Nos Vemos, San José, Costa Rica February 1, 2018 - April 1, 2018
El espectáculo tardoindustrial ha subvertido todas las normas y todos los ordenes de nuestra realidad social, desde el concepto de poder o de democracia hasta la nuestra relación íntima con nuestro cuerpo.
Eduardo Subirats, Culturas Virtuales. [1]
¿Cómo repensar nuestra relación política con el nuestro contexto social y nuestro cuerpo? ¿Cómo interpelarnos sobre nuestra participación en lo que se podría llamar una especie de ciudadanía responsable y activa?
Si bien las respuestas a esas interrogantes pueden ser elaboradas desde lugares y configuraciones muy diversas, nos interesa cómo la obra de la artista argentina Gala Berger, en su exhibición titulada No tengo fuerzas para rendirme, puede funcionar como una articulación discursiva que parte de esos interrogantes para reflexionar sobre el cruce de los vectores poder, democracia y corporalidad con el de realidad social; desde una perspectiva contundentemente crítica y visual.
La lectura de esta obra enlaza las inquietudes discursivas y políticas de la artista con las palabras supracitadas de Eduardo Subirats, las cuales refieren, en un sentido más amplio, a una cultura contemporánea en la que el desarrollo industrial y tecnológico, y la entrega al diseño totalizante de las condiciones de producción de vida y la omnipresencia de la imagen electrónica nos han llevado a un “diseño virtual del espectáculo de la realidad”. Es decir, “un diseño de la existencia” individual como “una variable de una performance previamente diseñada” de la vida, pero también como expectación pasiva de una “realidad sentida” simultáneamente “como propia y ajena, y como fascinante y terrible”[2]. Subirats habla de un proceso de empobrecimiento de la experiencia humana, acerca de una especie de desrealización del sujeto como resultado de la sociedad capitalista y sus procesos de producción, de la acción de un poder enlazado con lo mediático que reconfigura y controla las formas de percibir lo real y los modos de interacción comunicativa en el ámbito social.
La desrealización del sujeto y de la sociedad (o de su alienación), el empobrecimiento de la experiencia y la desigualdad en tanto condiciones estructurales del capitalismo, y la representación crítica de los poderes públicos ejercidos desde una entidad jurídica como el Estado, son algunos de los ejes de las obras de Berger. La artista crea narrativas visuales complejas, alucinantes y frenéticas alrededor del diseño y la performatividad de personajes basados en las investiduras o cargos de las carteras ministeriales de Costa Rica. Ella explica cómo su interés por la crítica a la institucionalidad le permitió reimaginar y señalar la artificialidad a la que recurre el poder para manifestarse en arquetipos de jerarquía y supuesta gestión de la democracia. Berger elabora figuras ambiguas, reminiscencias de los retratos políticos normativos, pero que dan cuenta de la realidad como un simulacro aceptado a partir de una nueva naturaleza híbrida y tecnificada. En ese sentido, la artista se apropia de herramientas de la animación 3D como renders que vinculan modelos de lo humano, lo animal y lo objetual en un espacio que enfatiza lo indefinido y lo virtual. El resultado de todo esto es una experiencia visual que nos desplaza pendularmente entre lo temible y lo fascinante.
El espectáculo tardoindustrial ha subvertido todas las normas y todos los ordenes de nuestra realidad social, desde el concepto de poder o de democracia hasta la nuestra relación íntima con nuestro cuerpo.
Eduardo Subirats, Culturas Virtuales. [1]
¿Cómo repensar nuestra relación política con el nuestro contexto social y nuestro cuerpo? ¿Cómo interpelarnos sobre nuestra participación en lo que se podría llamar una especie de ciudadanía responsable y activa?
Si bien las respuestas a esas interrogantes pueden ser elaboradas desde lugares y configuraciones muy diversas, nos interesa cómo la obra de la artista argentina Gala Berger, en su exhibición titulada No tengo fuerzas para rendirme, puede funcionar como una articulación discursiva que parte de esos interrogantes para reflexionar sobre el cruce de los vectores poder, democracia y corporalidad con el de realidad social; desde una perspectiva contundentemente crítica y visual.
La lectura de esta obra enlaza las inquietudes discursivas y políticas de la artista con las palabras supracitadas de Eduardo Subirats, las cuales refieren, en un sentido más amplio, a una cultura contemporánea en la que el desarrollo industrial y tecnológico, y la entrega al diseño totalizante de las condiciones de producción de vida y la omnipresencia de la imagen electrónica nos han llevado a un “diseño virtual del espectáculo de la realidad”. Es decir, “un diseño de la existencia” individual como “una variable de una performance previamente diseñada” de la vida, pero también como expectación pasiva de una “realidad sentida” simultáneamente “como propia y ajena, y como fascinante y terrible”[2]. Subirats habla de un proceso de empobrecimiento de la experiencia humana, acerca de una especie de desrealización del sujeto como resultado de la sociedad capitalista y sus procesos de producción, de la acción de un poder enlazado con lo mediático que reconfigura y controla las formas de percibir lo real y los modos de interacción comunicativa en el ámbito social.
La desrealización del sujeto y de la sociedad (o de su alienación), el empobrecimiento de la experiencia y la desigualdad en tanto condiciones estructurales del capitalismo, y la representación crítica de los poderes públicos ejercidos desde una entidad jurídica como el Estado, son algunos de los ejes de las obras de Berger. La artista crea narrativas visuales complejas, alucinantes y frenéticas alrededor del diseño y la performatividad de personajes basados en las investiduras o cargos de las carteras ministeriales de Costa Rica. Ella explica cómo su interés por la crítica a la institucionalidad le permitió reimaginar y señalar la artificialidad a la que recurre el poder para manifestarse en arquetipos de jerarquía y supuesta gestión de la democracia. Berger elabora figuras ambiguas, reminiscencias de los retratos políticos normativos, pero que dan cuenta de la realidad como un simulacro aceptado a partir de una nueva naturaleza híbrida y tecnificada. En ese sentido, la artista se apropia de herramientas de la animación 3D como renders que vinculan modelos de lo humano, lo animal y lo objetual en un espacio que enfatiza lo indefinido y lo virtual. El resultado de todo esto es una experiencia visual que nos desplaza pendularmente entre lo temible y lo fascinante.