Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

No todo lo que brilla

María José Argenzio

Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo de Guayaquil Guayaquil, Ecuador 06/13/2019 – 07/28/2019

María José Argenzio, No todo lo que brilla (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de la artista

María José Argenzio, No todo lo que brilla (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de la artista

María José Argenzio, No todo lo que brilla (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de la artista

La muestra No todo lo que brilla recopila obras de la artista guayaquileña María José Argenzio, quien apropiándose de la tradición Barroca evidencia cómo estrategias de la ilusión han generado una cultura de las apariencias. Jugando con la idea de un engaño visual –un Trompe L’oeil –las obras hacen uso de las estrategias visuales que desde el siglo XVII han establecido un orden social basado en un sentido ilusorio de la realidad. El uso del oro y el ornamento, recurrentes en la obra de Argenzio, pone en escena la estructura social colonial que hoy todavía nos domina. Es así que, en un gesto neobarroco, la exposición nos manifiesta un retrato crítico de la sociedad desde aquello que no es representable pero que se aparece en el campo de lo visible desde el artificio.

Sin embargo, más allá de construir un mundo y una sensibilidad colonial, estos juegos entre lo visible y lo invisible también ayudan a definir un cuerpo social conforme a estas estructuras. Un cuerpo social que precisamente se exterioriza por medio de representaciones como la heráldica familiar. Originada en el Medioevo, la heráldica está diseñada como un escudo de armas que simboliza la genealogía de un apellido, y que a pesar de su aparente abstracción formal fija jerarquías basadas en la clase social. Utilizada inicialmente en la Europa feudal por aristócratas que ostentaban títulos nobiliarios como el de caballero, señor/dama o duque, la tradición heráldica era también sintomática de una sociedad de castas en la que se distinguía entre personas nacidas en familias de “nombre” y la gente plebeya. Deshaciendo la geometrización de la heráldica y su simbología, la artista genera un retrato otro de la sociedad. Con la apropiación del logotipo del escudo de armas y su reproducción en serie dentro de las obras como Genealogías (2017), More Nobilium (2016), Con Nombres y Apellidos (2017), y Notabile y Nobicile (2017), Argenzio despoja a la heráldica gentilicia de su valor simbólico creando así una suerte de tipología de la clase alta. Con este proyecto, la artista articula una subversión de los mecanismos visuales por medio de los que se logró inicialmente racializar a la población. La ironía de construir una insignia representativa de la aristocracia criolla utilizando el talento indígena y la iconografía local es la forma como la artista también desdibuja las líneas entre lo artesano y lo artístico, y da a entender la ficcionalidad de ciertas jerarquías dentro de la sociedad. Es por esto que además de jugar con estrategias del Barroco, las obras de Argenzio son en un sentido una apuesta anti-colonial; una mirada crítica a las estructuras del poder y a los cuerpos sociales que las mantienen.

En esta apuesta neobarroca, las obras además nos sugieren la crisis de la modernidad que en este contexto se refiere a la crisis de la globalización y su lógica capitalista. Es por esto que obras como: Chiquita (2013), Ruinas II (2013), 3° 16′ 0″ S, 79° 58′ 0″ W (2010), y 25.000 (2011), nos acercan a una crítica material de la idea de riqueza. La referencia del oro, por un lado, hace alusión al capital que se extrae desde el período colonial a partir de monocultivos como el banano (que todavía existen en la actualidad). Por el otro lado, el brillo del pan de oro pone en duda, a través de su artificialidad, la supuesta riqueza material que genera este orden del progreso y la modernidad. Como es evidente en la obra 25.000, este eje de la exposición nos manifiesta la violencia de estos procesos de globalización. Al hacer alusión a la crisis económica a finales de los noventa, que culminó con la dolarización del Ecuador, la pieza no solo intenta revalorizar las 25.000 monedas de un sucre que en este período perdieron su valor, sino que también nos sugiere a través de esta referencia la ilusión de estabilidad y abundancia característica de estructuras neoliberales.

Aunque a primera vista algunas obras señalan visiones paisajísticas y arquitectónicas sugerentes de la época colonial, como las columnas corintias y las plantaciones de banano, estas exponen así mismo un encubrimiento. Se trata de ocultamientos o ausencias que finalmente representan lo que es convencionalmente aceptado por la sociedad más no lo que es normal o real en esta misma; una realidad que justamente se deviene por medio del poder, de la violencia y de las jerarquías sociales las cuales mantienen un orden social colonial. En el caso de La Más Castellana de América (2015), por ejemplo, vemos el molde de las columnas dóricas que en su tiempo pretendían invadir y dominar los espacios antes habitados por cuerpos nativos. Sin embargo, la obra Ruinas nos muestra las columnas corintias características de un orden clásico ahora endebles y convertidas en fragmentos. Es entonces a partir de poner en escena estas estructuras en ruinas o encubiertas en pan de oro, que María José Argenzio nos presenta un contra-barroco, una mirada contestataria a la modernidad y a su sensibilidad por el poder y las apariencias de la riqueza.

