Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

ZOOM .EXT

Adolfo Bimer

Casaplan Valparaíso, Chile 03/07/2017 – 03/31/2017
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Adolfo Bimer, 271 (Revisitado), 2017. 72 Planchas de impresión offset del libro ZOOM, metalcon y tornillos autoperforantes. Dimensiones variables. Fotografía: Felipe Ugalde. Cortesía del artista.

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Adolfo Bimer, 271 (Revisitado), 2017. 72 Planchas de impresión offset del libro ZOOM, metalcon y tornillos autoperforantes. Dimensiones variables. Fotografía: Felipe Ugalde. Cortesía del artista.

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Adolfo Bimer, 271 (Revisitado), 2017. 72 Planchas de impresión offset del libro ZOOM, metalcon y tornillos autoperforantes. Dimensiones variables. Fotografía: Felipe Ugalde. Cortesía del artista.

Hay que entrar para abajo, descender los peldaños hacia el subterráneo de Casaplan, en el centro de la ciudad de Valparaíso: allí se accede al nuevo montaje dispuesto por el artista Adolfo Bimer (Santiago, 1985). A partir de las planchas empleadas para la impresión de su libro Zoom, que la Editorial Vortex publicó el año pasado, se puede admirar ahora una instalación que juega con la transparencia de los fotolitos empleados para el proceso de impresión offset. Una especie de radiografía del libro, el alma de sus contenidos gráficos expuestos sobre una gelatina dura. En Sagrada Mercancía ya se había realizado una versión reducida, un premontaje, por decirlo así. Ahora, descendiendo las escaleras se puede entrar al submundo de las imágenes atesoradas por Bimer para hablar de su preocupación por el espesor variable de la visualidad.

Si un libro es el antecedente directo de esta exposición, las planchas usadas en el proceso de reproductibilidad técnica de sus imágenes permiten entrar directamente en otro nivel, en otra superficie visible previa a la existencia de la publicación. El fantasma del libro, este negativo de la imagen que por lo general es descartado una vez que ya ha sido pasado por la tinta, aquí se invierte en un hallazgo original. En rigor la paradoja que Bimer atrapa en este gesto permite pasar del rescate de un material descartable al descubrimiento de una nueva capa de profundidad de su trabajo.

Recordemos que el libro Zoom carece de texto. En sus 144 páginas se mezclan fotos de la obra del propio artista con imágenes e ilustraciones tomadas de fuentes diversas desde enciclopedias hasta páginas digitales. El ojo del lector debe repasar diversas texturas de color, mirar las venas del mármol, las grietas de una pared, la espuma seca o las radiografías que el artista manipula. No hay un orden necesario aunque predomina una inquietud marcada: reafirmar que la profundidad de una imagen reposa justamente en su superficie. Nada más profundo que lo superficial.

Al mismo tiempo, aquella capa “externa” es la superficie de acceso a una nueva visión. Bimer nos enseña a ver de nuevo para discutir el límite entre lo visible y lo invisible. ¿Cuán profunda es la superficie? Por una vieja insistencia creemos que es necesario ir más allá de esa capa epitelial para avanzar hacia lo real que se esconde sumergido, es decir, el “verdadero” significado, la esencia. El viejo dualismo órfico encierra el espíritu en la cárcel del cuerpo. Bimer, interesado por la indisoluble separación entre el contenedor y el contenido de la imagen bidimensional, exacerba este punto. Para la tradición, la imagen es sólo un mecanismo alegórico que nos enseña algo para hablar de otra cosa, algo subyacente.  Sin duda podemos recorrer un sinnúmero de referencias posibles sugeridas en la superficie de una imagen. Pero la sagacidad de Zoom consiste en jugar con el acercamiento en una toma de proximidad aumentada que torna el detalle en algo insondable. La piel, un poro, un corte subcutáneo y así avanza progresivamente la visión hasta llegar a la célula. Una de las formas de comprender esa “esencia” que yace bajo la superficie es, tal vez, seguir la paradoja infinitesimal de Zenón: para alcanzar el corazón de la materia podemos ir aumentando microscópicamente su tamaño. Paradoja: mientras más pequeño, más grande. Y más falta por ver. Las partículas subatómicas sostienen la inmensidad de lo que percibimos aunque no podemos verlas. ¿Dónde está el límite?

