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MIRA Art Fair: contar América Latina desde París
Veronica Guerrero
Latinoamérica
2026.01.06
Tiempo de lectura: 11 minutos

¿Puede una feria de arte latinoamericano en París escapar al exotismo sin renunciar al mercado?Desde la Maison de l’Amérique Latine, MIRA Art Fair se mueve entre la traducción cultural, la memoria colonial y la necesidad de construir un mercado que no repita viejas jerarquías. En esta conversación con Manuela Rayo, fundadora de la feria, hablamos de identidad como campo de disputa, de la autenticidad como estrategia política y del riesgo —siempre latente— de convertir lo latinoamericano en una etiqueta más. Una entrevista sobre narrarnos desde adentro, incomodar al centro y sostener un proyecto transcontinental sin concesiones.

En noviembre de 2025, la Maison de l’Amérique Latine en París acogió la segunda edición de MIRA Art Fair, una feria dedicada exclusivamente al arte latinoamericano. Fundada por la curadora y gestora Manuela Rayo, MIRA aspira a “colocar la región latinoamericana en el corazón de la escena artística europea”.

La existencia de MIRA confirma que el arte latinoamericano ha alcanzado un valor simbólico y económico dentro del circuito europeo. MIRA se mueve entre el gesto emancipador de afirmarse desde la identidad y el riesgo de volverse una etiqueta más en el catálogo del mercado global. Conversamos con Rayo sobre estas tensiones, los desafíos de liderar un proyecto transcontinental y la necesidad de construir un puente cultural que no reproduzca los viejos desequilibrios de poder.

Verónica [V]: Fundar una feria dedicada al arte latinoamericano en París implica una operación de traducción cultural. ¿Desde qué lugar se traduce América Latina para el público europeo?

Manuela Rayo [MR]: Inevitablemente —aunque no me guste admitirlo—, América Latina sigue viéndose desde Europa con un halo de exotismo: ese lugar donde siempre hace calor y la fiesta nunca termina. Mostrar nuestra escena artística permite acercar esa imagen, desdibujar clichés y revelar matices. Me gusta pensar en esta relación como la de nuestras lenguas: el español o el portugués frente al francés. Son parecidas, casi hermanas, pero nunca idénticas. Esa pequeña distancia es donde surge lo interesante: el diálogo y el interés.

V: Las ferias de arte son, en esencia, dispositivos comerciales, sin embargo, mostrar arte latinoamericano en París inevitablemente conlleva preguntarnos por una historia colonial. ¿Cómo concilia MIRA la necesidad de generar mercado con la posibilidad de sostener un discurso crítico sobre colonialidad, desigualdad o extractivismo cultural?

MR: Para mí, una cosa no excluye la otra. MIRA nace con un objetivo doble: construir un puente cultural entre América Latina y Europa, y generar un mercado sólido para nuestros artistas. Ambas misiones son igual de importantes. Ser conscientes de nuestro pasado colonial, desigual y complejo es lo que nos da identidad y legitimidad. No se trata de negar la herida, sino de transformarla en discurso y estética propia. Creo profundamente que la autenticidad vende: cuando hablamos desde lo que nos duele o incomoda, el resultado tiene fuerza y verdad. Si a eso le sumas un buen discurso, comunicación clara y un equipo incansable, ahí está la fórmula.

V: ​​Una crítica frecuente al “boom” del arte latinoamericano es que las instituciones del norte global lo exhiben sin cambiar las condiciones de producción, distribución o valoración. ¿Cómo se vincula MIRA con los contextos latinoamericanos y los países de origen de sus expositores y artistas?

MR: MIRA tiene una ventaja fundamental: somos latinoamericanas contando nuestra propia historia. Nuestro equipo —colombianas, mexicanas, uruguayas, argentinas— toma todas las decisiones curatoriales. Trabajamos con colaboradores franceses, sí, pero las decisiones nacen desde una mirada latinoamericana. Eso cambia todo. No es lo mismo ser observadxs desde afuera que narrarnos desde adentro. Esa mirada aporta legitimidad, empatía y conocimiento real de los contextos. Cada artista, cada galería y cada performance se selecciona con respeto y con una responsabilidad enorme: mostrar la diversidad y la potencia de nuestras voces sin simplificarlas.

Todavía estamos limitadas por los recursos, pero cada edición es un paso más hacia una representación más amplia y justa. Y este proceso no sería posible sin personas clave como Noelia Portela, que ha tenido un papel fundamental en la construcción de esta visión.

