Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Desderretimiento de los hielos

Curaduría por Diego Maureira

Galería Metropolitana Santiago, Chile December 14, 2019 – January 5, 2020

Francisco Belarmino y Valentina Maldonado, Sin título (2019). Video instalación. Imagen cortesía del curador

Paula Coñoepan, Caducado (2019). Video instalación. Imagen cortesía del curador

Samuel Cortés, Fuego entre estrellas (2019). Video instalación. Imagen cortesía del curador

Desderretimiento: las imágenes son concretas

Una de las cosas más importantes que le sucedió al arte en el siglo XX fue que cuestiones paradójicas en apariencia encontraron puntos de cercanía, en algunos casos excesivamente verosímiles, que ponían en duda estructuras de pensamiento de larga data (el tiempo demostró que los artistas conceptuales fueron también concretos, y que los concretos, por su parte, también fueron realistas, performáticos, simbólicos, etcétera). Así nos volvemos a sentir hoy, pero todo viene demasiado de prisa y apenas podemos expresarlo en palabras. La tecnología nos arrastra a escenarios impensados: lo nuevo coincide con lo obsoleto, el pasado es un monstruo imborrable.

En las calles vuelven a sonar Los Prisioneros, Violeta Parra y Víctor Jara en medio de Estados de emergencia y toques de queda que parecen provenir de otro tiempo y espacio. Su sonido arrastra un peso y una historia invisible, su energía es de una ambigüedad temporal que aturde, al igual que los acontecimientos que hemos presenciado en Chile las últimas semanas. Primero, un pueblo sometido a un neocolonialismo rapaz se levanta contra las figuras simbólicas y materiales que lo oprimen. Luego, después de 30 años de una democracia pactada en dictadura, el gobierno de derecha del empresario Sebastián Piñera despliega las fuerzas de orden, policiales y militares, a lo largo de todo el país para reprimir al movimiento social. En paralelo, la televisión se alinea con el Estado y los poderes económicos para designar como vandalismo la lucha legítima de la ciudadanía. Pero la magnitud de los hechos escapa a toda contención. Los instrumentos del flujo mercantil ofrecidos a los usuarios para la aceleración del consumo a nivel comunicacional (instrumentos e interfaces utilizadas para disuadir y alienar a los eternos esclavos de la pantalla) se transforman en un arma más veloz que las balas. Ahora más que nunca las imágenes son concretas. A la fecha, la presión ha removido las estructuras del sistema político chileno que tiene como piedra angular la Constitución de 1980 (ratificada fraudulentamente por el régimen militar), pero aún queda un largo camino por recorrer: estamos agitando y volviendo visible y palpable las penurias del capitalismo en el tercer mundo.

Desderretimiento de los hielos es una exposición en Galería Metropolitana que debió inaugurar originalmente el 30 de octubre de 2019. Hoy, 14 de diciembre del mismo año, el país ha cambiado bastante. La exposición se da en el marco del Foro de las Artes de la Universidad de Chile y en ella participan cinco artistas: Samuel Cortés, Paula Coñoepan, Valentina Maldonado y Francisco Belarmino. El proyecto inicial ponía énfasis en dos temas que caracterizan nuestro presente: la interconexión global y la crisis planetaria del medio ambiente. Si bien en términos éticos y políticos son temas que interpelan a cada individuo como parte de un todo, Desderretimiento de los hielos no buscaba la adaptación a mensajes morales específicos sino que se enfocaba en las posibilidades estéticas y conceptuales que estos tópicos ofrecen en su diálogo la unión de dos esferas en apariencia separadas. No cabe duda que estos temas seguirán siendo atingentes, debido al daño persistente que ha producido la sociedad industrial en el planeta, sin embargo los hechos ocurridos en Chile, al igual que los últimos levantamientos y crisis políticas que se suceden paralelamente en diferentes puntos del globo, vienen a confirmar una herida que sangra en innumerables niveles.     

El quiebre político sucedido en Chile dio un nuevo giro a la exposición. Las obras sufrieron variaciones y las metáforas que se conservan ahora dan pie a nuevas lecturas. El sentido original de la muestra parte de ideas abordadas tanto por Zygmunt Bauman como por Jean Baudrillard a la hora de pensar la modernidad. Ambos suelen asociar los cambios ocurridos en este periodo, tanto material como intelectualmente, a un proceso de licuefacción que explica la compresión tan aceptada hoy en día acerca de nuestra realidad contemporánea, entendida como una realidad “en flujo” (es decir, se asume que no hay Dios, nada es permanente, constante, estático, etcétera). La modernidad nace como una autorrevisión y un autocuestionamiento y desde ese punto desbarata todo principio de incondicionalidad. Jean-François Lyotard afirma justamente que el posmodernismo “no es el fin del modernismo sino su estado naciente, y este estado es constante”. En este sentido, el modelo económico que mejor se adapta a su norma es el neoliberal, y es por esto que tras la caída del muro, hace exactamente 30 años, el bloque político socialista comienza a derretirse junto a los últimos resquicios de estatismo económico.   

