Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Ruptura

Nuria Zapata Fiedler

Espacio El Dorado Bogotá, Colombia 09/17/2016 – 10/15/2016

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La historia oficial del libro está contada de forma lineal con hitos y rupturas que dan la sensación de que cada cierto tiempo alguien reinterpreta una estructura, que al romperla, lleva el objeto a un lugar superior y cualquier retroceso es entendido como indeseable. Este estilo de contar la historia deja de lado los tipos de escritura antiguas, donde los paradigmas actuales del libro que los artistas rompen constantemente no se habían erguido todavía. La estructura de los códices creó un imaginario de lo que es –o debe ser- un libro: una serie de páginas impresas y encuadernadas, con una carátula y lomo, que preserva, anuncia, expone y transmite conocimiento a los lectores a través del tiempo y el espacio.

La solemnidad que carga esta definición le ha dado un carácter hierático a los libros que los artistas han tomado como una invitación a profanar, cuestionando su propia naturaleza. De alguna manera, el libro de artista propone nuevas formas de mirar, tocar y sentir el mundo.

Uno de los artistas que ha reflexionado a través de la práctica y la escritura sobre hacer libros es el mexicano radicado en Holanda, Ulises Carrión. En su texto/manifiesto El Nuevo Arte de Hacer Libros (1975, publicado en Second Thoughts, Void Distributors, Ámsterdam, 1980) rompe las reglas de lectura y apreciación del arte. La propuesta de Carrión se da durante un momento de “crisis” en donde el arte conceptual, el performance, el arte sonoro, el video, el uso de la fotografía como registro y la creación de libros de artista están en auge e invitan a un acercamiento multidisciplinar. En este texto, fundamental para entender la complejidad de los “nuevos libros” y de las formas de lectura, el artista/curador/editor/librero/escritor los analiza desde estas categorías: ¿Qué es un libro?, Prosa y poesía, El espacio, El lenguaje, Estructuras y La lectura.

Mónica Naranjo (Berlín, 1980) y Nuria Zapata (Lima, 1988) son artistas latinoamericanas para quienes los libros son el eje de su trabajo. Su desarrollo plástico está conectado con la temporalidad, la delicadeza y la concentración que se dan en la lectura. Coincidentemente utilizan este medio que se ha construido a partir de quiebres para hablar de otro tipo de rupturas y desplazamientos: las geográficas y las románticas. Su trabajo no es militante como el de Carrión, pero a partir de las categorías que él propuso en 1975 es posible analizar cómo a partir de gestos sutiles se repiensan los cismas de ese momento y, a su manera, derivan de ellos.

A la pregunta ¿Qué es un libro?, Carrión propone entenderlo más allá de lo formal y como símbolo del conocimiento o un objeto de deseo, sino como la comunión entre el lenguaje y la lectura. En sus palabras:

“El lenguaje escrito es una secuencia de signos que se expanden en el espacio; la lectura de los cuales sucede en el tiempo. Un libro es una secuencia de espacio-tiempo.”

A parte de esto, se pregunta por el papel del escritor (o artista) y los roles que este puede asumir.

“En el viejo arte el escritor se autoconsidera como un ser no responsable hacia el libro real. Él escribe el texto. El resto es realizado por los servidores, por los artesanos, por los trabajadores, por los otros. En el nuevo arte escribir un texto es solo el primer eslabón de una cadena que va desde el escritor al lector. En el nuevo arte el escritor asume la responsabilidad del proceso completo.”

En los libros de artista, el artista está involucrado en todo el proceso de creación. Desde el concepto, las ilustraciones, la selección de la tipografía (y los juegos que se pueden hacer con ella), la impresión (sea tipográfica, litográfica o digital) y la encuadernación. Algunos participan activamente en todas las etapas, otros trabajan con un equipo. Muchos libros de artista son auto-publicados, son producidos por editoriales especializadas o por colectivos de artistas, ya que al no tener una narrativa convencional se salen de las líneas editoriales más comerciales.
Mónica y Nuria asumen la responsabilidad de todo el proceso, ambas se auto-publican -Mónica a través de su editorial, Nómada Ediciones. En el caso de Nuria es más evidente por el componente artesanal y delicado, mientras que Mónica tiene control total al ser autora/artista/editora.

