Reseñas - Estados Unidos

Dorothée Dupuis

Tiempo de lectura: 5 minutos

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05.05.2016

Dallas Art Fair 2016 y resumen de eventos en Houston

por Dorothée Dupuis, Dallas, Texas
15 de abril de 2016 – 17 de abril de 2016

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¿Cuál es la diferencia entre el prejuicio y la fantasía? Texas encarna gran parte del sueño americano, notablemente en relación a un paisaje específico, el del Wild West, con sus valles rojos y sus mitos diseñados de tribus autóctonas peleando cowboys heroicos blanqueados. Sobre esta imagen se sobreponen torres de perforación para extraer petróleo, bombeando infinitamente en desiertos calurosos y mares profundos, al igual que rascacielos traídos de lo que parece un Dubai el estilo yanqui. Aun así, la realidad del tercer mercado del arte más grande de todo Estados Unidos, por supuesto es otra cosa: una amplia gama de climas dota de su lado este de una temperatura agradable, aunque un poco húmeda, un paisaje de árboles grandes, ríos y parques nacionales. Si el estado es conservador en muchos sentidos, especialmente en relación a cuestiones sociales como los derechos de mujer y las políticas de inmigración, también auspicia una excelente red de escuelas públicas y universidades con departamentos de humanidades y ciencias conduciendo incisivos programas de investigación encomendadas con la presión ideológica de los generosos patrocinios de los patronos ansiosos por impulsar la próspera economía de su estado.

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Desde algunos años existe la inquietud de promover más contenido artístico sobre Texas en la Ciudad de México, impulsado por la necesidad, el tiempo y la intuición personal. Si los dos vecinos comparten una historia fronteriza fluctuante que ha excitado tensiones repetidamente durante los siglos pasados, especialmente en la vida diaria y la política de los habitantes de ciudades fronterizas como Laredo, Brownsville o El Paso, el aspecto cultural de la relación sigue siendo un mito. Si el norte de México definitivamente reconoce la influencia de la cultura americana, al contrario no es siempre cierto, donde mucha gente de origen mexicano ignora este aspecto de su genealogía. Al mismo tiempo, muchos jóvenes americanos de descendencia mexicana viaja a la Ciudad de México en busca de sus raíces, particularmente lingüísticas. Visitar Texas definitivamente lleva a un mejor entendimiento de ambas culturas, rompiendo con los clichés para dar acceso a acercamientos más finos de identidad y nociones relacionadas con el territorio, aplicadas al arte, la teoría y la producción cultural.

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Texas, en el linaje de sus universidades, que auspician sus propios programas de arte contemporáneo (como el Blaffer en Houston o el Blanton en Austin) también cuenta con un buen número de instituciones fuertes. The Menil Collection en Houston es una colección de casi un siglo, arraigada en un entendimiento profundo de las vanguardias modernas vistas desde los códigos provincianos de la clase alta estadounidense. En un esfuerzo humanístico, la Menil reunió en su colección tanto arte occidental de su entorno artístico inmediato como obras maestras de culturas antiguas no-occidentales. La colección Menil compró las casas aledañas a su sede para poder ofrecer alojamiento accesible a la comunidad artística de la ciudad, finalmente posicionando a Houston como un lugar de auspicio de las artes, una posición que recientemente fue retada por su próspero vecino Austin. Alrededor de ese legado gravita el Museum of Fine Arts, cuyo programa ha sido pionero, por ejemplo, en arte latinoamericano (Gabriela Rangel, ahora directora de la Americas Society en Nueva York, solía trabajar ahí). El Contemporary Art Museum, que no tiene colección, es una institución ágil, cuyo curador Dean Daderko no le teme a feministas, gente de color o heroínas queer como Joan Jonas, quien recientemente expuso en el museo, Gina Pane, LaToya Ruby Frazer, Wu Tsang o MPA; un audaz programa, interesantemente apoyado por el patronato local. Las galerías locales adoptan la misión de descubrir talentos locales, como los recientemente presentados: Anthony Sonnenberg en Art Palace, Rodrigo Valenzuela en David Shelton, Nick Vaughan y Jake Margolin en Devin Borden, con un notable proyecto sobre la vida LGBT durante la era de la American Frontier, titulada 50 States. La Galería Sicardi ha establecido, desde los 90s, un diálogo inter-estadounidense bastante exitoso entre coleccionistas e instituciones locales. Visité  a la galerista Betty Moody, quien abrió su espacio en los sesentas, para saber más sobre Luis Jimenez, un artista pop mexicano-americano fallecido en los novntas, y ella me confesó que «los artistas tejanos nunca han formado un movimiento porque siempre fueron muy individualistas».

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Para nombrar algunas obras interesantes que vi durante la inauguración de Dallas Art Fair, incluiría a: Yamini Nayar en Wendi Norris, San Francisco; TR Ericsson en Harlan Levey Projects, Bruselas; Lauren Woods en Conduit Gallery, Dallas; Gelitin en Massimo de Carlo, Milán; Trevor Shimizu en Misako & Rosen; Ida Ekblad en Karma International, Zürich/Los Angeles; Naama Tsabar en Páramo, Guadalajara; John Dilg en Jeff Bailey Gallery, Hudson, NY; Terence Gower en Labor, Ciudad de México, entre otros.

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En la ciudad, Rebecca Warren en el Dallas Museum of Art y Mai Thu Perret en el Nasher Sculpture Center ofrecían visitas meditativas alrededor de prácticas escultóricas comprometidas con la feminidad. En el barrio de Fair Park, Karl Holmqvist presentó una exitosa instalación en The Power Station, una increíble institución sin fines de lucro, una iniciativa privada que he admirado a través de Internet por un tiempo. Cerca de ahí está CentralTrak, un programa de residencias de la Universidad de Texas que auspicia talleres de artistas y un espacio de exposición donde actualmente se muestra una intrigante pintura de Angelika J. Trojnarski. El pequeño Reading Room, dirigido por la ingeniosa Karen Weiner, también vale la pena visitar. Es un espacio interesante por la relación entre arte contemporáneo, literatura y poesía concreta, y en donde un vinil transparente de Kenneth Goldsmith adorna las repisas y unos curadores escocéses hacen exposiciones sobre material de desecho encontrado –esta exposición me recordó a mis primeras obras tanto y celebraban la pasada riqueza de una vida sin Instagram. The Warehouse, mostrando las colecciones (de calidad de museo) de Howard Rachofsky y Vernon Faulconer al público, presentaba obras como la impresionante Cell de Louise Bourgeois o la siniestra marioneta de Maurizio Cattelan, coreando el paso de ese público acelerado que acude a la ciudad solamente para la feria. Ahí, mi amigo Stefan participaba en un panel sensacionalista con uno de los socios de Hauser and Wirth, Paul Schimmel, y la directora de Sotheby’s, Amy Cappellazzo, moderado por Sarah Thornton, autora del bestseller Seven Days in the Art World. La incorrección política de esta conversación, en la que todas las nociones de bueno y malo eran moldeadas para hacer parecer al mercado como una fuerza heroica invisible detrás de toda celebración del (blanco, heterosexual y masculino) genio artístico, fue simplemente vergonzoso para todos. En Texas, tierra de contrastes, la vestimenta del emperador parece ser más transparente que nunca.

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