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22.04.2021

"GUATA MAI DUIN". Exposición individual de Carolina Berrocal en Interior 2.1, México

Guadalajara, México
19 marzo, 2021 – 20 mayo, 2021

Confesiones de una “joven” artista sobre GUATA MAI DUIN

La construcción del “yo” como artista es algo que viaja por distintos campos dentro del imaginario artístico, sin embargo hay uno en particular en el que me he detenido a pensar: ¿Cómo lidiamos con nuestra autoestima en la medida que construimos nuestra profesión como artistas? La forma en la que esto se relaciona con el trabajo y su reconocimiento considero que está completamente ligado.

Es evidente que el trabajo repercute en el autoestima de muchas personas, no solo en el arte. Si bien podríamos ver en la pared de algún profesionista, como lo sería un cocinero o un dentista, diplomas colgados a lo largo de su oficina o lugar de trabajo, ¿cómo un artista percibe sus propios logros? ¿Y de qué manera trabaja para conseguirlos?

Lo que me interesa sobre el autoestima es que es algo que está por debajo de lo que vemos.

Lo que alcanzamos a ver en una exposición, en un portafolio o en una presentación, es lo que el artista ya asumió de sí, pero la manera en la que se presenta al mundo suena un tanto objetivo, despersonalizado. Algo que ya no le pertenece al artista, si no que este se encargó de echarlo a andar, darle un enfoque y compartirlo a los demás. Muchos optan por una estrategia de trabajo, de investigación y de difusión para colocar su trabajo en el lugar deseado. Sin embargo, es interesante considerar cómo el paradigma del arte contemporáneo delimita las maneras de “profesionalizarse” como artista.

Más allá de pensar que esa profesionalización va a obedecer las demandas del mercado, traducidas en portafolios bien diseñados, investigaciones complejas y exposiciones impecables, lo que me interesa es la idea de tener una “mirada crítica” como un requerimiento dentro de esa profesionalización. Una manera de “complejizar” la práctica.

Se podría decir que para que pueda haber una creencia de dicho requerimiento, en un principio tendría que haber un prejuicio de mi parte a lo que se supone hay que hacer. Y en eso entran las problemáticas que el proyecto propone abordar. La manera que tenemos de percibir nuestro trabajo en orden de presentarlo a los demás, juega un papel primordial en la autoedición. Siempre me sentí muy dividida al momento de presentar mi trabajo como artista, incluso dividí mi trabajo en varias partes, y lo sigo haciendo hasta la fecha. Lo que era esa parte más espontánea y plástica, la dejaba fuera de mi portafolio a menos que fuera un proyecto de mayor “relevancia”.

En esa autoedición de lo “relevante” es donde entiendo que en realidad también hay censura. Hay algo que no sé qué es, pero funciona como esta identidad fantasmagórica, que me enjuicia y me lleva a la autocrítica hasta el punto de desistir completamente de la idea. Esa identidad también contiene miedos. Miedo a la idea de convertir en “tema” una problemática social. Miedo de saber que puedo hacer más y no hacerlo. Miedo de sólo hacer cosas bonitas. Miedo de tener intenciones superficiales o hipócritas. Miedo de ser mediocre sin darme cuenta. Una vez por semana me encuentro en una ansiedad angustiante sobre todo lo que tendría que hacer y qué es lo que no estoy logrando como artista. He de decir también que hay ráfagas de viento en donde me siento en la cima y me gusto a mí misma.

Y en realidad, creo que esa identidad es una construcción abstracta sobre figuras como las de un curador, académico, juez, artista y todo aquel que hipotéticamente pueda juzgarme. Me encuentro constantemente comparándome con el trabajo de los demás, y creo que el trabajo de autoedición es sumamente necesario y enriquecedor. Pero creo que hay algo que me hace clic cada vez que lo pienso: que la subjetividad con la que le damos la relevancia a nuestros proyectos, efectivamente, tiene que ver con diversos factores, pero en muchas de las ocasiones es dar ese salto de confiar en tus propias decisiones. Comprar las propias ideas. Y digo comprar, porque al final sí es una transacción que requiere de autoestima y vanidad.

Todo esto podrá sonar como una forma bastante ensimismada en el arte pero, por otra parte, ya no encuentro un sentido de hablar sobre cosas que no forman parte de mi contexto. Y me estoy dando el momento de habitar completamente mis preocupaciones laborales.

En ese sentido, hice esta serie de cerámicas en las que me permití chapotear en la alberca, desarrollar aún más la plástica que por mucho tiempo utilicé de manera contingente y darle un foco central. GUATA MAI DUIN, por una parte, llevó la incertidumbre de la parálisis a su apropiación y conquista. Esa conquista significó materializar el cúmulo de preocupaciones, voces infinitas y esquizoides. Y pensarlas de manera pictórica, haciendo una ecuación entre la pintura y la cerámica, llevando a esta última a un formato bidimensional.

Una de las cosas que ayudó mucho fue que desde que Bruno y Dani (gestores de Interior 2.1) depositaron su absoluta confianza en mi trabajo, me entregaron una especie de antorcha, que si bien significó una gran responsabilidad, al mismo tiempo ya estaba cargada de gasolina para que el trabajo no cesara.

Algo que queda por decir es que la manera en la que presenté la exposición al público durante la muestra fue hablar sobre ella como una especie de paréntesis a mi trabajo como artista, “un a-parte”. Sin embargo lo que he concluído es que ese paréntesis se va ampliando cada vez más, hasta el punto en donde probablemente tenga que entender que esto no se trata de ningún paréntesis y tenga más parecido a un nuevo libro.

—Texto por Carolina Berrocal

www.interiordos.uno

carolinaberrocal.tumblr.com

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