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Edición 15: Cuerpo pólvora

Javier Payeras

Tiempo de lectura: 10 minutos

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08.07.2019

Reconstrucción de la poesía acumulada

El escritor Javier Payeras hace un recorrido sobre la conformación del acto poético en Guatemala, planteando el cruce entre texto y gesto artístico como actitud de resistencia para afrontar la compleja situación de lxs guatemaltecos: su aislamiento, fragmentación, memoria y contradicciones culturales.

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Notas

  1. El Grupo Vértebra fue fundado en 1969 por Marco Augusto Quiroa, Elmar René Rojas y Roberto Cabrera en un escenario de profundos enfrentamientos violentos derivados de las luchas entre el comando guerrillero de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), las fuerzas militares estatales y el escuadrón de la muerte Mano Blanca. Un año después publicaron en el número uno de la revista Alero su Manifiesto Vértebra, un texto que reflejaba sus intereses por un proyecto plástico que aspira a estar dentro de un nuevo humanismo como una toma de posición del futuro desde el lenguaje artístico, entre otros tópicos. Rodrigo Fernández Ordóñez, Manifiesto Vértebra, 1970. Disponible en el sitio de la Universidad Francisco Marroquín: [Consultado el 4 de junio de 2019].

  2. El grupo Nuevo Signo, integrado por lxs poetxs Julio Fausto Aguilera, Luis Alfredo Arango, Antonio Brañas, Francisco Morales Santos, Delia Quiñónez, Roberto Obregón y José Luis Villatoro, surgió en 1968 con el fin de crear un nuevo espacio literario orientado a la poesía y la denuncia sobre la situación del país. Una impronta particular en la escritura de sus integrantes proviene del encuentro con la ciudad al trasladarse a la capital de Guatemala. Como colectivo crearon diferentes publicaciones que hoy son referencia a la hora de hablar de la literatura y sus formas de difusión. Carmen Lucía Alvarado. “Nuevo Signo: una realidad poetizada.” Revista Luna Park, 7 de abril de 2013: [Consultado el 4 de junio de 2019].

  3. Antonio Gramsci plantea que el intelectual orgánico es aquel que organiza la cultura y su participación en la transformación de imaginarios políticos. Ver: Antonio Gramsci, La forma de los intelectuales (México D.F.: Editorial Grijalbo, 1967).

  4. En 1987 se funda el grupo Imaginaria. En un ambiente esperanzador para el país, con la restitución de la democracia y la primera elección de un presidente civil después de muchos años de un régimen militar impuesto. En este contexto aparecen en la escena cultural con un interés experimental sobre los modos curatoriales y de producción, y una galería en Antigua. Conformado inicialmente por Moisés Barrios y Luis González Palma, se fue reorganizando con la presencia de: Isabel Ruiz, Pablo Swezey, Erwin Guillermo, Daniel Chauche, Sofía González, César Barrios y Paola Ferrario

  5. La “vanguardia reprimida” se debió en su momento al señalamiento desde distintos puntos ideológicos delineados más o menos en dos posiciones: la idea de arte comprometido con la lucha social, y el arte asociado a la revolución.

  6. El movimiento en relación a las múltiples poéticas que intersectan la experiencia sensorial y cotidiana tienen un principio en la Casa Bizarra. Un viejo caserón neoclásico abandonado en el centro de la ciudad. Guatemala, para el año 1996, vivía una de sus tan acostumbradas oleadas de optimismo, pues muchxs creían que los Acuerdos de Paz anunciaban nuevas reglas en el tablero del ajedrez político; lo que no fue más que otra vana ilusión que duró lo que dura un Latin American Idol en las listas de popularidad. Sin embargo, la vitalidad que lxs nuevxs artistas traían al medio cultural guatemalteco parecía no claudicar con el vaivén ideológico de la posguerra. Se trataba de la primera verdadera generación emergente de artistas desde hacía muchas décadas: con la rabia situacionista de la década de los sesenta, pero sin la militancia y censura que impuso la Guerra Fría. Digamos que todo apuntaba al predecible destape contracultural luego de la represión. El término arte urbano se impuso, y por todos lados comenzó la explosión de las formas contemporáneas de exhibición y apreciación de la cultura: performance, rock y poética-graffiti, la epifanía generacional de los años noventa dentro de ese espacio zombi conocido desabridamente como Zona 1. La verdad es que la ingesta de video clips, algunos alucinógenos, y mucha literatura de culto fueron suficientes para iniciar todo un movimiento alrededor de la juventud y su necesaria búsqueda de la irreverencia. La Casa Bizarra duró muy poco; para el año 1998 ya había cerrado. Sin embargo, todas sus huestes se trasladaron al Festival de Arte Urbano. Dos ediciones, las del año 1998 y 1999, fueron suficientes para asentar las bases para que nuevxs intelectuales y gestorxs culturales perdieran el miedo al espacio público y privado, y se montara la nueva escena posmoderna: el Festival Octubreazul en el mes de octubre del 2000.

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