Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Transmutaciones & Uno sólo, eterno, que se repite

Andrés Layos & Sara Acuña

Sketch Bogotá, Colombia 04/21/2016 – 06/02/2016

Sketch_Andres Layos_05

Sketch_Andres Layos_19

Sketch_Sara Acuña_01

Trabajar alrededor de la muerte siempre será una tarea compleja. La diversidad de simbologías, tradiciones, acontecimientos y reacciones que hay en ella hacen que abordarla se convierta en un ejercicio delicado y profundo, que invite a la reflexión sin caer en sentimentalismos o lugares comunes.

La palabra transmutaciones no sucede por azar. En el trabajo de Andrés Layos la transformación de la materia adquiere un nuevo nivel, no sólo técnicamente, sino como medio para decirnos, a través del dibujo, que el cambio y la mutación es lo que mantiene en constante movimiento al hombre con el arte.

Los cuerpos que habitan y deshabitan este universo son personajes, quizás ficticios, que se dibujan y desdibujan como personas que transitan entre la mente y el cuerpo, entre la idea y la imagen. No es gratuito, entonces, las perforaciones, el vacío y la inclusión de piedras en grafito como elementos importantes dentro de la composición de los dibujos.

De esta manera se logra tejer un campo visual cuya narrativa está sostenida por las tensiones existentes entre vida y muerte, dibujo y objeto, materia e idea, presencia y ausencia. En esta exposición individual el artista nos muestra sin melancolía, un acontecimiento humano atravesado por la naturalidad y brutalidad de la muerte, expuesto en un terreno tan agreste como tranquilo.

Camilo Londoño Hernández


Si vagar fuera una costumbre, la estaríamos perdiendo. Con nuestros cuerpos y con nuestras mentes apenas si vislumbramos ya la promesa de otro lugar, y es otro lugar saturado de deudas. Para imaginarnos la costumbre de vagar tenemos que proyectarnos hacia los reinos de ultratumba, que no constan de lugares sino de trayectorias de vapores ectoplásmicos. Si nos imaginamos que los muertos acostumbran vagar con sus cuerpos intangibles es porque intuimos que moverse no es lo mismo que ir de un lugar a otro, y porque sabemos que vagar es lo mismo que no deber.

Pero bueno, si hay cada vez más y más muertos vagando por la superficie de la tierra, ¿por qué no se organizan y establecen una sociedad para la promoción de la vagancia como costumbre? Si lo hicieran, la mascota de la sociedad, que representaría simbólicamente la estrecha relación entre la vagancia y lo que nosotros llamamos “alegría”, sería de pronto un colibrí. Un colibrí simboliza la costumbre de vagar incorporada; un enjambre de colibríes simboliza una sociedad de cuerpos vagos. Porque su cuerpo no es aquello con lo que un colibrí vaga “de flor en flor”, sino que su cuerpo se reduce a la vagancia que va de una flor a otra.

Los dibujos de Sara Acuña parecen reencarnar la mirada aguda y la manualidad abnegada de un naturalista anónimo de antaño, pero sabemos que no hay manera de estudiar a ojo desnudo, ni de transcribir a mano alzada, el vuelo de un colibrí. De pronto son entonces, más bien, ejemplos de otro arte caduco, el de ilustrar las portadas de libros de ciencia ficción. Eso respondería a algunas preguntas, por ejemplo: ¿se trata de varios dibujos, cada uno de un colibrí, o es un solo dibujo de un escuadrón de colibríes? En todo caso, si lo que vemos es una imagen de nuestro cuerpo, social o antisocial, difunto o embriónico, es claro que es una imagen deslumbrante: lo que nos deslumbra es la posibilidad, o la necesidad, de una sociedad de detalles, de pálpitos y de trazos, que no es una organización de cuerpos que se reparten un lugar, sino el desorden de los cuerpos que reparten su paso de uno a otro lugar.