V: ¿Cómo se evita que MIRA funcione como un “nicho identitario” dentro del mercado del arte europeo, es decir, un espacio donde lo latinoamericano se consume únicamente como categoría estética? 

MR: Es una pregunta que me hago constantemente. No quiero que MIRA sea “la feria de lo exótico”, sino la feria de la calidad, del pensamiento y del riesgo —que además resulta ser latinoamericana.

Al mismo tiempo, hay que reconocerlo: sí, somos un nicho, y estamos orgullosas de ello. En Francia, las escenas africana, asiática o de Medio Oriente tienen plataformas muy sólidas; la latinoamericana, en cambio, sigue subrepresentada. Muy pocas galerías en Europa trabajan con artistas de la región. Esa falta de visibilidad justifica la existencia de MIRA. 

Cada año trabajamos para construir una narrativa que celebre nuestras identidades, mostrando una América Latina diversa, compleja y contemporánea, donde la identidad no sea un estereotipo sino un punto de partida.

V: América Latina no es una región homogénea. ¿Cómo se define, desde París, qué entra y qué queda fuera de la categoría “arte latinoamericano”? ¿Cuáles áreas de América Latina sienten que están subrepresentadas aún? ¿Por qué cree que sucede esto? 

MR: Esa diversidad es lo que hace tan fascinante a América Latina. Compartimos raíces y una historia marcada por la colonización, pero no todos los países están representados de la misma forma. Las economías más fuertes, como México o Brasil, tienen presencia consolidada, mientras que otros contextos —como Cuba, Perú o Paraguay— siguen siendo menos visibles.

Sin embargo, el talento y la potencia creativa existen en todas partes. En nuestra primera edición, por ejemplo, Cuba tuvo una representación increíble de artistas y curadorxs. Creo que nuestro deber es seguir ampliando el mapa, mostrar lo que se ve y lo que todavía no se ve. Nada debería quedar fuera.

V: ¿Cuáles son los principales desafíos con los que te has encontrado al liderar un proyecto que pone en valor el arte latinoamericano? ¿Qué podemos esperar para el futuro de la feria?

MR: ¡Todos! (risas). París es una ciudad maravillosa, pero también un mercado saturado y competitivo, con una estructura cultural muy distinta a la nuestra. Traer proyectos desde América Latina implica una logística compleja, recursos limitados y mucha perseverancia.

Pero esos desafíos también son oportunidades: en un contexto tan exigente, solo lo verdaderamente distinto y auténtico logra destacar. MIRA sigue creciendo. Cada edición es más sólida y ambiciosa, más cercana a su sueño inicial: construir un espacio que no solo muestre arte latinoamericano, sino que dialogue de igual a igual con el resto del mundo.

 

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En noviembre de 2025, la Maison de l’Amérique Latine en París acogió la segunda edición de MIRA Art Fair, una feria dedicada exclusivamente al arte latinoamericano. Fundada por la curadora y gestora Manuela Rayo, MIRA aspira a “colocar la región latinoamericana en el corazón de la escena artística europea”.

La existencia de MIRA confirma que el arte latinoamericano ha alcanzado un valor simbólico y económico dentro del circuito europeo. MIRA se mueve entre el gesto emancipador de afirmarse desde la identidad y el riesgo de volverse una etiqueta más en el catálogo del mercado global. Conversamos con Rayo sobre estas tensiones, los desafíos de liderar un proyecto transcontinental y la necesidad de construir un puente cultural que no reproduzca los viejos desequilibrios de poder.

Verónica [V]: Fundar una feria dedicada al arte latinoamericano en París implica una operación de traducción cultural. ¿Desde qué lugar se traduce América Latina para el público europeo?

Manuela Rayo [MR]: Inevitablemente —aunque no me guste admitirlo—, América Latina sigue viéndose desde Europa con un halo de exotismo: ese lugar donde siempre hace calor y la fiesta nunca termina. Mostrar nuestra escena artística permite acercar esa imagen, desdibujar clichés y revelar matices. Me gusta pensar en esta relación como la de nuestras lenguas: el español o el portugués frente al francés. Son parecidas, casi hermanas, pero nunca idénticas. Esa pequeña distancia es donde surge lo interesante: el diálogo y el interés.

V: Las ferias de arte son, en esencia, dispositivos comerciales, sin embargo, mostrar arte latinoamericano en París inevitablemente conlleva preguntarnos por una historia colonial. ¿Cómo concilia MIRA la necesidad de generar mercado con la posibilidad de sostener un discurso crítico sobre colonialidad, desigualdad o extractivismo cultural?