El cruce entre una sociedad de la información y los estragos medioambientales provocados por un sistema económico-político miope y aceleracionista es sintetizado como metáfora en el título de la exposición. Los hielos se derriten por el exceso de gas de efecto invernadero en la atmósfera y sin embargo su reversión o retroceso, planteado como un desderretimiento, es una figura propia del lenguaje cinematográfico. Cabe dentro del orden de la máquina y no de la naturaleza física y biológica. Mientras nuestra condición humana, animal y molecular es irreversible, el espectro de posibilidades de la máquina no tiene límites claros: estos superan nuestra capacidad de memoria y su continua interpretación y activación, por tanto, escapan en buena medida a nuestro entendimiento. Actualmente lo real alcanza sus niveles más altos de inscripción y a su vez despierta la imaginación del plano digital en posibilidades abismantes, incuantificables o apropiables. La pesadilla de Baudrillard: la suplantación absoluta del mundo real, la completa disociación como si del universo de la Matrix se tratara. Pero las transformaciones a las cuales asistimos forman parte de una cadena más grande y compleja, mucho más cercana a la “complementación humana” que a un régimen aún antropocéntrico de simbiosis entre el humano y la máquina. Martin Hilbert lo explica de la siguiente manera:

Existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia. 

Para Bauman, la lógica y enfoque del capitalismo del siglo XX se caracteriza por tender a la instantaneidad, el flujo, la transformación o licuefacción. Tras la caída y fin del bloque socialista, los hielos se derriten en un estado general y continuo postcapitalista. Hoy, como afirma Bauman, “el poder puede moverse con la velocidad de la señal electrónica; así, el tiempo requerido para el movimiento de sus ingredientes esenciales se ha reducido a la instantaneidad”. La única gran regla para los poderes globales es la impostergable exacerbación del flujo; toda estrategia política y militar estará enfocada en impedir la autonomía económica y la instauración de órdenes que entorpezcan el liberalismo económico en todos sus niveles. ¿Cómo sobrevivir entonces al capitalismo? Las condiciones materiales del presente no ofrecen retorno. El arma en los nuevos tiempos de la lucha de poder es una y la misma: ya no existen las distancias, como afirma Bauman, estas alcanzaron su límite natural, por tanto, toda cohesión debe ir un paso adelante respecto a los instrumentos de vigilancia y desarticulación que genera y generará el poder en su afán de preservación. 

Los hielos se derriten pero en la pantalla la naturaleza de las moléculas de agua es variable. Este desapego a las leyes de la naturaleza física es el desapego histórico al que ha sido abandonado el pensamiento humano. Si la ciencia es capaz de descifrar lo que se halla oculto en nuestro contacto primario con el mundo (el estrato sensible del mundo), y a partir de ello suministra las herramientas que garantizan una supremacía temporal sobre lo adverso, el borde que resta, el de la imaginación, es un borde expansivo, directamente proporcional a la capacidad de inscripción, almacenamiento e interacción que caracteriza a nuestro tiempo. La modernidad ha dado al arte un poder desconocido. Mientras los medios tecnológicos son reemplazados progresivamente la historia se acopla aunque bajo otros niveles de desarrollo técnico siempre lo ha hecho. Como especie necesitamos información la mayor parte del tiempo. El valor y lugar del arte depende en buena medida de esta condición.  

Una cosa es clara: mientras podamos hacer que lo real exista, registraremos. La ausencia de medios para atestiguar la violencia propia de la década de los 70 y 80 es reemplazada hoy por el masivo uso de dispositivos celulares que permiten grabar y fotografiar lo que sucede en las calles. A esto debemos sumar un nuevo elemento: la información se comparte, en algunos casos en tiempo real, y circula en redes y plataformas comunicacionales. Pasamos de la escasez al exceso. De la ausencia de datos a la masiva actualización del presente. Los hechos criminales que han ocurrido en Chile son golpes imborrables, porque los hemos visto de forma explícita. Nos han cegado, violado, torturado, asesinado, pero la misma pulsión de muerte que el Estado promueve reafirma las causas directas del problema. Chile, experimento neoliberal, es ahora la verdadera evidencia de la estructura de un modelo de colonialismo económico planetario. El experimento siempre fue violencia y carne. 

