Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

FONDO – FONDO

Elena Losón

HACHE Galería Buenos Aires, Argentina 09/13/2016 – 10/22/2016

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Curated by Alejandra Aguado

Elena Losón works in two clearly defined and neighboring territories: the surface of the canvas or of the paper and her studio. The material universe with which she moves into those territories is also limited, just graphite, pencil, and ink. Elena also foregoes color, making use of a subtle palette of shades of black and a finite collection of gray, light blue, and tan pencils. She has even relinquished the referential image that once inhabited her drawings and paintings. In these most recent works, there is no writing or recognizable sign, no figuration of anything with an idea prior to the line placed on the surface. Delving still deeper into a panorama riddled with restrictions, she makes use of basic, almost residual, exercises, elemental drawing with a line that comes and goes, and everything that is usually rendered at the edges of works of art or on surfaces discarded as superfluous. Against the grain of more “intentional” approaches to the creation of art where the physical and instrumental act is understood as the medium that conveys images and symbols, Elena engages in the more concrete and basic actions of her craft. For her, to paint or to draw has come to be the same as to clean paint rollers, to test and wear out pencils, or to smooth ink over a surface. Her image is her method.

Setting out to wander in this apparent desert, Elena has managed to caress infinity. Fumbling around in the knowledge that only repetition affords variation, only detachment provides release, her basic catalogue of tools has given shape to a series of actions whose creative capacity seems endless. Guided by this sort of studio archeology that, somewhat intuitively, came to form a project —the study of the space of her own remains, the space that she inhabits— she embarked on endless exploration of the appearance and disappearance of images, of the transformation of matter into image, of the negation of the principle according to which there is a hierarchical relationship between work surface, action, and finished image. There are many responses, in her work, to the question who activates whom.

If Elena’s initial concern was what to put on the canvas or paper or —as she says— “how the material goes beyond its nature, exceeds its dimension to move into the symbolic field of the image,” the result is a series of pieces where the exercise of working with what’s at hand —using a roller bathed in ink to trace the remains of material left under a piece of paper or repeating a simple act until the pencils are completely worn out or the stick of graphite breaks— reveals geographies, represents the space inhabited according to the natural and human forces that shape it. In its strict simplicity, her work brings forth voice and silence, vigor and exhaustion, transparency and opacity; it summons the vague area between the present and what we see, the endless nuances of the space between emptiness and fullness, between before and after the act of framing and of staining in all their intensities. Elena lifts up and leaves traces. Her drawings become mists, atmospheres that blur the horizon and gravity that provide us with order, juxtaposition of image and of act that renders everything not only figure, but also pure and deep background.

http://www.hachegaleria.com/

Text by Alejandra Aguado
Photo: Ignacio Iasparra
Courtesy of HACHE Galería, Buenos Aires

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Curada por Alejandra Aguado

Elena Losón trabaja sobre dos territorios: el plano de tela o de papel y su propio taller, territorios de límites precisos y cercanos. El universo material con el que avanza sobre ellos también es acotado: se resuelve entre grafito, lápices y tinta. Elena se priva también del color, para manejarse con la paleta sutil de los valores que ofrece el negro y una colección finita de lápices que oscilan entre los grises, el celeste y el piel. Ha ido renunciando incluso a la imagen referencial que habitaba sus dibujos y pinturas; en estos últimos trabajos no hay escritura ni signo reconocible, no hay figuración de nada cuya idea exista previa a su trazado sobre la superficie de trabajo. Profundizando aún más en este panorama de restricciones, se ha dispuesto a trabajar a partir de ejercicios básicos y casi residuales: el del dibujo elemental -una raya que viene y que va- y todo aquello que usualmente se ejecuta en los bordes de los trabajos de los artistas o sobre superficies que se descartan como resto. A contrapelo de las acciones más “intencionales” de la creación en el arte, donde el acto físico e instrumental se propone como mediador de imágenes o de símbolos, las de Elena son los hechos más concretos y elementales de su oficio: para ella, pintar o dibujar pasó a ser lo mismo que limpiar sus rodillos, probar y gastar sus lápices o estirar una tinta. Su imagen es su método.

Proponiéndose andar en este aparente desierto, Elena ha logrado, sin embargo, acariciar el infinito. A tientas, como olfateando la sabiduría de que sólo la repetición permite variación, sólo el desapego proporciona liberación, su catálogo básico de herramientas desató una serie de acciones que parece no acabar nunca en su capacidad creadora. Guiada por esta especie de arqueología de taller que se impuso algo intuitivamente como proyecto -el estudio del espacio que habita a partir de sus propios restos-, comenzó a dar forma a un ensayo interminable sobre la aparición y la desaparición de las imágenes, sobre la transformación de la materia en imagen, sobre la anulación del principio según el cual entre la superficie de trabajo, la acción y la imagen lograda existe una relación jerárquica. La pregunta sobre quién activa a quién tiene en su trabajo múltiples respuestas.

Si la preocupación inicial de Elena era cómo ocupar la tela o el papel, “cómo lo material traspasa su naturaleza, atraviesa su dimensión hacia el campo simbólico de la imagen”, según sus palabras, el resultado es una serie de obras donde el ejercicio de trabajar sobre lo dado -calcar con un rodillo entintado los restos de material que quedaron bajo un papel, o repetir un simple gesto hasta acabar con sus lápices o romper una bola de grafito- descubre geografías, representa el espacio habitado según las fuerzas naturales y humanas que le dan forma. Desde la más estricta simplicidad, su trabajo evoca voz y silencio, fuerza y cansancio, transparencia y opacidad, el carácter difuso entre lo presente y lo que vemos, el espacio de infinitas sutilezas que existe entre lo vacío y lo lleno, entre el antes y el después del acto de marcar y de manchar, en todas sus intensidades. Elena levanta y deja huellas, sus dibujos se vuelven brumas, atmósferas que difuminan el horizonte y la gravedad que nos ordena, yuxtaposición de imagen y de acto que vuelve a todo no sólo figura, sino también puro y profundo fondo.

http://www.hachegaleria.com/

Texto de Alejandra Aguado
Fotografía: Ignacio Iasparra
Cortesía de HACHE Galería, Buenos Aires

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