Vicente Prieto Gaggero presenta "Todo lo que puede un cuerpo" en Matucana 100, Chile

Curaduría por One Moment Art Santiago, Chile 30 septiembre, 2020 - 18 octubre, 2020

Chile
2020.11.14
Tiempo de lectura: 2 minutos

El trabajo de Vicente Prieto nos presenta es un cuerpo solitario y sin rostro, o al menos sin una mirada que se dirija a abiertamente a nosotros. Un cuerpo que parece estar más próximo a la carne que a la vida, si es cierto que la carne no es otra cosa que un cuerpo despojado de interioridad, psicología o carácter. Es como si Prieto usara su cuerpo como pura superficie, como puro soporte, para someterlo a las torsiones de la naturaleza, y no para imprimir en él la marca registrada de alguna identidad. Gracias a esa versatilidad, el cuerpo puede volverse pesado como una materia inerte, adhesivo como un molusco, inestable como una pluma o flotante como un mosquito.

Esa plasticidad tiene lugar porque Prieto usa los materiales como metáforas de aquello que está más próximo al origen (el agua) o al final de la existencia (el barro), haciendo que el cuerpo se convierta él mismo en un obstáculo para la emergencia de una biografía o una historia. Lo mismo ocurre con los diversos regímenes formales que utiliza (fotografía y video; close up o plano cenital); recursos que más que introducir una narratividad, están allí como testigos mudos y silenciosos de un cuerpo que se arma y desarma.

La práctica del body art ha tendido a usar el cuerpo como medio para afirmar una identidad o recuperar sus imágenes perdidas. En esta exposición, Prieto esculpe y descompone su cuerpo, lo endurece y lo ablanda, como si fuera el mismo una materia tan moldeable e indócil como el agua o el barro, un cuerpo siempre por venir, siempre por morir.

—Texto por Paz López

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El trabajo de Vicente Prieto nos presenta es un cuerpo solitario y sin rostro, o al menos sin una mirada que se dirija a abiertamente a nosotros. Un cuerpo que parece estar más próximo a la carne que a la vida, si es cierto que la carne no es otra cosa que un cuerpo despojado de interioridad, psicología o carácter. Es como si Prieto usara su cuerpo como pura superficie, como puro soporte, para someterlo a las torsiones de la naturaleza, y no para imprimir en él la marca registrada de alguna identidad. Gracias a esa versatilidad, el cuerpo puede volverse pesado como una materia inerte, adhesivo como un molusco, inestable como una pluma o flotante como un mosquito.

Esa plasticidad tiene lugar porque Prieto usa los materiales como metáforas de aquello que está más próximo al origen (el agua) o al final de la existencia (el barro), haciendo que el cuerpo se convierta él mismo en un obstáculo para la emergencia de una biografía o una historia. Lo mismo ocurre con los diversos regímenes formales que utiliza (fotografía y video; close up o plano cenital); recursos que más que introducir una narratividad, están allí como testigos mudos y silenciosos de un cuerpo que se arma y desarma.

La práctica del body art ha tendido a usar el cuerpo como medio para afirmar una identidad o recuperar sus imágenes perdidas. En esta exposición, Prieto esculpe y descompone su cuerpo, lo endurece y lo ablanda, como si fuera el mismo una materia tan moldeable e indócil como el agua o el barro, un cuerpo siempre por venir, siempre por morir.

—Texto por Paz López