La curadora Adriana Melchor Betancourt escribe sobre “El espacio vientre”, de la artista colombiana Delcy Morelos, quien transforma la sala 9 del Museo Universitario Arte Contemporáneo en una experiencia sensorial y ritual donde la tierra se vuelve ofrenda, memoria y gesto político. En esta reseña, Melchor repasa la obra de Morelos, sus implicaciones locales, las fricciones y preguntas pertinentes con respecto a una región continental que parece estar nuevamente disponible para el saqueo.
Un pasillo estrecho con muros gruesos de tierra roja compactada te conduce hacia un espacio que pronto descubres como centro. Te envuelven muros más o menos concéntricos fabricados de tierra rojiza que van creciendo en altura, una altura que en algunos momentos toca el techo y las luminarias de la sala 9 del Museo Universitario Arte Contemporáneo. Estando allí me siento como en un cráter pero también en un ágora, porque si pudiera subir encontraría un lugar para sentarme. El espacio se siente fresco y un poco húmedo, para recorrerlo uso mucho la mirada como cuando estás en algún terreno abierto o en el monte, buscando en el horizonte.
El espacio vientre, curado por Alejandra Labastida y Daniel Montero, es el más reciente proyecto de la artista colombiana Delcy Morelos, quien desde hace más de una década usa la tierra como materia prima en sus intervenciones y esculturas de gran formato. Dos de las referencias importantes para la realización de esta obra fueron el Espacio Escultórico de la UNAM y la pirámide de Cuicuilco, aunque en la hoja de sala se menciona también el paisaje que dejó la erupción del volcán Xitle. Todos estos son puntos de referencia pertenecientes a la geografía del sur de la Ciudad de México y desde luego, a espacios cercanos al MUAC. No obstante, se menciona que la tierra proviene de campos de cultivo de Otumba, Estado de México. La tierra rojiza está mezclada con clavo, canela, chía, paja y elote; un gesto recurrente en todas sus obras con tierra. En un par de entrevistas la artista ha mencionado que esto refiere a una tradición ancestral de los Andes argentinos que rinde tributo a la Pachamama, considerada el alma de la tierra. Se trata de ofrendar a la tierra con diferentes sabores, en las piezas de la artista estos sabores cambian, no siempre son los mismos. De este modo, advertimos algunos de los aspectos más importantes en sus obras: la incorporación de las cosmovisiones ancestrales, la espiritualidad y la experiencia de lo ritual.
La tierra no es sólo la materia prima de muchas de sus obras, es parte de una reflexión sobre la lucha por el territorio y el respeto profundo por los ciclos de la vida, la muerte y el renacimiento. La artista cuenta que en sus inicios como artista su trabajo se centraba en la violencia en Colombia, el racismo, la brecha social y el despojo del territorio. La tierra es un elemento de disputa armada y para Morelos surgió una inquietud por abordarla desde otro lugar[1]. Para la realización de sus piezas la artista trabaja con la tierra del lugar en donde se mostrará el proyecto. Podemos advertir las muchas configuraciones que han tenido sus proyectos y los diálogos que hace con otros territorios; así como los acabados y tonos que pueden tener sus piezas responden a las características de las locaciones. Para esta entrega en México hay mucho detalle con la incorporación de la paja, el acomodo de ésta no es sólo un capricho sino un gesto que se realiza con mucho cuidado. Según nos revela Delcy, ella pone paja por paja en el lugar en donde considera que debe ir[2]. Después de concluir el periodo de exhibición la tierra regresará a su origen.
El título de la obra El espacio vientre nos habla de un componente femenino, no obstante no se trata de órganos femeninos sino de la sabiduría que las mujeres resguardan y transmiten de forma oral. El cuidado del medio ambiente y los saberes ancestrales constituyen un conocimiento que Delcy respeta y reconoce como una energía femenina. En otros momentos Morelos ha hablado de considerar a la tierra como útero[3]. En No es un río, es una madre (2014) el título hace referencia al río Sinú en Colombia, un río que fue severamente afectado por la construcción de la central hidroeléctrica Urrá I. Para el pueblo embera el río fue masacrado y decidieron protestar fuertemente por ello. Una de las frases que acompañaron esta manifestación fue “No es un río, es una madre”, el río era una fuente de alimento y ayudaba a fertilizar la tierra[4].
