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Ancestrxs del futuro: aproximaciones para la disputa de la memoria desde prácticas transmasculinas insumisas
Aldri Covarrubias & gaita nihil
Latinoamérica
2026.02.03
Tiempo de lectura: 27 minutos

¿Qué relación hay entre visibilidad, memoria y dignidad? Aldri Covarrubias & gaita nihil escriben para "Memorias Insumisas" sobre las formas de hacer y sostener archivos que, entre otras cosas buscan configurar otras formas de dignidad para personas trasmasculinas en México y Argentina.

 

Sou uma ancestral do futuro [Soy una ancestra del futuro][1]

 

(en orden alfabético) por Aldri Covarrubias y gaita nihil 

 

Ante la crecida en número y acervo de archivos que dan cuenta del paso de personas maricas/trans*/travestis/machorras/nobinaries[2] —concretamente en el continente americano y no sólo en la llamada América Latina, sino también desde poblaciones de la diáspora latinoamericana en Estados Unidos de América[3]—, es pertinente hacer algunos apuntes alrededor de la génesis y el papel que tienen hoy los archivos de las personas desobedientes de sexo y género que surgieron después de la Pandemia de Covid-19. Es necesario hacer estas reflexiones para revisar cómo la relación entre la memoria y el olvido adquiere características que podemos identificar como insumisas[4], especialmente por aquellos archivos creados por y para masculinidades femeninas, hombres trans*, transmasculinidades, travos[5] y personas no binarias en Argentina y México. 

En este espacio abordaremos algunas reflexiones derivadas de dos experiencias concretas que encarnamos, en Argentina y México, pero queremos también destacar que en Uruguay, Paraguay, Chile, Colombia, Honduras y Guatemala existen actualmente esfuerzos concretos[6], y que, desde 2018, ya existen trabajos en la región alrededor de la memoria trans* realizados por transmasculinidades, específicamente los trazados en el Museo Transgénero de Historia y Arte por Ian Guimarães Habib [Museu Transgênero de Historia e Arte]  en Brasil. Si bien podemos ver que algunos de estos esfuerzos aspiran y han alcanzado su institucionalización, reconocemos puntos en común que nos permitirían hablar de una Memoria Transmasculina. 

En el mismo sentido, podemos destacar que hacer archivo es una estrategia política que compartimos tanto en el Archivo de Transmasculinidades de Argentina (ATMA) como en el Archivo de la Memoria Transmasculina México (ATMX), iniciativas hijas de su contexto y territorio, articuladas en el afán de construir otra dignidad. Ambos espacios surgen de la necesidad de propulsar espacios que historicen nuestras realidades y las alejen de la creencia de que somos excepciones y/o novedades para la sociedad contemporánea. Tenemos la convicción y certeza de que hubieron personas que se soñaron, nos soñaron, a ellas y con lo que somos ahora, y mediante ellas hablamos con el futuro. En ambos archivos, consideramos como un gran ejemplo de nuestras prácticas el impulso del Archivo Trans Argentina, iniciado en 2012[7], donde las compañeras travestis y trans generaron un espacio de conservación de las memorias de feminidades trans y horizontes de vida, al proveerles saberes de la archivística, restauración, edición y otras herramientas especializadas en materias relacionadas. 

Es importante puntualizar este reconocimiento a trabajos y personas que nos inspiran pues, generosamente, han compartido sus saberes a partir de generar instancias de encuentro e intercambio. Esto muestra cómo las personas trans* podemos y hemos escapado de la división binaria de lo masculino y femenino que pretenden imponernos desde la Cisheterosexualidad[8] y cómo generamos redes de solidaridad intracomunitarias.  Sin embargo, vale la pena puntualizar los aportes que podemos hacer desde nuestros lugares de enunciación, frente a lo que se entiende por Memoria Trans*. Comprendemos esta práctica, que llamamos Memoria Transmasculina*, lejos de la objetividad que implica la investigación científica, donde la dicotomía sujeto/objeto se difumina. La producción de archivos se lleva a cabo en la cotidianeidad, observándonos, pero también formando parte de la construcción de conocimiento de la que, en la mayoría de los casos, somos excluidxs por no tener acceso a formación académica y privándonos del acceso epistemológico de herramientas propias de la investigación y el quehacer archivístico.