Cuando Carrión distingue entre Prosa y Poesía pone los libros de artista en el nivel de la poesía, pues es dentro de la libertad gramatical que se encuentra el lenguaje y los formatos pueden ampliarse.

“En el lenguaje hablado y escrito los pronombres sustituyen a los nombres, para evitar molestias, superfluas repeticiones. En el libro, compuesto de diversos elementos, por signos, igual que el lenguaje, ¿Qué es lo que juega el papel de los pronombres, para evitar molestias, superfluas repeticiones? Este es un problema para el nuevo arte; el viejo siquiera sospechaba de su existencia.”

Se propone una poesía independiente del lenguaje, en donde los espacios y silencios son signos que construyen. También evidencia cómo el simple hecho de plantear una pregunta nueva ya propone un cambio de paradigma. En el trabajo de Nuria y Mónica esta relación con la poesía es evidente. Ambas transmiten un estado de ánimo o un instante, utilizando el lenguaje, la imagen y el cuerpo del libro para revelarlo. Al mostrar las piezas que usan para elaborar el concepto de sus publicaciones, las imágenes que a veces se ven como ilustrativas, también se transforman en versos que junto al texto develan el sentir completo.

Cuando en El nuevo arte de hacer libros se hace referencia a El Espacio, se pone en duda una creencia -que se ha transformado en verdad por los formatos de las novelas modernas- y es que en los libros hay jerarquía y, además, son sólo contenedores vacíos a los que el texto da un significado y razón de ser.

“¿Qué es más significativo: el libro o el texto que contiene? ¿Qué es primero: el huevo o la gallina?”

Al hacer la pregunta de esta manera, Carrión muestra cómo en “los nuevos libros” las preguntas están en otro nivel, asumiendo que desde 1975 proponer estas jerarquías era absurdo. Esta pregunta es válida con respecto a los libros de Mónica y Nuria, aunque es evidente que la materialidad que tienen transfigura el significado de los textos que contienen.

Cuando se aborda el problema de El Lenguaje, se explora cómo un artista puede despojar las palabras de una intención y hacer que sean vacías, quitándole el valor simbólico y cultural que tienen y volviéndolas útiles, como piezas o engranajes para completar una estructura.

“¿Cómo triunfar haciendo una rosa que no es mi rosa, ni su rosa, sino la rosa de todos, es decir, la rosa de nadie? Colocándola en una estructura secuencial (por ejemplo un libro), y así en ese momento dejará de ser una rosa y se convertirá esencialmente en un elemento de la estructura.”

En los libros de Ruptura la palabra se aborda desde su sonoridad, concepto, sus imaginarios y posibilidades. Cada autora trata el concepto con palabras, imágenes y formas distintas; esto hace que su significado o intencionalidad sea flexible y reajustable.

Al seguir explorando las Estructuras y su función, relacionándolo a las formas de lectura, el arquetipo del lector y de la comprensión de lectura clásica van más allá. Carrión propone lecturas amplias que contemplan a un lector activo, capaz de leer a través de sus propias experiencias.

“En el viejo arte, como la intención del autor es fundamentalmente insondable y el sentido de sus palabras indefinible, la comprensión del lector es incalculable. En el nuevo arte la lectura misma prueba que el lector la entiende.”

Esto es verdadero en los libros de ambas, pues con delicadeza, sutileza y sin juicios de valor, tocan temas que envuelven con sentimientos profundos y humanos, permitiendo una relación uno-a-uno con la narración que tiene el ritmo que el lector sienta.

Terminando con la reflexión sobre La Lectura propuesta por Carrión, la idea de que el libro es una unidad inamovible y hermética cambia. Propone que un libro no debe imponer su espacio y tiempo al lector, sino que puede existir en fragmentos y armarse según el ritmo del lector.

