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Reseñas - Estados Unidos

Dorothée Dupuis

Tiempo de lectura: 6 minutos

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16.12.2015

Art Basel Miami Beach Art Week 2015

Miami Convention Center y otros espacios, Miami, Florida, EE.UU.
1 de diciembre de 2015 – 6 de diciembre de 2015

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Las cosas están cambiando en Miami. Atascados en el tráfico entre autopistas cerradas y múltiples desvíos, los visitantes de Art Basel pueden notar una cantidad impresionante de trabajos de construcción en la capital cultural de Florida en estos días. Ahora es el segundo centro financiero de los EE.UU. después de Nueva York, el negocio inmobiliario está prosperando y dando cabida a su creciente población corporativa. Miami también sigue siendo el estado norteamericano privilegiado para que los ricos latinoamericanos administren su fortuna en el exterior.

Es, por supuesto, la conectividad digital (junto con las amigables leyes de impuestos y políticas de regulación financiera, cuya permisividad histórica está afortunadamente en decadencia) la que permite que toda una parte del sector financiero haya trasladado sus actividades a Florida, donde «la vida nocturna y las playas tampoco hacen daño» (1). Las nuevas posibilidades de acceso a la información y los precios escandalosos de vivienda y la mala calidad de vida de Nueva York hacen el resto. Mientras muchas otras ciudades de Estados Unidos vieron mermar su influencia en los 90s a medida que la globalización se aceleraba, Miami estaba construyendo su propio plan de desarrollo, actuando como nodo entre América del Norte, el Caribe y América Latina.

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¿Qué pasa con la cultura y las artes en ese contexto? Art Basel sigue siendo indiscutiblemente el punto alto en términos de negocios en un paisaje cultural que de otro modo es más matizado. El mega-museo Pérez Art Museum Miami (PAMM) construido por Herzog y de Meuron e inaugurado en el año 2013 no puede por sí solo compensar la histórica falta de instituciones en la ciudad; el joven ICA, nacido de la disolución del MOCA y dirigido por el enérgico renegado de Nueva York Alex Gartenfeld— funciona más en una escala de centro de arte que de museo, aunque maneja una colección. PAMM mira decididamente hacia el Sur, instalando de manera dinámica su propia colección para demostrar sus esfuerzos en la adquisición de importantes obras de artistas latinos y pertenecientes a minorías, así como una exposición individual del artista jamaiquino Nari Ward. Por su lado, el ICA tiene la intención de posicionarse como un lugar descentralizado para conversaciones globales entre artistas de Estados Unidos y europeos, mostrando en esta ocasión una exposición de obras de vídeo de la artista estadounidense Alex Bag, al tiempo que preparan una exposición individual del artista radicado en Berlín Renaud Jerez para 2016. Art Basel fue también la ocasión para que BFI, el espacio autogestionado dirigido por la nativa de Florida Naomi Fisher desde 2004 celebrara su salida de su ubicación actual en el centro de la ciudad —debido a un plan de desarrollo urbano— con una exposición colectiva titulada Planes, que investigaba prácticas colaborativas y la gentrificación, basándose en los contactos de Fisher en Nueva York, donde ella vivió durante casi diez años durante la legendaria y glamourosa «era Deitch.» Otro espacio independiente, Locust Projects, presentó una encantadora instalación de la artista cubana radicada en Miami Beatriz Monteavero, así como una intervención en el espacio público por Martine Syms que evocaba el legado del Harlem Square Club, un mítico club del Miami de los 70s en el Overtown, un histórico barrio afro-americano. La artista instaló consignas y visuales en los autobuses y vallas publicitarias del barrio, evocando la época dorada de la contra-cultura afro y proponiendo una bienvenida reapropriación del espacio público en estos tiempos de desplazamiento de población de bajos ingresos debido a la gentrificación.

