Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Vencidos

José Luis Martinat Mendoza

Sagrada Mercancía Santiago, Chile 06/21/2019 – 07/02/2019

José Luis Martinat Mendoza, Infierno (2019). Vista de instalación. Foto por Felipe Ugalde, cortesía de Sagrada Mercancía

José Luis Martinat Mendoza, Cruz (2019). Vista de instalación. Foto por Felipe Ugalde, cortesía de Sagrada Mercancía

José Luis Martinat Mendoza, Sin título (2019). Vista de instalación. Foto por Felipe Ugalde, cortesía de Sagrada Mercancía

Bordar es una expresión que atraviesa muchas culturas desde tiempos ancestrales. La fibra vegetal domesticada, luego de ser trama que abriga, fue intervenida para referir a lo trascendental, al poder, al cielo. El trabajo de bordado de José Luis Martinat Mendoza procura dialogar con dicha tradición ancestral. El mito del progreso en la sociedad occidental y cómo ésta se ha introducido en el resto del mundo se propone como el punto de partida de su investigación. Desde el 2016, Martinat crea piezas bordadas que cuestionan creencias políticas, económicas y religiosas acerca de una profecía capitalista de un futuro mejor.

En los últimos años, ha recopilado desde discursos políticos y eslóganes hasta propaganda religiosa, que utiliza como base para sus obras. Los bordados son hechos por artesanos que se han apropiado y adecuado técnicas tradicionales traídas con la introducción del barroco a
América.

El proyecto Vencidos ha sido realizado entre Lima y Santiago. En Lima trabajó con la familia Grados, quienes se han encargado de confeccionar las bandas presidenciales peruanas desde la década de los cincuenta. Si bien este tipo de trabajo se caracteriza por la utilización de telas finas, Martinat utiliza viejos plásticos desgastados.

Telas industriales que han sido reutilizadas de diferentes maneras en la minería, agricultura y construcción. Recicladas hasta el hartazgo de diferentes formas hasta llegar a manos de Martinat, en mercados de abastos limeños, donde finalmente eran utilizadas como “mantadas” para cubrir los puestos durante la noche. El artista les da una última vida.

En su estadía en Santiago, Martinat ha removido algunos de los adoquines pertenecientes al propio suelo de Sagrada Mercancía, que después han sido mandados a pintar a mano con motivos de cintillos extraídos de pinturas del barroco cusqueño. Tal como en aquella época, la producción ha estado a cargo de un pintor anónimo.

Estos pergaminos contienen mensajes que se utilizaban dentro de los cuadros para evangelizar a la población. En este caso las palabras seleccionadas por Martinat además de una óptica religiosa, pueden ser leídas de manera política en el contexto contemporáneo. Los cintillos han sido pintados por la cara enterrada del adoquín, sacando a la superficie un signo de desarrollo colonial introducido a nuestro continente mediante el acto de invertirlo y ponerlo en contacto con el entorno actual.

El fino bordado sobre estas telas tan trajinadas y la pintura sobre los removidos adoquines genera una dialéctica intensa y, al trabajar guiños con elementos propios de culto católico, propone pensar sobre lo parecidas que son las estrategias de evangelización y la imposición contemporánea de la idea de mercado, economía, producción y corrupción.

