, y se opera en consecuencia.

LW: Un terreno de acción invisible es señalar realmente qué está implicando esta pandemia más allá de la enfermedad y sus cifras: ese análisis de lo que significa para México en términos económicos, políticos y sociales de acceso a vidas dignas. Operamos en emergencia; por ahora, buena parte de lo que está ocurriendo es más reactivo que activo. Sin embargo, re-imaginar radicalmente cómo nos posicionamos ante el entorno, repensar el género, sus mandatos y ordenamientos ahora —y desde las prácticas artístico-políticas— es clave.

Lo que estaba antes no sólo no desaparece ni se suspende, sino que se acelera y acrecienta especialmente porque sucede en los terrenos de lo doméstico. Para mí, aquí hay algo alucinante: el regreso de las mujeres a la casa. Parece una frase sencilla, pero es brutal y sus implicaciones, terribles. En lo que se refiere al reconocimiento del trabajo de las mujeres y a las violencias que contra nosotras se ejercen, pensar en medidas sostenidas que produzcan un cambio verdadero a mayor escala, que no sea el individual y el local inmediato, es complicado. Enmarcado esto en un país en donde la política claramente no sólo no considera a las mujeres, sino que está abiertamente en contra de nuestros derechos. No hay una omisión, hay un enunciado, y éste es: la vida de las mujeres y su bienestar no importan, y se opera en consecuencia.

AGG: Desde las prácticas artísticas y los activismos, tu trabajo se ha encontrado en un constante diálogo con el presente. Actualmente desarrollas Historias propias <desde casa>, que es un llamado a mujeres de todas las edades a compartir sus experiencias en el confinamiento desde casa, ya sea por medio de imágenes o textos. Este trabajo apunta dos cosas desde la colectividad: primero, al reconocimiento de los espacios privados que asumimos nos acogen; y segundo, al enunciamiento de lo que, en casa, nos violenta.[4] Todo esto para ser compartido en el plano digital. Desde la participatividad, se activa la urgencia por compartir lo común. ¿Cuáles son las potencias que encuentras en ello, sobretodo en relación a tu práctica artístico-política?

LW: Estoy trabajando en el proyecto desde el inicio del confinamiento. Creo que funciona para hacer visible el adentro, y para transformar eso que nos sucede de manera individual y subjetiva al interior de la casa, como un enunciado político hacia afuera.[5]Mirar hacia adentro, en este país, es un ejercicio complicado. Creo que la incidencia de este tipo de proyectos será siempre delimitada. ¿Qué significa hacer visible? ¿Para quién y en qué condiciones? ¿Importa cuántas personas ven el proyecto o se trata sólo de exponer o difundirlo porque tiene una función de reparación o reconocimiento para las participantes?

Andrea Medina, amiga y colega abogada, y yo hablamos mucho sobre qué fue 9M. Por un lado, fue una huelga internacional que se viene realizando desde hace cuatro años —con la que nosotras comulgamos. Por otro, se trataba de un día sin mujeres, que cuestionamos mucho por las implicaciones de ser más invisibles de lo que ya somos. ¿Quién hubiera imaginado que ese 9M iba a durar 4 meses, que el 9M se iba a extender en el tiempo al grado que aún no hemos podido salir de nuestras casas?

Creo que la resistencia al interior de la casa es complicada porque no es un lugar seguro para muchas. Resistir a las dinámicas heteropatriarcales de la casa entraña una labor de desaprendizaje y reprogramación de todas las personas que comparten un mismo techo. Para quienes la casa no es un sitio peligroso y tenemos acceso al mundo digital las posibilidades se suscitan alrededor de plantear una forma distinta de futuro: en vez de pensar en el crecimiento permanente desde la lógica del capital, apostar por una lógica del decrecimiento. Eso creo que se puede hacer con presión, adhesión, pronunciamientos, posicionamientos políticos. La apuesta es por ejercicios de resistencia y desobediencia que inviten a mirarse y a discutirse, sea cual sea su alcance.