—Texto y curaduría por Diego Maureira

Artistas

Samuel Cortés, Paula Coñoepan, Valentina Maldonado, Francisco Belarmino.

http://galeriametropolitana.org

Francisco Belarmino y Valentina Maldonado, Sin título (2019). Video instalación. Imagen cortesía del curador

Paula Coñoepan, Caducado (2019). Video instalación. Imagen cortesía del curador

Samuel Cortés, Fuego entre estrellas (2019). Video instalación. Imagen cortesía del curador

Desderretimiento: las imágenes son concretas

Una de las cosas más importantes que le sucedió al arte en el siglo XX fue que cuestiones paradójicas en apariencia encontraron puntos de cercanía, en algunos casos excesivamente verosímiles, que ponían en duda estructuras de pensamiento de larga data (el tiempo demostró que los artistas conceptuales fueron también concretos, y que los concretos, por su parte, también fueron realistas, performáticos, simbólicos, etcétera). Así nos volvemos a sentir hoy, pero todo viene demasiado de prisa y apenas podemos expresarlo en palabras. La tecnología nos arrastra a escenarios impensados: lo nuevo coincide con lo obsoleto, el pasado es un monstruo imborrable.

En las calles vuelven a sonar Los Prisioneros, Violeta Parra y Víctor Jara en medio de Estados de emergencia y toques de queda que parecen provenir de otro tiempo y espacio. Su sonido arrastra un peso y una historia invisible, su energía es de una ambigüedad temporal que aturde, al igual que los acontecimientos que hemos presenciado en Chile las últimas semanas. Primero, un pueblo sometido a un neocolonialismo rapaz se levanta contra las figuras simbólicas y materiales que lo oprimen. Luego, después de 30 años de una democracia pactada en dictadura, el gobierno de derecha del empresario Sebastián Piñera despliega las fuerzas de orden, policiales y militares, a lo largo de todo el país para reprimir al movimiento social. En paralelo, la televisión se alinea con el Estado y los poderes económicos para designar como vandalismo la lucha legítima de la ciudadanía. Pero la magnitud de los hechos escapa a toda contención. Los instrumentos del flujo mercantil ofrecidos a los usuarios para la aceleración del consumo a nivel comunicacional (instrumentos e interfaces utilizadas para disuadir y alienar a los eternos esclavos de la pantalla) se transforman en un arma más veloz que las balas. Ahora más que nunca las imágenes son concretas. A la fecha, la presión ha removido las estructuras del sistema político chileno que tiene como piedra angular la Constitución de 1980 (ratificada fraudulentamente por el régimen militar), pero aún queda un largo camino por recorrer: estamos agitando y volviendo visible y palpable las penurias del capitalismo en el tercer mundo.

Desderretimiento de los hielos es una exposición en Galería Metropolitana que debió inaugurar originalmente el 30 de octubre de 2019. Hoy, 14 de diciembre del mismo año, el país ha cambiado bastante. La exposición se da en el marco del Foro de las Artes de la Universidad de Chile y en ella participan cinco artistas: Samuel Cortés, Paula Coñoepan, Valentina Maldonado y Francisco Belarmino. El proyecto inicial ponía énfasis en dos temas que caracterizan nuestro presente: la interconexión global y la crisis planetaria del medio ambiente. Si bien en términos éticos y políticos son temas que interpelan a cada individuo como parte de un todo, Desderretimiento de los hielos no buscaba la adaptación a mensajes morales específicos sino que se enfocaba en las posibilidades estéticas y conceptuales que estos tópicos ofrecen en su diálogo —la unión de dos esferas en apariencia separadas. No cabe duda que estos temas seguirán siendo atingentes, debido al daño persistente que ha producido la sociedad industrial en el planeta, sin embargo los hechos ocurridos en Chile, al igual que los últimos levantamientos y crisis políticas que se suceden paralelamente en diferentes puntos del globo, vienen a confirmar una herida que sangra en innumerables niveles.

El quiebre político sucedido en Chile dio un nuevo giro a la exposición. Las obras sufrieron variaciones y las metáforas que se conservan ahora dan pie a nuevas lecturas. El sentido original de la muestra parte de ideas abordadas tanto por Zygmunt Bauman como por Jean Baudrillard a la hora de pensar la modernidad. Ambos suelen asociar los cambios ocurridos en este periodo, tanto material como intelectualmente, a un proceso de licuefacción que explica la compresión —tan aceptada hoy en día— acerca de nuestra realidad contemporánea, entendida como una realidad “en flujo” (es decir, se asume que no hay Dios, nada es permanente, constante, estático, etcétera). La modernidad nace como una autorrevisión y un autocuestionamiento y desde ese punto desbarata todo principio de incondicionalidad. Jean-François Lyotard afirma justamente que el posmodernismo “no es el fin del modernismo sino su estado naciente, y este estado es constante”. En este sentido, el modelo económico que mejor se adapta a su norma es el neoliberal, y es por esto que tras la caída del muro, hace exactamente 30 años, el bloque político socialista comienza a derretirse junto a los últimos resquicios de estatismo económico.

