Reseñas - Brasil México

Dorothée Dupuis

Tiempo de lectura: 7 minutos

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14.01.2017

Walid Raad en Museo Jumex y Akram Zaatari en Videobrasil, São Paulo

por Dorothée Dupuis, Museo Jumex, Ciudad de México & Videobrasil, São Paulo

primera

Indudablemente, el arte de nuestro tiempo tiene más responsabilidad política que nunca. La retrospectiva de Akram Zaatari en Videobrasil en São Paulo y la de Walid Raad en el Museo Jumex en la Ciudad de México ilustran perfectamente esta conciencia por parte de los artistas. Usando la estética como una herramienta metafórica para entender la sociedad y su organización política, estos dos artistas reflexionan tanto acerca de las formas que moldean su trabajo así como sobre los sistemas de visibilidad en que éste se expone y existe.

Videobrasil, una estructura promocional de videoarte creada en Brasil en 1983, tiene una larga relación con Akram Zaatari. El festival ha mostrado y galardonado muchos de sus videos desde mediados de los 1990s. Las películas de Zaatari utilizan técnicas documentales, pero también experimentan con nuevos formatos de filmación, en ocasiones usando instalación para intensificar la relación con el espectador. Se promueve esto último para utilizar su cultura visual, así como la imaginación para procesar los escenarios y secuencias propuestos, mandándola sutilmente de vuelta a su propia identidad y prejuicios. Videobrasil invitó a Akram Zaatari para la primera “retrospectiva” del artista en Brasil en su recién inaugurado espacio de galería y dirigió la exhibición hacia uno de los temas centrales de su trabajo, la homosexualidad. La historia de amor entre hombres se vuelve una primavera estética en sí, haciendo posible concebir la realidad bajo otro régimen sensible.

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En Líbano, la homosexualidad, aunque condenada, es relativamente más tolerada que en cualquier otro país árabe [1] (aun cuando el mismo Zaatari permanece en silencio acerca de su propia orientación sexual). ¿El acaso el asunto de la homosexualidad en Medio Oriente anecdótico comparado con otras emergencias más mediatizadas, como las guerras fratricidas que han devastado la región por décadas? Recientemente, muchos países donde la homosexualidad continúa siendo reprimida severamente lo llamaron un concepto “importado” de las naciones occidentales a las antiguas colonias. Es también a esta creciente “racialización” del mundo que la exposición responde – intrigas amorosas representan directamente el conflicto postcolonial en su entorno, deshumanizado por la política y los medios. En Beirut, exploded views (2014), explosionados, varios hombres trabajadores, figuras similares a las de refugiados, vagabundos, niños y soldados deambulan en un sitio de construcción medio vacío, cuya falta de progreso podría deberse a la bancarrota de la silenciosa guerra civil. El artista se apropia del cliché de la enemistad entre hombres árabes y lo desplaza hacia el dominio de lo íntimo y lo ficticio, mientras el cliché de “fraternidad” universal se personifica en un erotismo inquietante, intercambios silenciosos organizando el comercio de sentimientos como si se tratara de economía, palabras reemplazadas por el sonido de mensajes de whatsapp llegando a los teléfonos inteligentes. En todos los videos, las mujeres están preocupantemente ausentes. Etéreos en The End of Time, provocativos y victimizados en Red Chewing-Gum, invisibles en Tomorrow everything will be alright; los precarios cuerpos masculinos de Zaatari se vuelven una especie de alegoría universal para otros cuerpos prohibidos / fantasmales, protagonistas de la violencia de la guerra, víctimas de las prohibiciones religiosas, la inseguridad, la pobreza endémica, la criminalidad, el odio racial, el sexismo, el cambio climático [2]

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RedChewingGum_AkramZaatari©ft.EvertonBallardin

La alegoría hace eco en la realidad actual de São Paulo de una manera particularmente pertinente, afectada por el retroceso conservador que recientemente ha atormentado al país y dada la situación particular de Brasil cuando se trata de los derechos LGBT en ese contexto. En el Museo Jumex en la Ciudad de México, la exhibición de Walid Raad también intenta dar substancia a una reflexión en subjetividad subordinada, entre países de la “periferia” cuyas culturas continúan buscando un occidentalismo sin esperanzas. El paralelo con México a estas alturas es sumamente relevante y proporciona un ancla adicional a la exposición.

