27.02.2017

Learn drooling

La performer lituana habla con la artista colombiana sobre el arte en Estados Unidos después de Trump, el conocimiento corporal y la vitalidad de lo absurdo en tiempos absurdos.

Aprenda a babear

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Ieva Misevičiūtė: Esta es una gran oportunidad. Jessica y yo hemos tenido muchas conversaciones encantadoras que me han acompañado a través de mi práctica durante los últimos 6 años. Todo comenzó cuando me mudé a Nueva York y comencé a trabajar en mi actuación en solitario. Mi método era entonces ir a los «micrófonos abiertos» e improvisar, generando así material. En algún momento, me encontré enterrada bajo todos esos pedazos de cosas. En tales situaciones, como he aprendido en la academia, es el momento de invitar a un supervisor a tu vida. Pensé en una persona que pudiera comprender mi sensibilidad de Europa del Este y esa persona era Jessica. No sé exactamente por qué, pero creo que hay un tipo de entendimiento metafísico entre la gente de América Latina y la de Europa del Este, algo que tiene que ver con el humor, el absurdo; es una oscuridad similar, que tiene una chispa.

Yo llegaba a visitar a Jessica en su estudio con cosas como baldes, un atril cubierto de piel, o una bolsa llena de agua hirviendo y esponjas comestibles, y actuaba para ella, probando y refinando mi primer performance en el que actuaba sola. Desde entonces, hasta cierto punto, he desarrollado todo mi trabajo en ese espacio –todos estos artefactos, movimientos de baile e imágenes para el escenario han ido creciendo desde el estudio de Jessica como un cerebro gemelo.

PARTE 1

Jessica Mitrani: ¡Chispas! En diciembre, afectadas por la elección de Estados Unidos, decidimos ir juntas a un panel titulado “Cine y medios de comunicación en épocas de represión: prácticas y estéticas de la resistencia”, en el Film Society del Lincoln Center de Nueva York. La idea en torno al evento era examinar “cómo se ve la resistencia hoy en día.” En el camino al evento hablamos sobre la infancia de Ieva en Lituania en la década de los 80. ¿Me puedes contar de nuevo sobre tu jardín de infancia comunista?

IM: ¡Claro! En mi jardín de infancia en Kaunas, cada vez que los niños nos portábamos mal, los maestros amenazaban con quitarnos los pantalones y ponernos delante de la ventana para que los niños mayores nos vieran y se rieran. Un día durante la siesta, nos dimos cuenta de que todos los profesores se habían ido del edificio e impulsivamente todos empezamos a arrastrarnos de nuestras camas, quitándonos los pantalones y exhibiéndonos de pie en la ventana por turnos.

JM: Increíble. Una fábula de subversión. El acto colectivo de los niños le dio la vuelta a “la vergüenza y el castigo” y los volvió obsoletos. Probablemente no pasaría si fueran adolescentes ya que la relación con el cuerpo es tan delicada durante ese tiempo, ¡pero para los niños muy pequeños es casi natural querer quitarse los pantalones!

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PARTE 2

JM: Me molestó cuando la gente empezó a decir después de las elecciones de este año: “El arte va a ser increíble ahora, el gran arte se produce durante las circunstancias más difíciles”, como si los últimos 3000 años hubieran sido tan fáciles. Pero aun así, hablemos sobre el arte después de Trump.

IM: Creo que hay una cierta fuerza inquebrantable en las metáforas, y en tiempos de fuerte opresión política habrá más arte que hable por medio de metáforas muy vivas. No estamos allí todavía, no estamos viviendo bajo un régimen totalitario en este momento. Es algo que anticipamos y de lo cual tenemos recuerdos vivos, pero aún no sabemos qué es esto a lo que nos enfrentamos.

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JM: Me acuerdo que pasaste por mi estudio en octubre, justo antes de ir a actuar en el andén del metro de Union Square, y tuvimos una breve conversación acerca de cómo utilizar el lenguaje en la calle.

IM: ¡Ah, sí! Acabo de hacer un performance en el metro de Nueva York, donde portaba un letrero que decía “Aprenda a babear.” Yo estaba un poco perpleja después de esa actuación, pues pensé que tal vez la gente no podría conectar con ella, que tal vez era demasiado abstracta. Cuando pasé por tu estudio tenía la intención de hacer otro performance, de una serie que se llama “Noticias Nihilistas”, que usa frases más explícitas: “No hay noticias hoy” y “Nuestro clima político sella veredicto: ‘No Futuro’ a la raza humana.” En retrospectiva, creo que ambos performances salieron muy bien, ya que no dependían de las palabras o de la lógica verbal. En las calles lo que importa es la situación que crees, una especie de ambiente de olla a presión, una intensa y gutural máquina de lavar. Luego el lenguaje es sólo la cubierta del pastel.