El papel de nuestros archivos es específico porque no responde a esencialismos ni se centra únicamente en la Identidad de género. Consideramos otras complejidades[9] en las identidades de las vidas que retratamos y nos relacionamos cotidianamente con lo incompleto, a partir de reconocer la imbricación[10] de opresiones. Sabemos que no lo podemos abarcar todo y sabemos que hay cosas que se van a perder, pero eso no nos detiene. La producción de términos, imágenes y sensibilidades en común se está poniendo en marcha y en comunicación entre los grupos que visualizamos lo común desde varias latitudes. 

Hacemos estos esfuerzos con la convicción de construir otra dignidad, una que no ignore nuestras vivencias cuando se habla de lo trans*, que no se conforme con ser el colofón de la frase “mujeres y disidencias de género”. Este es, también, un ejercicio de creatividad, sensibilidad e incluso humor: producimos la parte relacional del archivo donde el foco no está sobre el documento sino en lo que podemos ser y hacer a partir de que nos ponemos en contacto con él y con nuestras comunidades.  Nuestra labor no aspira a disputar el poder ni el dolor para seguir alimentando narrativas que ubican a lo cisheterosexual como el centro de la vida. Nos reconocemos desde el dolor de las opresiones compartidas pero con la cautela de no sobre-identificarnos con ello. Estamos marcados por la obvia indefensión, la violencia, la sobreexposición que se nos exige y, en algunos casos, la más absoluta debilidad, pero esto no es origen-destino, es apenas un punto de partida desde el cual seguir sosteniendo la vida.

Es necesario entonces, también, abordar la contradicción que supone lo que hacemos y alertar sobre las amenazas y sus cómplices que visualizamos en el camino: la visibilidad sin liberación de lo que nos oprime y que algunas voces incautas demandan; la producción de imágenes individuales para hacernos palatables aún desde el sabor amargo del temor y el asco: el nuevo hombre, el hombre con vulva desnudo, la figura con cicatrices y sin mamas, el hombre embarazado, todas figuras para transaccionar por reconocimiento hegemónico. En la misma línea, todavía no tenemos la claridad de qué saberes y experiencias debemos resguardar para nosotrxs, pues nos encontramos escarbando en muchos niveles a la vez. Nos encontramos con deseos infinitos pero con recursos más que limitados. 

Debemos colocar el futurismo acrítico y el pionerismo bajo sospecha, removernos esa huella neurótica de ir tras las huellas del Padre, de buscar genealogías en la virilidad como signo de origen, del decir “siempre hemos existido”, de buscar al “primer hombre trans* que hizo…” para ganar la condición de respetabilidad y humanidad, la concentración en fotografías y documentos con el costo de la pérdida de otras prácticas y dispositivos.  

Esta reconstrucción —por una parte, de nuestro pasado, y por otra, como producción intencional de archivos para el futuro— responde a una intención de producir respuestas y luego más preguntas. Reconocemos esa responsabilidad y la proyectamos con la necesidad de dejar algo para el futuro con la plena conciencia de que las personas que nos sucedan no nos deben nada y, aún así, aspirar a la disolución y concentración de un común intergeneracional, que hable, al porvenir, del pasado que nos atraviesa como aquello que es impracticable para la Cisheterosexualidad. 

Desde México, este camino ha sido sinuoso, destacan especialmente los esfuerzos que desde la vivencia, experiencia y coordenadas de las mujeres trans*/travestis ven en estas prácticas horizontes de vida. El Archivo de la Memoria Trans México, el Museo de Arte Transfemenino y Justicia Histórica Trans* son paradas obligadas al hablar de Memoria Trans* en este territorio. Por la vivencia transmasculina, esfuerzos desde el arte y la organización comunitaria como los impulsados por Pol Martínez, Mario Sánchez Pérez y Nancy Cázares, los dos últimos a partir la figura de Amelio Robles, así como la ola de expresiones de masculinidades femeninas, hombres trans*, transmasculinidades y personas no binarias de la Cultura Ballroom, desde Monterrey hasta Mérida, a lo largo y ancho del país, con especial importancia para las personas jóvenes, racializadas y de la diáspora.

En específico, el Archivo de la Memoria Transmasculina México sostiene trabajos en varios niveles: por supuesto, la indagación en los Archivos Institucionales, pero también el registro de lo que acontece con las Transmasculinidades en la vida pública de la Ciudad de México y también en otras localidades, así como la apertura del común en espacios de los que históricamente se nos han apartado. Estos trabajos tienen una vocación de imaginación y construcción de organización colectiva alternativa a la Academia, el Estado y sus Instituciones, con figuras complacientes desde los activismos y la mercantilización de identidades.

