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27.04.2020

Rasgos de la economía del arte en Venezuela

A la luz de los últimos 70 años de su historia, Rodrigo Figueroa reseña la sorprendente capacidad del arte visual venezolano para subsistir internacionalmente y florecer aún de forma local a pesar de la terrible crisis socio-político que enfrentan.

La economía en el arte no difiere de la dinámica y protocolos que establece la economía en otros rubros. Hay una relación entre la economía en el área financiera y las transacciones del campo cultural que dependen de un signo que no es material, sino más bien cultural y social, y que juega un rol definitorio para la asignación de valores.
Actualmente, el contexto político-económico de Venezuela está determinado por el deterioro de las principales instituciones estatales dedicadas al arte y la cultura (por su acervo patrimonial e infraestructura) y la instrumentalización política que se ha hecho de ellas a partir de 1998 hasta la actualidad. Repasaremos la actividad económica independiente que se ha dado recientemente a partir de los factores que hacen vida en el entorno artístico actual de Venezuela.

Retrospectiva 
El periodo de la dictadura que encabezó Marco Pérez Jiménez (1952–1958) llevó a cabo grandes proyectos de infraestructura que tomaban como referentes la actualidad europea y norteamericana de aquella época. Esto significó una línea programática que tendría como fin la modernización, sentando al mismo tiempo las bases de una renovación y ampliación del panorama cultural del país. Simbólicamente y materialmente había una necesidad de asistir a la modernidad. Un anhelo que pasaba por dejar atrás la mampostería e ingresar al concreto armado, por terminar de superar las sombras del caudillismo y elegir instituciones republicanas legítimas, y por pertenecer a una vanguardia cultural europea que aspirara a formas puras y se desapegara de la anécdota local. En líneas generales, lograr una redención en la universalidad.
Un ejemplo es la Ciudad Universitaria de Carlos Raúl Villanueva en Caracas, construida en el periodo de la mencionada dictadura y que logra la integración del arte y la arquitectura al reunir obras de importantes artistas internacionales (Jean Arp, Fernand Léger, Antoine Pevsner, Victor Vasarely, Henri Laurens, Alexander Calder, Sophie Taeuber-Arp, entre otros) junto a un grupo de artistas venezolanos jóvenes y consagrados (Mateo Manaure, Víctor Valera, Francisco Narváez, Alejandro Otero, Pedro León Zapata, Pascual Navarro, entre otros). Esta obra refleja la disposición que hubo en la segunda mitad del siglo XX de poner en diálogo el desarrollo de la infraestructura con los discursos estéticos de su actualidad, propiciando un clima de aceptación hacia las vanguardias en el arte.
El estado venezolano auspició directamente el arte a través de becas, comisiones de obra pública, financiamiento de obra y su posterior integración en colecciones fuera del país de una generación de artistas que desarrollaba obras alrededor de la abstracción geométrica, el op art  y el arte cinético, teniendo como exponentes más notables a Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez y Alejandro Otero, además de Mateo Manaure, Víctor Valera, Mercedes Pardo, Oswaldo Subero, entre otrxs. Se conformaba así un paradigma estético en el arte que inscribía a la nación dentro del proyecto edificador de la modernidad y el progreso. El auspicio del arte reflejaría el movimiento de una sociedad culturalmente próspera, de un país que superaría las trabas históricas que lo condenaban al atraso y lo encaminarían al primer mundo, aunque fuera en apariencia.

A medida que el gobierno radicalizaba su postura política, se fue haciendo patente el deterioro de las instituciones museísticas y su infraestructura, lo cual afectó al mercado del arte al reducir los espacios para las iniciativas privadas que hacían vida en Venezuela.

