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09.04.2018

Coherencia y contexto: re-escribiendo Puerto Rico

La curadora Nicole Smythe-Johnson reflexiona sobre el Caribe y Puerto Rico a partir de la respuesta del espacio artístico Beta-Local ante la catástrofe ocasionada por los huracanes Irma y María.

Las artistas sonoras puertorriqueñas Shanti Lalita y Alexandra Buschman (de izquierda a derecha) improvisan en Casa del Sargento respondiendo a una pieza de la artista estadounidense Mary Walling Blackburn, quien participó en el programa de residencia internacional The Harbour en 2017. Imagen cortesía de Beta-Local.

Se supone que este sería un ensayo sobre Beta-Local en San Juan, Puerto Rico; una organización en un lugar que apenas existe (discursivamente) forjando una existencia precaria. Por suerte, mientras escribía el ensayo que pretendía, el no-lugar estalló en una existencia dolorosa, no a través de las labores de Beta-Local, sino a través de una tragedia que se intensificó resultado de su no-existencia.
Déjenme explicar. Visité Beta-Local por primera vez en 2016, había conocido a uno de los tres directores, Pablo Guardiola, en una reunión anual de espacios de arte caribeños llamada Tilting Axis ese abril. Siendo jamaicana, estoy familiarizada con mucho del Caribe angloparlante. Había visitado también Cuba y las Antillas Neerlandesas, pero no tenía imagen alguna de Puerto Rico. A pesar de que San Juan está a sólo mil kilómetros de Kingston, nunca había siquiera pensado en visitarlo. Me considero una curadora caribeña, pero Puerto Rico nunca figuró realmente dentro de mi Caribe.
Esto es en parte un problema de lenguaje; el Caribe está dividido política, económica y culturalmente, frecuentemente a partir de líneas de idiomas. Existe una broma famosa: cada texto sobre el Caribe comienza intentando definir el Caribe. La pregunta siempre es: ¿de qué Caribe estás hablando? ¿las Antillas Neerlandesas, las Antillas Francesas, las Indias Occidentales, la Comunidad del Caribe (CARICOM), el Caribe hispanohablante, los diversos migrantes caribeños (en Londres, Nueva York, Ámsterdam, etc.), el Caribe continental (Belice, Guyana, la costa caribeña de Colombia), las repúblicas, los protectorados, las Bermudas? Podría seguir. Y para cada uno de estos, la identidad caribeña es una cosa diferente, en conversación con un conjunto diferente de vecinos.

Los artesanos Sandra Rodríguez y Edwin Marcucci (con sus hijas) durante un taller organizado como parte del proyecto Trade School de Jorge González y celebrado en Beta-Local en 2015 a través de La Iván Illich, una plataforma abierta para el intercambio de conocimiento. Imagen cortesía de Beta-Local.

Así que el idioma es parte de ello, pero en el caso de Puerto Rico esto se ve exacerbado por la “relación especial” de la isla con Estados Unidos, que era básicamente todo lo que sabía del lugar. En “Historia del Caribe” en la preparatoria, aprendí acerca de Haití y Cuba hasta el siglo XX, pero Puerto Rico no entraba en el programa una vez que llegábamos a 1898 y los españoles cedieron la isla a EE.UU. El lugar parecía acordonado fuera del resto de nosotros, alguna tierra extraña sin dueño, no era Estados Unidos, pero tampoco el Caribe. Mucha de mi práctica curatorial ha sido sobre trazar lo que distingue y une los diversos Caribes, sin embargo, Puerto Rico permanecía siendo un punto ciego.
Beta-Local parecía responder a estas condiciones, insistiendo en una perspectiva creativa que se enfocara en las particularidades del contexto puertorriqueño (que es como siempre he entendido lo “local” en el nombre). Estaban desarrollando modelos para hacer este no-lugar un lugar, pero no a través de la alianza con algún otro espacio [1], sino por medio del compromiso focalizado con el ambiente particular creado por su ubicación cultural específica y estructural, su característica de situarse entre diferentes circunstancias, su capacidad de deslizarse por en medio de las grietas. En una descripción de la organización, describen sus actividades como:
…inmersos en nuestra realidad local (San Juan, los trópicos, el Caribe, la ciudad no planificada) y nuestro momento presente (la crisis económica, el potencial infinito, las habilidades e ideas de la gente que vive aquí, ahora). Existen algunas variables como el estancamiento de las instituciones culturales locales, la falta de un programa de Maestría en Bellas Artes, una “fuga de cerebros” debilitante, y los costos prohibitivos de la educación superior fuera de Puerto Rico, así como la difusión de lo genérico-como-internacional por parte de muchas escuelas de arte e instituciones culturales. Vemos esto como oportunidades para generar nuevas formas.