Bien al sur, el Archivo Transmasculinidades Argentina (ATMA)[11] surge como hijo de su territorio, donde las prácticas archivísticas y la política tienen una férrea relación con la resistencia. Durante los últimos años de la última dictadura cívico-eclesiástico-militar (1976-1983) y el regreso a la democracia, los movimientos de derechos humanos llevaron adelante acciones de recuperación y preservación de los documentos y memorias de las víctimas de tortura, muerte y desaparición bajo el lema “Memoria, Verdad y Justicia”. Organizaciones como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S., entre otras vinculadas a los derechos humanos, se comprometieron a recabar toda la información sobre sus familiares, amigxs, activistas y demás personas desaparecidas por el gobierno de facto.

En la lista de perseguidxs y desaparecidxs también se encontraban personas de las comunidades LGB+, queer, y trans*, quienes comenzaron a recabar documentos que trajeran a la memoria a las víctimas del terrorismo de estado que formaban parte de estos colectivos, los cuales cargan con especificidades propias. Sin embargo, la persecución hacia nuestra comunidad no comienza ni termina con el golpe de estado ni con el regreso a la democracia. La patologización de nuestras existencias, la falta de políticas públicas y acceso a derechos humanos, la criminalización y la marginación son algunas de las problemáticas a las que nos enfrentamos cotidianamente, vinculadas al heterocisexismo imperante en las sociedades. En ese sentido, surge la necesidad de propulsar espacios de archivo que historicen nuestras realidades y las alejan de la creencia de que somos excepciones y/o novedades que surgen a partir de 2012, cuando se sanciona en Argentina la Ley de Identidad de Género. Un gran ejemplo de esta práctica es el impulsado por el mencionado Archivo Trans Argentina, donde las compañeras travestis y trans generaron un espacio de conservación de las memorias de feminidades trans, muchas de ellas sobrevivientes del contexto político de los años 70. Esta organización nos inspira y acompaña, ya que, entre muchos otros impactos directos en nuestra sociedad, sus archivos han servido para los juicios por lesa humanidad a los implicados en la dictadura militar.

En este sentido, las personas que constituyen el ATMA toman el concepto de etnología. Somos los propios sujetos quienes tomamos a nuestra comunidad como objeto de estudio, no desde la alteridad sino desde habitarla y ser parte de ella. En vez de aplicar sobre los archivos transmasculinos recuperados (de los medios de comunicación, libros, relatos, testimonios históricos, etc.) un análisis externo, nos consideramos etnógrafos que investigamos la propia comunidad: frente al cisexismo que sistemáticamente ha ocultado nuestras existencias, se traen al presente a personas transmasculinas, hombres trans, no binaries y travos con el objetivo de colaborar en ampliar los imaginarios y posibilidades de las masculinidades del presente, fortaleciendo nuestro patrimonio y sacudiéndole el polvo a trayectorias borradas e ignoradas por la historia cisheterosexual. La producción de archivos se lleva a cabo en la cotidianeidad, en la interacción, pero también formando parte de la construcción de conocimiento de la que, en la mayoría de los casos, somos excluidxs por no tener acceso a formación académica —privándonos del acceso epistemológico a herramientas propias de la investigación y el quehacer archivístico. Así, generamos nuestras propias metodologías emergentes, no sólo rescatando el pasado sino también generando archivos para el futuro, a través de producciones artísticas y de encuentros comunitarios, donde arte, activismo y archivo se confunden, al igual que pasado y presente.

Esta reconstrucción que el Archivo Transmasculinidades Argentina pretende llevar a cabo, por una parte, de nuestro pasado, y por otro, como producción intencional de archivos para el futuro, responde a una intención de reconocer un patrimonio, comprendido como aquel pilar de la cultura que es herencia de bienes materiales e inmateriales (simbólicos). Recibimos esa herencia y la proyectamos con la necesidad de dejar algo para el futuro: un legado que hable al porvenir del pasado que nos atraviesa como comunidad. Sin embargo, no dejamos de reconocer en él su origen colonial y la necesidad de construir un/os archivo/os otros, que hablen desde la crítica a este y otros paradigmas impuestos desde la heterocisexualidad colonial y capitalista.