AG: Justo hacia ello apunta la siguiente pregunta. Junto con María Minera y José Antonio Cordero, has convocado a la formación del Frente Amplio de Trabajadorxs del Arte y la Cultura en México.[6] Aunado a ello, me comentabas que junto con otras colegas han conformado un Gabinete Feminista. ¿De qué manera podemos tomar este quiebre del sistema como un punto de partida para generar otro tipo de políticas culturales que apunten hacia lógicas anti-patriarcales? ¿Será posible una organización gremial que desarticule las lógicas normativas del Estado?

LW: Como ejercicio, el Frente es interesante porque sólo es posible en este momento y de cara a esta realidad. La hemos entendido como una entidad fluida, en permanente construcción y que surgió tan fácil como podría desaparecer mañana. El planteamiento es sencillo: estamos ante una emergencia porque, en medio de la pandemia, los fondos para el arte y la cultura, de por sí insuficientes, se están recortando. Aunque la viabilidad y pertinencia del FONCA se habían discutido en otros momentos, erradicarlo en este momento es inconcebible. No se puede entender más que como una medida de autoritarismo, que además es ilegal y entraña una serie de irregularidades.[7] México, en efecto, está conformado por sistemas e instituciones con una larga tradición de corrupción, pero en vez de erradicarla donde y cuando existe, la estrategia está siendo desaparecerlo todo.

El Frente se basa en la mutualidad, la preocupación compartida: estamos personas dramáticamente diferentes, que creemos y nos posicionamos políticamente de maneras distintas, pero nos hemos reunido en este momento para responder a temas puntuales alrededor del acceso de las personas que laboramos en el arte y la cultura, a trabajos dignos, justos, reconocidos y remunerados. La Secretaría de Cultura insiste en que se mantienen los presupuestos y programas, pero la pregunta sigue siendo cómo. Seguimos con muchas interrogantes y el Frente continuará trabajando mientras sigan existiendo preocupaciones en común.

Por otro lado, desde el Gabinete Feminista, partiendo de la realidad de las mujeres en México, estamos trabajando colectivamente para señalar irregularidades en el discurso y actuación del gobierno, formular preguntas que lleven a una rendición de cuentas real, y lanzar propuestas concretas y realizables. Más que pensar en tener una incidencia, buscamos generar posicionamientos al poner sobre la mesa información que quizá mucha gente no tiene presente.[8]

Lxs artistas, las feministas, las organizaciones de la sociedad civil, las personas con discapacidades, entre otrxs, de pronto nos hemos convertido en lxs enemigxs públicxs del nuevo régimen a partir de la lógica dicotómica y simplista de bueno/malo. Lo que pretendemos hacer desde esta organización es ir señalando ciertas injusticias que desde los feminismos nos parece indispensable abordar. Creo que el territorio de acción ahora es el de posicionarse y el de presionar, acaso, para que estos grupos —que de pronto están siendo ignorados o relegados a la inexistencia y a la falta total de reconocimiento— hagan frente a las políticas del Estado que nos violentan. Insisto, lo que podemos hacer ahora es organizarnos para seguir procurando una sociedad más justa para las mujeres y los cuerpos feminizados, en la que ser reconozca al arte y a la cultura como herramientas cardinales para entender e imaginar el mundo.

AGG: Me gusta pensar en la inestabilidad y las potencias de la incertidumbre. Si el futuro es una emboscada —en donde las lógicas del heteropatriarcado regulan el curso de nuestrxs cuerpxs y experiencias de vida en aras de un desgastado progreso—, creo que sería muy bueno pensar colectivamente en las acciones detonadas en el presente por parte de los trans*/feminismos y que siempre apuntan a articular posibilidades, ¿qué resta para articular discursos y haceres políticos desde y para el sector cultural que se desprendan de los paradigmas que hasta ahora hemos reproducido?

LW: Las feministas nunca habíamos tenido mayor visibilidad como durante los primeros días de marzo. Nuestros planteamientos —principalmente, nuestra indignación frente a la ola de feminicidios en ascenso— eran el tema antes del confinamiento. Habíamos logrado ponerlo al centro de la conversación nacional, estábamos tomando las tribunas y las calles, estábamos por todas partes, y de pronto llegó el COVID-19 y la emergencia fue otra.

