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Blog - San Juan - Argentina

Tiempo de lectura: 2 minutos

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09.07.2021

"Agua Negra" de Martín Fernández en Museo Provincial de Bellas de Artes "Franklin Rawson", Argentina

Curaduría por Antonio Villa
San Juan, Argentina
12 marzo, 2021 – 27 julio, 2021

Espacios apagados, enmudecidos, como instantáneas que buscan el azaroso juego del hábitat, de arquitecturas útiles o inútiles en las que nos vemos sumergidos. Cuestionar la oscuridad del negro, el espacio pausado, el silencio, y la vibrante línea que se abre paso en el sofocado campo que obtura la vitalidad del blanco. Contrastes: oposiciones de planos, tramas y texturas en incesante búsqueda de avances y retrocesos, como si la superficie nos hablara en el momento de una danza que inquieta y no deja de moverse en la mirada.

La arquitectura utópica, la ruina, o la idea de una cartografía resuelta en signos son posiblemente algunos de los contenidos centrales que Martín Fernández trasunta en su obra. Un campo de búsqueda, donde la economía del recurso saca su máximo provecho, e interpela al espectador en la mirada y los límites de legibilidad y distancia. El espacio, la receta mágica de dimensión en el plano trabaja la sugerente ambivalencia de hondonadas. La mirada sigue el curso de contornos y se desplaza en la superficie laberíntica del plano, con clara intención de involucrar al observador en el entramado de la obra.

En medio del artificio, la naturaleza reclama y busca paso con orgánicos registros. El paisaje irrumpe, trepa o se abre como ventana a la otredad del mundo. Y es ahí, donde Martín retiene el tiempo en la geografía de la forma y el emplazamiento de escenas que prescinden del individuo, y el hábitat se vuelve caos.

—Texto por Emanuel Diaz Ruiz, director del MPBA|FR

Repentinamente, un plegamiento desdibujó dentro y fuera. Fue un suceso sin
nombre ni precedente en sus efectos: antes y ahora extraviaron su capacidad de
explicación, la orientación y las mesuras quedaron obsoletas. Los cómicos de la
lengua y sus farsantes escaparon en exilio, eludiendo la boca de escena, el decorado,
el telón y su garganta en sombra.

Dios es un fundamento atávico: hoy la arquitectura imagina al mundo y fantasea,
devora en su inventiva las proporciones, invalida suelo y techo, funde yerto y vivo.
Consulta la cartomancia y, con su instinto, forja razones y andamiajes: el camino de la
palabra, los propósitos del artificio.

La naturaleza insiste, gobernada bajo láminas de mineral. El cielo pendula: se
aploma, relampaguea; al rato tiembla y replica. Los ríos aceitosos siguen a la luna, le
hacen coreografías psicodélicas. Motivos musicales se posan sobre las ruinas pulidas,
arman surcos de luz. Baldío el sol, propaga vida. Respinga en el cementerio tubular.

El erotismo se abocó a las superficies, entonces templos y teatros chocaron,
y formas y proporciones se trenzaron en paradojas. Capiteles en fila india, parques
flotantes yuxtapuestos, rompientes disueltas, salones enclenques, marañas de metal.

El pensamiento es una nube sin anatomía que habita espacios destinados a eso,
donde adopta formas que remiten a otras formas. ¡Escaleras se convirtieron en
espejos! ¡Puertas en muros impenetrables! ¡Selvas blandas en firme hormigón!

—Texto y curaduría por Antonio Villa

https://www.museofranklinrawson.org/

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