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Blog - Buenos Aires - Argentina

Tiempo de lectura: 9 minutos

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28.04.2021

"Plutón" de Bernabé Arévalo en Observatorio Atelier, Argentina

Buenos Aires, Argentina
21 noviembre, 2020 – 30 noviembre, 2020

Transverberar(se) en el oficio: anotaciones al margen de las pinturas de Bernabé Arévalo

La pintura jamás ha salvado a nadie, ni siquiera al artista. Ni de sí mismo, ni del mundo. Tampoco de los horrores del pasado o del incierto porvenir. En todo caso, la pintura es un hecho que sucede en solitud y puede ser que nunca trascienda de ella. 

Desde otra óptica, la pintura es una producción humana. Dentro de ella existe todo el espectro del pensamiento, emociones, creencias, certezas, cuestionamientos, formas de ver y hacer de la humanidad. Como proceso de comunicación, la pintura encierra un código visual que cuenta historias y perpetúa ideas. De este enunciado, parte la responsabilidad de la pintura y directamente, de quien la produce. 

Toda la época vanguardista y su enclave en el pensamiento de la modernidad, le otorgó de múltiples facultades a la pintura y las ideas que hoy tenemos de ella. Antes de esto, la pintura se limitaba a ser una expresión de la realidad. El estudio de la pintura renacentista y barroca clama que ésta es la única y verdadera disciplina artística basada en su impecable técnica. Con las rupturas, heredemos la idea más preponderante de la pintura: la plusvalía. 

Aunque generalizar no es viable desde una visión curatorial. Porque si bien, lo antes mencionado tiene preponderancia entre las personas conocedoras y no tan conocedoras en temas de arte/curaduría/mercado de arte, existen hitos que han marcado la tendencia de esta expresión. 

Acá conviene hablar nuevamente de la responsabilidad que tiene la pintura en lo social y es que, para un ejercicio de curaduría es imperativo entender, agrupar y presentar las ideas contenidas en ciertas obras que, posteriormente, se convierten en algo más allá de un hecho artístico y pasan a ser un hecho social.

Estos acontecimientos, al ser simbólicos, poseen una fuerte carga y merecen una lectura vista desde su contexto y la perpetuidad que estos mismos tienen en sus respectivas sociedades. Vemos, por ejemplo, el extenso entramado de narraciones, mitos y acontecimientos en torno a La Gioconda. Estos le han dado un carácter místico a la pintura, aunque su verdadera lectura, o por lo menos la intención del artista, pasen a segundo plano (o incluso ni se mencionen). Dicho entramado se convierte en un hecho social: si bien la pintura no es de origen francés, forma parte de la identidad parisina y es un importante motor económico del museo y de la ciudad. 

Vamos un poco más cerca: En México, el lienzo de la Virgen de Guadalupe. Su mística reside en la creencia, la fe y la historia que parte del mestizaje cultural con las creencias de los pueblos originarios y las imposiciones cristianas. Todo el culto alrededor del lienzo es un hecho social por excelencia que trasciende a América Latina. 

¿Qué es lo que se espera de la pintura en la época contemporánea y en “la movida” contemporánea?

Quizá, la pintura ha sido relegada en las prácticas contemporáneas ya que trae en sí misma el arrastre de la historia pasada y con ella, los males que ha adquirido, tales como la especulación, los conceptos excluyentes, el elitismo y las estéticas desde la blanquitud. Porque sí, la pintura ha sido un vehículo de perpetuación y transmisión de los ideales estéticos occidentales. 

Por otro lado, es importante hablar de las revisiones históricas de la pintura. Desde el punto de vista de muchos curadores de Latinoamérica, existe un arte socialmente comprometido con sus comunidades y círculos de influencia desde los años 60 en el territorio de América Latina. La constante convulsión ha manifestado de formas más evidentes las posturas de los artistas, quienes han padecido como el resto de la población al tomar una posición política. 

El ejercicio curatorial es también un ejercicio utópico. Buscamos la visibilidad de los problemas de las comunidades que habitamos (cuando existe la coherencia y pertinencia del curador), denunciamos y a la vez, proponemos soluciones desde los ejercicios de curaduría comunitaria. No es casualidad que los ejercicios contemporáneos nos permiten crear comunidad, trabajar desde la comunidad y para la comunidad. 

¿Por qué lo menciono? Porque en este entendimiento, la pintura muchas veces queda relegada a salas de exposición por su propia naturaleza material y sus demandas de conservación. Aunque hay claros ejemplos de la apropiación de los discursos y las formas de los pintores, tal es el caso, por ejemplo, de Isabel Ruiz o Marilyn Boror en Guatemala, Sila Chanto en Costa Rica, Cecilia Vicuña en Chile, Teresa Burga en Perú y Francisco Toledo en México. Sus técnicas pictóricas, combinadas con dinámicas comunitarias, performance y arte relacional implican la inmersión de más actores a sus prácticas artísticas. 

Estos ejercicios artísticos nos muestran que las limitaciones de la pintura ya no son “tantas”, en cambio, el pintor puede desenvolverse desde su historia personal y sus convicciones y soltarse de la estética como fin último de la pintura. 

En ese sentido, es pertinente mencionar la obra de Bernabé Arévalo. Bernabé y yo venimos de un contexto del país donde la pintura posee una tradición larga. Si bien, mis antepasados se desarrollaron prolíficamente en la escultura y la talla en piedra, jade, hueso y en la arquitectura, también tuvieron ejemplos magníficos de pintura y policromía de piezas cerámicas y frisos. Luego, la época colonial desplegó con amplitud la imaginería, pero a su vez, dio a luz a renombrados pintores. Fue el inicio de la época republicana que le dio forma a la historia de la pintura en el país. 