—Texto por Bili Sánchez Montenegro

Tres puntos, 99 líneas, y un poema de Philip Larkin

Cuando sostenemos que hay una experiencia político-estética de los recursos utilizados, afirmamos que una vez en contacto con ellos ya no hay neutralidad posible, es decir, señalamos que acumulan un devenir anterior a nosotros como sujetos, y que, cualquier mínimo tratamiento sobre ellos expone parte del modo ético de proceder del artista. Lo que creo expone y desoculta la obra de José Luis, es una astuta reflexión crítica sobre la despolitización y minusvaloración histórica de la belleza contenida en las denominadas artes menores, más específicamente, el arte del bordado. Siento que toda su economía de recursos declara en su sencillez una forma de pensar lo precario: sin arrogancia ni falsa modestia. Un movimiento emocionalmente activo de una sensibilidad política que nos vuelve al reconocimiento interno de que las relaciones humanas, las luchas cotidianas y trascendentales, dentro y fuera del arte, pequeñas y grandes, sólo existen por la belleza que ellas entrañan. Lo que quiero enfatizar es que no es un simplemente proceso de embellecer o enaltecer un recurso textil bordando en ellos lo que puede ser una buena oración, poema, consigna, diagrama o palabra. El caso es un poco más singular y profundo, porque lo que está en esas obras, y aunque suene paradójico, es un tipo de fuerza e inteligencia mucho más sencilla, una especie de lucidez poética no acumulativa ni tampoco rígida como lo suele ser muchas veces el modo académico de producción de obras. Las piezas textiles de Martinat, sin ser pretensiosas en ningún sentido ni dejarse seducir ni someter por ningún tipo de refuerzo innecesario, ofrecen su belleza como un movimiento reflexivo en el cual confluye el libre juego de la voluntad política y estética.

Sin duda hay una relación sostenida con lo precario, desde el modelo instalativo de las piezas hasta la historia que condicionó la vida anterior de esos recursos; sin embargo, todo lo que ellos son, lo siguen siendo, y eso es un semblante que le otorga a la obra de Martinat un alcance especial. Es una belleza que reconoce todas sus condiciones históricas, políticas, económicas, sus manchas, desgaste, deshilachamiento y todo el trajín popular que las hace ser lo que son.

Esos sacos provienen de la industria agrícola que los utiliza para contener y transportar los productos de la tierra a distintos proveedores; éstos, a su vez, compran el producto para luego venderlo en los mercados y ferias populares. Todas las huellas de esas telas están vinculadas a una compleja realidad social y económica y, muchas de ellas, cosidas por los trabajadores con el fin de hacer telas más extensas —denominadas en Perú como mantadas— cubren sus mercancías para protegerlas de las heladas. Son esas tecnologías del uso y la subsistencia las que, no siendo propiamente elementos del arte, construyen la grandeza y sencillez que poseen estas obras reunidas bajo el título de Vencidos.

—Texto por César Vargas G. (fragmento)

sagradamercancia.com

José Luis Martinat Mendoza, Infierno (2019). Vista de instalación. Foto por Felipe Ugalde, cortesía de Sagrada Mercancía

José Luis Martinat Mendoza, Cruz (2019). Vista de instalación. Foto por Felipe Ugalde, cortesía de Sagrada Mercancía

José Luis Martinat Mendoza, Sin título (2019). Vista de instalación. Foto por Felipe Ugalde, cortesía de Sagrada Mercancía

Bordar es una expresión que atraviesa muchas culturas desde tiempos ancestrales. La fibra vegetal domesticada, luego de ser trama que abriga, fue intervenida para referir a lo trascendental, al poder, al cielo. El trabajo de bordado de José Luis Martinat Mendoza procura dialogar con dicha tradición ancestral. El mito del progreso en la sociedad occidental y cómo ésta se ha introducido en el resto del mundo se propone como el punto de partida de su investigación. Desde el 2016, Martinat crea piezas bordadas que cuestionan creencias políticas, económicas y religiosas acerca de una profecía capitalista de un futuro mejor.

En los últimos años, ha recopilado desde discursos políticos y eslóganes hasta propaganda religiosa, que utiliza como base para sus obras. Los bordados son hechos por artesanos que se han apropiado y adecuado técnicas tradicionales traídas con la introducción del barroco a
América.

El proyecto Vencidos ha sido realizado entre Lima y Santiago. En Lima trabajó con la familia Grados, quienes se han encargado de confeccionar las bandas presidenciales peruanas desde la década de los cincuenta. Si bien este tipo de trabajo se caracteriza por la utilización de telas finas, Martinat utiliza viejos plásticos desgastados.

Telas industriales que han sido reutilizadas de diferentes maneras en la minería, agricultura y construcción. Recicladas hasta el hartazgo de diferentes formas hasta llegar a manos de Martinat, en mercados de abastos limeños, donde finalmente eran utilizadas como “mantadas” para cubrir los puestos durante la noche. El artista les da una última vida.