Con esta instalación el museo da inicio un nuevo programa de exhibiciones que comisionará piezas específicas para la sala 9. A la entrada de la sala, se especifica que se tratará de “comisiones anuales de gran formato (...) con el objetivo de involucrar al público en experiencias que respondan de manera ambiciosa, crítica y creativa a las problemáticas contemporáneas.” Me causa expectativa saber qué más presentarán después. Durante la charla de apertura se mencionó que esta sala albergará proyectos de sitio específico y que ningún otro museo está asumiendo este reto. ¿Nos tendríamos que preguntar si otro museo está ofreciendo esta programación? ¿Necesitamos tener estas experiencias con los espacios de exhibición? ¿No han habido otras experiencias similares?
Delcy Morelos es la tercera artista colombiana que se presenta en el MUAC. Primero estuvo en 2011 Doris Salcedo con Plegaria muda y luego Beatriz González en 2023. La obra de Salcedo se trató de una contundente instalación que ocupó toda una sala de exhibición. Un año después (2012), Teresa Margolles presentó La promesa, otra instalación de gran formato que tanto por su propuesta discursiva como su emplazamiento en sala resultó muy impactante de experimentar. Tanto las obras de Salcedo como Margolles las recuerdo muy bien por la confrontación sensorial que causaron en mí. Como espectadora, cuando recorro una exposición con varias obras montadas mi visita es diferente, hay otros ritmos en los recorridos y la atención cambia si la muestra es muy larga. Con piezas monumentales que ocupan una sala entera de exhibición o la recorres rápido o te detienes a contemplarla. Para la instalación de Morelos se limita el aforo y el tiempo en el que puedes estar dentro, pues no hay mucho espacio para que una multitud pueda estar al mismo tiempo. Pero también pienso en algunos otros comentarios que ha hecho la artista al respecto del comportamiento de lxs visitantes en sus obras. Por ejemplo, ella menciona que con Earthly Paradise (2022), instalación que presentó en la 59° Bienal de Venecia, la pieza recibió maltratos. Lo que le confirmó que no tenemos un vínculo respetuoso con un elemento tan importante para la vida como lo es la tierra o por el trabajo artístico.
Otra variante que debemos incorporar a este análisis es la programación pública que acompaña a El espacio vientre. Una de estas actividades consistió en ofrecer el curso “Historias del arte contemporáneo colombiano” impartido por Natalia Gutiérrez y Daniel Montero. Uno de los objetivos fue establecer un diálogo entre los contextos artísticos de México y Colombia y ampliar el panorama más allá de figuras como Fernando Botero[5]. A veces no prestamos mucha atención a las actividades que se detonan a partir de exposiciones u otros eventos artísticos y mucho menos son incluidas en las reseñas o textos críticos. En este caso qué pertinente fue esta propuesta, particularmente en el contexto actual que comienza a explotarnos de frente, dondé será necesario será reflexionar sobre las historias de nuestros países agrupados en conceptos tan inestables y problemáticos como América Latina, Centro América o el Caribe.
Revisando la nueva oferta de formación de Campus expandido me gustaría destacar dos cursos: Los grupos y las pedagogías militantes. Arte, participación y crítica educativa en los años setenta y Archivos rebeldes. Metodologías críticas y prácticas artísticas en Centroamérica y el Caribe. Que desde sus títulos podemos intuir que habrá exposiciones dedicadas a estos temas y que mientras otros recintos tendrán programadas actividades referentes al mundial de fútbol, una obligación que viene impuesta por instancias del gobierno, habrá que hacer lugar para tener espacios para elaborar y reflexionar sobre estas nuevas crisis que se avecinan y que comenzarán a renegociar este nuevo orden o desorden geopolítico. Durante los setenta hubo fuertes debates sobre la pregunta de la identidad latinoamericana y una red de colaboraciones entre agentes de la cultura de varios países a pesar de la dureza de los regímenes dictatoriales. Pienso que es buen momento para revisar críticamente estas experiencias.
El mercado y el sistema del arte contemporáneo tiende a exotizar y explotar ahora a aquellas prácticas artísticas que con honestidad y compromiso honran los saberes ancestrales de los pueblos originarios que actualmente sobreviven. De igual manera, hay artistas que también han aprovechado y capitalizado sus historias familiares o linajes para venderse y ocupar espacios como museos o bienales internacionales. Así que hay que proceder con cautela cuando una institución nos presenta un cuerpo de obra con dichas características.