Tal como se menciona antes, los pintores han dejado de manifiesto muchas de sus posturas políticas y nuestro territorio no ha sido la excepción: la censura que enfrentó Antonia Matos en 1934 o las intimidaciones que enfrentaron los miembros del grupo vértebra en los años 80. Después de artistas como Marco Augusto Quiroa, Roberto Cabrera, Luis Díaz e Isabel Ruiz, la pintura no ha tenido una carga política tan evidente. Desde la vivencia, sí. 

Es un buen momento para detenernos frente a la obra de Bernabé. Desde la intención y desde su vivencia, encontramos una obra no definitiva pero sí definitoria. En su estadía por Guatemala, sus motivaciones se relacionaron con el territorio. Esta vez, vemos otras formas y otras maneras. 

Hay ejercicios técnicos conscientes en esta serie de obras que se presentan. Quizás un ánimo arqueológico, la búsqueda de una historia —de la propia historia— y el entendimiento de un pasado. Tal vez, el rescate del color de otros días y de las palabras que llaman, que reclaman, que no se olvidan. Excavar es un acto de fe porque se busca aquello que está perdido. A veces, la búsqueda es del recuerdo que se piensa olvidado. Si algo nos dejó la vanguardia, es la capacidad de convertir un ejercicio técnico/estético en un acto poético. Pero hay algo que determina y es la consciencia. El acto estético está fundado en el ego.

En cambio, la contemporaneidad nos da la capacidad de hacer de la pintura un entramado de ficciones. El porvenir está construido de ficciones, de utopías que se vuelven realidades. Muchos de nuestros derechos civiles eran utopías. Muchas utopías acarrearon muerte, pero el futuro fue generoso y hoy vivimos en él. ¿Cuáles son las ficciones de Bernabé? ¿Cuáles son sus utopías?

¿La muerte quizá? ¿La identidad? ¿El derecho a la palabra? Porque las calaveras, los espectros y los zanates no son coincidencia. ¿Cuál es la palabra de un migrante? En una década donde la xenofobia es un manifiesto político aceptado, consentido y perpetuado… ¿cuál es la palabra del migrante? 

Hay en los códigos de la pintura de Bernabé algo que quiere salir. Por demás está decir que PLUTÓN no es una colección complaciente. En términos de mercado es una obra muy específica para ojos muy calibrados. De por sí, el tema de los cráneos es un tema “brusco” para convivir en casa. Hablar de la soledad también lo es. Buscar la palabra o la respuesta del naufragio es más que brusco, quizá determinante. 

Desde una visión curatorial, también hay un momento de novedad en la propuesta. En este momento de hiperinformación, los instantes que nos permiten “curar” la información, suceden a partir de los destellos: ¿cómo determinamos la relevancia en los procesos de investigación? ¿Es lo visual lo que nos llama o es lo conceptual? ¿Quién se detiene frente a nosotros y nos escucha? Y es esa parte de aquello novedoso que convive con el pintor perpetuamente: la consciencia de la limitación de la técnica y la constante búsqueda del exterior: el ejercicio de transverberación de sí mismo, de cómo se atraviesa, se encuentra, se hunde. Vivir todas las vidas y todas las muertes. 

Es conveniente hablar de estas piezas, más allá de verlas. Quizá, en otras palabras hallemos la palabra del pintor que es migrante, o del migrante que recuerda. O ambos.

—Texto por Diego Ventura Puac-Coyoy

Bernabé Arévalo, 1984. Artista visual Guatemalteco con base en Buenos Aires, Argentina. Estudió en la Universidad Nacional de Arte (UNA) en Buenos Aires Argentina, donde también fue becado por el Fondo Nacional de las Artes (FNA) para la Beca Haroldo Conti en el 2013. Participó en el LXIX Salón Nacional de Rosario Museo Castagnino-M.A.C.R.O, Museo de Arte Contemporáneo de Rosario Santa Fe, Argentina (diciembre, 2015 – marzo, 2016). Ha participado en diversas residencias como la residencia CURADORA en Santa Fe Rosario en el 2015 y el Programa de Residencias Centroamericanas en Guatemala en el 2017. Artista participante de la XXI Bienal de Paiz, curada por Gerardo Mosquera, en el 2018. Actualmente participa de la
exposición El discreto encanto, realizada en el Museo de Arte Contemporáneo de Costa Rica (noviembre, 2019 – julio, 2020).

Diego Ventura Puac-Coyoy (Quetzaltenango 1991). Editor y curador en jefe de espacio /C arte+memoria. Restaurador de arte por la Universidad San Carlos de Guatemala. Posee estudios en Ciencia Política por la misma casa de estudios. Ha publicado textos y ensayos en Polyester Magazine (GT), Terremoto (MX), Subasta MAC Panamá (PTY), Galería ArtFlow (CR) y catálogos artísticos y Bienales. Ha trabajado en gestión cultural y educativa. También ha sido curador invitado y asesor del Programa de Artes Visuales del IB Programme en Guatemala. Actualmente trabaja en la curaduría, documentación, catalogación y conformación de la primera colección de arte conformada por una familia Maya K’iche. También forma parte de la Alcaldía Indígena de Chichicastenango, el Quiché, donde vive y trabaja actualmente.

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