Tupac Cruz

http://sketchroom.co/

Textos de Camilo Londoño Hernández & Tupac Cruz
Cortesía de Sketch, Bogotá

Sketch_Andres Layos_05

Sketch_Andres Layos_19

Sketch_Sara Acuña_01

Trabajar alrededor de la muerte siempre será una tarea compleja. La diversidad de simbologías, tradiciones, acontecimientos y reacciones que hay en ella hacen que abordarla se convierta en un ejercicio delicado y profundo, que invite a la reflexión sin caer en sentimentalismos o lugares comunes.

La palabra transmutaciones no sucede por azar. En el trabajo de Andrés Layos la transformación de la materia adquiere un nuevo nivel, no sólo técnicamente, sino como medio para decirnos, a través del dibujo, que el cambio y la mutación es lo que mantiene en constante movimiento al hombre con el arte.

Los cuerpos que habitan y deshabitan este universo son personajes, quizás ficticios, que se dibujan y desdibujan como personas que transitan entre la mente y el cuerpo, entre la idea y la imagen. No es gratuito, entonces, las perforaciones, el vacío y la inclusión de piedras en grafito como elementos importantes dentro de la composición de los dibujos.

De esta manera se logra tejer un campo visual cuya narrativa está sostenida por las tensiones existentes entre vida y muerte, dibujo y objeto, materia e idea, presencia y ausencia. En esta exposición individual el artista nos muestra sin melancolía, un acontecimiento humano atravesado por la naturalidad y brutalidad de la muerte, expuesto en un terreno tan agreste como tranquilo.

Camilo Londoño Hernández


Si vagar fuera una costumbre, la estaríamos perdiendo. Con nuestros cuerpos y con nuestras mentes apenas si vislumbramos ya la promesa de otro lugar, y es otro lugar saturado de deudas. Para imaginarnos la costumbre de vagar tenemos que proyectarnos hacia los reinos de ultratumba, que no constan de lugares sino de trayectorias de vapores ectoplásmicos. Si nos imaginamos que los muertos acostumbran vagar con sus cuerpos intangibles es porque intuimos que moverse no es lo mismo que ir de un lugar a otro, y porque sabemos que vagar es lo mismo que no deber.

Pero bueno, si hay cada vez más y más muertos vagando por la superficie de la tierra, ¿por qué no se organizan y establecen una sociedad para la promoción de la vagancia como costumbre? Si lo hicieran, la mascota de la sociedad, que representaría simbólicamente la estrecha relación entre la vagancia y lo que nosotros llamamos “alegría”, sería de pronto un colibrí. Un colibrí simboliza la costumbre de vagar incorporada; un enjambre de colibríes simboliza una sociedad de cuerpos vagos. Porque su cuerpo no es aquello con lo que un colibrí vaga “de flor en flor”, sino que su cuerpo se reduce a la vagancia que va de una flor a otra.

Los dibujos de Sara Acuña parecen reencarnar la mirada aguda y la manualidad abnegada de un naturalista anónimo de antaño, pero sabemos que no hay manera de estudiar a ojo desnudo, ni de transcribir a mano alzada, el vuelo de un colibrí. De pronto son entonces, más bien, ejemplos de otro arte caduco, el de ilustrar las portadas de libros de ciencia ficción. Eso respondería a algunas preguntas, por ejemplo: ¿se trata de varios dibujos, cada uno de un colibrí, o es un solo dibujo de un escuadrón de colibríes? En todo caso, si lo que vemos es una imagen de nuestro cuerpo, social o antisocial, difunto o embriónico, es claro que es una imagen deslumbrante: lo que nos deslumbra es la posibilidad, o la necesidad, de una sociedad de detalles, de pálpitos y de trazos, que no es una organización de cuerpos que se reparten un lugar, sino el desorden de los cuerpos que reparten su paso de uno a otro lugar.

Tupac Cruz

http://sketchroom.co/

Textos de Camilo Londoño Hernández & Tupac Cruz
Cortesía de Sketch, Bogotá

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