MR: Para mí, una cosa no excluye la otra. MIRA nace con un objetivo doble: construir un puente cultural entre América Latina y Europa, y generar un mercado sólido para nuestros artistas. Ambas misiones son igual de importantes. Ser conscientes de nuestro pasado colonial, desigual y complejo es lo que nos da identidad y legitimidad. No se trata de negar la herida, sino de transformarla en discurso y estética propia. Creo profundamente que la autenticidad vende: cuando hablamos desde lo que nos duele o incomoda, el resultado tiene fuerza y verdad. Si a eso le sumas un buen discurso, comunicación clara y un equipo incansable, ahí está la fórmula.

V: ​​Una crítica frecuente al “boom” del arte latinoamericano es que las instituciones del norte global lo exhiben sin cambiar las condiciones de producción, distribución o valoración. ¿Cómo se vincula MIRA con los contextos latinoamericanos y los países de origen de sus expositores y artistas?

MR: MIRA tiene una ventaja fundamental: somos latinoamericanas contando nuestra propia historia. Nuestro equipo —colombianas, mexicanas, uruguayas, argentinas— toma todas las decisiones curatoriales. Trabajamos con colaboradores franceses, sí, pero las decisiones nacen desde una mirada latinoamericana. Eso cambia todo. No es lo mismo ser observadxs desde afuera que narrarnos desde adentro. Esa mirada aporta legitimidad, empatía y conocimiento real de los contextos. Cada artista, cada galería y cada performance se selecciona con respeto y con una responsabilidad enorme: mostrar la diversidad y la potencia de nuestras voces sin simplificarlas.

Todavía estamos limitadas por los recursos, pero cada edición es un paso más hacia una representación más amplia y justa. Y este proceso no sería posible sin personas clave como Noelia Portela, que ha tenido un papel fundamental en la construcción de esta visión.

V: ¿Cómo se evita que MIRA funcione como un “nicho identitario” dentro del mercado del arte europeo, es decir, un espacio donde lo latinoamericano se consume únicamente como categoría estética? 

MR: Es una pregunta que me hago constantemente. No quiero que MIRA sea “la feria de lo exótico”, sino la feria de la calidad, del pensamiento y del riesgo —que además resulta ser latinoamericana.

Al mismo tiempo, hay que reconocerlo: sí, somos un nicho, y estamos orgullosas de ello. En Francia, las escenas africana, asiática o de Medio Oriente tienen plataformas muy sólidas; la latinoamericana, en cambio, sigue subrepresentada. Muy pocas galerías en Europa trabajan con artistas de la región. Esa falta de visibilidad justifica la existencia de MIRA. 

Cada año trabajamos para construir una narrativa que celebre nuestras identidades, mostrando una América Latina diversa, compleja y contemporánea, donde la identidad no sea un estereotipo sino un punto de partida.

V: América Latina no es una región homogénea. ¿Cómo se define, desde París, qué entra y qué queda fuera de la categoría “arte latinoamericano”? ¿Cuáles áreas de América Latina sienten que están subrepresentadas aún? ¿Por qué cree que sucede esto? 

MR: Esa diversidad es lo que hace tan fascinante a América Latina. Compartimos raíces y una historia marcada por la colonización, pero no todos los países están representados de la misma forma. Las economías más fuertes, como México o Brasil, tienen presencia consolidada, mientras que otros contextos —como Cuba, Perú o Paraguay— siguen siendo menos visibles.

Sin embargo, el talento y la potencia creativa existen en todas partes. En nuestra primera edición, por ejemplo, Cuba tuvo una representación increíble de artistas y curadorxs. Creo que nuestro deber es seguir ampliando el mapa, mostrar lo que se ve y lo que todavía no se ve. Nada debería quedar fuera.

V: ¿Cuáles son los principales desafíos con los que te has encontrado al liderar un proyecto que pone en valor el arte latinoamericano? ¿Qué podemos esperar para el futuro de la feria?

MR: ¡Todos! (risas). París es una ciudad maravillosa, pero también un mercado saturado y competitivo, con una estructura cultural muy distinta a la nuestra. Traer proyectos desde América Latina implica una logística compleja, recursos limitados y mucha perseverancia.

Pero esos desafíos también son oportunidades: en un contexto tan exigente, solo lo verdaderamente distinto y auténtico logra destacar. MIRA sigue creciendo. Cada edición es más sólida y ambiciosa, más cercana a su sueño inicial: construir un espacio que no solo muestre arte latinoamericano, sino que dialogue de igual a igual con el resto del mundo.