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Notas:

[1]Castiel Vitorino Brasileiro, Quando encontro vocês: macumbas de bixa, feitiços de travestis, autopublicación. Vitoria, Brasil, 2019; [2] Aglutinamos este bloque conceptual con el propósito de evidenciar los términos generales que se usan de forma contemporánea en América Latina hispanoparlante para referir a personas que disienten del Régimen Político de la Cisheterosexualidad en el sentido planteado por Ochy Curiel [Coopia, Fanzine Laboratorio: Espacialidades Asimétricas: Colonialidad de género, heteronorma y colonialidad territorial, Notas Colectivas, Conversación con Ochy Curiel, página 51]. Con esto, queremos cuestionar la extensión acrítica del uso del término “queer/cuir/kuir; [3] Basta revisar la memoria del Primer Congreso Latinoamericano de Archivos Trans disponible en YouTube para dar cuenta de algunos esfuerzos que se hacen desde la diáspora y el exilio; [4] Retomamos el sentido del “Sujeto Insumiso” propuesto por Robinsón Salazar como la superación consciente de una vida sin sentido, la obligación de actuar permanentemente de manera desalienante y sensible ante la injusticia y resolutivo para actuar en situaciones riesgo; [5] Aunque no hay una definición específica, y creemos que no debería haberla, desde algunos territorios del sur de América comenzamos a utilizar el término “travo” en relación con el término “trava” (apócope de “travesti”). “Travesti” es como se autoperciben las compañeras que, en general, no admiten el “ser mujer” en términos binarios que propondría el unir “mujer” a lo “trans”. Mientras que muchas rechazan “mujer trans” y prefieren “travesti”, lo mismo ocurre con compañeros/es que rechazan lo “hombre trans” para autopercibirse a sí mismos/es como “travos”. Este término se extendió a países limítrofes y más al norte también. Estas denominaciones suelen ser propias de algunos países de América del Sur, en otros países de habla hispana lo travesti suele usarse como sinónimo de “transformismo” como práctica artística, la cual es una diferencia semántica profunda con el uso del término en Argentina, donde “lo travesti” es una identidad de género. “Rastreamos el calco del término ‘travo’ gracias al uso de Redes Sociales, creadores de contenido y jerga utilizada en la Comunidad Ballroom a través de Latinoamérica”; [6] Se pueden buscar en Instagram como: Memoria Transmasculina Py, Memoria TransMasculina (Chile).En Instagram: AL y Chile Memoria TransMasculina @memoriatransmasc; AL Brasil Arquivo das Transmasculinidades Negras Brasileriras @transencruzilhadas; ChilenRaíces Transmasculinas @raicestransmasc; Honduras Hombres trans Honduras @hombrestranshonduras; Guatemala Repositorio Memoria Abyecta Guatemala @memoria_abyectagt; Uruguay Transboys Uruguay; [7] https://archivotrans.ar; [8] La creencia o suposición de que las identidades, expresiones y encarnaciones de géneros de las personas cis, son más naturales y legítimas que aquellas de las personas trans. Julia Serrano adopta este término en sus textos Whipping Girl (2007), Excluded (2013) y Outspoken (2016); [9] ¿Cómo se busca lo que no se nombra? Y, en el caso de las transmasculinidades, lo que tampoco salta a la vista por una aparente asimilación con las masculinidades cis. Nuestra labor archivística rompe con la concepción lineal del tiempo, buscamos en el pasado, registramos lo que ocurre e imaginamos líneas donde la norma no supo verlas. Al venir de lo abyecto, de la anomalía, aún la cárcel, el hospital y el museo cuentan con la mayoría de los registros de donde podría encontrarse nuestra ancestría, por lo que estamos irremediablemente limitadxs y prontamente pueden cambiar las narrativas hacia la asimilación de sujetos fuera de la norma. Los espacios de conservación agotarán pronto las colecciones privadas y serán necesarios edificios públicos. En América Latina se tienen pocos conocimientos técnicos y poca autonomía para las labores de preservar y restaurar ; [10] Usamos “imbricación” en el sentido de los trabajos de Andréa Gill y Thula Pirés (2019), así como los apuntes de Martín Pahde. Usando la metáfora de cómo las opresiones se superponen y sostienen, como hilos en un telar, se constituyen mutuamente y resultan mucho más que la acumulación de éstas, lo que evita discusiones superfluas sobre quién tiene más y se concentra en cómo se sostienen para perpetuar el poder hegemónico; [11]  Web: www.archivotransmasc.ar, Instagram: archivotransmasc.ar




