Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Allá, entre las montañas

Blanca González

Artículo 123 Ciudad de México December 1, 2019 – December 30, 2019

Blanca González, Túnel Q, de la serie Túneles para montaña (2016-2017). Cerámica de alta temperatura. Foto: Adrián Villalobos

Blanca González, Allá, entre las montañas (2019). Vista de instalación en Galería 123, CDMX

Blanca González, Allá, entre las montañas (2019). Vista de instalación en Galería 123, CDMX

¿Qué pasaría si…?, se pregunta Blanca González mientras viaja por la carretera que va de México a Tuxpan, y observa con atención el paisaje que corre paralelo frente a ella. Adentro como afuera, todo se ha puesto en movimiento y Blanca descubre, inmersa en aquella experiencia de montañas, ríos, acantilados, túneles y puentes, que algo más se pone en marcha casi de manera simultánea. Allá, entre las montañas, es el arribo final de ese viaje por la Sierra Madre Oriental y las confluencias que de ahí detonaron. Fueron casi tres años de sostenerle la mirada al paisaje; de interrogarlo e intervenirlo con los ojos, primero; de explorar y experimentar con los volúmenes de la materia, después.

El largo aliento del diálogo entre los artistas y el paisaje resulta inagotable. En el curso de su historia encontramos momentos de gran riqueza creativa que demuestran la preocupación del ser humano por habitar el entorno, visualizarlo, idearlo, abarcarlo… comprender el lugar que la existencia humana ocupa en ese mundo ahí afuera. Algunas influencias, como la de los paisajistas románticos, que vieron en ese exterior, el interior de sí mismos ―pensemos en las obras de K. F. Schinkel o en la imagen paradigmática creada por Caspar Friedrich― parecen haber perdido fuerza en la actualidad o seguir envueltas en la niebla de la nostalgia, mientras que otras, como las propuestas del land art o las del arte ambiental mantienen su vigencia, se reactualizan o sus formulaciones cobran vigor en los contextos e imaginarios actuales (estimulantes, sin duda, y que se multiplican y experimentan a gran velocidad) provocando que se lleve al límite la tarea de repensarlos y reimaginarlos.

Esta posibilidad de pensar el proceso artístico como un acto que, efectivamente, implica una construcción tanto lingüística como visual, se expresa en cada uno de los dibujos y cerámicas de la exposición. Advertimos que no son únicamente la prueba material de la interpretación o las especulaciones de la artista; sino que pueden observarse como estaciones de paso de un recorrido no convencional que es el eje o el núcleo generador de su propuesta. ¿Senderismo escultor, acaso? Extraer, trasladar, rellenar, modelar desde distintos ángulos y escalas, son acciones que González relaciona y contrasta como valores positivos y negativos ―cabría recordar a Michael Heizer o, incluso, a Rachel Whiteread—, transformando la composición general y específica del paisaje. Este deviene materia escultórica y adquiere otros relieves, se descubren variaciones, acercamientos, encuadres, distensiones, ajustes de medidas y volúmenes, codificados por la artista y el lenguaje de sus materiales: la cerámica, el grafito, la tinta y las distintas superficies del papel. La transformación ocurre y la mirada es sensible a sus efectos, como las capas terrestres que se amalgaman, hunden o fracturan por la huella geológica o la construcción humana.

¿Qué pasaría si…? Tras los puntos suspensivos de esa interrogante primera, la obra de Blanca se abre camino, haciendo manifiesta la posibilidad de hallar respuestas que sean, quizás, como hojas de ruta hacia nuevos paisajes, nuevas metamorfosis.

—Texto por Aisha Cruz Caba

Blanca González (México, D.F., 1981) estudió la licenciatura en Artes Plásticas y Visuales en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda (ENPEG), y la Maestría en Producción Artística (MaPA), en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Algunos de los proyectos que ha expuesto de manera individual son: Eventos para un estado sólido, Gabinete Gráfico del Museo de Arte Carrillo Gil, (Ciudad de México, 2015), Contenedores de calor, Galería Quetzalli, (Oaxaca, 2014), Fluido y Mineral, Casa Vecina, (Ciudad de México, 2013). De forma colectiva ha expuesto en las siguientes muestras: Tú de mí, yo de ti, Museo de la Ciudad de México, (Ciudad de México, 2019), Iconografika Oaxaca: contemporary prints, photos and works on paper, Rubin Center for the Visual Arts, (Texas, Estados, Unidos, 2018), Delirios urbanos, Galería El cuarto de máquinas, (Ciudad de México, 2017), Entre líneas. Dibujo contemporáneo, Centro de la Juventud, Arte y Cultura Futurama, (Ciudad de México, 2017), Una rosa tiene forma de rosa. Oficios e instintos, Casa del Lago, (Ciudad de México, 2016), Bienal del Mercosur: Mensajes desde una nueva América (Porto Alegre, Brasil, 2015), The future is unwritten, Fondazione Cini, (Venecia, Italia, 2015), La Puerta, Museo de Arte Moderno de Medellín, (Colombia, 2012). Fue becaria del Programa Jóvenes Creadores FONCA en la disciplina de dibujo, México, 2013-2014, y en el Programa de Residencias Artísticas FONCA/Centro Banff México-Canadá, 2011. Recibió el premio de dibujo en la XII Bienal Nacional Diego Rivera de Dibujo y Estampa, Guanajuato, 2006. Actualmente vive y trabaja en la ciudad de Oaxaca.