El escritor Urayoán Noel se presenta en el balcón de Casa del Sargento, un edificio histórico propiedad del Instituto de Cultura de Puerto Rico y administrado por Beta-Local, en otoño de 2015. Imagen cortesía de Beta-Local.

Una reunión de personas interesadas en la historia de las ocupaciones de tierras y las luchas por la vivienda comparten conocimientos y experiencias a través de un evento público de La Iván Illich organizado con la socióloga Liliana Cotto Morales en 2016. Imagen cortesía de Beta-Local.

Esta es una descripción tan buena como ninguna sobre mi práctica curatorial. Me impactó la similitud entre la ciertamente específica “realidad local” que Beta-Local aborda y las condiciones que yo he tratado de examinar a lo largo del Caribe a través de mi investigación, exposiciones y escritura.

Es por esto que hablar sobre el Caribe es todo un reto, el porqué es fácil quedarse atrapado en el trabajo de la definición.

Es a la vez diverso y uniforme; para todas las distinciones (lingüísticas, culturales, geográficas, políticas y económicas) continuidades impactantes se mantienen. Continuidades que son igualmente bien descritas como posmodernas, como en la obra seminal de Antonio Benítez-Rojo, The Repeating Island (La isla que se repite), o subdesarrolladas, como en la mayoría de los discursos económicos. Esta indeterminación, que rechaza la fácil admisión al reino del lenguaje, es definitiva del Caribe. Y su terrible dificultad para existir sin hacerlo en el lenguaje. Como tal, Puerto Rico puede ser un no-lugar para un indio occidental [2], pero el Caribe —no obstante cómo elijas definirlo—, es un no-lugar para casi cualquier otro lugar. Una fantasía, sí, pero no un lugar real.
Entonces visité Puerto Rico dos veces, un mes cada vez, pensando que se presentaría una destilación o cristalización del problema caribeño de la indeterminación y no-existencia. Curiosa por ver qué nuevas formas había desarrollado Beta-Local en respuesta a tales condiciones.

La escritora y curadora Nicole Smythe Johnson comparte su práctica curatorial en Beta-Local en octubre de 2016. Imagen cortesía de Beta-Local.

En ese otro ensayo que iba a escribir, tenía en mente platicarles sobre cómo Beta-Local estaba apoyando prácticas creativas individuales a través de su programa anual La Práctica, y la beca El Serrucho. Les diría cuán importante es el archivar las prácticas creativas por medio de colaboraciones con la micro-imprenta La Impresora, y la investigación sobre la flora local y sus usos con la organización amiga MAOF [3] para reivindicar la existencia de Puerto Rico y mapear el contexto local para uso local. Les iba a decir sobre el programa La Ivan Illich y cómo abre un espacio para el aprendizaje informal comunal de todo, desde tejido de cestas hasta harina de mandioca.
Les iba a platicar cómo estas actividades rescatan Puerto Rico desde la tierra de nadie a la que ha sido relegada. Por un lado, proveen oportunidades para artistas puertorriqueños para desarrollar sus prácticas mientras permanecen en Puerto Rico. La producción creativa que emerge dentro de y en respuesta al contexto de Puerto Rico —particularmente como distinta a EE.UU., bajo el cual ha estado subsumido en los discursos globales y regionales—, también afirma la identidad puertorriqueña, simplemente articulándola.
El caso de la práctica de Jorge González es aleccionador. González fue participante en la generación 2012-2014 de La Práctica. Beta también apoyó su práctica y específicamente su proyecto Trade School hasta 2017, con la ayuda de la beca del Arts Collaboratory. Usando botánica, materiales de archivo, historia oral, y arquitectura moderna, la práctica de González se refleja en las realidades socio-política y socio-económica de Puerto Rico, trabajando con artesanos que se identifican como tainos [4] para aprender, documentar y compartir sus prácticas artesanales, al mismo tiempo que las conecta con la historia de la arquitectura moderna de la isla a través de la intervención escultural. González afirma la existencia de una cultura puertorriqueña que precede y evoluciona independiente a la cultura de EE.UU.. Su mapeo del paisaje y uso de las plantas endémicas de la isla también reorienta la dependencia material; cambiando el enfoque de los medios importados a los previos locales no reconocidos.