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Sou uma ancestral do futuro [Soy una ancestra del futuro][1]

 

(en orden alfabético) por Aldri Covarrubias y gaita nihil 

 

Ante la crecida en número y acervo de archivos que dan cuenta del paso de personas maricas/trans*/travestis/machorras/nobinaries[2] —concretamente en el continente americano y no sólo en la llamada América Latina, sino también desde poblaciones de la diáspora latinoamericana en Estados Unidos de América[3]—, es pertinente hacer algunos apuntes alrededor de la génesis y el papel que tienen hoy los archivos de las personas desobedientes de sexo y género que surgieron después de la Pandemia de Covid-19. Es necesario hacer estas reflexiones para revisar cómo la relación entre la memoria y el olvido adquiere características que podemos identificar como insumisas[4], especialmente por aquellos archivos creados por y para masculinidades femeninas, hombres trans*, transmasculinidades, travos[5] y personas no binarias en Argentina y México. 

En este espacio abordaremos algunas reflexiones derivadas de dos experiencias concretas que encarnamos, en Argentina y México, pero queremos también destacar que en Uruguay, Paraguay, Chile, Colombia, Honduras y Guatemala existen actualmente esfuerzos concretos[6], y que, desde 2018, ya existen trabajos en la región alrededor de la memoria trans* realizados por transmasculinidades, específicamente los trazados en el Museo Transgénero de Historia y Arte por Ian Guimarães Habib [Museu Transgênero de Historia e Arte]  en Brasil. Si bien podemos ver que algunos de estos esfuerzos aspiran y han alcanzado su institucionalización, reconocemos puntos en común que nos permitirían hablar de una Memoria Transmasculina. 

En el mismo sentido, podemos destacar que hacer archivo es una estrategia política que compartimos tanto en el Archivo de Transmasculinidades de Argentina (ATMA) como en el Archivo de la Memoria Transmasculina México (ATMX), iniciativas hijas de su contexto y territorio, articuladas en el afán de construir otra dignidad. Ambos espacios surgen de la necesidad de propulsar espacios que historicen nuestras realidades y las alejen de la creencia de que somos excepciones y/o novedades para la sociedad contemporánea. Tenemos la convicción y certeza de que hubieron personas que se soñaron, nos soñaron, a ellas y con lo que somos ahora, y mediante ellas hablamos con el futuro. En ambos archivos, consideramos como un gran ejemplo de nuestras prácticas el impulso del Archivo Trans Argentina, iniciado en 2012[7], donde las compañeras travestis y trans generaron un espacio de conservación de las memorias de feminidades trans y horizontes de vida, al proveerles saberes de la archivística, restauración, edición y otras herramientas especializadas en materias relacionadas. 

Es importante puntualizar este reconocimiento a trabajos y personas que nos inspiran pues, generosamente, han compartido sus saberes a partir de generar instancias de encuentro e intercambio. Esto muestra cómo las personas trans* podemos y hemos escapado de la división binaria de lo masculino y femenino que pretenden imponernos desde la Cisheterosexualidad[8] y cómo generamos redes de solidaridad intracomunitarias.  Sin embargo, vale la pena puntualizar los aportes que podemos hacer desde nuestros lugares de enunciación, frente a lo que se entiende por Memoria Trans*. Comprendemos esta práctica, que llamamos Memoria Transmasculina*, lejos de la objetividad que implica la investigación científica, donde la dicotomía sujeto/objeto se difumina. La producción de archivos se lleva a cabo en la cotidianeidad, observándonos, pero también formando parte de la construcción de conocimiento de la que, en la mayoría de los casos, somos excluidxs por no tener acceso a formación académica y privándonos del acceso epistemológico de herramientas propias de la investigación y el quehacer archivístico.

El papel de nuestros archivos es específico porque no responde a esencialismos ni se centra únicamente en la Identidad de género. Consideramos otras complejidades[9] en las identidades de las vidas que retratamos y nos relacionamos cotidianamente con lo incompleto, a partir de reconocer la imbricación[10] de opresiones. Sabemos que no lo podemos abarcar todo y sabemos que hay cosas que se van a perder, pero eso no nos detiene. La producción de términos, imágenes y sensibilidades en común se está poniendo en marcha y en comunicación entre los grupos que visualizamos lo común desde varias latitudes. 

