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01.10.2016

Ícaro y otras mitologías

Sketch, Bogotá, Colombia
25 de agosto de 2016 – 6 de octubre de 2016

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Esteban Schimpf se cuestiona en su obra: ¿Qué constituye una imagen? ¿Puede ser completamente abstracta una obra de arte? ¿Qué lugar ocupa el arte en la sociedad? ¿Puede el arte desligarse de la narrativa?, Y, en últimas, ¿qué es arte? En su ambicioso esfuerzo por contestar esta última pregunta, Schimpf responde como un hombre que lucha con su propia fe. “Mi respuesta es simple: naturalezas muertas, desnudos y paisajes”. Ícaro y otras mitologías pretende provocar gestos de suspicacia. Si bien no deberíamos creer en sus conclusiones, aunque él crea en ello fielmente, en un acto de reflexión reconoce “Creo ser un mentiroso. ¡Nunca confíes en un hombre que no se contradiga a sí mismo!”

Esta afirmación es el camino para entrar en su obra. Schimpf produce imágenes que reifican la disposición mental en un mundo contemporáneo de desilusión, conectividad, soledad digital y desarticulación radical del ser. Las fotografías de Schimpf documentan el exceso, la subversión frente a la ubicuidad de las pantallas y las transmisiones digitales; pero de manera más conmovedora aún, el descarrilamiento del Sueño Americano. En un mundo inundado de imágenes nos identificamos en la misma medida con nuestro reflejo en el espejo que con el “selfie” publicado en las redes sociales. Sin embargo, poca es la conexión física con otros porque aún cuando estamos con otras personas, pasamos mucho tiempo con la mirada fija en una pantalla. Esta condición del ser radicalmente fracturado también es universal, es aquello de lo que está hecha la mitología. En las palabras tantas veces citadas de Walt Whitman en Canto a mí mismo:

El pasado y el presente se marchitan – los he llenado, los he vaciado.
Y procedo a llenar mi siguiente recodo del futuro.

¡Y ahora tú, tú que me has escuchado¡ ¿Cuál es el secreto que quieres confiarme?
Mírame a la cara mientras respiro por última vez bajo las sombras de la tarde,
(Habla sinceramente, nadie más te escucha y sólo dispongo de un minuto).

¿Que me contradigo?
Pues, sí, me contradigo, ¿y qué?
(Soy inmenso y en mí viven multitudes).

Schimpf nació en Colombia, en una familia disfuncional como tantas, siendo adoptado por una familia naturalizada en los Estados Unidos. Para él, el Sueño Americano era efectivamente una promesa que jamás podría cumplirse. En una de sus primeras obras, Schimpf plasmó un manifiesto en co-autoría con el artista Daniel Keller titulado El Manifiesto del Defenestracionista. La obra es el llamado del absurdo a lanzar cosas por las ventanas y se inspira en la fuente de la obra canónica de Yves Klein Salto al vacío en la cual el artista se lanza en pleno vuelo por la ventana. Esta obra primaria del estudiante se conecta con el título de la presente exhibición, Ícaro, quien también quiere volar pero sabemos que, al igual que Klein, tendrá que caer. El poder perdurable del mito de Ícaro es lograr identificarnos con él, no en el sentido en el que nos imaginamos ser él, sino en el que compartimos sus anhelos. Es con su trauma interior con el cual nos identificamos, no con su caída física.

En su obra reciente, Schimpf también se enfoca en el trauma interior de la repetición y duplicación. Son estos dos aspectos que asombran, el doble imposible de reproducir, y la repetición como distintivo del trauma convertido en neurosis (manifestado en obsesiones, compulsiones y adicciones). En la fotografía Cástor y Pólux, la silueta es la sombra del retrato principal, en el fondo ésta pareciera tener casi la misma textura de un cuaderno de composición; encima de la silueta plana y yuxtapuesta a ella hay un limón amarillo vertical y un pájaro muerto que yace de medio lado (quizás disecado). El retrato duplicado es de un hombre que, pese a sus rasgos de negro, está cubierto con témpera rosada con la cual se puede dejar jugar a un niño. Las pinceladas aún son visibles, las capas más profundas de la imagen (o quizás las más cercanas) están constituidas por una fotografía en blanco y negro de flores y bananos. La relación entre la figura y el fondo también está quebrada pues no permite distinguir lo que está adelante de lo que está superpuesto. El mito de Cástor y Pólux es el de los gemelos que sufren una muerte violenta y una caída metafórica.

El tema de la caída se repite en las obras Ícaro (asciende) e Ícaro (desciende) fotografías en espejo (copias idénticas pero invertidas) una caída en el suelo como si se hubiese desprendido de la pared. En Sin Título (Muerte en París), la figura de una mujer aparece reclinada en una banca blanca con el cabello cayendo hacia el suelo, ésta es la repetición de la caída del hombre, no la visión distópica de la resignación. Aquí la obra de Schimpf cumple la tarea monumental de un Sísifo que trata de empujar la roca cuesta arriba para sólo rodar nuevamente, pero empeñado en luchar, y trepar pese a la inminencia de la caída.

Al igual que la clara influencia de su mentor John Baldessari, Schimpf se formó en la pintura abstracta. Posteriormente llegó al retrato fotográfico trayendo consigo la sensibilidad de un pintor. La composición de su obra es formal, como la de los pintores modernistas geométricos no objetivos entre quienes se destaca Piet Mondrian. A diferencia de Baldessari, cuya obra se basa en la ironía, el humor y la transformación del texto en imagen, la obra de Schimpf atrae la atención hacia la reverencia de la vida reducida a su esencia (harina para hacer pan) y la alegría de apreciar la figura humana. La figura quedó abandonada tiempo atrás en el linaje conceptual que Schimpf rechaza sin lugar a dudas, no sigue el deseo de la innovación, la meta del avant-garde y el neo-avant-garde para romper con la historia del arte como lo hacen los modernistas. Al contrario, se pone en consonancia con la historia de los medios específicos de la pintura y la fotografía. Si la fotografía fue históricamente una forma de documentar la realidad (afirmación que rechazan los estructuralistas post-modernistas), él reivindica su función. En algunas de las obras más conmovedoras, los retratos fotográficos capturan el acto del artista de cubrir al sujeto con harina, acto que tenemos el privilegio de presenciar sólo en virtud de su documento fotográfico. Una imagen captura a una mujer desnuda en el acto de echar su cabeza hacia abajo para sacudirse el polvo blanco de su cuerpo y de su rostro, transformándose de una escultura blanca en una figura negra.

El acto más claro de desarticulación está en la forma como los rostros aparecen atravesados. Las figuras no están nunca en un espacio, a diferencia del cubismo que trató de capturar muchos ángulos del mismo objeto en una sola imagen. Schimpf captura la unidimensionalidad de las imágenes que vemos hoy en un mundo digital. Las figuras están siempre contra un fondo plano en el cual las capas hacen resaltar su lisura. En un mundo en el cual nuestra identidad es tanto una proyección de nosotros mismos como una encarnación física, los retratos capturan la pérdida de la cercanía física pero al mismo tiempo el deseo de ser parte de algo más grande que nosotros mismos.

http://sketchroom.co/

Texto de Justin Polera
Traducción: Adriana Hassan
Cortesía de Sketch, Bogotá

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