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La colección Rubell Family cerca de ahí proponía un programa de sólo mujeres: aunque en su mayoría compuesto por estrellas del mercado y nombres establecidos (con obras notables de Solange Pessoa, Mai Thu Perret, Analia Saban, Katherine Bernhardt, Marianne Vitale, Miriam Kahn y Natalie Czech, entre otras), la exposición tuvo la sabiduría de plantearse como casi exactamente lo opuesto a la exposición de la colección De la Cruz, con su letanía tradicional de artistas hombres «genios», jóvenes y a mitad de carrera, de Aaron Curi a Rob Pruitt a Dan Colen o el legendario dúo Guiton / Walker (alérgicos al formalismo zombi, favor evitar.) Las galerías locales Michael Jon (debutando en Art Basel Miami Beach con un stand individual de Egan Frantz) y Diet Gallery presentaron sus nuevas sedes en Little Haiti en North Miami —un barrio que se ha expandido hacia la audiencia internacional de arte— con muestras de pintura de Sofia Leiby y Ann Craven respectivamente.

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Este año la feria presenta una cara más seria, lejos de la cursilería que ha hecho su reputación. Obras de nivel institucional podían verse en Mendes Wood DM (Paulo Nazareth), Esther Schipper (Philippe Parreno, Daniel Steegman Mangrané), The Approach (Amanda Ross-Ho), Alexander Gray (raras obras tempranas de Hassan Sharif), Blume & Poe (Henry Taylor, Pia Camil), Meessen de Clercq (Jorge Méndez Blake), Arredondo / Arozarena (Fritzia Irizar). Labor (Ciudad de México) y Marcelle Alix (París) deben ser elogiados por presentar vídeo, respectivamente de Nicholas Mangan, y Pauline Boudry y Renate Lorenz. Nada Art Fair mostraba su usual y desesperante homogeneidad formal que me agota luego de unos pocos stands. Favor notar que los actores de afuera de Nueva York de la feria como Lodos (Ciudad de México), Parallel (Oaxaca), Proyectos Ultravioleta (Guatemala), Páramo (Guadalajara) o Hello Projects (Houston) presentaron muestras acertadas de los hallazgos de sus respectivas ciudades, llevando un poco de aire a esta atmósfera que de lo contrario no hace más que mirarse el ombligo. En cuanto a Pinta, lo único que merece mención es la fortuna de la feria de tener lugar en el mismo edificio que una interesante exposición de arte latinoamericano comisariada por la coleccionista Catherine Petitgas, con obras de la colección Tiroche-Deleon Collection, incluyendo hermosas piezas de Adrián Villar Rojas, Eduardo Basualdo, Mateo López, Adriano Costa y Erika Verzutti.

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La sorpresa de la semana fue la feria Untitled en South Beach. Me pareció arriesgada y llena de descubrimientos. La selección de galerías era diversa y prospectiva. Los stands eran amplios y bien instalados para apreciar obras de gran formato que incluían instalación y escultura. Jacobo Castellano en la galería F2 (Madrid), Adriana Minoliti en Diablo Rosso (Panamá), Nino Cais en Central (Sao Paulo), Edith Beaucage en Luis de Jesús (Los Ángeles), Sarah Schönfeld en Marso Galería (Ciudad de México), Antonio Malta en Galería Pilar (Sao Paulo), Carlos y Jason Sánchez en Parisian Laundry (Montreal), Eric Zimmerman en Art Palace (Houston), Octavio Abóndez en Curro y Poncho (Guadalajara), Alain Séchas en Laurent Godin (París), José Olano en Nueveochenta (Bogotá) son destacados en mi selección. Por ello, la feria se afirma como un gran lugar para vislumbrar aspectos del arte latinoamericano, no sólo en el emergente y muy en boga rango del redescubrimiento histórico, sino también como un lugar para las diferentes propuestas de Estados Unidos y Canadá.

(1) http://www.businessinsider.com/miami-is-the-new-manhattan-2014-2

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