En el año 1958 comenzó la instauración de un sistema republicano y democrático en Venezuela. Con ello, la actividad económica y cultural del país tuvo un repunte importante durante cuatro décadas, lo cual consolidó políticas culturales para la fundación de museos con colecciones de arte moderno y arte contemporáneo que tuvieron una actividad importante entre las décadas de los sesenta y principios del 2000.[1] A través de salones, exposiciones con artistas extranjeros y adquisiciones, Caracas se posicionó en un punto privilegiado y dinámico en la escena internacional.
La democracia venezolana estuvo acompañada del crecimiento acelerado de la producción petrolera, la cual, después de una ley de hidrocarburos que nacionalizó el petróleo, hizo responsable al Estado venezolano de su extracción, procesamiento y administración. Ingresos cuantiosos entraron al país y robustecieron la actividad cultural al utilizar el financiamiento público como uno de los principales fomentos de la producción artística y cultural en Venezuela. Esto reforzó la institucionalidad cultural, la cual, desde 1966, permitió que el Ministerio de Educación tuviera una oficina llamada Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA), misma que en 1977 se transformó en el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC)[2] y cuyas funciones se trasladaron al Ministerio Popular para la Cultura en el año 2005.
Por su parte, la iniciativa privada, a pesar de tener espacios importantes en la economía venezolana, no tenía ingresos equiparables a los que generaban las empresas estatales (Petróleos de Venezuela, S.A. y empresas básicas), pero les permitía ejercer una influencia dentro de la dinámica económica del arte que, en muchos casos, fue de convivencia complementaria con el sector público. Es así como importantes consorcios económicos de corte empresarial o bancario (Banco Mercantil, Colección Patricia Phelps de Cisneros, Sala Mendoza, entre otras) definieron dinámicas de valorización de obras de arte materiales que consolidaron un mercado primario.[3]
El Estado en aquel entonces administraba una inmensa renta y poseía las instituciones culturales más importantes del país. Sin embargo, cuando en 1998 asume la presidencia Hugo Chávez, el perfil autocrático de este gobierno colocó la infraestructura estatal al servicio del proyecto político e ideológico. Estos cambios en la gestión cultural se iniciaron con la llamada «Revolución Cultural» llevada a cabo por el Vice-Ministro de Cultura Manuel Espinoza (año 2000-2002), que luego sería reforzada por el Ministro de Cultura Farruco Sesto y sus sucesores. Esto conllevó un paulatino abandono de las alianzas que existían con la industria privada, y los programas de adquisiciones mermaron. A medida que el gobierno radicalizaba su postura política, se fue haciendo patente el deterioro de las instituciones museísticas y su infraestructura, lo cual afectó al mercado del arte al reducir los espacios para las iniciativas privadas que hacían vida en Venezuela.

Algunos rasgos de la actualidad en Venezuela
En Venezuela, el mercado del arte desde la segunda mitad del siglo XX estuvo directamente relacionado con la infraestructura del Estado. Por ello, la crisis de la hipertrofia estatista y su deriva autocrítica repercutió en todo el escenario cultural del país. Esto desembocó en la pérdida de autonomía administrativa de perfiles de los museos que llevó también a traslados parciales de un museo a otro y unificaciones arbitrarias de colecciones; a la liquidación de las Fundaciones de Estados que fueron entes tutelados del CONAC, así como la creación de Fundación de Museos Nacionales; a las curadurías al servicio del programa político y la censura a artistas por el contenido de las obras[4], a la unificación de la identidad visual (logos) de los museos por el logo del Ministerio de Cultura; al deterioro de las instalaciones de los museos, a la pérdida del público que los visitaba; y al debilitamiento casi total de los programas de adquisiciones.
La administración estatal gestionaba, a través de sus entidades, varios aspectos relacionados a las artes visuales: la capacitación de personal en las áreas de investigación curatorial, museografía, montaje y preservación de obras; el acceso a recursos económicos para la realización de exposiciones; permisos legales para traslado de obras de arte y el funcionamiento óptimo de espacios de resguardo de documentación necesaria para la investigación (bibliotecas y centros de documentación). Las dificultades económicas y la imposibilidad de acceder a servicios básicos, sumado al riesgo de persecución política, ha hecho que millones de personas tengan que migrar incluyendo a los trabajadorxs del arte y la cultura. Así, una de las consecuencias más evidentes de la crisis política y económica venezolana sobre la economía del arte actual es el deterioro del mercado primario, es decir, el entorno en el que se muestra y comercializa la producción más reciente, que se articulaba con el coleccionismo nacional y la actividad regular de varias galerías. La merma de la capacidad de inversión de ambos factores hizo que se contrajera, en gran medida, este mercado.
A pesar de las dificultades, las galerías comerciales, como ABRA Caracas, Carmen Araujo, GBG Arts, Beatriz Gil Galería, Espacio Monitor, entre otras, manteniendo un calendario de exposiciones tanto individuales como colectivas de artistas jóvenes venezolanos, han recurrido a dos formatos de exhibición que les permiten navegar las dificultades del mercado del arte: las exposiciones inventario y las exposiciones split.
Las exposiciones inventario son exposiciones colectivas formadas por obras presentadas anteriormente a partir de una investigación curatorial que trabaja alrededor de un inventario disponible.[5] Por otro lado, el alto costo de los montajes también ha llevado a un aprovechamiento máximo de los espacios expositivos de las galerías que han realizado dos o más exposiciones individuales de pequeño formato simultáneamente con temáticas y discursos curatoriales autónomos[6], generando un formato similar a las ediciones discográficas que son denominadas split.[7] Este tipo de exposiciones también funciona como ventana para artistas emergentes que presenta su trabajo por primera vez y no requieren de grandes espacios expositivos. Un caso a resaltar es la exposición Latente (Arte emergente venezolano) en 2018 realizada conjuntamente entre ABRA Caracas, Carmen Araujo Arte y La Hacienda La Trinidad Parque Cultural, reuniendo obras de artistas jóvenes de distintas zonas de la ciudad.

