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31.08.2016

The Resemblance Is All in the Eye of the Beholder

Galería Agustina Ferreyra, San Juan, Puerto Rico
18 de agosto de 2016 – 24 de septiembre de 2016

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La semejanza reside en el ojo del observador es una frase del texto Mimetismo y psicastenia legendaria (1935) de Roger Caillois que contiene las dos direcciones de la relación entre percepción y representación. En este texto, Caillois defiende que lo que él llama la “tentación del espacio” es la causa principal del comportamiento mimético de los insectos y no estrategias defensivas que los harían imperceptibles. Es una especie de rendición, en la que el espacio es a la vez percibido y representado al mismo tiempo. La renuncia a un entorno devorador. Por otro parte, para Walter Benjamin, la facultad mimética entre los humanos es la “naturaleza que la cultura usa para crear una segunda naturaleza, la facultad de copiar, imitar, hacer maquetas, explorar la diferencia, rendirse y volverse Otro”. [1] Ésta se inscribe históricamente y se desarrolla hoy sobre todo a través del lenguaje; es a través de éste que se manifiestan las semejanzas inmateriales.

Esta exposición busca explorar, a través de la obra de cuatro artistas, las formas en que la facultad mimética funciona como un mecanismo de representación y transformación del mundo. Para Michael Taussig, imitación y contacto, entrelazados en un mismo proceso, nos obligan a reconsiderar qué es una imagen de algo y qué es transformar la realidad a través de esa imagen. El poder de la representación que toma el lugar de lo representado, la reproducción como copia, pero también como nacimiento de algo nuevo, la imagen que aparece en la mente y que adquiere más poder que la cosa de la que es imagen. La eficacia.

También busca entender cómo se produce conocimiento a través de la experiencia, de los procesos de producción que, en la repetición, generan diferencia. La apertura a generar alteridad dentro de formas codificadas. El carácter esquivo de la noción de mímesis sirve como un lugar fértil de especulación; por un lado, en el campo de la estética; por otro, en el campo de la magia y la eficacia. La semejanza reside en el ojo del observador intenta pensar la mímesis por fuera de la idea típicamente moderna del arte como refugio para el comportamiento mimético y acercarse a la experiencia corporal como productora y receptora al mismo tiempo de esta facultad.

La facultad mimética y la percepción de similitudes están entrelazadas y desarrollan sistemas de pensamiento complejos. En «Subtítulo«: Un destello del principio (2016) de Michael D. Linares se sintetizan dos de estos procesos: el de la interpretación de las piedras-rayo (ceraunias) como objetos producidos por fenómenos metereológicos a los que se le asigna un  poder mágico y el de las piedras talladas por el hombre que, hasta el siglo XVIII no fueron reconocidas como tal en Occidente. El hacha y el objeto mágico aparecen indiferenciados aquí materializando en una especie de problema hermenéutico en el que el objeto manufacturado vuelve, a través del lenguaje y del conocimiento al que da voz, a su estado puramente geológico. En los diferentes procesos interpretativos a los que fueron sometidas las piedras rayo, éstas terminan adquiriendo diferentes facultades asociadas a la capacidad de actuar. Son eficaces en varios niveles.

La imagen en movimiento y las tecnologías que la producen ocupan un lugar privilegiado de reflexión en la obra de Beatriz Santiago Muñoz. La facultad mimética, rudimentaria, encuentra en la modernidad, con la reproducción mecánica, nuevas formas de encarnación. La cámara, en La cabeza mató a todos (2014), moviliza una serie de operaciones en las que el registro/copia y el contacto mismo con la realidad se funden –“el dibujo no es simbólico, la forma afecta el comportamiento y el pensamiento»- en la forma misma del conjuro que busca producirse: «la destrucción total y absoluta de la maquinaria de guerra».

Las máscaras de Caroline Achaintre pueden funcionar como un espejo que anima un juego de varios reconocimientos extraños al proyectas nuestra subjetividad sobre la superficie. Partiendo de un principio dual en el que la abstracción y la figuración, la atracción y la repulsión conviven tensamente, el trabajo de Achaintre produce encarnaciones extrañas informadas históricamente por “el mito del primitivismo”– y con plena conciencia de su genealogía-, pero también por las formas contemporáneas de absorción de fetiches dentro de la economía de consumo. El reconocimiento de uno mismo en la otredad de la máscara parece apelar a un nivel mínimo universal de pareidolia que, en lugar de ser visto como un trastorno psicológico, permite ampliar nuestras negociaciones de percepción y representación con la realidad.

En Lo Otro (2014) Jorge Satorre colaboró con una serie de artesanos de la ciudad de Cuenca, Ecuador para producir objetos anómalos. La artesanía llena un espacio de representación de identidad cultural que muchas veces responde más a intereses de mercado que a un desarrollo libre de tradiciones locales. Al poner el énfasis en la escala subjetiva en su producción sobre los valores de manufactura normativizados, Satorre, a través de la repetición o la desviación, consigue una serie de objetos disfuncionales que entablan una relación dialéctica con las formas hegemónicas de producción. Resistiéndose a reproducir modelos  comercialmente exitosos, estos objetos se reproducen entre sí, insisten en su inutilidad.


[1] Michael Taussig, Mimesis and Alterity: A Particular History of the Senses, New York, London: Routledge, 1993. p. xiii. Cita traducida por Catalina Lozano.

https://www.agustinaferreyra.com/

Texto de Catalina Lozano
Cortesía de Galería Agustina Ferreyra, San Juan

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