Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Marginalia #57

Por Pablo Helguera February 1, 2020 – February 29, 2020

Every month Marginalia invites an artist, curator or project to provide a series of images that will serve as the background of Terremoto, in relation to their practice and current interests. At the end of each month, the whole series of images is unveiled.

On Artoons 

I’ve been drawing since I can remember. There hasn’t been a time when I have not drawn. I remember, for example, when I was five or six years old, illustrating my sister’s piano music sheet, inhabiting a Mazurka by Chopin with expressions of every kind. I drew cartoons, inspired by Steinberg’s and Quino’s drawings, as well as by the books of Tintín and Astérix and the comics by Editorial Navarro that me and my brothers bought every week near our house. When I was twelve years old, my grandma took me to Guadalajara to see the murals by José Clemente Orozco, and I decided to become a muralist. Ever since my goal was to create serious work, thus completely hiding humor and cartoons from the public. I never stopped drawing cartoons, only sharing them with family and very close friends. Eventually, my work gravitated towards performance, collaborative processes, and conceptual strategies. 

Many years passed. In 2008, already in New York, when I finally accessed the mysterious territories of social media, and not wanting to share too many of my personal photos, I had the urge to create a drawing in the style known as single panel –an image with a footnote– such as the ones from the New Yorker magazine. The drawing built up a following, and it drove me to create another one. And another. And another more. The process had a therapeutic aspect for me, and at the same time it became an opportunity for me to share my views on the complex social dynamics of the art world –an interest always present in me and that inspired my first book: Manual of Contemporary Art Style.

Sometime later, I started receiving invitations to replicate my drawings in other publications. Writer Andras Szanto, who invited me to participate in one of these publications, was the one that suggested to me that the inventions, that up until this moment had no name, be titled artoons, given their subject and format. The drawings acquired an almost absurd virality. I received emails from places like Cairo and New Delhi, commenting that the artoons were very famous in their local art scene. It was very surprising for me that these scenes and comments about the social interactions around contemporary art had a resonance in places I have never been to. Such reaction was proof for me that, in reality, the dynamics present in the art world are really predictable and replicated in various latitudes. They are perhaps proof that, although art is a discipline that prides itself on radicalism and constant transformation, its social and economic context is extremely rigid and conservative. Something that, of course, lends itself to a humorous treatment. 

 

Pablo Helguera, New York, 2020

Marginalia consiste en la invitación mensual a unx artista, curadorx o proyecto a escoger una serie de imágenes para el fondo de la página de Terremoto en relación con su práctica e intereses del momento. A final de cada mes se revela el conjunto de las imágenes publicadas y un texto que las contextualiza.

 

Sobre los Artoons

Dibujo desde que tengo memoria. No hubo edad alguna en la que no haya dibujado. Recuerdo, por ejemplo, a los cinco o seis años, ilustrar las partituras de piano de mi hermana, poblando una Mazurka de Chopin con gestos de todo tipo. Dibujaba caricaturas, inspirado por los dibujos de Steinberg y de Quino, así como de los libros de Tintín y Astérix y de las historietas de Editorial Novaro que mis hermanos y yo comprábamos cada semana en la esquina de nuestra casa. A los doce años, cuando mi abuela me llevó a Guadalajara a ver los murales de José Clemente Orozco, decidí que sería muralista. Desde ese momento mi meta fue el de hacer obra seria, y esconder el humor y la caricatura del público por completo. Nunca dejé de dibujar caricaturas, aunque sólo las compartía con familiares y amigos muy cercanos. Eventualmente, mi obra gravitó hacia el performance, procesos participativos y estrategias conceptuales.

Pasaron muchos años. En el 2008, ya en Nueva York, cuando finalmente ingresé a los territorios misteriosos de las redes sociales, y no queriendo compartir demasiadas de mis fotos personales, tuve el impulso de hacer un dibujo al estilo de la revista New Yorker en un formato que se conoce como single panel —una imagen con pie de foto. El dibujo generó interés, y esto me impulsó a hacer otro. Y otro. Y otro más. El proceso tenía un aspecto de terapia para mí, y a la vez se convirtió en una oportunidad para compartir mis observaciones sobre las complejas dinámicas sociales del mundo del arte —un interés que siempre he tenido y que a su vez inspiró mi primer libro: Manual de estilo del arte contemporáneo.

Tiempo después, comenzaron a llegarme invitaciones para reproducir estos dibujos en otras publicaciones. El escritor Andras Szanto, quien me invitó a contribuir en una de éstas, fue el que sugirió que estas invenciones, que hasta ese momento no tenían nombre, se denominaran artoons, dada su temática y formato. Los dibujos adquirieron una viralidad casi absurda. Comenzaron a llegarme correos de lugares como El Cairo y Nueva Delhi, diciéndome que los artoons eran muy famosos en el ámbito artístico local. Me sorprendió que estas escenas y comentarios sobre las interacciones sociales en torno al arte contemporáneo tuvieran tal resonancia en lugares en los que nunca había estado. La reacción fue prueba para mí de que, en realidad, las dinámicas que vivimos en el arte son realmente predecibles y se replican en varias latitudes. Son acaso muestra de que, si bien el arte es una disciplina que se precia de radicalidad y constante transformación, su contexto social y económico es en extremo rígido y conservador. Algo que por supuesto se presta a un tratamiento humorístico.

 

Pablo Helguera, Nueva York, 2020

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