Mercado secundario, economía al margen de la institucionalidad cultural
El mercado secundario basa sus intercambios de bienes en objetos que han sido vendidos previamente en el mercado primario, objetos cuya compra-venta regulan su valor a través de espacios reconocidos como casas de subasta, intermediarios independientes (marchantes de arte), las propias galerías y colecciones institucionalizadas, tanto públicas como privadas. La situación política ha hecho que el mercado secundario sea el de mayor circulación en la actualidad, con una actividad operativa que no ha cesado a pesar de no generar la misma visibilidad que el primario.
El mercado secundario venezolano sigue las pautas de agentes internos que ejercieron roles de legitimación en el entorno de arte venezolano en las décadas previas de bonanza económica; de artistas venezolanxs que fueron exitosxs y lograron un reconocimiento internacional. Evidentemente esto incluye a lxs exponentes del arte cinético y abstraccionismo neoconcreto venezolano —paradigmas del modernismo en Venezuela—, los cuales, a pesar de tener más de sesenta años, siguen vigentes a través de artistas como Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez y Alejandro Otero. Esto manifiesta el impacto que tuvo la difusión de los ideales de modernidad en la Venezuela de la segunda mitad del siglo XX, mismos que se asimilaron como un paradigma instructivo y edificador de la sociedad. El arte moderno en Venezuela se asume como parte de la identidad del país y llega a revestirse de una devoción casi cultual.[8] Ese interés en evocarlo como identidad nacional hace que las obras de arte cinético sigan cotizándose en el mercado y que proliferen artistas que, como lxs pintorxs pompiers del siglo XVIII, repiten las fórmulas modernas de manera más o menos explícitas. La abstracción geométrica, por ejemplo, incluso en su disposición más contemporánea, no deja de ser atractiva en el mercado y acompaña las necesidades decorativas que el arte también suple.

