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27.01.2022

Luz de luna sobre Texas

Articulando las complejas tensiones que se juegan sobre Texas, la curadora Jennifer Teets realiza un viaje por los paisajes familiares, políticos y culturales que ahí yacen para compartir parte del panorama artístico de la región tras su estancia en Artpace, San Antonio.

Dedicado a Josie Ann Teets

Una tarde de 1998, compré un ejemplar de Air Guitar, la legendaria colección de ensayos del crítico de arte inconformista Dave Hickey,[1] nacido en Texas. En ese entonces, no sabía mucho sobre Hickey y mucho menos que había nacido en Texas. Yo era una estudiante de licenciatura en la Universidad de Texas en Austin, el antiguo territorio de Hickey. Él, al igual que Jimmie Durham —otro artista visual disidente proveniente de la misma ciudad y fallecido el pasado noviembre—, contribuyó a las exposiciones de arte y la vida cultural de la UT Austin a finales de la década de 1960. Y que más tarde harían germinar y reforzar el interés crítico dentro y fuera del mundo del arte internacional por años. La pluma filosa de Hickey en Air Guitar resultó fundamental para mí, especialmente como curadora emergente que oscilaba al margen de múltiples disciplinas. La capacidad de Hickey para complejizar, para deslizarse a través de la página —desde galerías de arte hasta los honky-tonks, clubes de jazz, salones de cócteles, tiendas de surf y tiendas de hot-rods—, le otorgó el estatus de iconoclasta. Texas Monthly publicó recientemente un obituario en el que se citan los años de formación del autor, incluido un ensayo que escribió en 2015, titulado «Don’t Move to Texas».[2] Al igual que este texto, se le pidió que compusiera 1,500 palabras sobre Texas; en su lugar, escribió sobre por qué no volvería a mudarse a Texas, en gran medida como una broma. ¿Sólo mil quinientas? —escribió sarcásticamente.

Frecuentemente, me pregunto: ¿debería volver a Texas? Aunque he regresado para proyectos específicos y obligaciones familiares, dejé Texas en un exilio autoimpuesto hace veinte años y jamás regresé. Ya que acaban de celebrarse las fiestas decembrinas, vale la pena mencionar un adorno navideño de mi abuela difunta que dice: «Texas, me vuelve loque». Incluso tengo una fascinación por el Lone Star State [Estado de la Estrella Solitaria] (sobre todo por su idiosincrasia cultural, sus cielos amplios y sus pequeños altramuces azules), pero quizá romantizo el tipo de libertad que aquí se autoproclama. A fin de cuentas, no se puede olvidar su paisaje infernal de extrema derecha: leyes de portación libre de armas, leyes antiabortistas acechantes, restricciones al voto, dominio de los bautistas del sur en la política estatal, fuerte control policial en las fronteras, etc. La lista es interminable y políticamente corrosiva. La enorme cantidad de cambios en las infraestructuras y el desarrollo que se está llevando a cabo en Texas también da mucho material para reflexionar. Tesla ha trasladado su sede al estado de la energía[3] y las empresas para el minado de bitcoins se han establecido en los pueblos rurales que habitan complejos industriales de aluminio. En cambio, su innovación en investigación médica es asombrosa: mientras las multinacionales farmacéuticas se pelean por conceder acceso global, en el Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital para Niños en Texas se ha creado una vacuna COVID sin patentes y diseñada para la salud global, como forma de descolonizar el esquema de vacunación.[4] ¿Qué tipo de políticas van de la mano de este tipo de infraestructuras «transformadoras» dentro del Estado? El mensaje parece oscilar radicalmente.