Cuando leí una entrevista con Adam Curtis sobre el arte después de Trump, donde Curtis dice que el arte y el periodismo son esencialmente lo mismo –dan a la gente una perspectiva de la realidad–, yo por supuesto estuve de acuerdo. Pero hay un elemento más que falta en su argumento. ¿Conoces esa sensación cuando sales de una gran obra de teatro o un concierto de música o un performance, o cuando terminas de leer un libro sorprendente y te dan ganas de vivir? No sólo vivir, sino VIVIR en letras mayúsculas. Para mí ese es el propósito principal y más importante del arte y el periodismo. Esas epifanías tan fuertes no sólo provienen de la pura lógica que se utiliza para informar a la gente.

JM: No sé si estoy de acuerdo con lo de que el arte tiene la misión de informar a la gente. Es decir, puede ser, pero especialmente después de la elección, vimos que la información, o por lo menos los hechos, significaban muy poco (los debates no fueron ganados debido a los hechos). Nosotros, los llamados progresivos, no entendimos que la política es emocional. Debemos ser tribales en el uso de las imágenes si queremos crear cambios. En ese sentido, creo que tus performances en las calles son políticamente eficaces. Estamos en una batalla del símbolo. ¿Puedes hablar de tu uso del boombox (estéreo portátil) en las calles de Nueva York?

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IM: El boombox es un arma que se va cargando progresivamente a medida que viajas desde la periferia de Brooklyn hacia Manhattan. Es totalmente matemático:

1. En el barrio Bed Stuy: bailo con todo el mundo que me encuentro en las calles.
2. En Canal Street y centro de Manhattan: bailo sola, de vez en cuando alguna gente se une, todo el mundo me está animando, detengo el tráfico, y la policía no tiene ningún problema conmigo.
3. En Midtown: la gente se molesta y se tapan los oídos, me miran con enojo, y las únicas personas que afirman mi música son los repartidores de comida.
4. En Uptown: llaman a la policía.

IM: Quiero volver a tu idea anterior. ¿Estás diciendo que es más importante que nunca comunicar mediante acciones simbólicas? ¿Qué entiendes por tribal? ¿Tiene eso algo que ver con el poder del simbolismo ritual?

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JM: Me refiero a que debemos apelar al inconsciente, y eso es lo que Trump hizo de manera muy eficaz. Consiguió una reacción emocional de la gente, hizo un llamamiento a lo reprimido. Creó un vínculo entre sus partidarios; es el mismo vínculo que se ve en estadios llenos en los partidos de fútbol. Es un vínculo lleno de excitación, basado en un sentido de pertenencia.

IM: ¡De acuerdo! La fuerza de esto radica en la capacidad de entregar el individualismo por el bien del grupo, algo en lo que he estado pensando en estos días. En Nueva York he encontrado que las personas que me rodean son tan buenas en el cuidado de sí mismas que he llegado a ver esto como una expresión de la cultura liberal estadounidense, lo que a veces realmente me molesta. Por ejemplo, cuando hago un taller y pido a mis estudiantes comprometerse con una acción en grupo y luego alguien tiene que tomar un pequeño descanso, “para cuidar de sí mismo”, dejando caer toda la energía que acabamos de construir como colectivo. Y cuando el clima político devino mucho más intenso aquí en los EE.UU., empecé a pensar en el comunismo como un antídoto contra el fascismo. ¡Pero imagina un comunismo constituido de hiper-individualistas! ¡Esto podría de hecho ser realmente bueno! En el mejor de los casos, esto formaría un tipo de comunidades neo-paganas, en las que los individuos podrían conscientemente ponerse de acuerdo y entregarse al grupo, pero conservando la cordura.

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PARTE 3

JM: Cuando nos encontramos un par de años atrás tu habías comenzado un entrenamiento corporal riguroso. Estaba pensando en los límites entre la disciplina y el sufrimiento, o en la disciplina y la moral que se le atribuye.

IM: Sí, estás hablando de mi formación de danza Butoh. Cuando la empecé, yo estaba haciendo stand up con una gran cantidad de elementos físicos de teatro. El estudio del Butoh convirtió mis bocetos de comedia ligera en un material mucho más profundo y oscuro. Me encantó ese momento. Creo que eso conectó con mi existencialismo de Europa del Este y con tradiciones paganas bálticas. Sin embargo, en algún momento me encontré encerrada en ese sistema. Vi que mi trabajo comenzó a perder la ligereza, el juego y el humor y sentí que mi payaso interior estaba muriendo. En ese momento yo estaba siguiendo la línea de formación de Tatsumi Hijikata, que también es llamada Ankoku Butoh, o “La danza de la oscuridad.” Una de las ideas centrales es que para activar una energía extraordinaria, uno tiene que atravesar una cierta cantidad de dificultad y dolor; es como sumergirse en una salsa de resistencia que es transformadora. Allí encuentras el punto de entrega, un lugar donde no hay diferencia entre sufrimiento y rendición, ¡un lugar maravilloso, de hecho! Nunca he dado a luz, pero creo que es un principio muy parecido, como algo muy primario, una especie de animal salvaje sin compromiso, simplemente en acción. Es rejuvenecedor y mobiliza cosas, pero si se usa demasiado te comienza a destruir.

JM: Definitivamente hay un enorme valor en encadenarse voluntariamente –es decir, plenamente consciente– a un sistema, una institución, un compañero; las cadenas también traen beneficios. Pero cuéntame, ¿cómo encontraste otros canales?