Proyección internacional y migración
Todo mercado interno tiene una relación con una esfera externa. En la actualidad esta relación tiene matices muy particulares, ya que la migración durante la década de 2010 hizo que se desplazaran artistas, investigadores e inversores. Las relaciones que este movimiento migratorio establece están aún por verse pero, sin duda, definen nuevas rutas de valorización y circulación. Una ruta es aquella marcada por el desplazamiento de investigadorxs venezolanxs que se formaron en museos nacionales: el alto nivel de formación obtenido les permitió asumir cargos directivos en instituciones extranjeras. Ese es el caso de Luis Pérez-Oramas, Carlos Palacios, Nydia Gutiérrez, Julieta González, Gabriela Rangel, José Luis Blondet, Felix Suazo y Jesús Fuenmayor. Su presencia ha ayudado a la inserción del arte venezolano en museos internacionales, colecciones e importantes bienales de arte. En ello también participan de forma importante colecciones institucionales como la Colección Patricia Phelps de Cisneros[9] y la Colección Mercantil.[10]
Otra ruta es aquella que hicieron galerías formadas en Venezuela y que empezaron a establecerse en otras ciudades del mundo representando a artistas venezolanos y extranjeros, y manteniendo una actividad fuera del país. Como ejemplo están los espacios administrados por Henrique Faría: Henrique Faria Fine Art (en Nueva York desde 2001), Faría + Fábregas (en Caracas desde el 2007 y hasta el 2014), Henrique Faria Buenos Aires (ahora Herlitzka + Faría); Grupo Odalys (casa de subasta y galería fundada en Caracas en 1992, que actualmente cuenta con sedes en Miami y Madrid); Galería Ascaso y GBG arts (con sedes en Caracas y Miami).

La consolidación de un estado autocrático de perfil autoritario debilitó todo el entorno económico general y de las artes en su producción y difusión.

En décadas anteriores el mercado interno (oferta y demanda nacional) era el entorno comercial que determinaba en primera instancia el valor de las obras. Los museos daban los estímulos necesarios para que lx artista y su obra tuvieran una proyección local más favorable que abriera el camino al mercado internacional. Actualmente Venezuela, al no contar con un dinámico mercado primario local, depende en gran medida del mercado primario externo para legitimar los precios de las obras. Así, el valor de la inversión aumenta en la medida en que lx artista concurre a espacios de mercado internacional. Ese es el caso de artistas como Marisol Escobar, Meyer Vaisman, José Antonio Hernández-Diez, Magdalena Fernández, Gego o Arturo Herrera, quienes participan en importantes exposiciones y cotizan sus obras en reconocidas casas de subastas.
En su momento, FIA (Feria Iberoamericana de Arte) —iniciada en 1990 bajo la dirección de Zoraida Febres de Irazábal, Nicomedes Febres y Ana Josefina Vicentini, actual Gerente de la Galería D’Museo— logró constituir un mercado primario en Venezuela, reuniendo a diversas galerías internacionales y a artistas de importancia en el arte contemporáneo del momento. Su actividad duró hasta el año 2014, después de 24 años de actividad ininterrumpida en Caracas.
Actualmente, las ferias internacionales son las plazas recurrentes para las galerías de arte contemporáneo de Venezuela,[11] mediante las cuales perfilan intereses y temas recurrentes de acuerdo con el “arte latinoamericano” reducido a tropos curatoriales como arte político, utopía y distopía moderna, localismo y universalidad, entre otros. Estas ferias atraen la atención de distintos focos de inversión regional, así como a inversionistas venezolanos, reafirmando la premisa de que el mercado nacional interno sigue respondiendo a una demanda interior que no tiene que estar geográficamente localizada en Venezuela para poder operar.

A manera de cierre
El Estado venezolano administró por décadas las principales instituciones culturales del país generando una gran dependencia de los factores que componen la escena cultural. La consolidación de un estado autocrático de perfil autoritario debilitó todo el entorno económico general y de las artes en su producción y difusión.
Esta situación ha hecho emerger modelos de gestión más autosustentables económicamente y con independencia en sus líneas discursivas lo que permite que estos espacios se proyecten progresivamente fuera de Venezuela. Por su parte, la migración ha hecho que se resienta la producción en el país por la falta de artistas y personas vinculadas a las disciplinas artísticas; sin embargo, conforma, así sea discretamente, una manera de movilización de la producción artística en el extranjero que quizás en unos años tenga repercusiones relevantes.
Es importante resaltar que el declive de la institucionalidad estatal ha propiciado la conformación de espacios comerciales que no están vinculados al Estado. Aunque carezcan de grandes estructuras administrativas y en muchas ocasiones deban optimizar sus recursos al máximo, son recintos libres e independientes, por consiguiente, garantes de la vitalidad indispensable para el arte en Venezuela.

