Caer en tierra anfibia sitúa al agua como materia, metáfora y campo de disputa. Las crisis socioambientales que atraviesan a algunos territorios latinoamericanos son el resultado sostenido de economías extractivas y lógicas coloniales que han administrado la escasez, desplazado comunidades y redefinido qué cuerpos pueden acceder, habitar o sobrevivir en el agua. Frente a ello, han emergido memorias ancestrales, formas de resistencia basadas en lo colectivo y otras formas de cuidado e imaginación política.
En este marco, las prácticas artísticas y narrativas se posicionan como dispositivos críticos para imaginar futuros posibles para las aguas. Por ello, la residencia propone pensarlas como un flujo que toma cuerpo entre lagos, ríos, mares y acuíferos, pero también como un sistema atravesado por infraestructuras, economías y violencias. Uno de esos cuerpos es el río Magdalena, en Colombia: escenario de colonización, conflictos recientes y, sobre todo, una fuente inagotable de vida. En Mompox —puerto histórico en la región Caribe— perviven saberes que enseñan a cuidar, construir y habitar un mundo.
El mundo anfibio de la depresión momposina, en el corazón del Caribe colombiano, nos permite pensar el agua desde un territorio donde existe una relación —tensa y fértil a la vez— entre agua y tierra. En este espacio liminal prosperan saberes que enseñan otras formas de hacer y estar, en un territorio hecho de agua.
El proyecto busca aprender de los oficios y conocimientos situados en esta región, reconociendo al río y a lxs sabedorxs locales como guías y agentes políticos y epistemológicos fundamentales. Cada artista desarrollará su práctica a partir de una experiencia encarnada en esta tierra anfibia, donde el propio territorio funciona como maestrx: unx agente vivx que desafía, interpela y transforma a quienes lo recorren.