Después de revisar eventos en donde ella hablara, no tanto textos sobre su obra, pues me interesaba mucho escucharla. Especialmente porque durante la charla de apertura hizo hincapié sobre la importancia de la escucha, no sólo para la pieza sino para la vida cotidiana. En las charlas y entrevistas que revisé hay interés por hablar de los aprendizajes que ella ha tenido, en varias ocasiones menciona a su maestro huitoto de filosofía amazónica, Isaías Román, nos habla de las enseñanzas aprendidas de las mujeres sabías del Amazonas e incluso de lo que aprendió de los ceramistas sintoístas japoneses con quienes trabajó. De quienes aprendió que todo lo que hacemos con nuestras manos está lleno de espíritu, los objetos están cargados de espíritu y todo lo que está a nuestro alrededor. Es por esto que debemos manejarlos con respeto y esto incluye al arte. No obstante, tampoco quisiera que romatizaramos todos los saberes ancestrales y quisiera conocer qué contradicciones ha encontrado la artista durante sus largos años de aprendizaje.
El espacio vientre es una ofrenda a nuestro territorio y a pesar de su monumentalidad, característica que al arte contemporáneo suele gustar por sus efectos en los públicos, esta obra propone experimentar en el cuerpo y luego desde nuestra curiosidad intelectual, el carácter espiritual y ritual de nuestro medio ambiente. La tierra que normalmente gente de ciudad descartamos porque ensucia nuestros zapatos o se mete a la casa, es también tierra roja que, en un espacio de exhibición como el MUAC parece ceremonial, aunque en su origen es usada para el cultivo. Pero es también motivo de disputas familiares, nacionales e internacionales. A esto, Delcy nos recuerda: “La tierra es tan frágil como nosotros / Si la dañas, me dañas, te dañas” .
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Notas: [1]Delcy Morelos, “Delcy Morelos: trabajando con la tierra para liberar el alma,” entrevista por Julián Sánchez González, MoMA Magazine, mayo 25, 2023, https://www.moma.org/magazine/articles/902; [2] Delcy Morelos, “Delcy Morelos Book Launch,” Dia Art Foundation, YouTube, 17:24, https://www.youtube.com/watch?v=v3j7w__9GZ8&t=89s; [3]Margarita Posada, “Delcy Morelos, la artista embajadora de la madre Tierra,” El País, diciembre 6, 2023 https://elpais.com/america-colombia/branded/los-lideres-de-colombia/2023-12-06/delcy-morelos-la-artista-embajadora-de-la-madre-tierra.html; [4] Morelos, entrevista; [5] Programa del curso https://historiarte.esteticas.unam.mx/sites/default/files/2025-07/DrMontero261.pdf

Un pasillo estrecho con muros gruesos de tierra roja compactada te conduce hacia un espacio que pronto descubres como centro. Te envuelven muros más o menos concéntricos fabricados de tierra rojiza que van creciendo en altura, una altura que en algunos momentos toca el techo y las luminarias de la sala 9 del Museo Universitario Arte Contemporáneo. Estando allí me siento como en un cráter pero también en un ágora, porque si pudiera subir encontraría un lugar para sentarme. El espacio se siente fresco y un poco húmedo, para recorrerlo uso mucho la mirada como cuando estás en algún terreno abierto o en el monte, buscando en el horizonte.
El espacio vientre, curado por Alejandra Labastida y Daniel Montero, es el más reciente proyecto de la artista colombiana Delcy Morelos, quien desde hace más de una década usa la tierra como materia prima en sus intervenciones y esculturas de gran formato. Dos de las referencias importantes para la realización de esta obra fueron el Espacio Escultórico de la UNAM y la pirámide de Cuicuilco, aunque en la hoja de sala se menciona también el paisaje que dejó la erupción del volcán Xitle. Todos estos son puntos de referencia pertenecientes a la geografía del sur de la Ciudad de México y desde luego, a espacios cercanos al MUAC. No obstante, se menciona que la tierra proviene de campos de cultivo de Otumba, Estado de México. La tierra rojiza está mezclada con clavo, canela, chía, paja y elote; un gesto recurrente en todas sus obras con tierra. En un par de entrevistas la artista ha mencionado que esto refiere a una tradición ancestral de los Andes argentinos que rinde tributo a la Pachamama, considerada el alma de la tierra. Se trata de ofrendar a la tierra con diferentes sabores, en las piezas de la artista estos sabores cambian, no siempre son los mismos. De este modo, advertimos algunos de los aspectos más importantes en sus obras: la incorporación de las cosmovisiones ancestrales, la espiritualidad y la experiencia de lo ritual.