La escritora Rachel Ellis Neyra y la artista Lorraine Rodríguez Pagán trabajan en una publicación en La Impresora. Imagen cortesía de Beta-Local.

Así que les iba a hablar de todo eso, después iba a argumentar que así es como se debe ver la práctica curatorial en el Caribe para tener relevancia alguna.[5] El trabajo curatorial en el Caribe se trata de apoyar la existencia de tales prácticas, en contextos donde se ven amenazadas; amenazadas por la falta de apoyo institucional, de sustentabilidad financiera, de compromiso crítico, o por el impacto de un huracán. Este apoyo puede tomar la forma de programas de desarrollo como La Práctica que ofrece oportunidades a artistas para acceder a un estudio, compartir su trabajo con colegas y obtener críticas sobre sus ideas. O puede ser en la disposición de una biblioteca de producción teórica y artística contemporánea, o la acogida de un taller de cerámica indígena. Estas actividades no emergen del vacío; no hay valor intrínseco que las designe como actividad curatorial. Lo que las hace curatoriales es su posición dentro del contexto cultural. [6] Sirven a las necesidades de comunidades creativas específicas en lugares específicos, con necesidades específicas.
Las prácticas que se enfocan exclusivamente en hacer exposiciones necesariamente responden a las condiciones de cualquier otro lugar: un lugar donde existen múltiples instituciones de arte dotadas de recursos, un mercado del arte robusto, una rica tradición crítica, y todos esos otros elementos que escuchas en textos como “Prescripción para una escena artística sana” del curador con sede en California, Renny Pritkin.[7] Esa “escena artística sana” existe en algún lado pero no aquí, no en el Caribe y los tantos no-lugares como este que hay en el globo. De tal manera, este iba a ser un ensayo sobre cómo los no-lugares se convierten en lugares, no lugares malsanos, sólo lugares definidos por la gente que vive ahí.

La gente pasa el rato en la inauguración de la exposición Soñé con la guerra y no me mataron por los participantes de La Práctica 2016-2017 en Casa del Sargento en junio de 2017. Imagen cortesía de Beta- Local.

Imagen cortesía de Beta-Local.

Pero entonces los huracanes Irma y María sucedieron. Y el no-lugar estalló en lenguaje en toda su capacidad de ser no-lugar. Puerto Rico estaba en los periódicos de todos lados; golpeado por huracanes que se encontraron espalda con espalda: la isla entera sin electricidad, calles inundadas, casas dañadas, una nación endeudada debilitada. Los huracanes no son nuevos en el Caribe. Algunas otras islas también fueron golpeadas duramente. Había unidades de abastecimiento a lo largo de la región, papel higiénico y linternas y productos enlatados fueron enviados desde islas libres de daños hacia las afectadas, los gobiernos enviaron ayuda. Sin embargo, Puerto Rico permaneció suspendida en el limbo, debido una vez más a su “relación especial” con EE.UU. y especialmente debido al Jones Act el cual regula cómo pueden entrar productos por mar a la isla. [8] Pero, Puerto Rico no es un estado. No tiene representación en el Congreso de EE.UU., así que el apoyo de EE.UU ha sido lento y deplorablemente inadecuado. Como resultado de su estatus de ‘ni aquí ni allá’, al menos una tercera parte de Puerto Rico permanece sin electricidad cuatro meses después de que el huracán María golpeó la isla.
Ese ensayo anterior se volvió simultáneamente menos relevante y más relevante. La organización y los programas de los que pretendía hablarles han sido cambiados irrevocablemente, al haber cambiado drásticamente el contexto al que responden. Al mismo tiempo las consecuencias de la indeterminación de Puerto Rico y la resultante invisibilidad son más perceptibles que nunca.