Texas no es tan republicana como parece desde fuera. Austin ha sido etiquetada como una de las ciudades más «progresistas» del país; y, pese a ello, está en el borde de la vivienda incosteable en las listas de las ciudades más grandes. Me gustaría recordarla como era durante mis años de universidad —una pequeña ciudad con tiendas de discos y libros independientes, y un toque ecológico, pero en su lugar está tomada por un liberalismo desgastado (muy neoliberal, de hecho) y un tráfico espantoso—; pero, ¿podría ser esto una característica de Estados Unidos en la actualidad? Muches lo atribuyen al éxodo californiano que vive el estado: en 2019, les californianes representaron alrededor del 42% de la migración interna neta de Texas.[5] Houston, en cambio, es una de las ciudades más diversas del país, desde el punto de vista étnico —la combinación de su perfil demográfico y sus leyes de no zonificación la convierten en una de las ciudades más complejas de la historia reciente de Estados Unidos. San Antonio se ha transformado con un ritmo más lento, todavía más relajado que otras ciudades: yo diría que, si se quiere aprovechar la oportunidad de crear un nicho artístico único y pequeño, San Antonio es ideal.

En mayo de 2021, tuve la oportunidad de volver a Texas bajo la invitación de Artpace, San Antonio, y su programa de curadores visitantes. Fue en el pico de la COVID-19. El gobernador Abbott estaba (y sigue haciéndolo) tiñendo al estado completamente de rojo, con su laxa respuesta a la pandemia, aunque la población de Austin estaba vacunada casi en su totalidad y el alcalde de San Antonio había lanzado una rigurosa campaña sanitaria para vacunar a les residentes del condado de Bexar tras el escrutinio al inicio de la misma. Parecía que el final estaba cerca. Me bajé del avión en Houston y conduje hasta el estadio NRG para que me vacunara un aviador de las Fuerzas Aéreas de EE.UU.; y luego me dirigí a San Antonio, a sólo dos horas y media de distancia. Allí inicié una residencia de tres semanas que consistía en veinticinco visitas a artistas e instituciones de todo el estado. Una de las artistas que conocí, la latinx Evelyn Gonzalez, combina la investigación histórica de la artesanía con las teorías queer, trans y feministas reflejadas sobre la materialidad y la encarnación.

Conocí su trabajo a través de la documentación de su exposición Of Bodies Straining to See, en la que utiliza el azul maya y la ostraka griega para realizar esculturas y obras textiles. En ella, González explora «la materialidad y el cuerpo, así como la implicación de la subjetividad encarnada dentro de estas singulares ecologías materiales: su reproducción, su disolución, etc». El azul maya es un pigmento con el que yo también he trabajado a lo largo de los años, principalmente en su relación con la arcilla comestible. El hermoso folleto de la muestra, cosido a mano y producido por la editorial French and Michigan, documenta dos experimentos inspirados en artefactos de la cultura material cerámica y es refrescante en una ciudad, típicamente, de pintores. Su postura crítica sobre las formas de género de la materialidad y la historia disciplinaria señalan una tonalidad afectiva que profundiza en la historia del material o, como ha escrito la teórica Jeanne Vaccaro, «observa el contacto y las posibles tensiones del pensamiento material en colisión».[6]

Otra artista que conocí en Houston, que recientemente se trasladó a Texas desde California, es Anna Mayer. La obra de Mayer combina el dolor, la pérdida y el despilfarro con un ethos de tipo medioambiental, evitando las propuestas autoritarias. Más bien, su obra sitúa lo que está en marcha, o al acecho, a través de métodos conceptuales. Forms of Inheritance: The Work of Anna Mayer en el Center for Contemporary Craft de Houston nos hace parar y mirar dos veces. En ella, la artista hace referencia a la ropa de luto victoriana a través de piezas que evocan vasijas de barro a gran escala para beber con huesos adheridos o borlas fijas, una anotación contemporánea de «arte occidental», adecuada para el contexto geográfico del sur. A medida que la gente dejaba de vestirse de negro, añadía pequeños puntos blancos o grises sobre el negro. Los delicados dibujos indicaban la lenta transición del luto. Aprendí que la técnica de su fabricación es un proceso de Europa del Este llamado obvara, en el que la cerámica fundida se saca del horno a 1,650 ºF y se sumerge en una lechada viva y fermentada de levadura, azúcar, harina y agua, creando patrones punteados. Varias piezas se alinean en el espacio, sobrepasado por una impresión fotográfica del tamaño de la pared que documenta una explosión de procesamiento químico del petróleo. Podría jurar que es Houston, pero es San Juan, Puerto Rico. Me tambaleo en mi suposición. Mientras tanto, cuento con la inquietante sensación de familiaridad: el ambiente de la exposición recuerda a la estética funeraria del Museo Nacional de Historia Funeraria, uno de los extravagantes establecimientos culturales de Houston que «educa al público y preserva la herencia del cuidado de la muerte». El mensaje está amarrado al fondo del mar con un ancla, “[Mayer] cuadra la magnitud de nuestras pérdidas dentro de un ciclo nacional de sistemas de creencias adquisitivas, expansionistas y posesivas…».[7] De hecho, la exposición de Mayer es un intrépido acto de valentía crítica, no una alucinación, en una ciudad en la que predominan los combustibles fósiles y en la que las instituciones artísticas prosperan gracias a las ganancias de estas corporaciones.