“Para comprender y apreciar un libro del viejo arte, es necesario leerlo a fondo. En el nuevo arte a menudo no necesitas leer el libro completo. La lectura puede pararse en el momento en que hayas comprendido la estructura total del libro.”

http://espacioeldorado.com/

Cortesía de Espacio El Dorado, Bogotá

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La historia oficial del libro está contada de forma lineal con hitos y rupturas que dan la sensación de que cada cierto tiempo alguien reinterpreta una estructura, que al romperla, lleva el objeto a un lugar superior y cualquier retroceso es entendido como indeseable. Este estilo de contar la historia deja de lado los tipos de escritura antiguas, donde los paradigmas actuales del libro que los artistas rompen constantemente no se habían erguido todavía. La estructura de los códices creó un imaginario de lo que es –o debe ser- un libro: una serie de páginas impresas y encuadernadas, con una carátula y lomo, que preserva, anuncia, expone y transmite conocimiento a los lectores a través del tiempo y el espacio.

La solemnidad que carga esta definición le ha dado un carácter hierático a los libros que los artistas han tomado como una invitación a profanar, cuestionando su propia naturaleza. De alguna manera, el libro de artista propone nuevas formas de mirar, tocar y sentir el mundo.

Uno de los artistas que ha reflexionado a través de la práctica y la escritura sobre hacer libros es el mexicano radicado en Holanda, Ulises Carrión. En su texto/manifiesto El Nuevo Arte de Hacer Libros (1975, publicado en Second Thoughts, Void Distributors, Ámsterdam, 1980) rompe las reglas de lectura y apreciación del arte. La propuesta de Carrión se da durante un momento de “crisis” en donde el arte conceptual, el performance, el arte sonoro, el video, el uso de la fotografía como registro y la creación de libros de artista están en auge e invitan a un acercamiento multidisciplinar. En este texto, fundamental para entender la complejidad de los “nuevos libros” y de las formas de lectura, el artista/curador/editor/librero/escritor los analiza desde estas categorías: ¿Qué es un libro?, Prosa y poesía, El espacio, El lenguaje, Estructuras y La lectura.

Mónica Naranjo (Berlín, 1980) y Nuria Zapata (Lima, 1988) son artistas latinoamericanas para quienes los libros son el eje de su trabajo. Su desarrollo plástico está conectado con la temporalidad, la delicadeza y la concentración que se dan en la lectura. Coincidentemente utilizan este medio que se ha construido a partir de quiebres para hablar de otro tipo de rupturas y desplazamientos: las geográficas y las románticas. Su trabajo no es militante como el de Carrión, pero a partir de las categorías que él propuso en 1975 es posible analizar cómo a partir de gestos sutiles se repiensan los cismas de ese momento y, a su manera, derivan de ellos.

A la pregunta ¿Qué es un libro?, Carrión propone entenderlo más allá de lo formal y como símbolo del conocimiento o un objeto de deseo, sino como la comunión entre el lenguaje y la lectura. En sus palabras:

“El lenguaje escrito es una secuencia de signos que se expanden en el espacio; la lectura de los cuales sucede en el tiempo. Un libro es una secuencia de espacio-tiempo.”

A parte de esto, se pregunta por el papel del escritor (o artista) y los roles que este puede asumir.

“En el viejo arte el escritor se autoconsidera como un ser no responsable hacia el libro real. Él escribe el texto. El resto es realizado por los servidores, por los artesanos, por los trabajadores, por los otros. En el nuevo arte escribir un texto es solo el primer eslabón de una cadena que va desde el escritor al lector. En el nuevo arte el escritor asume la responsabilidad del proceso completo.”

En los libros de artista, el artista está involucrado en todo el proceso de creación. Desde el concepto, las ilustraciones, la selección de la tipografía (y los juegos que se pueden hacer con ella), la impresión (sea tipográfica, litográfica o digital) y la encuadernación. Algunos participan activamente en todas las etapas, otros trabajan con un equipo. Muchos libros de artista son auto-publicados, son producidos por editoriales especializadas o por colectivos de artistas, ya que al no tener una narrativa convencional se salen de las líneas editoriales más comerciales.
Mónica y Nuria asumen la responsabilidad de todo el proceso, ambas se auto-publican -Mónica a través de su editorial, Nómada Ediciones. En el caso de Nuria es más evidente por el componente artesanal y delicado, mientras que Mónica tiene control total al ser autora/artista/editora.