Hacemos estos esfuerzos con la convicción de construir otra dignidad, una que no ignore nuestras vivencias cuando se habla de lo trans*, que no se conforme con ser el colofón de la frase “mujeres y disidencias de género”. Este es, también, un ejercicio de creatividad, sensibilidad e incluso humor: producimos la parte relacional del archivo donde el foco no está sobre el documento sino en lo que podemos ser y hacer a partir de que nos ponemos en contacto con él y con nuestras comunidades.  Nuestra labor no aspira a disputar el poder ni el dolor para seguir alimentando narrativas que ubican a lo cisheterosexual como el centro de la vida. Nos reconocemos desde el dolor de las opresiones compartidas pero con la cautela de no sobre-identificarnos con ello. Estamos marcados por la obvia indefensión, la violencia, la sobreexposición que se nos exige y, en algunos casos, la más absoluta debilidad, pero esto no es origen-destino, es apenas un punto de partida desde el cual seguir sosteniendo la vida.

Es necesario entonces, también, abordar la contradicción que supone lo que hacemos y alertar sobre las amenazas y sus cómplices que visualizamos en el camino: la visibilidad sin liberación de lo que nos oprime y que algunas voces incautas demandan; la producción de imágenes individuales para hacernos palatables aún desde el sabor amargo del temor y el asco: el nuevo hombre, el hombre con vulva desnudo, la figura con cicatrices y sin mamas, el hombre embarazado, todas figuras para transaccionar por reconocimiento hegemónico. En la misma línea, todavía no tenemos la claridad de qué saberes y experiencias debemos resguardar para nosotrxs, pues nos encontramos escarbando en muchos niveles a la vez. Nos encontramos con deseos infinitos pero con recursos más que limitados. 

Debemos colocar el futurismo acrítico y el pionerismo bajo sospecha, removernos esa huella neurótica de ir tras las huellas del Padre, de buscar genealogías en la virilidad como signo de origen, del decir “siempre hemos existido”, de buscar al “primer hombre trans* que hizo…” para ganar la condición de respetabilidad y humanidad, la concentración en fotografías y documentos con el costo de la pérdida de otras prácticas y dispositivos.  

Esta reconstrucción —por una parte, de nuestro pasado, y por otra, como producción intencional de archivos para el futuro— responde a una intención de producir respuestas y luego más preguntas. Reconocemos esa responsabilidad y la proyectamos con la necesidad de dejar algo para el futuro con la plena conciencia de que las personas que nos sucedan no nos deben nada y, aún así, aspirar a la disolución y concentración de un común intergeneracional, que hable, al porvenir, del pasado que nos atraviesa como aquello que es impracticable para la Cisheterosexualidad. 

Desde México, este camino ha sido sinuoso, destacan especialmente los esfuerzos que desde la vivencia, experiencia y coordenadas de las mujeres trans*/travestis ven en estas prácticas horizontes de vida. El Archivo de la Memoria Trans México, el Museo de Arte Transfemenino y Justicia Histórica Trans* son paradas obligadas al hablar de Memoria Trans* en este territorio. Por la vivencia transmasculina, esfuerzos desde el arte y la organización comunitaria como los impulsados por Pol Martínez, Mario Sánchez Pérez y Nancy Cázares, los dos últimos a partir la figura de Amelio Robles, así como la ola de expresiones de masculinidades femeninas, hombres trans*, transmasculinidades y personas no binarias de la Cultura Ballroom, desde Monterrey hasta Mérida, a lo largo y ancho del país, con especial importancia para las personas jóvenes, racializadas y de la diáspora.

En específico, el Archivo de la Memoria Transmasculina México sostiene trabajos en varios niveles: por supuesto, la indagación en los Archivos Institucionales, pero también el registro de lo que acontece con las Transmasculinidades en la vida pública de la Ciudad de México y también en otras localidades, así como la apertura del común en espacios de los que históricamente se nos han apartado. Estos trabajos tienen una vocación de imaginación y construcción de organización colectiva alternativa a la Academia, el Estado y sus Instituciones, con figuras complacientes desde los activismos y la mercantilización de identidades.