Asistí al performance del artista en Jumex el 1ro de diciembre. Walid Raad llega, viste una gorra y habla un agradable inglés internacional. Durante media hora, habla en frente de un diagrama en el muro cuyas diferentes partes son resaltadas sucesivamente por elementos adicionales proyectados en video. Raad explica una historia un tanto complicada donde el arte, el capital, la geopolítica, la ética, la religión y la raza tienen gran importancia. La historia involucra muchos actores conocidos del mundo internacional del arte, entre ellos mexicanos y actores de Medio Oriente, retando transparentemente las oligarquías cuyos intereses construyen el mismo museo en que tiene lugar la conferencia. Al final, los diferentes aspectos de la historia son anecdóticos, pues el principal objetivo de Raad es exponer los poderosos mecanismos de ficción tal y como están presentes en el arte. Es una obra situada en las narrativas geopolíticas y teorías de conspiración que nos rodean, precisando el acceso a la información y su organización como las claves contemporáneas del poder. El trabajo de Raad hace visibles los interminables conflictos de interés que componen el mundo, declarando el fin de un posible consenso universalista –mientras se es consciente de la predominancia restante de los intereses occidentales sobre otros. Norteamericanos, europeos y sus aliados todavía escriben las versiones dominante de la historia. Pero se puede proponer contar una historia distinta, sugiere Raad. El entusiasmo con que Raad intenta representar, por tantos medios y puntos de vista posibles, la experiencia de la guerra y su violencia en el individuo probablemente venga del hecho de que él no vivió la mayoría de la guerra civil en los ochenta, pues su familia había huido de la guerra para vivir en Estados Unidos. Especialmente el trabajo hecho a través de Atlas Group, un colectivo ficticio, rescatando imágenes y testimonios sobre la vida durante la guerra civil libanesa, le permite a Raad convertirse en testigo de eventos que él no vivió. Recolectando imágenes de motores de coches bomba después de la explosión (My neck is thinner than a hair: Engines, 1996-2001); marcando con puntos de colores el impacto de balas en fachadas de edificios para identificar la nacionalidad de los agresores (Let’s be honest, the weather helped, 1998-2006); pretendiendo encontrar un rollo de película olvidado de 1982 del mismo Raad documentando la primera invasión de Israel en Beirut Oeste (We Decided to Let Them Say ‘We Are Convinced’ Twice. It Was More Convincing This Way, 1982-2004)… El archivo que vemos, por su tangibilidad y materialidad, es mejor entonces que la experiencia.

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El archivo está, de hecho, en el corazón de un proyecto común de Zaatari y Raad, la Arab Image Foundation, cuya misión es “coleccionar, preservar y estudiar fotografías del Medio Oriente, el norte de África y la diáspora árabe [3]”. El proyecto se desconecta de la actividad artística de autor –aunque su dimensión estética no puede ser negada– para invertir como ciudadanía en la esfera pública. La fundación interroga el rol del archivo en países que largos periodos históricos han oscurecido o transformado para ajustarse a los intereses de unos sobre otros. La combinación de lo artístico y la actividad no lucrativa o militante tiene una tradición en el mundo del arte, permitiendo frecuentemente que los artistas jueguen con los sistemas, pasando de un lado al otro. En el caso de Raad y Zaatari, la mezcla tiene mucho más sentido dada la naturaleza polémica de cada una de sus prácticas e, interesantemente, su eficiente compatibilidad con el mercado del arte y las demandas del mundo institucional. Raad y Zaatari conocen los mundos corporativo y militar: la realidad libanesa contemporánea está moldeada por estas instituciones, y la manera en que juegan con la censura dentro del sistema de arte liberal y global para hacer que lo políticamente incorrecto surja, moviendo representaciones sólo para tomar ventaja de las grietas , tal y como las élites del mundo hacen todos días con la ley y las redes que tienen siempre de su lado. Estos artistas procesan a través de camuflaje, mienten por omisión, seducción, una actitud defensiva para ir en contra de la mala fe del poder dominante.

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La relevancia de las muestras de estos dos artistas que trabajan en la representación del mundo árabe en el contexto actual de América Latina no se puede negar. El público mexicano y el brasileño pueden vivir las obras de una manera que un público occidental no puede, porque son países que han vivido la violencia y la opresión, así como las ocupaciones coloniales que dieron pie a varios tratamientos de la raza.   ¿Qué puede decir el arte en estas situaciones? Hasta cierto grado, cualquier arte define su propia existencia y se limita contestando a un contexto dado, y la guerra no es la excepción. El arte de Raad y Zaatari puede así permitirnos en São Paulo y en México ver los propios conflictos escondidos desde ojos ajenos –y posiblemente encontrar el valor para confrontarlos.

Notas:

[1]  http://www.slate.fr/monde/85539/lgbt-exception-liban
[2]  http://www.lifegate.com/people/news/huge-iceberg-larsen-c-antarctica
[3]  http://www.fai.org.lb/Template.aspx?id=1

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