Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Seed for Planting

Koak

Walden Buenos Aires, Argentina 05/19/2018 – 06/19/2018

Koak. Vista de la exposición Seed for planting en Walden, Buenos Aires, Argentina, 2018. Cortesía de Walden

Koak. Vista de la exposición Seed for planting en Walden, Buenos Aires, Argentina, 2018. Cortesía de Walden

Koak. Vista de la exposición Seed for planting en Walden, Buenos Aires, Argentina, 2018. Cortesía de Walden

Los dibujos y pinturas que Koak produce son comúnmente relacionados a la propia historia de la artista con el cómic y al formato del cómic en general. Sin embargo, la artista ha logrado trascender los territorios de la caricatura, sus limitaciones narrativas y ha apostado por composiciones mucho más complejas, con una capacidad de síntesis muy superior a la de una viñeta humorística. Las obras de Koak en cambio, a través de una simbología que la artista ha destilado en los últimos años para revelar complejidades sociales, preocupaciones personales, económicas, y emocionales, sobre desigualdades sistematizadas. Si Koak hace pinturas que parten del cómic, o cómics que trascienden a la pintura es irrelevante.

Las figuras que retrata son estilizadas, con líneas suaves y superficies inestables, a veces inconexas que se articulan en vértices tensos, uniendo segmentos temblorosos, o abultados. Algunas se distinguen claramente del fondo en ambientes más o menos reconocibles que apuntan la mayoría de las veces a un contexto doméstico. En ocasiones estos ambientes parten de un elemento determinado a priori, es decir, los papeles son teñidos con tintas de algún color suave. Los personajes que retrata miran directamente al visitante, mientras que en otros momentos, es el visitante el que irrumpe de manera silenciosa —quizá hasta imprudente— en un momento crítico para el problema en cuestión.

Las referencias visuales son claras e inmediatas, Aubrey Beardsley, Paul Cézanne, Mary Cassatt, Marius de Zayas: una sofisticación de la línea que se mueve a través del papel de manera casi orgásmica, los volúmenes se abren y se cierran, hay referencias a armonías geométricas a través de composiciones que parecieran venir de una intuición superdesarrollada. Las gradaciones de colores usualmente sutiles se saturan y difuminan con una virtuosidad que de inmediato remite a la maestría de los autores de principios del siglo veinte, cuya búsqueda entonces era muy distinta en todos los sentidos. Sin embargo, estas presencias no se convocan para leer la obra de la artista a través de estoicas miradas masculinas, sino quizá, de una forma mucho más operativa que obliga a la percepción asirse a algo conocido, mientras la mirada trata de metabolizar las cualidades estéticas, tan únicas, por medio de las que Koak traduce ideas muy claras dentro de escenarios que parecen abrumadoramente familiares.

La intimidad y los espacios de intimidad que Koak retrata son espacios que han sufrido vertiginosos cambios en las últimas décadas. Digamos que (en el mejor de los casos) hay una conciencia más elevada de las complejidades dentro de las políticas de la intimidad, específicamente en torno al reconocimiento del abuso, violencia y explotación de la mujer en el siglo XX y XXI. Ha cambiado no sólo el espacio sino también el cuerpo. El cuerpo post-humano que ahora se entiende como desmembrado, colonizado constantemente por nuevas y desconocidas entidades, contagiado, abusado y sometido, pero sobre todo, convertido en una máquina de acumulación. Koak retrata el cuerpo como una serie de superficies inestables, a veces inconexas, que se articulan en vértices tensos, uniendo segmentos temblorosos, o abultados, con superficies planas y elongadas. Lo que no significa que las condiciones hayan o sigan cambiando, y es entonces donde no sólo la obra, sino la manera en que la propia artista se posiciona con respecto a la obra cobran vital importancia. Koak no pretende la propiedad de estas escenas, sino un acompañamiento de estas figuras a través de la generosidad y la empatía, y sobre todo, a través del reclamo de territorio visual y la visibilidad de los cuerpos y los afectos.

Con algunas figuras ojerosas, madres amamantando, bebés girando en el aire, Koak logra conectar con el espectador en lugares profundos; la dificultad de la crianza, las limitaciones sociales y económicas en las que navegamos cotidianamente como madres, padres, hijos, trabajadores o profesionales. La obra de Koak recuerda la fragilidad de la piel y de los huesos en el vago recuerdo del diminuto cuerpo tratando de asirse en todo momento al cuerpo de la madre. En piezas como The Moon, Feed, o Walk in The Park, la figura de una madre acongojada, fumando un cigarrillo mientras amamanta a un niño casi de manera autómata, en medio de un espacio en donde la supervivencia parece más un lujo que un destino.