Kate Newby también acaba de incorporarse a la escena artística de Texas. Originaria de Nueva Zelanda, la artista es una ex alumna de Artpace de 2017 que ahora trabaja en Floresville (una pequeña ciudad cerca de San Antonio), en una gran propiedad de mezquites donde también vive. Newby no tardó en hacer amigues dentro del circuito de la cerámica con hornos y talleres únicos, posibilidades que Nueva York no podía ofrecer. La artista trabaja bajo las nociones de restricción dentro del ciclo de producción de un material, típicamente dentro de la fabricación industrial o artesanal. El lenguaje que impregna el trabajo y las condiciones incrustadas en un producto material son preocupaciones inmateriales que se encuentran en sus esculturas. Posteriormente, las transforma en ligeros gestos que requieren una conciencia perceptiva. Su obra es una invitación a la inspección minuciosa. Me entusiasma trabajar con Newby en un próximo proyecto basado en su estudio en curso sobre la fabricación de ladrillos, para una exposición que estoy curando en Artpace, a inaugurarse en mayo, en conversación con la poesía del autor y profesor de la Universidad de Houston, Roberto Tejada. Tejada recibió una beca Guggenheim en 2021 por su poemario Carbonate of Copper [Carbonato de cobre], un proyecto en proceso sobre el tiempo sedimentado. Sobre el volumen, Tejada dice que «las personas y los entornos están erosionados, desgastados, exteriormente plácidos pero existentes en una especie de insubordinación»; bastante apropiado para el tema de los ladrillos.[8] La arcilla y el esquisto se desplazan en muchas regiones de Texas, especialmente en Houston, donde se caracterizan por su «expansividad». Claro que, a medida que se producen estos procesos geológicos, no puedo olvidar que el paisaje cultural de Texas también está teniendo un momento de expansión y reorganización. La producción cultural responde al paisaje cambiante de su entorno político y social, como evocan las artistas citadas. Con suerte, esta próxima muestra dará cuenta de algunas de las preocupaciones esbozadas aquí en torno a la infraestructura transgeneracional, la familia, el patrimonio, la enfermedad, el trabajo, las fisuras metabólicas y el acceso.

El acceso a los recursos, el acceso al espacio, pero también lo que se seca, se marchita y se regenera. Puntos dolorosos que no llegaron a la irónica lista de críticas de Dave Hickey. Tengo la esperanza de enorgullecer a Texas, como cantaría mi bisabuela —la música de country y western llamada Josie Ann Teets: Desde el Golfo de México hasta la frontera de Oklahoma, desde A. R. K. hasta la línea de Nuevo México, desde Luisiana hasta el hermoso Río Grande, tengo en mente la hermosa Texas.

Notas

  1. Dave Hickey, Air Guitar: Essays on Art & Democracy (Ann Arbor: Art issues. Press, 1997).

  2. https://www.texasmonthly.com/the-culture/dont-move-to-texas/#comments

  3. https://www.texasmonthly.com/news-politics/tesla-relocation-austin-elon-musk/

  4. https://www.scientificamerican.com/article/a-covid-vaccine-for-all/

  5. https://www.nytimes.com/2021/11/23/opinion/move-to-texas.html

  6. http://www.frenchandmichigan.com/evelyn-gonzalez

  7. https://momus.ca/anna-mayer-reconstitutes-loss-in-houston/

  8. https://www.chicagoreview.org/poetry-staffs-march-feature/

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