http://articulo123.com

Blanca González, Túnel Q, de la serie Túneles para montaña (2016-2017). Cerámica de alta temperatura. Foto: Adrián Villalobos

Blanca González, Allá, entre las montañas (2019). Vista de instalación en Galería 123, CDMX

Blanca González, Allá, entre las montañas (2019). Vista de instalación en Galería 123, CDMX

¿Qué pasaría si…?, se pregunta Blanca González mientras viaja por la carretera que va de México a Tuxpan, y observa con atención el paisaje que corre paralelo frente a ella. Adentro como afuera, todo se ha puesto en movimiento y Blanca descubre, inmersa en aquella experiencia de montañas, ríos, acantilados, túneles y puentes, que algo más se pone en marcha casi de manera simultánea. Allá, entre las montañas, es el arribo final de ese viaje por la Sierra Madre Oriental y las confluencias que de ahí detonaron. Fueron casi tres años de sostenerle la mirada al paisaje; de interrogarlo e intervenirlo con los ojos, primero; de explorar y experimentar con los volúmenes de la materia, después.

El largo aliento del diálogo entre los artistas y el paisaje resulta inagotable. En el curso de su historia encontramos momentos de gran riqueza creativa que demuestran la preocupación del ser humano por habitar el entorno, visualizarlo, idearlo, abarcarlo… comprender el lugar que la existencia humana ocupa en ese mundo ahí afuera. Algunas influencias, como la de los paisajistas románticos, que vieron en ese exterior, el interior de sí mismos ―pensemos en las obras de K. F. Schinkel o en la imagen paradigmática creada por Caspar Friedrich― parecen haber perdido fuerza en la actualidad o seguir envueltas en la niebla de la nostalgia, mientras que otras, como las propuestas del land art o las del arte ambiental mantienen su vigencia, se reactualizan o sus formulaciones cobran vigor en los contextos e imaginarios actuales (estimulantes, sin duda, y que se multiplican y experimentan a gran velocidad) provocando que se lleve al límite la tarea de repensarlos y reimaginarlos.

Esta posibilidad de pensar el proceso artístico como un acto que, efectivamente, implica una construcción tanto lingüística como visual, se expresa en cada uno de los dibujos y cerámicas de la exposición. Advertimos que no son únicamente la prueba material de la interpretación o las especulaciones de la artista; sino que pueden observarse como estaciones de paso de un recorrido no convencional que es el eje o el núcleo generador de su propuesta. ¿Senderismo escultor, acaso? Extraer, trasladar, rellenar, modelar desde distintos ángulos y escalas, son acciones que González relaciona y contrasta como valores positivos y negativos ―cabría recordar a Michael Heizer o, incluso, a Rachel Whiteread—, transformando la composición general y específica del paisaje. Este deviene materia escultórica y adquiere otros relieves, se descubren variaciones, acercamientos, encuadres, distensiones, ajustes de medidas y volúmenes, codificados por la artista y el lenguaje de sus materiales: la cerámica, el grafito, la tinta y las distintas superficies del papel. La transformación ocurre y la mirada es sensible a sus efectos, como las capas terrestres que se amalgaman, hunden o fracturan por la huella geológica o la construcción humana.

¿Qué pasaría si…? Tras los puntos suspensivos de esa interrogante primera, la obra de Blanca se abre camino, haciendo manifiesta la posibilidad de hallar respuestas que sean, quizás, como hojas de ruta hacia nuevos paisajes, nuevas metamorfosis.

—Texto por Aisha Cruz Caba

Blanca González (México, D.F., 1981) estudió la licenciatura en Artes Plásticas y Visuales en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda (ENPEG), y la Maestría en Producción Artística (MaPA), en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Algunos de los proyectos que ha expuesto de manera individual son: Eventos para un estado sólido, Gabinete Gráfico del Museo de Arte Carrillo Gil, (Ciudad de México, 2015), Contenedores de calor, Galería Quetzalli, (Oaxaca, 2014), Fluido y Mineral, Casa Vecina, (Ciudad de México, 2013). De forma colectiva ha expuesto en las siguientes muestras: Tú de mí, yo de ti, Museo de la Ciudad de México, (Ciudad de México, 2019), Iconografika Oaxaca: contemporary prints, photos and works on paper, Rubin Center for the Visual Arts, (Texas, Estados, Unidos, 2018), Delirios urbanos, Galería El cuarto de máquinas, (Ciudad de México, 2017), Entre líneas. Dibujo contemporáneo, Centro de la Juventud, Arte y Cultura Futurama, (Ciudad de México, 2017), Una rosa tiene forma de rosa. Oficios e instintos, Casa del Lago, (Ciudad de México, 2016), Bienal del Mercosur: Mensajes desde una nueva América (Porto Alegre, Brasil, 2015), The future is unwritten, Fondazione Cini, (Venecia, Italia, 2015), La Puerta, Museo de Arte Moderno de Medellín, (Colombia, 2012). Fue becaria del Programa Jóvenes Creadores FONCA en la disciplina de dibujo, México, 2013-2014, y en el Programa de Residencias Artísticas FONCA/Centro Banff México-Canadá, 2011. Recibió el premio de dibujo en la XII Bienal Nacional Diego Rivera de Dibujo y Estampa, Guanajuato, 2006. Actualmente vive y trabaja en la ciudad de Oaxaca.

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