La artista Ivelisse Jiménez lee documentos históricos relacionados con el Partido Nacionalista en una reunión organizada por los artistas Mónica Rodríguez y Jorge González (ex-compañeros de La Práctica) en el patio trasero del Museo del Arsenal de La Puntilla en el Viejo San Juan en 2016. Imagen cortesía de Beta-Local.

El compromiso de Beta-Local para mantener coherencia con su contexto es también más urgente que nunca. En mi último viaje durante el verano de 2017, Tony Cruz se acababa de retirar y Michael Linares se unía a Sofía Gallisá Muriente y a Pablo como co-director. La dirección rotante había sido siempre una forma de asegurar que los artistas-directores pudieran mantener su práctica mientras apoyaban a la comunidad en general al administrar Beta-Local por un periodo. Pero conforme la organización creció, los requerimientos administrativos y de los beneficiarios también aumentaron. La pregunta era entonces: ¿necesitamos más fondos para apoyar a más gente y más actividades, o necesitamos reducir la dependencia hacia la financiación mediante becas y la burocracia-que-agota-los-recursos que esto conlleva? Desde una perspectiva india occidental es un buen problema a tener. Las iniciativas gestionadas por artistas en Jamaica o Trinidad sobreviven sin financiación alguna, pero está el tema de la independencia, más urgente en Puerto Rico que en cualquier lugar. En un contexto donde la financiación mediante becas y subvenciones es escasa y dependiente de fuentes externas, ¿qué potencial hay ahí para la actividad verdaderamente independiente? ¿Qué formas (organizacionales, creativas, artísticas) facilitan de mejor manera la independencia y la libertad?
En mi primera visita a Puerto Rico, esa aspiración a un rechazo de la dependencia era el punto más obvio de continuidad con Jamaica. Jamaica se destaca por su antigua deuda paralizante resultado de los programas de “ajuste estructural”. [9] Puerto Rico parecía estar teniendo problemas que nos recuerdan a Jamaica, pero sin el trasfondo de la teoría de la dependencia [10], el Movimiento de Países No-Alineados [11] y demás que forman la resistencia temprana en otro lugar. Desde la perspectiva puertorriqueña su crisis de endeudamiento parecía única, y lo es de cierto modo, dada la relación con EE.UU. Al mismo tiempo no lo es. Es la misma vieja dependencia que ha estado asfixiando al Caribe por siglos, aunque otras partes del Caribe están menos sujetas a intervención directa que Puerto Rico. En ese primer viaje proyecté Life and Debt [Vida y deuda] (2001), un documental acerca del impacto del ajuste estructural en Jamaica, con la esperanza de hacer visible las conexiones que vi. Esto tuvo impacto, y entonces cuando regresé un año después y escuché las discusiones sobre la renuencia a someterse por completo a la tiranía de los regímenes del financiamiento mediante becas, vi estas discusiones posteriores tocando las mismas problemáticas, la teoría de la dependencia aplicada a una organización en vez de a un país.

Los artistas Tony Cruz, Arnaldo Rodríguez Bagué y Ramón Miranda Beltrán (de derecha a izquierda) durante una reunión de La Práctica 2016 - 2017 en Casa del Sargento. Imagen cortesía de Beta-Local.