La tierra no es sólo la materia prima de muchas de sus obras, es parte de una reflexión sobre la lucha por el territorio y el respeto profundo por los ciclos de la vida, la muerte y el renacimiento. La artista cuenta que en sus inicios como artista su trabajo se centraba en la violencia en Colombia, el racismo, la brecha social y el despojo del territorio. La tierra es un elemento de disputa armada y para Morelos surgió una inquietud por abordarla desde otro lugar[1]. Para la realización de sus piezas la artista trabaja con la tierra del lugar en donde se mostrará el proyecto. Podemos advertir las muchas configuraciones que han tenido sus proyectos y los diálogos que hace con otros territorios; así como los acabados y tonos que pueden tener sus piezas responden a las características de las locaciones. Para esta entrega en México hay mucho detalle con la incorporación de la paja, el acomodo de ésta no es sólo un capricho sino un gesto que se realiza con mucho cuidado. Según nos revela Delcy, ella pone paja por paja en el lugar en donde considera que debe ir[2]. Después de concluir el periodo de exhibición la tierra regresará a su origen.
El título de la obra El espacio vientre nos habla de un componente femenino, no obstante no se trata de órganos femeninos sino de la sabiduría que las mujeres resguardan y transmiten de forma oral. El cuidado del medio ambiente y los saberes ancestrales constituyen un conocimiento que Delcy respeta y reconoce como una energía femenina. En otros momentos Morelos ha hablado de considerar a la tierra como útero[3]. En No es un río, es una madre (2014) el título hace referencia al río Sinú en Colombia, un río que fue severamente afectado por la construcción de la central hidroeléctrica Urrá I. Para el pueblo embera el río fue masacrado y decidieron protestar fuertemente por ello. Una de las frases que acompañaron esta manifestación fue “No es un río, es una madre”, el río era una fuente de alimento y ayudaba a fertilizar la tierra[4].
Con esta instalación el museo da inicio un nuevo programa de exhibiciones que comisionará piezas específicas para la sala 9. A la entrada de la sala, se especifica que se tratará de “comisiones anuales de gran formato (...) con el objetivo de involucrar al público en experiencias que respondan de manera ambiciosa, crítica y creativa a las problemáticas contemporáneas.” Me causa expectativa saber qué más presentarán después. Durante la charla de apertura se mencionó que esta sala albergará proyectos de sitio específico y que ningún otro museo está asumiendo este reto. ¿Nos tendríamos que preguntar si otro museo está ofreciendo esta programación? ¿Necesitamos tener estas experiencias con los espacios de exhibición? ¿No han habido otras experiencias similares?
Delcy Morelos es la tercera artista colombiana que se presenta en el MUAC. Primero estuvo en 2011 Doris Salcedo con Plegaria muda y luego Beatriz González en 2023. La obra de Salcedo se trató de una contundente instalación que ocupó toda una sala de exhibición. Un año después (2012), Teresa Margolles presentó La promesa, otra instalación de gran formato que tanto por su propuesta discursiva como su emplazamiento en sala resultó muy impactante de experimentar. Tanto las obras de Salcedo como Margolles las recuerdo muy bien por la confrontación sensorial que causaron en mí. Como espectadora, cuando recorro una exposición con varias obras montadas mi visita es diferente, hay otros ritmos en los recorridos y la atención cambia si la muestra es muy larga. Con piezas monumentales que ocupan una sala entera de exhibición o la recorres rápido o te detienes a contemplarla. Para la instalación de Morelos se limita el aforo y el tiempo en el que puedes estar dentro, pues no hay mucho espacio para que una multitud pueda estar al mismo tiempo. Pero también pienso en algunos otros comentarios que ha hecho la artista al respecto del comportamiento de lxs visitantes en sus obras. Por ejemplo, ella menciona que con Earthly Paradise (2022), instalación que presentó en la 59° Bienal de Venecia, la pieza recibió maltratos. Lo que le confirmó que no tenemos un vínculo respetuoso con un elemento tan importante para la vida como lo es la tierra o por el trabajo artístico.
Otra variante que debemos incorporar a este análisis es la programación pública que acompaña a El espacio vientre. Una de estas actividades consistió en ofrecer el curso “Historias del arte contemporáneo colombiano” impartido por Natalia Gutiérrez y Daniel Montero. Uno de los objetivos fue establecer un diálogo entre los contextos artísticos de México y Colombia y ampliar el panorama más allá de figuras como Fernando Botero[5]. A veces no prestamos mucha atención a las actividades que se detonan a partir de exposiciones u otros eventos artísticos y mucho menos son incluidas en las reseñas o textos críticos. En este caso qué pertinente fue esta propuesta, particularmente en el contexto actual que comienza a explotarnos de frente, dondé será necesario será reflexionar sobre las historias de nuestros países agrupados en conceptos tan inestables y problemáticos como América Latina, Centro América o el Caribe.
