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Tiempo de lectura: 9 minutos

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13.10.2021

"Escuerzo de sangre negra" de Maggie Petroni en PASTO Galería

Del 10 de septiembre al 23 de octubre de 2021
«Ni escultura, ni pintura ni instalación: medioambiente: todo a la vez: lo
que es abajo es arriba. TODO ES POSIBLE.»

1.

En Las extrañas fuerzas, Leopoldo Lugones inaugura una línea dentro del gótico rioplatense, un territorio de iconoclastas e inconformistas retrospectivamente teorizado por Julio Cortazar, quien encuentra en una serie de escritores –Quiroga, Bioy Casares, Borges, Silvina Ocampo…- trazos de una literatura fantástica que combina lo sobrenatural con lo misterioso, lo terroríco y lo insólito, y donde la presencia de lo específicamente «gótico» es con frecuencia perceptible.
Pero, ¿qué es lo específicamente «gótico»? Los cuentos que forman parte de Las extrañas fuerzas se extravían decididamente del canon romántico-decimonónico, en el que la presencia de lo gótico seguiría a un orientalismo a secas que, como sucede en el Facundo de Sarmiento, se percibe en personajes de barba y temperamento barbárico, una mezcla entre mameluco y pirata de los mares del Sur. El drama pampeano, también en su versión pictórica (Rugendas), tiene lugar en un teatro de operaciones más imaginado que real, la Mesopotamia infinita donde la agricultura industrial y el desarrollo financiero son acechados por los pobres, los negros y la ferocidad del gaucho-tigre. Este paisaje anacrónico desaparece en Lugones en favor de relatos y escenarios cada vez más decadentes y urbanos. En ellos, la ciencia ilustrada y positivista es acechada por la sombra de lo oculto. El lapso de tiempo que transcurre entre el final del realismo y la objetividad y el nacimiento del cine es tiempo que sucede entre éter, que se propaga en medio psíquico.
La historia natural como artefacto y obra de arte total. Falta, todavía, algo más de una década para el descubrimiento de la teoría de la relatividad, la unificación de las teorías del campo electromagnético y la mecánica newtoniana. Y la esperanza en el progreso, apoyado en el desarrollo de un saber técnico que se acumula como los banqueros acumulan capital, empieza a resquebrajarse. Baudelaire ve el futuro derrapar y hundirse a orillas del Sena, el sumidero que subsume la sangre de las barricadas y las revoluciones proletarias masacradas, que anteceden a las máscaras de gas de la Primera Guerra Mundial.

En el cuerpo social, si bien se empieza a notar la dominación de la técnica sobre todos los aspectos de la vida, la división del trabajo todavía no es total. La separación entre el artista y el científico no se ha consumado aún. Es el último suspiro, si se quiere, de una tradición que retrocede hasta el mago-alquimista tardomedieval e incluso más atrás, a los gnósticos y el bajo materialismo (Bataille).
2.
Una de las innovaciones lugonianas tiene que ver con un grupito menor de relatos cuyo tema, ahora sí, es específicamente gótico. Aunque nada tiene que ver con castillos, abadías o monjes. Sería un gótico más de los fluidos y los cuerpos en vías de descomposición, que explotan como revientan las cabezas en Scanners, de adentro hacia afuera (un adentro más adentro que cualquier interior y un afuera más lejano que cualquier exterior, que cualquier otherness). Este tipo de gótico específicamente-gótico anticipa lo que hoy se conoce como horror biológico. Se
trata del viejo terror cósmico que, de Lovecraft en adelante, especula con la posibilidad de un complot de lo muerto contra lo vivo, de un complot de la materia inorgánica y del cuerpo sin órganos contra lo humano.

No hay que olvidar que ya Marx se había percatado de la dimensión gótica específicamente-gótica de lo contemporáneo. Además del fantasma que recorre Europa, de los espectros en Marx, es recurrente en su obra la imagen del vampiro. Un personaje que es, por lo menos, igual de inquietante que la ya de por sí imagen gótica de la mercancía reificada, del fetichismo de la mercancía que encubre sus condiciones de producción, del objeto de consumo que desafía los límites de lo biológico y vuelve una y otra vez a la vida… Para Marx, “el capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y que vive cuanto más trabajo chupa”

(DAS KAPITAL, Tomo 1). El capitalismo, sobre todo por su relación dialéctica y dialéctica con el flujo hidráulico que empuja al deseo hacia nadie sabe dónde, es una máquina de coagular sangre, de volverla una mancha negra.
3.

Un escuerzo (un tipo de anfibio de cuerpo más grueso que la rana y con la piel sembrada de verrugas) es el protagonista de un relato de Lugones, en donde una madre asiste impotente a la muerte de su hijo. Un asesinato, en verdad, ya que la muerte del joven se produce con nocturnidad y alevosía, mientras intenta descansar tras un largo día talando árboles en el bosque. La muerte es consecuencia de la venganza del escuerzo, que el leñador había partido a la mitad por accidente y ahora vuelve de la muerte sedienta de venganza, de sangre. Antes de meterse en una siniestra caja de madera que hace las veces de modesta cama, la madre le recuerda que debería de haber quemado al escuerzo en el mismo bosque, en lo que representa una posible y curiosa premonición de los conflictos derivados de concebir la tierra como materia prima o recurso ilimitado y explotarla más allá de sus límites, lo que un día no muy lejano podría llegar a volverse contra la humanidad.
Totaler Zusammenbruch.
4.