En este momento, si bien el énfasis claramente está en contener el número de quienes entren en estados críticos o puedan morir por COVID-19, hay que recordar que todas las demás emergencias no se fueron a ningún lado: las violencias continúan. No nos hemos ido. Insisto en pensar que éste puede ser un momento de radical transformación, aunque nuestra realidad nos diga lo contrario.

Notas

  1. La cifra oficial confirma la asistencia de 80 mil personas en la manifestación de la Ciudad de
    México. Investigaciones y cálculos informales estiman que el flujo de personas osciló entre 300 y
    500 mil personas.

  2. Algunas colegas feministas hacen una labor importante para aterrizar, en centavos, el dinero que
    se está gastando o en qué se propone gastarlo. El decreto presidencial del 23 de abril sobre las
    medidas económicas para hacer frente al COVID-19, que plantea reducir al 75% todo el gasto
    corriente de servicios generales, materiales y suministros del gobierno, es una medida escandalosa.
    Amigas feministas economistas comentan que en México se está pretendiendo gastar el 0.7% del
    PIB en la emergencia, con cargo a la cuenta corriente del gobierno, mientras que en otros países se
    está invirtiendo hasta el 20% del PIB sin afectar la operación gubernamental. Mientras que se
    promete que no se van a perder trabajos, se desaparecen 10 subsecretarías y se recorta al 25% las
    partidas que ya mencioné del gasto corriente —afectando, por ejemplo, a buena parte de la
    comunidad artística y cultural contratada bajo el capítulo 3000.

  3. Lesvy Berlín Osorio fue asesinada el 3 de mayo de 2017 por su entonces novio Jorge Luis González
    Hernández, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de México en la Ciudad de México.
    Tras varias deficiencias en el proceso de investigación, el caso se caracterizó por múltiples
    irregularidades que apuntaban a la impunidad del agresor, perpetuando también un discurso que
    revictimizaba a Lesby. El feminicidio de la jóven de 22 años, desató inmediatamente múltiples
    movilizaciones feministas, a través de las cuales se ha exigido a las autoridades atender las faltas en
    el proceso y catalogar el delito como feminicidio; así como denunciar la exacerbada violencia
    feminicida en México y la impunidad de la gran mayoría de estos delitos en el país. En octubre de
    2019, Jorge Luis González Hernández fue declarado culpable del feminicidio de Lesvy y condenado
    a 45 años de prisión.

  4. Se lee en la descripción del proyecto: “La intención consiste en nombrar y visibilizar nuestras
    realidades durante estos momentos de encierro que obligan a muchas a convivir con sus agresores
    por largos periodos de tiempo y/o a asumir cargas de trabajo y responsabilidades aún mayores,
    como encargadas habituales del cuidado de lxs otras.” Más información en https://historiaspropiasdesdecasa.blogspot.com

  5. Es una suerte de contraparte al ejercicio de View from my window [La vista desde mi ventana]
    que circula en F*ceb**k con miles de seguidorxs alrededor del mundo porque las vistas hacia el
    exterior son alucinantes: prados verdes y colmados de flores, cabritas en el monte, majestuosas
    albercas, los canales de Venecia, una jirafa caminando a unos cuantos metros. Es un contraste
    dramático con la Ciudad Rotoplas.

  6. Un ejercicio organizacional que surge del decreto presidencial por el cese total de los fideicomisos
    públicos y a cuyo rubro pertenece el FONCA, dejando como resultado un panorama de
    incertidumbre cada vez más inestable dentro del sector cultural y sus políticas públicas.

  7. Según la Ley Federal de Austeridad Republicana, por mencionar un ejemplo, la disolución de un
    fideicomiso debe resultar de un análisis público a cargo de las Secretarías de la Función Pública y de
    Hacienda y Crédito Público, algo que no sucedió en el caso del FONCA.

  8. Desde el Gabinete Feminista se lanzarán también infografías virtuales con datos como los del PIB
    mencionados anteriormente, por ejemplo. Así como con sobre la negación del presidente respecto al
    incremento de violencias contra las mujeres —cuya postura sí se traduce inmediatamente en una
    política contra nosotras, nuestros derechos y nuestras vidas—, entre otras.

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