Con la expansión de El Serrucho de una micro-beca apoyada por la Fundación Andy Warhol y la distribución de Café Madre Isla [12], a un fondo de emergencia de más de $350,000 financiado por contribuciones de la Fundación Andy Warhol, la Fundación Robert Rauschenberg, la Federación Hispana, la Fundación Pollock-Krasner, la Fundación Ford, Voces para Puerto Rico e individuos alrededor del mundo, la pregunta se ha vuelto discutible. Esas complejidades se han ahogado. Desde su fundación en 2009, Beta-Local ha abogado por el apoyo de las prácticas culturales experimentales que no son necesariamente viables comercialmente. En la cara del desastre, la vulnerabilidad de estas prácticas y practicantes —a quienes Beta ve como integrales a la supervivencia de la cultura puertorriqueña—, es más visible que nunca. No sólo porque algunos han perdido sus hogares, sino porque muchos están al límite en términos de cuánta escasez e informalidad laboral pueden resistir. Dentro de ese contexto, el fondo de emergencia se vuelve una intervención desafiante, pero importante, para mantenerse a la altura de sus antiguos objetivos.
Aunque otras islas afectadas por los huracanes se beneficiaron del apoyo de países vecinos, se necesita mucho más que eso. Barbuda ha sido evacuado y es aún inhabitable. Los esfuerzos de recuperación en la isla francesa San Martín, donde más del 90% de los edificios sufrieron daños, fueron asediados por acusaciones de racismo de parte de los oficiales de gobierno. Louis-Georges Tin, vocero del Representative Council of Black Associations de Francia, le dijo a la Associated Press: “A mis ojos, Irma es para las Antillas Francesas lo que el huracán Katrina fue para Louisiana en los EE.UU. —una muestra de las inequidades raciales y sociales”. [13] En un discurso a la Asamblea General de la ONU, Roosevelt Skerritt, el Primer Ministro de Dominica —donde aproximadamente 90% de las estructuras sufrieron daños— argumentó: “Nosotros como país y como región no iniciamos esta guerra contra la naturaleza. Nosotros no la provocamos… No hemos hecho contribución alguna que pueda mover la aguja del calentamiento global. Pero aun así estamos entre las principales víctimas”. [14]

Se necesita más que la mano de ayuda de un vecino para atender los desafíos que ahora enfrenta la región, particularmente debido a la extrema vulnerabilidad a los efectos del cambio climático.

Los participantes de La Práctica 2016-2017 se reúnen con el artista iraní Arash Fayez y la neurocientífica y psiquiatra italiana Isabel Valli para preparar un Open Studio en Casa del Sargento. Imagen cortesía de Beta-Local.

Soñé con la guerra y no me mataron, una exposición colectiva de los participantes de La Práctica 2016-2017 en Casa del Sargento, junio de 2017. Fotografía por Raquel Pérez Puig. Imagen cortesía de Beta-Local.

Como en Puerto Rico, a lo largo de la región los huracanes dejaron al descubierto problemas duraderos de inequidad. Aún donde el cambio climático y sus efectos destacan continuidades, también señalan una recomposición de líneas de batalla. Donde una vez nosotros en la región pensamos en el alivio de la deuda y la independencia económica, ahora debemos dirigir nuestra atención a la recuperación del clima. Somos los más vulnerables, pero no somos los más culpables. Y, como en el caso de Puerto Rico, si anteriormente los retos a la estructura de relaciones entre EE.UU. (y Europa) y la región no resonaron ampliamente, estos dos huracanes y los desastres ocasionados por el hombre que ellos iniciaron, revelan el problema claramente. En este contexto El Serrucho no debería considerarse una beca de apoyo, resultado de la benevolencia filantrópica, debería ser entendido como un gesto hacia la justicia climática.
Mientras más cosas cambian, más se quedan igual, otra condición muy caribeña. Beta-Local sigue esta trayectoria en respuesta a su contexto. El enfoque en apoyar a la clase cultural puertorriqueña permanece, experimentando hasta que alguna versión de Beta-Local se pueda alcanzar, pero extendida para incluir la re-creación de Puerto Rico mismo.
De esta manera, este es aún un ensayo sobre traer un no-lugar muy caribeño (nada es más caribeño que un huracán que lo cambia todo) a la existencia. Es ese mismo ensayo y un ensayo muy diferente a la vez.