Quemarla como se quema el petróleo del medio oriente. El fuego irracional que arrasa hoy Afganistán y años antes iluminaba las noches de la Guerra del Golfo, las columnas negras de los pozos bombardeados que suben a la atmósfera haciendo el aire irrespirable. En ellas, se inmola un torrente de energía de posible origen extraterrestre. Sería la sangre de demonios anteriores a la Historia, seres inorgánicos y sus respectivas xeno-excitaciones, que Reza Negarestani toma por los verdaderos animadores de las redes bélico-económicas contemporáneas, los parásitos/vampiros/escuerzos que extraen la vitalidad de los anfitriones humanos y llevan al planeta Tierra hasta su punto límite. La conspiración contra los humanos, en realidad, es la conspiración de los no muertos contra el sol.
Quemamos el pasado, perforamos el suelo, cada vez más abajo, estrato a estrato, y sin querer alimentamos las máquinas de guerra, convocamos la guerra total, que es transportada de contrabando, en los oleoductos que mueven líquido-moneda, la combustión-masa y el plano de consistencia o materialidad de nuestra época. A fin de cuentas, la madre no miente y es cierto que hay que sacrificar el cadáver de la rana en la pira del futuro. Chupar y secar su veneno, su sangre. Que se vuelva fósil, como el plástico que con el discurrir del tiempo profundo, un día, volverá a ser petróleo. Y como la gente cosmopolita usa el veneno del kambó para sanarse de los males que ellxs mismxs se auto-causan. Los dinosaurios de plástico que tanto gustan a los niñes son los restos de los restos de los huesos de dinosaurios extinguidos. Vuelven contra nosotros, contra la sangre de la sangre de Abel el que trabaja la tierra, contra el que Caín el asesino, al final, nunca puede hacer nada. Hay que acelerar la máquina. Revolucionarla.
5.
Parana, lavandina, resina…
La parana: (CnH2n+2): “2N” es el número de átomos de carbono. La parana, identificada por primera vez por Carl Reichenbach en 1830 es un derivado del petróleo. Para producirla es necesario emitir a la atmósfera un montón de cloro, el compuesto principal de la lavandina.

Son nombres de un grupo de hidrocarburos alcanos.

Y son materiales de uso industrial que Magdalena Petroni usa para manchar la graciosa tradición de la pintura porteña. Su gótiko, como en Lugones, es también más bioquímico que pintoresco. La noche no es una representación en sus objetos, que son a la vez cuadros y esculturas, sino un estado de ánimo, el momento idóneo para verse iluminado por la luz oscura que emana su obra. Como en el caso de Lugones, el imaginario de Petroni evoca un n de siglo, un transición, el nal y el principio de una nueva carnalidad, la asunción de un horizonte donde no se puede distinguir entre natural y
artificial, entre lo que está vivo y lo que está muerto. Restos del mundo industrial y de una estética punk de inspiración do it yourself propia de la ciudad fábrica que espera a ser puertomaderizada. La obra de Petroni está salpicada de referencias ocultas. Aunque no, ya que su programa es esquizo y el aprendizaje de los libros cobra sentido a partir de lo vivido, de lo deseado y lo sentido. La crueldad de Artaud, así, es literal, así como los tonos apocalípticos (Lawrence) que sirven para pensar el presente. Ni la crisis ni la catástrofe medioambiental son, en todo caso, demasiado importantes en la obra de Magdalena Petroni. Ella parece más preocupada por el presente que por la cadena infinita de causas que se retrae a la naturaleza alien del capital.

6.
Sobre los encuentros especulativos entre objetos y sustancias: subiéndole el volumen a los latidos de la materia inorgánica que, desde el subsuelo de lo reprimido reclama su lugar en el presente sin futuro que vivimos, Escuerzo de sangre negra diagrama un estado de inquietud sobre un fondo de belleza cruel e indiferente. La exposición es un medio que hace pasar las ansiedades de nuestro devenir mutante, sin nostalgia por pasados cancelados y arcadias perdidas, en el disfrute de las infinitas posibilidades del presente. Si desde el punto de vista de las máquinas célibes que se solo andan estropeadas, no tendría sentido establecer diferencias entre funcionamiento y formación, no tiene sentido detenerse a analizar los materiales y técnicas empleados por Petroni en función de su tradición o procedencia y, sobre todo, no se puede no hacer referencia a cómo tanto individual como colectivamente su carnalidad invita a acercarse mucho y frotarse contra ellas. Sacarlas de la galería y hacerlas parte del ecosistema de noches y mañanas con las personas bajadas, que solo andan de manera sintética. En definitiva, funcionan porque estimulan el deseo.
¿Son las máquinas parásitos de la energía vital humana? ¿O somos nosotrxs, lxs humanxs, quienes se alimentan de sus maquinismos?

Según Deleuze y Guattari, no existe tal cosa como objeto sexual preferido. Parten de que la sexualidad se despliega en medios, en las tecnologías. En todo caso, las personas son amadas en tanto que medios, como el elemento de los delirios. Esto hace que de entrada la relación de la sexualidad con el dinero no sea un elemento del cinismo. No es tan escandaloso, al final. Es un elemento más en el hecho de que la sexualidad tiene que ver con la versión delirante de la historia y con los medios a recorrer. El otro de la sexualidad vale menos por su identidad sexual que por el tipo de fantasías o ideas delirantes y universos que se le abren al amante.

Alfredo Aracil
10 de septiembre de 2021
Martes a sábado de 15 a 20 h
Av. Paseo Colón 1490
Buenos Aires, Argentina

 

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