– Pedro Donoso

http://www.casaplan.cl/

http://www.adolfobimer.com/

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Adolfo Bimer, 271 (Revisitado), 2017. 72 Planchas de impresión offset del libro ZOOM, metalcon y tornillos autoperforantes. Dimensiones variables. Fotografía: Felipe Ugalde. Cortesía del artista.

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Adolfo Bimer, 271 (Revisitado), 2017. 72 Planchas de impresión offset del libro ZOOM, metalcon y tornillos autoperforantes. Dimensiones variables. Fotografía: Felipe Ugalde. Cortesía del artista.

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Adolfo Bimer, 271 (Revisitado), 2017. 72 Planchas de impresión offset del libro ZOOM, metalcon y tornillos autoperforantes. Dimensiones variables. Fotografía: Felipe Ugalde. Cortesía del artista.

Hay que entrar para abajo, descender los peldaños hacia el subterráneo de Casaplan, en el centro de la ciudad de Valparaíso: allí se accede al nuevo montaje dispuesto por el artista Adolfo Bimer (Santiago, 1985). A partir de las planchas empleadas para la impresión de su libro Zoom, que la Editorial Vortex publicó el año pasado, se puede admirar ahora una instalación que juega con la transparencia de los fotolitos empleados para el proceso de impresión offset. Una especie de radiografía del libro, el alma de sus contenidos gráficos expuestos sobre una gelatina dura. En Sagrada Mercancía ya se había realizado una versión reducida, un premontaje, por decirlo así. Ahora, descendiendo las escaleras se puede entrar al submundo de las imágenes atesoradas por Bimer para hablar de su preocupación por el espesor variable de la visualidad.

Si un libro es el antecedente directo de esta exposición, las planchas usadas en el proceso de reproductibilidad técnica de sus imágenes permiten entrar directamente en otro nivel, en otra superficie visible previa a la existencia de la publicación. El fantasma del libro, este negativo de la imagen que por lo general es descartado una vez que ya ha sido pasado por la tinta, aquí se invierte en un hallazgo original. En rigor la paradoja que Bimer atrapa en este gesto permite pasar del rescate de un material descartable al descubrimiento de una nueva capa de profundidad de su trabajo.

Recordemos que el libro Zoom carece de texto. En sus 144 páginas se mezclan fotos de la obra del propio artista con imágenes e ilustraciones tomadas de fuentes diversas desde enciclopedias hasta páginas digitales. El ojo del lector debe repasar diversas texturas de color, mirar las venas del mármol, las grietas de una pared, la espuma seca o las radiografías que el artista manipula. No hay un orden necesario aunque predomina una inquietud marcada: reafirmar que la profundidad de una imagen reposa justamente en su superficie. Nada más profundo que lo superficial.

Al mismo tiempo, aquella capa “externa” es la superficie de acceso a una nueva visión. Bimer nos enseña a ver de nuevo para discutir el límite entre lo visible y lo invisible. ¿Cuán profunda es la superficie? Por una vieja insistencia creemos que es necesario ir más allá de esa capa epitelial para avanzar hacia lo real que se esconde sumergido, es decir, el “verdadero” significado, la esencia. El viejo dualismo órfico encierra el espíritu en la cárcel del cuerpo. Bimer, interesado por la indisoluble separación entre el contenedor y el contenido de la imagen bidimensional, exacerba este punto. Para la tradición, la imagen es sólo un mecanismo alegórico que nos enseña algo para hablar de otra cosa, algo subyacente.  Sin duda podemos recorrer un sinnúmero de referencias posibles sugeridas en la superficie de una imagen. Pero la sagacidad de Zoom consiste en jugar con el acercamiento en una toma de proximidad aumentada que torna el detalle en algo insondable. La piel, un poro, un corte subcutáneo y así avanza progresivamente la visión hasta llegar a la célula. Una de las formas de comprender esa “esencia” que yace bajo la superficie es, tal vez, seguir la paradoja infinitesimal de Zenón: para alcanzar el corazón de la materia podemos ir aumentando microscópicamente su tamaño. Paradoja: mientras más pequeño, más grande. Y más falta por ver. Las partículas subatómicas sostienen la inmensidad de lo que percibimos aunque no podemos verlas. ¿Dónde está el límite?

– Pedro Donoso

http://www.casaplan.cl/

http://www.adolfobimer.com/

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