En su estadía en Santiago, Martinat ha removido algunos de los adoquines pertenecientes al propio suelo de Sagrada Mercancía, que después han sido mandados a pintar a mano con motivos de cintillos extraídos de pinturas del barroco cusqueño. Tal como en aquella época, la producción ha estado a cargo de un pintor anónimo.

Estos pergaminos contienen mensajes que se utilizaban dentro de los cuadros para evangelizar a la población. En este caso las palabras seleccionadas por Martinat además de una óptica religiosa, pueden ser leídas de manera política en el contexto contemporáneo. Los cintillos han sido pintados por la cara enterrada del adoquín, sacando a la superficie un signo de desarrollo colonial introducido a nuestro continente mediante el acto de invertirlo y ponerlo en contacto con el entorno actual.

El fino bordado sobre estas telas tan trajinadas y la pintura sobre los removidos adoquines genera una dialéctica intensa y, al trabajar guiños con elementos propios de culto católico, propone pensar sobre lo parecidas que son las estrategias de evangelización y la imposición contemporánea de la idea de mercado, economía, producción y corrupción.

—Texto por Bili Sánchez Montenegro

Tres puntos, 99 líneas, y un poema de Philip Larkin

Cuando sostenemos que hay una experiencia político-estética de los recursos utilizados, afirmamos que una vez en contacto con ellos ya no hay neutralidad posible, es decir, señalamos que acumulan un devenir anterior a nosotros como sujetos, y que, cualquier mínimo tratamiento sobre ellos expone parte del modo ético de proceder del artista. Lo que creo expone y desoculta la obra de José Luis, es una astuta reflexión crítica sobre la despolitización y minusvaloración histórica de la belleza contenida en las denominadas artes menores, más específicamente, el arte del bordado. Siento que toda su economía de recursos declara en su sencillez una forma de pensar lo precario: sin arrogancia ni falsa modestia. Un movimiento emocionalmente activo de una sensibilidad política que nos vuelve al reconocimiento interno de que las relaciones humanas, las luchas cotidianas y trascendentales, dentro y fuera del arte, pequeñas y grandes, sólo existen por la belleza que ellas entrañan. Lo que quiero enfatizar es que no es un simplemente proceso de embellecer o enaltecer un recurso textil bordando en ellos lo que puede ser una buena oración, poema, consigna, diagrama o palabra. El caso es un poco más singular y profundo, porque lo que está en esas obras, y aunque suene paradójico, es un tipo de fuerza e inteligencia mucho más sencilla, una especie de lucidez poética no acumulativa ni tampoco rígida como lo suele ser muchas veces el modo académico de producción de obras. Las piezas textiles de Martinat, sin ser pretensiosas en ningún sentido ni dejarse seducir ni someter por ningún tipo de refuerzo innecesario, ofrecen su belleza como un movimiento reflexivo en el cual confluye el libre juego de la voluntad política y estética.

Sin duda hay una relación sostenida con lo precario, desde el modelo instalativo de las piezas hasta la historia que condicionó la vida anterior de esos recursos; sin embargo, todo lo que ellos son, lo siguen siendo, y eso es un semblante que le otorga a la obra de Martinat un alcance especial. Es una belleza que reconoce todas sus condiciones históricas, políticas, económicas, sus manchas, desgaste, deshilachamiento y todo el trajín popular que las hace ser lo que son.

Esos sacos provienen de la industria agrícola que los utiliza para contener y transportar los productos de la tierra a distintos proveedores; éstos, a su vez, compran el producto para luego venderlo en los mercados y ferias populares. Todas las huellas de esas telas están vinculadas a una compleja realidad social y económica y, muchas de ellas, cosidas por los trabajadores con el fin de hacer telas más extensas —denominadas en Perú como mantadas— cubren sus mercancías para protegerlas de las heladas. Son esas tecnologías del uso y la subsistencia las que, no siendo propiamente elementos del arte, construyen la grandeza y sencillez que poseen estas obras reunidas bajo el título de Vencidos.

—Texto por César Vargas G. (fragmento)

sagradamercancia.com

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