Se ha dicho que el dibujo, más específicamente, una colección de dibujos, puede funcionar como un “espacio terciario entre lo absolutamente privado —el estudio, pero también el diálogo cotidiano entre la mano, el cerebro y el papel— y lo enteramente público, donde ocurren estudios infinitos sobre el yo en relación al mundo”.[2] Seed for Planting [Semilla para plantar] ofrece la figura de la semilla, como un puente entre sus propias preocupaciones, con las resonancias que encuentra en su círculo más inmediato, y con lo que espera provocar en el visitante. Sugiere pensar en la materialidad de la semilla, en sus cualidades diminutas y resistentes, y en el potencial de su tecnología para convertirse en algo mucho más grande y productivo, en una entidad que funciona dentro de un sistema que ha alcanzado un nivel de reciprocidad. Por ejemplo, en Kill Your Darlings, y (My Baby Makes) Good Sculptures, Grace, Room of Her Own, y PhD, los personajes parecieran estar en una lucha interna con las actividades artísticas, y pensando en la posición del visitante, y haciendo que estas escenas se conviertan en una especie de dioramas en donde el problema puede ser percibido por el lenguaje corporal del personaje principal, así como también por los elementos contextuales.

La semilla es la traducción de este espacio terciario, considerado como un terreno especulativo donde la visualización o imaginación de este potencial es ya el primer paso adentrándose en él. Esta es una apuesta fundamental en referencia a la oscuridad de los tiempos en los que vivimos; en otras palabras, esto no se trata de Koak como ejecutora de la obra, ni de las interpretaciones que ésta pueda tener, sino de un modelo arte-céntrico que apuesta por la agencia y el poder de la obra de arte para poder seguir considerando el dibujo como un lugar inmaterial, al margen de toda contingencia, con la capacidad de conjurar una concepción más expandida de la relación entre trabajo, creación y vida.

Humberto Moro

[1] Carrigan, Margaret, “Koak’s Emotive Comics Illustrate Sexuality and Sickness”. The Observer, 02/06/18.

[2] Martínez, Chus. “No Feeling is Final” en I Am Nothing, de Rodrigo Hernández, Heidelberg Kunstverein, 2017. Traducción del autor.

http://www.waldengallery.com

Koak. Vista de la exposición Seed for planting en Walden, Buenos Aires, Argentina, 2018. Cortesía de Walden

Koak. Vista de la exposición Seed for planting en Walden, Buenos Aires, Argentina, 2018. Cortesía de Walden

Koak. Vista de la exposición Seed for planting en Walden, Buenos Aires, Argentina, 2018. Cortesía de Walden

Los dibujos y pinturas que Koak produce son comúnmente relacionados a la propia historia de la artista con el cómic y al formato del cómic en general. Sin embargo, la artista ha logrado trascender los territorios de la caricatura, sus limitaciones narrativas y ha apostado por composiciones mucho más complejas, con una capacidad de síntesis muy superior a la de una viñeta humorística. Las obras de Koak en cambio, a través de una simbología que la artista ha destilado en los últimos años para revelar complejidades sociales, preocupaciones personales, económicas, y emocionales, sobre desigualdades sistematizadas. Si Koak hace pinturas que parten del cómic, o cómics que trascienden a la pintura es irrelevante.

Las figuras que retrata son estilizadas, con líneas suaves y superficies inestables, a veces inconexas que se articulan en vértices tensos, uniendo segmentos temblorosos, o abultados. Algunas se distinguen claramente del fondo en ambientes más o menos reconocibles que apuntan la mayoría de las veces a un contexto doméstico. En ocasiones estos ambientes parten de un elemento determinado a priori, es decir, los papeles son teñidos con tintas de algún color suave. Los personajes que retrata miran directamente al visitante, mientras que en otros momentos, es el visitante el que irrumpe de manera silenciosa —quizá hasta imprudente— en un momento crítico para el problema en cuestión.

Las referencias visuales son claras e inmediatas, Aubrey Beardsley, Paul Cézanne, Mary Cassatt, Marius de Zayas: una sofisticación de la línea que se mueve a través del papel de manera casi orgásmica, los volúmenes se abren y se cierran, hay referencias a armonías geométricas a través de composiciones que parecieran venir de una intuición superdesarrollada. Las gradaciones de colores usualmente sutiles se saturan y difuminan con una virtuosidad que de inmediato remite a la maestría de los autores de principios del siglo veinte, cuya búsqueda entonces era muy distinta en todos los sentidos. Sin embargo, estas presencias no se convocan para leer la obra de la artista a través de estoicas miradas masculinas, sino quizá, de una forma mucho más operativa que obliga a la percepción asirse a algo conocido, mientras la mirada trata de metabolizar las cualidades estéticas, tan únicas, por medio de las que Koak traduce ideas muy claras dentro de escenarios que parecen abrumadoramente familiares.

