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Blog - Buenos Aires - Argentina

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24.07.2021

"Mauricio Poblete: Tenedor de Hereje" en PASTO Galería, Argentina

Buenos Aires, Argentina
11 junio, 2021 – 11 septiembre, 2021

Como el instrumento de tortura de la Inquisición que da título a esta exhibición, el trabajo de Mauricio Poblete, La Chola, interviene un cuerpo de imágenes punzando incisivamente en dos puntos distintos pero interrelacionados.

Las composiciones inestables y abigarradas de sus dibujos y pinturas retoman, por un lado, un acervo de imágenes americanas que se encuentra recluido al plano de una decoración nacionalista. Su trash andino echa por tierra los engendros que nos ha legado una americanidad inventada por las clases dominantes y que se traduce hoy en los “productos regionales”: grecas escalonadas y hebillas de chakana en cinturones de cuero, mates burilados con alegres indígenas que cantan y bailan e impolutos ponchos que se envían a la tintorería al volver de marchas y fiestas patrias. La diferencia fundamental radica en que la invocación de estas imágenes no responde a una ficción de propiedad sobre la tierra sino a un cuerpo que las dota de sentido y que construye una genealogía de lucha y resistencia al hacerlo. Al montar sobre ellas su propia biografía a través de escenas de fiesta y borrachera, peleas con amigxs, desamores y noches de sexo o soledad, La Chola activa, desde los problemas del presente, las cosmovisiones que le fueron expropiadas a la iconografía americana logrando que nos interpelen estéticamente otra vez. ¿Qué propone un huaco moche, con sus figuras eróticas de géneros difusos, frente a la mercantilización actual del sexo? ¿Cómo dialoga con su reversión de la fotografía de moda de Eduardo Costa en la que la joya prostética de la oreja adquiere su carácter de lujo, no desde el brillo del metal, sino desde el calor hogareño del pan?

El otro punto sobre el que presiona La Chola se encuentra en las imágenes sobre la miseria que viven los cuerpos racializados en Argentina, que amplifican exponencialmente su sufrimiento convirtiéndolos en víctimas. La Chola reelabora esa historia atávica de opresión a través de un componente erótico. Produce, en sus performances, videos y fotografías, imágenes de un goce masoquista que desplazan al cuerpo marrón de un lugar de víctima —objeto involuntario de una acción— al de sujeto empoderado de la narrativa de sí. Abre lugar al placer, no de quien mira, sino de quien reencarna la historia. Allí donde esperamos ver indefensión y sumisión, La Chola encuentra el goce en el dolor. Trastoca los signos como lo hace con el pan como alegoría de la carne en el que, en vez de reinscribir la tradición católica de la renuncia al cuerpo como acto de salvación colectiva, lo afirma como único sitio de redención posible.

Así operaba el tenedor de hereje, presionando mandíbula y pecho por partida doble, orígenes físicos del discurso y la emoción respectivamente. La Chola ha sabido hacer de su autobiografía una canción de denuncia que no necesita letra, que no redunda en el plano discursivo, en la hegemonía lingüística de las ideas. Engendra una suerte de bolero punk en loop que aturde en cada muestra y que se plasma en una profusión de medios dispares, pero trabajados estéticamente, desde las capacidades expresivas de cada uno. La Chola es su mejor obra de arte porque hace de su imagen pública un sitio de expresión artística que desafía las expectativas sociales desde el goce. Convierte a su cuerpo condenado en un cuerpo de obra. Su cuerpo —siempre ya señalado, siempre ya textualizado por marrón, por cuir— se vuelve el soporte para crear a través de él otros modos de estar.

A diferencia de mucha de la autorreferencialidad presente en la escena artística de Buenos Aires, la suya implica un trabajo preciso sobre la política de las imágenes que excede a la mera representación de una diferencia que pide ser incluida. Busca directamente, como artista profesional, otra estética que va alterando permanentemente los modos en que el cuerpo aparece, circula o se materializa en vez de atenerse a un modelo de representación existente. Quedó atrás el reemplazo en El nacimiento de Venus de una marmórea por otra marrona; las sustituciones son ahora mucho más complejas. La muestra expone las fisuras y discontinuidades que no permiten el encasillamiento de su trabajo como artista. Se encabalgan las materialidades a través del ritmo de su cuerpo contorsionado, mutante, expandido, endiosado y pata sucia, sagrado y profano, irreverente, con instancias banales y otras que parecen mesiánicas en la espesura que logra darle a esa banalidad.

—Texto y curaduría por Leandro Martínez Depietri

http://www.pastogaleria.com.ar/

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