Bien al sur, el Archivo Transmasculinidades Argentina (ATMA)[11] surge como hijo de su territorio, donde las prácticas archivísticas y la política tienen una férrea relación con la resistencia. Durante los últimos años de la última dictadura cívico-eclesiástico-militar (1976-1983) y el regreso a la democracia, los movimientos de derechos humanos llevaron adelante acciones de recuperación y preservación de los documentos y memorias de las víctimas de tortura, muerte y desaparición bajo el lema “Memoria, Verdad y Justicia”. Organizaciones como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S., entre otras vinculadas a los derechos humanos, se comprometieron a recabar toda la información sobre sus familiares, amigxs, activistas y demás personas desaparecidas por el gobierno de facto.

En la lista de perseguidxs y desaparecidxs también se encontraban personas de las comunidades LGB+, queer, y trans*, quienes comenzaron a recabar documentos que trajeran a la memoria a las víctimas del terrorismo de estado que formaban parte de estos colectivos, los cuales cargan con especificidades propias. Sin embargo, la persecución hacia nuestra comunidad no comienza ni termina con el golpe de estado ni con el regreso a la democracia. La patologización de nuestras existencias, la falta de políticas públicas y acceso a derechos humanos, la criminalización y la marginación son algunas de las problemáticas a las que nos enfrentamos cotidianamente, vinculadas al heterocisexismo imperante en las sociedades. En ese sentido, surge la necesidad de propulsar espacios de archivo que historicen nuestras realidades y las alejan de la creencia de que somos excepciones y/o novedades que surgen a partir de 2012, cuando se sanciona en Argentina la Ley de Identidad de Género. Un gran ejemplo de esta práctica es el impulsado por el mencionado Archivo Trans Argentina, donde las compañeras travestis y trans generaron un espacio de conservación de las memorias de feminidades trans, muchas de ellas sobrevivientes del contexto político de los años 70. Esta organización nos inspira y acompaña, ya que, entre muchos otros impactos directos en nuestra sociedad, sus archivos han servido para los juicios por lesa humanidad a los implicados en la dictadura militar.

En este sentido, las personas que constituyen el ATMA toman el concepto de etnología. Somos los propios sujetos quienes tomamos a nuestra comunidad como objeto de estudio, no desde la alteridad sino desde habitarla y ser parte de ella. En vez de aplicar sobre los archivos transmasculinos recuperados (de los medios de comunicación, libros, relatos, testimonios históricos, etc.) un análisis externo, nos consideramos etnógrafos que investigamos la propia comunidad: frente al cisexismo que sistemáticamente ha ocultado nuestras existencias, se traen al presente a personas transmasculinas, hombres trans, no binaries y travos con el objetivo de colaborar en ampliar los imaginarios y posibilidades de las masculinidades del presente, fortaleciendo nuestro patrimonio y sacudiéndole el polvo a trayectorias borradas e ignoradas por la historia cisheterosexual. La producción de archivos se lleva a cabo en la cotidianeidad, en la interacción, pero también formando parte de la construcción de conocimiento de la que, en la mayoría de los casos, somos excluidxs por no tener acceso a formación académica —privándonos del acceso epistemológico a herramientas propias de la investigación y el quehacer archivístico. Así, generamos nuestras propias metodologías emergentes, no sólo rescatando el pasado sino también generando archivos para el futuro, a través de producciones artísticas y de encuentros comunitarios, donde arte, activismo y archivo se confunden, al igual que pasado y presente.

Esta reconstrucción que el Archivo Transmasculinidades Argentina pretende llevar a cabo, por una parte, de nuestro pasado, y por otro, como producción intencional de archivos para el futuro, responde a una intención de reconocer un patrimonio, comprendido como aquel pilar de la cultura que es herencia de bienes materiales e inmateriales (simbólicos). Recibimos esa herencia y la proyectamos con la necesidad de dejar algo para el futuro: un legado que hable al porvenir del pasado que nos atraviesa como comunidad. Sin embargo, no dejamos de reconocer en él su origen colonial y la necesidad de construir un/os archivo/os otros, que hablen desde la crítica a este y otros paradigmas impuestos desde la heterocisexualidad colonial y capitalista.