IM: ¡Exactamente, otros canales!

JM: ¿Cuándo sabes que es el momento de salir?

IM: Para mí es cuando noto que ya no tengo alegría, que siento dolor físico constante, y que estoy comprometiendo más del 90% de mi energía vital en mi trabajo. Creo que una gran cantidad de bailarines profesionales se reirían de mí por esto, dirían: “¿quieres ver mis pies destruidos?” Yo respeto el rigor del entrenamiento de la danza; sin embargo, creo que es un paradigma obsoleto. Yo no quiero llevar un cuerpo roto, excedido de trabajo y sobre-extendido al escenario y cultivar esto como una norma cultural. Quiero ver un cuerpo sano, ligero y en regeneración, moviéndose con gracia, sin importar la edad. Por lo tanto, hice dos cosas: empecé a entrenar como atleta y, en segundo lugar, busqué formas de baile hechas por mujeres y para el cuerpo de la mujer, donde las bailarinas practican hasta una edad avanzada. La mayoría son formas de danza muy antiguas como la danza del vientre.

JM: O sea, lo femenino como una forma de equilibrio… En enero iré a la marcha de las mujeres y voy a llevar un cartel que dice: LA MISOGINIA NO ES UNA OPINIÓN.

IM: ¡Perfecto! ¡Voy a estar allí también! Cuando me enojo, salgo a bailar en las calles. Me enojo por la injusticia, el sexismo, me enojo por el miedo que impide que la gente baile, me enojo cuando veo a mujeres poderosas ser pasadas por encima y todas estas estupideces de la vida cotidiana. Luego voy a Broadway en Soho, me visto como una niña, pongo mi boombox muy fuerte, el tráfico se detiene, los compradores se detienen, y todos re-configuramos nuestras entrañas con electricidad nueva.

JM: Suena mejor que el sexo…

IM: Idealmente, el sexo debería seguir justo después de eso [risas]. Creo que mientras más trabajo creativo hagas, más sexo debes tener.

JM: Es lo contrario de lo que decía Freud, que en lugar de tener relaciones sexuales las sublimas y creas arte.

IM: Mira, esta es mi nueva teoría: el trabajo creativo levanta una gran cantidad de energía yin en el cuerpo y la naturaleza de este tipo de energía es expansión/transparencia, mientras que el sexo te devuelve a la tierra. Demasiada energía yin puede conducir a la locura o al entumecimiento existencial. El sexo es como una vacuna contra la gripa para los desencarnados.

JM: ¿Te sientes más sexual cuando estás creando una nueva pieza o cuando estás haciendo un perfomance?

IM: Después de un performance querría hacer el amor de inmediato, porque estás muy energizado. Leí que Freddy Mercury nunca se iba a dormir solo después de un concierto. Puedo entender perfectamente porqué.

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PARTE 4

JM: ¿Me puedes contar más acerca de la nueva idea de academia en tu producción reciente Tongue PhD (Doctorado de la Lengua)?

IM: La idea es que nuestros cuerpos son archivos infinitos de información, y que además de la investigación horizontal, que es la de recoger datos, un igual valor debe ser concedido a la investigación vertical, que es entrar en la inteligencia celular, en el cuerpo, y en las memorias almacenadas allí.

JM: Me interesa la conexión o la falta de conexión entre la información y la memoria. Esta elección presidencial representa a lo reprimido en Estados Unidos: el genocidio, la esclavitud, y la misoginia. Aunque si nos fijamos más de cerca (Standing Rock, Black Lives Matter, etc) no era tan reprimida la cuestión después de todo, pero ahora la sombra está a plena luz del día, cortesía de Trump.

IM: Es una bestia y apenas estamos empezando a aprender sobre ella. Pero tienes razón, estaba allí, y ahora es el centro de atención. Cuando Trump fue elegido yo estaba en medio de dictar mi curso en la Academia de Arte de Malmö. Nuestro trabajo ahí es muy físico y el tema de localizar las concentraciones de opresión dentro de nuestro subconsciente y en nuestros cuerpos salió mucho a la luz. Por un momento, con todos los eventos, pensé ¡diablos! estamos haciendo un trabajo menor, tenemos que hacer más. Pero inmediatamente se me ocurrió que el trabajo va en ambos sentidos –encontramos las concentraciones de opresión en la psique y trabajamos externamente. El trabajo interno es como la detección de las burbujas de aire que necesitan ser destruidas con el fin de construir individuos sólidos. Se puede hacer mucho desde ese lugar después de localizar lo invisible. A través de este trabajo llegamos a una base mucho más sólida de confianza en nuestra inteligencia interior, y ese lugar puede ayudarnos a navegar este tiempo de post-verdad.

¡Y por favor, más imaginación salvaje! Lo que esta elección hizo fue crear una grieta en la realidad –Trump, sus seguidores, y este ejército de billionarios acaban de imaginar una realidad en la que quieren vivir, y nosotros debemos arrojar una alternativa sólida y soltarla a esa grieta con la misma convicción.

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