Revisando la nueva oferta de formación de Campus expandido me gustaría destacar dos cursos: Los grupos y las pedagogías militantes. Arte, participación y crítica educativa en los años setenta y Archivos rebeldes. Metodologías críticas y prácticas artísticas en Centroamérica y el Caribe. Que desde sus títulos podemos intuir que habrá exposiciones dedicadas a estos temas y que mientras otros recintos tendrán programadas actividades referentes al mundial de fútbol, una obligación que viene impuesta por instancias del gobierno, habrá que hacer lugar para tener espacios para elaborar y reflexionar sobre estas nuevas crisis que se avecinan y que comenzarán a renegociar este nuevo orden o desorden geopolítico. Durante los setenta hubo fuertes debates sobre la pregunta de la identidad latinoamericana y una red de colaboraciones entre agentes de la cultura de varios países a pesar de la dureza de los regímenes dictatoriales. Pienso que es buen momento para revisar críticamente estas experiencias.
El mercado y el sistema del arte contemporáneo tiende a exotizar y explotar ahora a aquellas prácticas artísticas que con honestidad y compromiso honran los saberes ancestrales de los pueblos originarios que actualmente sobreviven. De igual manera, hay artistas que también han aprovechado y capitalizado sus historias familiares o linajes para venderse y ocupar espacios como museos o bienales internacionales. Así que hay que proceder con cautela cuando una institución nos presenta un cuerpo de obra con dichas características.
Después de revisar eventos en donde ella hablara, no tanto textos sobre su obra, pues me interesaba mucho escucharla. Especialmente porque durante la charla de apertura hizo hincapié sobre la importancia de la escucha, no sólo para la pieza sino para la vida cotidiana. En las charlas y entrevistas que revisé hay interés por hablar de los aprendizajes que ella ha tenido, en varias ocasiones menciona a su maestro huitoto de filosofía amazónica, Isaías Román, nos habla de las enseñanzas aprendidas de las mujeres sabías del Amazonas e incluso de lo que aprendió de los ceramistas sintoístas japoneses con quienes trabajó. De quienes aprendió que todo lo que hacemos con nuestras manos está lleno de espíritu, los objetos están cargados de espíritu y todo lo que está a nuestro alrededor. Es por esto que debemos manejarlos con respeto y esto incluye al arte. No obstante, tampoco quisiera que romatizaramos todos los saberes ancestrales y quisiera conocer qué contradicciones ha encontrado la artista durante sus largos años de aprendizaje.
El espacio vientre es una ofrenda a nuestro territorio y a pesar de su monumentalidad, característica que al arte contemporáneo suele gustar por sus efectos en los públicos, esta obra propone experimentar en el cuerpo y luego desde nuestra curiosidad intelectual, el carácter espiritual y ritual de nuestro medio ambiente. La tierra que normalmente gente de ciudad descartamos porque ensucia nuestros zapatos o se mete a la casa, es también tierra roja que, en un espacio de exhibición como el MUAC parece ceremonial, aunque en su origen es usada para el cultivo. Pero es también motivo de disputas familiares, nacionales e internacionales. A esto, Delcy nos recuerda: “La tierra es tan frágil como nosotros / Si la dañas, me dañas, te dañas” .
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Notas: [1]Delcy Morelos, “Delcy Morelos: trabajando con la tierra para liberar el alma,” entrevista por Julián Sánchez González, MoMA Magazine, mayo 25, 2023, https://www.moma.org/magazine/articles/902; [2] Delcy Morelos, “Delcy Morelos Book Launch,” Dia Art Foundation, YouTube, 17:24, https://www.youtube.com/watch?v=v3j7w__9GZ8&t=89s; [3]Margarita Posada, “Delcy Morelos, la artista embajadora de la madre Tierra,” El País, diciembre 6, 2023 https://elpais.com/america-colombia/branded/los-lideres-de-colombia/2023-12-06/delcy-morelos-la-artista-embajadora-de-la-madre-tierra.html; [4] Morelos, entrevista; [5] Programa del curso https://historiarte.esteticas.unam.mx/sites/default/files/2025-07/DrMontero261.pdf