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Notas:

[1]Castiel Vitorino Brasileiro, Quando encontro vocês: macumbas de bixa, feitiços de travestis, autopublicación. Vitoria, Brasil, 2019; [2] Aglutinamos este bloque conceptual con el propósito de evidenciar los términos generales que se usan de forma contemporánea en América Latina hispanoparlante para referir a personas que disienten del Régimen Político de la Cisheterosexualidad en el sentido planteado por Ochy Curiel [Coopia, Fanzine Laboratorio: Espacialidades Asimétricas: Colonialidad de género, heteronorma y colonialidad territorial, Notas Colectivas, Conversación con Ochy Curiel, página 51]. Con esto, queremos cuestionar la extensión acrítica del uso del término “queer/cuir/kuir; [3] Basta revisar la memoria del Primer Congreso Latinoamericano de Archivos Trans disponible en YouTube para dar cuenta de algunos esfuerzos que se hacen desde la diáspora y el exilio; [4] Retomamos el sentido del “Sujeto Insumiso” propuesto por Robinsón Salazar como la superación consciente de una vida sin sentido, la obligación de actuar permanentemente de manera desalienante y sensible ante la injusticia y resolutivo para actuar en situaciones riesgo; [5] Aunque no hay una definición específica, y creemos que no debería haberla, desde algunos territorios del sur de América comenzamos a utilizar el término “travo” en relación con el término “trava” (apócope de “travesti”). “Travesti” es como se autoperciben las compañeras que, en general, no admiten el “ser mujer” en términos binarios que propondría el unir “mujer” a lo “trans”. Mientras que muchas rechazan “mujer trans” y prefieren “travesti”, lo mismo ocurre con compañeros/es que rechazan lo “hombre trans” para autopercibirse a sí mismos/es como “travos”. Este término se extendió a países limítrofes y más al norte también. Estas denominaciones suelen ser propias de algunos países de América del Sur, en otros países de habla hispana lo travesti suele usarse como sinónimo de “transformismo” como práctica artística, la cual es una diferencia semántica profunda con el uso del término en Argentina, donde “lo travesti” es una identidad de género. “Rastreamos el calco del término ‘travo’ gracias al uso de Redes Sociales, creadores de contenido y jerga utilizada en la Comunidad Ballroom a través de Latinoamérica”; [6] Se pueden buscar en Instagram como: Memoria Transmasculina Py, Memoria TransMasculina (Chile).En Instagram: AL y Chile Memoria TransMasculina @memoriatransmasc; AL Brasil Arquivo das Transmasculinidades Negras Brasileriras @transencruzilhadas; ChilenRaíces Transmasculinas @raicestransmasc; Honduras Hombres trans Honduras @hombrestranshonduras; Guatemala Repositorio Memoria Abyecta Guatemala @memoria_abyectagt; Uruguay Transboys Uruguay; [7] https://archivotrans.ar; [8] La creencia o suposición de que las identidades, expresiones y encarnaciones de géneros de las personas cis, son más naturales y legítimas que aquellas de las personas trans. Julia Serrano adopta este término en sus textos Whipping Girl (2007), Excluded (2013) y Outspoken (2016); [9] ¿Cómo se busca lo que no se nombra? Y, en el caso de las transmasculinidades, lo que tampoco salta a la vista por una aparente asimilación con las masculinidades cis. Nuestra labor archivística rompe con la concepción lineal del tiempo, buscamos en el pasado, registramos lo que ocurre e imaginamos líneas donde la norma no supo verlas. Al venir de lo abyecto, de la anomalía, aún la cárcel, el hospital y el museo cuentan con la mayoría de los registros de donde podría encontrarse nuestra ancestría, por lo que estamos irremediablemente limitadxs y prontamente pueden cambiar las narrativas hacia la asimilación de sujetos fuera de la norma. Los espacios de conservación agotarán pronto las colecciones privadas y serán necesarios edificios públicos. En América Latina se tienen pocos conocimientos técnicos y poca autonomía para las labores de preservar y restaurar ; [10] Usamos “imbricación” en el sentido de los trabajos de Andréa Gill y Thula Pirés (2019), así como los apuntes de Martín Pahde. Usando la metáfora de cómo las opresiones se superponen y sostienen, como hilos en un telar, se constituyen mutuamente y resultan mucho más que la acumulación de éstas, lo que evita discusiones superfluas sobre quién tiene más y se concentra en cómo se sostienen para perpetuar el poder hegemónico; [11]  Web: www.archivotransmasc.ar, Instagram: archivotransmasc.ar