Cuando Carrión distingue entre Prosa y Poesía pone los libros de artista en el nivel de la poesía, pues es dentro de la libertad gramatical que se encuentra el lenguaje y los formatos pueden ampliarse.

“En el lenguaje hablado y escrito los pronombres sustituyen a los nombres, para evitar molestias, superfluas repeticiones. En el libro, compuesto de diversos elementos, por signos, igual que el lenguaje, ¿Qué es lo que juega el papel de los pronombres, para evitar molestias, superfluas repeticiones? Este es un problema para el nuevo arte; el viejo siquiera sospechaba de su existencia.”

Se propone una poesía independiente del lenguaje, en donde los espacios y silencios son signos que construyen. También evidencia cómo el simple hecho de plantear una pregunta nueva ya propone un cambio de paradigma. En el trabajo de Nuria y Mónica esta relación con la poesía es evidente. Ambas transmiten un estado de ánimo o un instante, utilizando el lenguaje, la imagen y el cuerpo del libro para revelarlo. Al mostrar las piezas que usan para elaborar el concepto de sus publicaciones, las imágenes que a veces se ven como ilustrativas, también se transforman en versos que junto al texto develan el sentir completo.

Cuando en El nuevo arte de hacer libros se hace referencia a El Espacio, se pone en duda una creencia -que se ha transformado en verdad por los formatos de las novelas modernas- y es que en los libros hay jerarquía y, además, son sólo contenedores vacíos a los que el texto da un significado y razón de ser.

“¿Qué es más significativo: el libro o el texto que contiene? ¿Qué es primero: el huevo o la gallina?”

Al hacer la pregunta de esta manera, Carrión muestra cómo en “los nuevos libros” las preguntas están en otro nivel, asumiendo que desde 1975 proponer estas jerarquías era absurdo. Esta pregunta es válida con respecto a los libros de Mónica y Nuria, aunque es evidente que la materialidad que tienen transfigura el significado de los textos que contienen.

Cuando se aborda el problema de El Lenguaje, se explora cómo un artista puede despojar las palabras de una intención y hacer que sean vacías, quitándole el valor simbólico y cultural que tienen y volviéndolas útiles, como piezas o engranajes para completar una estructura.

“¿Cómo triunfar haciendo una rosa que no es mi rosa, ni su rosa, sino la rosa de todos, es decir, la rosa de nadie? Colocándola en una estructura secuencial (por ejemplo un libro), y así en ese momento dejará de ser una rosa y se convertirá esencialmente en un elemento de la estructura.”

En los libros de Ruptura la palabra se aborda desde su sonoridad, concepto, sus imaginarios y posibilidades. Cada autora trata el concepto con palabras, imágenes y formas distintas; esto hace que su significado o intencionalidad sea flexible y reajustable.

Al seguir explorando las Estructuras y su función, relacionándolo a las formas de lectura, el arquetipo del lector y de la comprensión de lectura clásica van más allá. Carrión propone lecturas amplias que contemplan a un lector activo, capaz de leer a través de sus propias experiencias.

“En el viejo arte, como la intención del autor es fundamentalmente insondable y el sentido de sus palabras indefinible, la comprensión del lector es incalculable. En el nuevo arte la lectura misma prueba que el lector la entiende.”

Esto es verdadero en los libros de ambas, pues con delicadeza, sutileza y sin juicios de valor, tocan temas que envuelven con sentimientos profundos y humanos, permitiendo una relación uno-a-uno con la narración que tiene el ritmo que el lector sienta.

Terminando con la reflexión sobre La Lectura propuesta por Carrión, la idea de que el libro es una unidad inamovible y hermética cambia. Propone que un libro no debe imponer su espacio y tiempo al lector, sino que puede existir en fragmentos y armarse según el ritmo del lector.

“Para comprender y apreciar un libro del viejo arte, es necesario leerlo a fondo. En el nuevo arte a menudo no necesitas leer el libro completo. La lectura puede pararse en el momento en que hayas comprendido la estructura total del libro.”

http://espacioeldorado.com/

Cortesía de Espacio El Dorado, Bogotá

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