El cruce entre una sociedad de la información y los estragos medioambientales provocados por un sistema económico-político miope y aceleracionista es sintetizado como metáfora en el título de la exposición. Los hielos se derriten por el exceso de gas de efecto invernadero en la atmósfera y sin embargo su reversión o retroceso, planteado como un desderretimiento, es una figura propia del lenguaje cinematográfico. Cabe dentro del orden de la máquina y no de la naturaleza física y biológica. Mientras nuestra condición humana, animal y molecular es irreversible, el espectro de posibilidades de la máquina no tiene límites claros: estos superan nuestra capacidad de memoria y su continua interpretación y activación, por tanto, escapan en buena medida a nuestro entendimiento. Actualmente lo real alcanza sus niveles más altos de inscripción y a su vez despierta la imaginación del plano digital en posibilidades abismantes, incuantificables o apropiables. La pesadilla de Baudrillard: la suplantación absoluta del mundo real, la completa disociación como si del universo de la Matrix se tratara. Pero las transformaciones a las cuales asistimos forman parte de una cadena más grande y compleja, mucho más cercana a la “complementación humana” que a un régimen aún antropocéntrico de simbiosis entre el humano y la máquina. Martin Hilbert lo explica de la siguiente manera:

Existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia.

Para Bauman, la lógica y enfoque del capitalismo del siglo XX se caracteriza por tender a la instantaneidad, el flujo, la transformación o licuefacción. Tras la caída y fin del bloque socialista, los hielos se derriten en un estado general y continuo postcapitalista. Hoy, como afirma Bauman, “el poder puede moverse con la velocidad de la señal electrónica; así, el tiempo requerido para el movimiento de sus ingredientes esenciales se ha reducido a la instantaneidad”. La única gran regla para los poderes globales es la impostergable exacerbación del flujo; toda estrategia política y militar estará enfocada en impedir la autonomía económica y la instauración de órdenes que entorpezcan el liberalismo económico en todos sus niveles. ¿Cómo sobrevivir entonces al capitalismo? Las condiciones materiales del presente no ofrecen retorno. El arma en los nuevos tiempos de la lucha de poder es una y la misma: ya no existen las distancias, como afirma Bauman, estas alcanzaron su límite natural, por tanto, toda cohesión debe ir un paso adelante respecto a los instrumentos de vigilancia y desarticulación que genera y generará el poder en su afán de preservación.

Los hielos se derriten pero en la pantalla la naturaleza de las moléculas de agua es variable. Este desapego a las leyes de la naturaleza física es el desapego histórico al que ha sido abandonado el pensamiento humano. Si la ciencia es capaz de descifrar lo que se halla oculto en nuestro contacto primario con el mundo (el estrato sensible del mundo), y a partir de ello suministra las herramientas que garantizan una supremacía temporal sobre lo adverso, el borde que resta, el de la imaginación, es un borde expansivo, directamente proporcional a la capacidad de inscripción, almacenamiento e interacción que caracteriza a nuestro tiempo. La modernidad ha dado al arte un poder desconocido. Mientras los medios tecnológicos son reemplazados progresivamente la historia se acopla —aunque bajo otros niveles de desarrollo técnico siempre lo ha hecho. Como especie necesitamos información la mayor parte del tiempo. El valor y lugar del arte depende en buena medida de esta condición.

Una cosa es clara: mientras podamos hacer que lo real exista, registraremos. La ausencia de medios para atestiguar la violencia propia de la década de los 70 y 80 es reemplazada hoy por el masivo uso de dispositivos celulares que permiten grabar y fotografiar lo que sucede en las calles. A esto debemos sumar un nuevo elemento: la información se comparte, en algunos casos en tiempo real, y circula en redes y plataformas comunicacionales. Pasamos de la escasez al exceso. De la ausencia de datos a la masiva actualización del presente. Los hechos criminales que han ocurrido en Chile son golpes imborrables, porque los hemos visto de forma explícita. Nos han cegado, violado, torturado, asesinado, pero la misma pulsión de muerte que el Estado promueve reafirma las causas directas del problema. Chile, experimento neoliberal, es ahora la verdadera evidencia de la estructura de un modelo de colonialismo económico planetario. El experimento siempre fue violencia y carne.

—Texto y curaduría por Diego Maureira

Artistas

Samuel Cortés, Paula Coñoepan, Valentina Maldonado, Francisco Belarmino.

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