 

 

Notas

  1. Caracas cuenta con seis importantes museos, cada uno con un perfil definido en sus colecciones: Galería de Arte Nacional (GAN) fundada en 1974, Museo de Bellas Artes (MBA) fundado en 1918, Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber (MAC), ahora llamado Museo de Arte Contemporáneo Armando Reverón, fundado en 1973, Museo Alejandro Otero (MAO) fundado en 1990, Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez fundado en 1997 y Museo Jacobo Bórges (MUJABO) fundado en 1995.

  2. El CONAC tenía como objetivos: 1) Formación de Recursos Humanos, agente de desarrollo cultural; 2) Conservación y revalorización del patrimonio cultural; 3) Fomento de la Industria Cultural; 4) Fomento y estímulo a la creación (Premios Nacionales); y 5) Cooperación cultural en el marco de la integración regional.

  3. Mercado primario, o mercado de emisión, es aquel mercado financiero en el que se emiten valores negociables y en el que, por tanto, se transmiten títulos de propiedad por primera vez. Las galerías de arte suelen fungir en el arte como espacio de compra-venta del mercado primario.

  4. Un ejemplo de ello es la representación de Pedro Morales en la Bienal de Venecia de 2003.

  5. Ejemplo de este tipo de exposiciones en 2019 son: ABRA Caracas, Archivo Abierto: DESINENCIA-a (2019) y FORMA [APARIENCIA] (2018); Espacio Monitor, 2014–2019 (2019) y De colección (2018–2019); y Carmen Araujo Arte, Señales de erosión (2019).

  6. Ejemplos de ello en 2019 son: ABRA Caracas, Vibraciones locales. De los límites blandos y la danza con Plutón de Rodrigo Urbina, Naturalización de Valentina Rodríguez, y Caos primitivo (Homenaje a la melancolía) de Paula Mercado; Espacio Monitor, Kozmogónia de Fabian Solymar y CCS de Javier León; Beatriz Gil Galería, Aquí (Despliegue) de Costanza De Rogatis, Carta de Colores de Pepe López y Caracas ciudad amalgama de Raquel Soffer.

  7. Álbumes musicales en los que se aprovechaba un tiraje para insertar pequeños álbumes de varias agrupaciones.

  8. Las peregrinaciones a la Esfera de Caracas realizada por Jesús Soto o la fotografía recurrente sobre el mural Cromointerferencia de color aditivo en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía realizado por Carlos Cruz-Diez dan testimonio de este fenómeno.

  9. Fuera de Venezuela ha desarrollado programas de becas, exposiciones y donaciones de obras de artistas venezolanxs y latinoamericanxs a importantes museos como el MoMA (EE.UU.), Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (ES), Blanton Museum of Art (EE.UU.), entre otros.

  10. Entre los proyectos expositivos en museos internacionales de ésta se encuentran recientemente: Consenting Modernity: Informalism in Venezuela 1955–1975 realizada en 2018 en el Museum of Fine Arts de Houston (EE.UU.).

  11. Entre la participación de galerías independientes venezolanas en ferias de arte internacionales, exhibiendo trabajos de artistas contemporánexs venezolanxs se encuentran los casos de: Carmen Araujo Arte: Pinta NY (2013), ARCOmadrid (2015, 2016, 2017, 2018, 2019), ARTBO (2013, 2014, 2015, 2017, 2018, 2019), PARC (2016), Art Lima (2018–2019), Ch.ACO (2017–2018), arteBA (2015, 2017, 2018, 2019), Arts Libris (2016); Abra Caracas: Art Toronto (2016), ARTBO (2017, 2018, 2019), Artissima (2019), Pinta Miami (2018), PARC (2018); Beatriz Gil Galería: Pinta NY (2010), Pinta Miami (2018–2019), Ch.ACO (2018); y El Anexo Arte Contemporáneo: Pinta Miami (2014, 2016, 2017, 2018).

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