Una lista de estrategias curatoriales discutidas durante un seminario intensivo organizado en colaboración con Independent Curators International en Beta-Local en otoño de 2016 durante la primera visita del escritor. Imagen cortesía de Beta-Local.

Notas

  1. Aunque Beta-Local forja activamente vínculos con individuos alrededor del mundo, a través de su programa de residencias Harbor, e instituciones a través de colaboraciones, como ser sede de un seminario de Independent Curator International (ICI) en septiembre 2016.

  2. Un término utilizado para describir al Caribe angloparlante. Es ambos, una referencia a la identificación errónea de Colón del Caribe como India hacia su llegada en el siglo XV, y las distinciones imperiales británicas entre sus posesiones en las Indias Orientales (el subcontinente indio) y las Indias Occidentales (el Caribe). Las personas del Caribe angloparlante aún se identifican como indios occidentales, como en el equipo de cricket West Indies.

  3. MAOF es el nombre del taller de rótulos que ocupaba originalmente el sitio. El nombre ha sido reformulado desde entonces como el acrónimo de “Materiales y Oficios”, conforme al enfoque del espacio en la experimentación con materiales y oficios. A finales de 2016, MAOF se mudó de su locación original, pero conservó el nombre.

  4. La población indígena de Puerto Rico y la mayor parte del norte del Caribe.

  5. Es importante notar aquí que los directores de Beta-Local no se consideran curadores. Son artistas. Para ellos, lo que yo identifico aquí como trabajo curatorial (basada en mi afinidad con su práctica organizacional) es parte de un esfuerzo para crear mejores condiciones de trabajo para sí mismos y su comunidad creativa.

  6. El curador y académico escocés Kirsteen MacDonald ha argumentado: “lo curatorial como acción y pensamiento. Lo pienso como cosas que probablemente hemos llamado previamente organizadoras o iniciales o de apoyo, pero lo curatorial ofrece una forma distintiva de colocar [estas actividades] dentro del discurso cultural. Así, no es una filosofía del discurso cultural, es sobre considerar la actividad dentro del discurso cultural, en lugar de sólo existir en el día a día.” Ver Nicole Smythe-Johnson, “Curating beyond the Exhibition”, TiltingAxis.org, febrero 2017. Web

  7. Ver Julian Myers, “New Langton Arts in Crisis”, Open Space, SFMoMA, julio 29, 2009. Web.

  8. Ver Matthew Yglesias, “The Jones Act, the obscure 1920 shipping regulation strangling Puerto Rico, explained”, Vox, 9 oct 2017. Web.

  9. Weisbrot, Mark. “Jamaica’s crippling debt crisis must serve as a warning to Greece”, The Guardian, 22 julio 2011. Web.

  10. La teoría de la dependencia rechaza el enfoque limitado de la teoría de la modernización, en lugar de enfatizar el papel del imperialismo en la configuración de los estados poscoloniales. Su tesis central es que la periferia de la economía internacional está siendo económicamente explotada y drenada por el centro. Entonces, el subdesarrollo en las naciones poscoloniales no es el resultado de barreras internas al desarrollo, sino un resultado estructural del capitalismo global.

  11. El Movimiento de Países No Alineados es una alianza de naciones poscoloniales. Comenzó en 1945 con la Conferencia de Bandung y se formalizó en la primera Conferencia NAM en 1961. NAM fue una respuesta a los diversos movimientos anticoloniales en todo el mundo y la Guerra Fría. Sus principios fundamentales fueron la neutralidad de la Guerra Fría y la independencia política y económica.

  12. Café Madre Isla es un programa de autosuficiencia económica de Casa Pueblo, una organización comunitaria y grupo de defensa del medio ambiente en el centro de Puerto Rico. La venta de café bajo la marca Café Madre Isla es la principal fuente de ingresos de la organización.

  13. Adamson, Thomas. “Non-white residents of St Martin claim Irma evacuations show racial discrimination”, The Independent, 11 septiembre 2017. Web.

  14. Meade, Natalie. “’Eden is Broken’: A Caribbean Leader Calls for Action on Climate Change”, The New Yorker, 24 septiembre 2017. Web.

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