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Reportes - Venecia - Italia

Marilyn Boror Bor

Tiempo de lectura: 5 minutos

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17.06.2022

Mall Monumental

Pabellón Guatemala en la 59ª Bienal de Venecia

Se instauró en Abya Yala el dogma universal de la raza y de la fe, se inventó lo que debía ser la naturaleza, la especie nombrada humana, al nacer con vulva fui asignada mujer, nombrada india. Nació la biología que determinó que mi cuerpo era inferior, que un color era inferior, mano de obra para el capital, cuerpo, sexualidad y razón al servicio del capital.

—Rosa Chávez

Me gusta esperar buenas noticias, de esas que llegan con un sonido notificando que acaba de entrar un mensaje nuevo a mi correo. Las he recibido —vaya si no— en distintos momentos de la vida y de distintas partes del mundo. Digamos que el sonido de la notificación tiene un efecto sobre mí al estilo de la campana de Pávlov, suena el mensaje y automáticamente me emociono, como esa vez que creí que me habían invitado a la Bienal de Venecia. Un correo en un idioma que no es el mío, en el que se nombraba la quincuagésima novena Bienal de Venecia y a su curadora, Cecilia Alemani, fue suficiente para confundirme en los primeros párrafos. Claro está que, aunque la invitación hubiera sido real y no de otra feria de arte paralela a la bienal —a la cual nombra insistentemente para confundir a sus posibles presas para que crean que están dentro del mismo evento (cobrándole a les artistas 16,000 euros por exponerles en una pared de 4m2)—, aún así tampoco habría mucha razón por la cual emocionarse, porque el pabellón nacional de Guatemala en la Bienal de Venecia nunca ha sido un espacio consecuente con lo que significa una bienal de arte que muestra a artistas con carreras consolidadas; sino que éste presenta a figuras que han sido elegidas desde un ambiente más político y comercial en el que las marcas patrocinadoras se sientan seguras de poner su sello sin temer que las obras las señalen, como el blanco fácil que son, de cuanta barbarie se nos ocurra nombrar. Es decir, la Bienal de Venecia, en diversos pabellones, es un espacio de blanquitud, un canal de novedades que muestra obras, pero no cuestiona entornos.

Habiendo dicho esto, ¿Cómo se percibe la Bienal de Venecia desde la perspectiva de los pueblos originarios? La colonización está enraizada e internalizada, tanto así que en Guatemala aún se sigue viendo con admiración hacia lo blanco, al norte global, y esto es producto de un sistema estructural racista arraigado en la mente de varios países colonizados e invadidos, como el nuestro. Cabe mencionar que Guatemala vivió una guerra de más de 35 años, el también llamado conflicto armado interno, que dejó alrededor de 200,000 muertes y más de 45,000 desaparecides. Un genocidio. Somos el país en el que, mientras vas caminando, te topas con vallas de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG) en las que se muestran imágenes de mujeres y hombres indígenas cargando una foto en blanco y negro de une familiar desaparecide mientras se puede leer abajo: “Podemos identificar a tu familiar desaparecido. ¡Llama hoy!” —al lado de Juan Chalí, identificado por su ADN.

Históricamente los cuerpos indígenas han sido racializados, como bien lo nombran las mujeres de AFEDES en su libro titulado Nuestros tejidos son los libros que la colonia no pudo quemar. Estamos cansades de hablar sobre la apropiación, de que los blancos minimicen el arte y la cosmovisión que hay detrás de cada lienzo tejido, y que lo nombren y lo traten como una simple artesanía. Es en este punto donde cabe hablar del pabellón de Guatemala, específicamente del artista Chrispapita, quien representa al país en la Bienal de Venecia con una obra titulada Inclusión, curada por él mismo y comisariada por el Ministro de Cultura Felipe Armando Aguilar, con la enorme discordancia de que el trifoliar de su obra se encuentra escrito solamente en inglés, sin nombrar que va acompañado de varios logotipos de patrocinadores que representan a las familias de poder y a la oligarquía de Guatemala, quienes hasta el día de hoy siguen expropiando y esclavizando indígenas —marcas que le han dado al artista este espacio en Venecia como premio de consolación por la obra que no pudo vender al Estado de Guatemala por un millón de dólares. Nada de inclusión en este discurso. Por eso no me interesa hablar de la obra del artista desde su técnica, sino desde cómo esta pieza es una muestra clara del racismo del artista y quizá el vivo ejemplo, el espejo más fiel, de una sociedad como la whitemalteca. Alguien como Chrispapita que no entiende que no puede hablar de algo que no le pertenece y, justamente, no le pertenece porque no lo entiende. Los elementos que utiliza en su pintura son una apropiación de la resistencia y la memoria de nuestres abuelos y abuelas. La lectura de cada elemento que hay en su obra recuerda a las vallas publicitarias del INGUAT (Instituto Guatemalteco de Turismo) o a las presentaciones del Ballet Folklórico de Guatemala, donde se exotiza a le indígena, en las cuales las mujeres y hombres blanques se apropian de nuestros bailes, nuestra vestimenta, de nuestros idiomas, pensamientos y conocimientos. La participación de Guatemala en la Bienal de Venecia me recuerda a la celebración de la Virgen de Guadalupe en este país, en la que les guatemalteques “disfrazan” a sus hijos de inditos.

¿Cómo es ser artista en nuestro contexto? Para los pueblos originarios de Abya Yala, la palabra arte no existe, nuestro pensamiento viene del conocimiento de la relación cotidiana con la naturaleza, del estar conscientes de cómo nos ilumina el pasado. Nosotras y nosotros hablamos del Aj’, el hacedor, la profesión. En tz’utujil, hablamos de la comadrona que da vida, y en kaqchikel del conocimiento o la sabiduría. Esto es lo que entendemos por arte. En palabras del escritor Miguel Rochas Vivas, el problema es que les no-indígenas desconocen los símbolos básicos de la escritura indígena.

Basado en lo anterior, cabe decir que la Bienal de Venecia es, para mí un mall monumental que romantiza la idea del arte y alimenta el ego, que minimiza y exotiza a les otres. Una institución patriarcal encargada de blanquear aún más lo blanco. Un abismo para la memoria, el olvido sofocando la responsabilidad histórica, el lugar del que no me interesa ser parte.

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