La intimidad y los espacios de intimidad que Koak retrata son espacios que han sufrido vertiginosos cambios en las últimas décadas. Digamos que (en el mejor de los casos) hay una conciencia más elevada de las complejidades dentro de las políticas de la intimidad, específicamente en torno al reconocimiento del abuso, violencia y explotación de la mujer en el siglo XX y XXI. Ha cambiado no sólo el espacio sino también el cuerpo. El cuerpo post-humano que ahora se entiende como desmembrado, colonizado constantemente por nuevas y desconocidas entidades, contagiado, abusado y sometido, pero sobre todo, convertido en una máquina de acumulación. Koak retrata el cuerpo como una serie de superficies inestables, a veces inconexas, que se articulan en vértices tensos, uniendo segmentos temblorosos, o abultados, con superficies planas y elongadas. Lo que no significa que las condiciones hayan o sigan cambiando, y es entonces donde no sólo la obra, sino la manera en que la propia artista se posiciona con respecto a la obra cobran vital importancia. Koak no pretende la propiedad de estas escenas, sino un acompañamiento de estas figuras a través de la generosidad y la empatía, y sobre todo, a través del reclamo de territorio visual y la visibilidad de los cuerpos y los afectos.

Con algunas figuras ojerosas, madres amamantando, bebés girando en el aire, Koak logra conectar con el espectador en lugares profundos; la dificultad de la crianza, las limitaciones sociales y económicas en las que navegamos cotidianamente como madres, padres, hijos, trabajadores o profesionales. La obra de Koak recuerda la fragilidad de la piel y de los huesos en el vago recuerdo del diminuto cuerpo tratando de asirse en todo momento al cuerpo de la madre. En piezas como The Moon, Feed, o Walk in The Park, la figura de una madre acongojada, fumando un cigarrillo mientras amamanta a un niño casi de manera autómata, en medio de un espacio en donde la supervivencia parece más un lujo que un destino.

Se ha dicho que el dibujo, más específicamente, una colección de dibujos, puede funcionar como un “espacio terciario entre lo absolutamente privado —el estudio, pero también el diálogo cotidiano entre la mano, el cerebro y el papel— y lo enteramente público, donde ocurren estudios infinitos sobre el yo en relación al mundo”.[2] Seed for Planting [Semilla para plantar] ofrece la figura de la semilla, como un puente entre sus propias preocupaciones, con las resonancias que encuentra en su círculo más inmediato, y con lo que espera provocar en el visitante. Sugiere pensar en la materialidad de la semilla, en sus cualidades diminutas y resistentes, y en el potencial de su tecnología para convertirse en algo mucho más grande y productivo, en una entidad que funciona dentro de un sistema que ha alcanzado un nivel de reciprocidad. Por ejemplo, en Kill Your Darlings, y (My Baby Makes) Good Sculptures, Grace, Room of Her Own, y PhD, los personajes parecieran estar en una lucha interna con las actividades artísticas, y pensando en la posición del visitante, y haciendo que estas escenas se conviertan en una especie de dioramas en donde el problema puede ser percibido por el lenguaje corporal del personaje principal, así como también por los elementos contextuales.

La semilla es la traducción de este espacio terciario, considerado como un terreno especulativo donde la visualización o imaginación de este potencial es ya el primer paso adentrándose en él. Esta es una apuesta fundamental en referencia a la oscuridad de los tiempos en los que vivimos; en otras palabras, esto no se trata de Koak como ejecutora de la obra, ni de las interpretaciones que ésta pueda tener, sino de un modelo arte-céntrico que apuesta por la agencia y el poder de la obra de arte para poder seguir considerando el dibujo como un lugar inmaterial, al margen de toda contingencia, con la capacidad de conjurar una concepción más expandida de la relación entre trabajo, creación y vida.

Humberto Moro

[1] Carrigan, Margaret, “Koak’s Emotive Comics Illustrate Sexuality and Sickness”. The Observer, 02/06/18.

[2] Martínez, Chus. “No Feeling is Final” en I Am Nothing, de Rodrigo Hernández, Heidelberg Kunstverein, 2017. Traducción del autor.

http://www.waldengallery.com

Tags: , , , , ,

Earth Machines

Square Shape Faint Aroma

Electric Longings

Emerald, Sapphire and Gold