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Su aspecto es criminal, su corazón divino

Eugenia Calvo, Susana Gamarra, Verónica Meloni, Elena Loson, Lucas Di Pascuale e Ivana Vollaro

MUNAR Buenos Aires, Argentina 09/01/2018 – 10/13/2018

HACHE and El Gran Vidrio. Su aspecto es criminal, su corazón divino. Munar, Buenos Aires, Argentina 2018. Photo by Ignacio Isparra.

HACHE and El Gran Vidrio. Su aspecto es criminal, su corazón divino. Munar, Buenos Aires, Argentina 2018. Photo by Ignacio Isparra.

HACHE and El Gran Vidrio. Su aspecto es criminal, su corazón divino. Munar, Buenos Aires, Argentina 2018. Photo by Ignacio Isparra.

Resting on the floor, hanging, or affixed to walls. Almost all lead gray. Some closer and some further from the referent. Wild and light weight. Firm and rickety. These works shake up writing. Some of them make use of the word, others of a materiality associated with printed records; some are even translations of the meaning of objects.

Elena Loson’s works are like double agents. Stones, blocks, and dark pages, her works—all of them graphite—are a splitting of drawing into both writing material and surface for printing. They tint everything they touch in gray. Susana Gamarra’s red lines are yielded by friction. With the pressure of her teeth, she enacts a salvage return to the primary act of writing as trace with minimal indicial distance. And in the summation of intensities, like in a pressure cooker, Verónica Meloni scratches and drives into the wall, writing in black ink and sickle, inventing an exaggerated graphism for a pressing time. Writing on signboard makes its way in*.

From signboard to poster, from poster to advertisement, Gamarra’s random photos and illustrations shake up mental connections. Like an oracle, her ideas come out by dint of repetition. Lucas Di Pascuale, meanwhile, utters a single precise statement. He does so, paradoxically, on tracing paper in an austere manual exercise. He names and projects an ethics forged with patience.

With the minimal resource of a circular poem on an endless path, Ivana Vollaro writes surfaces with lighthearted humor. She looks to a round figure to open the poem up to drawing and wall. Her signalings decorate limits, mock exclusivity and appearance. When she divides, she is joining the sides of a plane. The ropes tie up, hold back, separate, come loose, and braid— like Meloni’s poster light, which sets off a white noise, a presence.

The trace of a broom brushing across the floor, the movements of vague things. Eugenia Calvo fastens a mirror with metallic firmness. Though the reflections follow their course, she makes marks, defines surfaces and paths. Domestic choreographies, musical fables, her graphics design a daily rhythm.

Lucas Di Pascuale accumulates movement and time with a doggedness like the color black. Total drawing. And its opposite as well. Recursive strokes, pages riddled with layer upon layer of ballpoint-pen lines. And a minimum graphism that grows in the simplicity of a letter—is, perhaps, the line’s value as connector what drives that growth? Like Vollaro’s enlargement, what we find here is a generous concision of poetic marks.

A poem says “writing is about reinstituting the distance/between what we hoped for and what there is.”

[1] Tossed onto itself like a stone to the sun, each work here reinstitutes the measure of some distance.

Carla Barbero

http://artemunar.com.ar

HACHE y El Gran Vidrio. Su aspecto es criminal, su corazón divino. Munar, Buenos Aires, Argentina 2018. Fotografía: Ignacio Isparra.

HACHE y El Gran Vidrio. Su aspecto es criminal, su corazón divino. Munar, Buenos Aires, Argentina 2018. Fotografía: Ignacio Isparra.

HACHE y El Gran Vidrio. Su aspecto es criminal, su corazón divino. Munar, Buenos Aires, Argentina 2018. Fotografía: Ignacio Isparra.

Apoyadas en el piso, colgantes y sujetas a los muros. Casi todas de color plomo. Algunas más o menos distantes de sus referencias. Salvajes y leves. Firmes y endebles. Estas obras agitan la escritura, unas se valen de la palabra, otras de una materialidad asociada al registro impreso, e incluso hay algunas traducciones del sentido de los objetos.

Los trabajos de Elena Loson tienen la condición de doble agente. Piedras, bloques y páginas oscuras; sus piezas, todas de grafito, son un desdoblamiento del dibujo que se vuelve material de escritura y superficie de impresión al mismo tiempo. Todo lo que rozan lo tiñen de gris. De la fricción resultan las líneas rojas de Susana Gamarra, quien con la presión de sus dientes, recupera de un modo salvaje el acto primario de la escritura como huella, con una mínima distancia inicial. Y en la suma de intensidades, como una olla a presión, Verónica Meloni incrusta, escribe rajando la pared con tinta negra y hoz, inventa un grafismo exagerado para un tiempo urgente. La letra con cartel entra.

Del cartel al afiche, del afiche a la publicidad, las fotos e ilustraciones random de Gamarra agitan sus conexiones mentales, como un oráculo, sus ideas asoman a fuerza de repetición. En cambio, Lucas Di Pascuale lanza una sola sentencia precisa, y lo hace paradójicamente con un papel calado, un ejercicio manual austero. Así, nombra y proyecta una ética forjada con paciencia.

En la dirección del mínimo recurso, un poema circular sobre un recorrido sin fin, Ivana Vollaro escribe las superficies con ligero humor. Recurre a una figura redonda para abrir el poema hacia el dibujo y el muro. Sus señalamientos decoran los límites, parodian la exclusividad y la apariencia. Cuando divide, está uniendo los lados de un plano. Las sogas amarran, contienen, separan, se saltan y se trenzan. Como la luz del cartel de Meloni, que activa un ruido blanco, una presencia.

El sigilo de una escoba rozando el piso, los movimientos de las cosas vagas. Eugenia Calvo sujeta un espejo con firmeza metálica. Aunque los reflejos continúen su dirección, ella marca, define superficies y trayectos. Coreografías domésticas, fábulas musicales, sus gráficas diseñan un ritmo diario.

Lucas Di Pascuale insiste en acumular movimiento y tiempo, con una tenacidad parecida a la de color negro. El dibujo total. Y también su contraste. Trazos recursivos, papeles plagados de capas de birome. Y un mínimo grafismo que crece en la simpleza de una letra, quizás sea su valor conector lo que hace crecer el trazo. Como la ampliación de Vollaro, una síntesis generosa de sus marcas poéticas.

Un poema dice que escribir se trata de reponer la distancia / entre lo que esperábamos y lo que hay.

Cada obra repone aquí alguna lejanía. Arrojadas a lo propio, como piedras al sol.

[1] Eloísa Oliva, El año de los psicotrópicos. Ed. Neutrinos, 2017.

Carla Barbero

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