—Texto y curaduría por Sara Garzón

MAAC

María José Argenzio, No todo lo que brilla (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de la artista

María José Argenzio, No todo lo que brilla (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de la artista

María José Argenzio, No todo lo que brilla (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de la artista

La muestra No todo lo que brilla recopila obras de la artista guayaquileña María José Argenzio, quien apropiándose de la tradición Barroca evidencia cómo estrategias de la ilusión han generado una cultura de las apariencias. Jugando con la idea de un engaño visual –un Trompe L’oeil –las obras hacen uso de las estrategias visuales que desde el siglo XVII han establecido un orden social basado en un sentido ilusorio de la realidad. El uso del oro y el ornamento, recurrentes en la obra de Argenzio, pone en escena la estructura social colonial que hoy todavía nos domina. Es así que, en un gesto neobarroco, la exposición nos manifiesta un retrato crítico de la sociedad desde aquello que no es representable pero que se aparece en el campo de lo visible desde el artificio.

Sin embargo, más allá de construir un mundo y una sensibilidad colonial, estos juegos entre lo visible y lo invisible también ayudan a definir un cuerpo social conforme a estas estructuras. Un cuerpo social que precisamente se exterioriza por medio de representaciones como la heráldica familiar. Originada en el Medioevo, la heráldica está diseñada como un escudo de armas que simboliza la genealogía de un apellido, y que a pesar de su aparente abstracción formal fija jerarquías basadas en la clase social. Utilizada inicialmente en la Europa feudal por aristócratas que ostentaban títulos nobiliarios como el de caballero, señor/dama o duque, la tradición heráldica era también sintomática de una sociedad de castas en la que se distinguía entre personas nacidas en familias de “nombre” y la gente plebeya. Deshaciendo la geometrización de la heráldica y su simbología, la artista genera un retrato otro de la sociedad. Con la apropiación del logotipo del escudo de armas y su reproducción en serie dentro de las obras como Genealogías (2017), More Nobilium (2016), Con Nombres y Apellidos (2017), y Notabile y Nobicile (2017), Argenzio despoja a la heráldica gentilicia de su valor simbólico creando así una suerte de tipología de la clase alta. Con este proyecto, la artista articula una subversión de los mecanismos visuales por medio de los que se logró inicialmente racializar a la población. La ironía de construir una insignia representativa de la aristocracia criolla utilizando el talento indígena y la iconografía local es la forma como la artista también desdibuja las líneas entre lo artesano y lo artístico, y da a entender la ficcionalidad de ciertas jerarquías dentro de la sociedad. Es por esto que además de jugar con estrategias del Barroco, las obras de Argenzio son en un sentido una apuesta anti-colonial; una mirada crítica a las estructuras del poder y a los cuerpos sociales que las mantienen.

En esta apuesta neobarroca, las obras además nos sugieren la crisis de la modernidad que en este contexto se refiere a la crisis de la globalización y su lógica capitalista. Es por esto que obras como: Chiquita (2013), Ruinas II (2013), 3° 16′ 0″ S, 79° 58′ 0″ W (2010), y 25.000 (2011), nos acercan a una crítica material de la idea de riqueza. La referencia del oro, por un lado, hace alusión al capital que se extrae desde el período colonial a partir de monocultivos como el banano (que todavía existen en la actualidad). Por el otro lado, el brillo del pan de oro pone en duda, a través de su artificialidad, la supuesta riqueza material que genera este orden del progreso y la modernidad. Como es evidente en la obra 25.000, este eje de la exposición nos manifiesta la violencia de estos procesos de globalización. Al hacer alusión a la crisis económica a finales de los noventa, que culminó con la dolarización del Ecuador, la pieza no solo intenta revalorizar las 25.000 monedas de un sucre que en este período perdieron su valor, sino que también nos sugiere a través de esta referencia la ilusión de estabilidad y abundancia característica de estructuras neoliberales.

Aunque a primera vista algunas obras señalan visiones paisajísticas y arquitectónicas sugerentes de la época colonial, como las columnas corintias y las plantaciones de banano, estas exponen así mismo un encubrimiento. Se trata de ocultamientos o ausencias que finalmente representan lo que es convencionalmente aceptado por la sociedad más no lo que es normal o real en esta misma; una realidad que justamente se deviene por medio del poder, de la violencia y de las jerarquías sociales las cuales mantienen un orden social colonial. En el caso de La Más Castellana de América (2015), por ejemplo, vemos el molde de las columnas dóricas que en su tiempo pretendían invadir y dominar los espacios antes habitados por cuerpos nativos. Sin embargo, la obra Ruinas nos muestra las columnas corintias características de un orden clásico ahora endebles y convertidas en fragmentos. Es entonces a partir de poner en escena estas estructuras en ruinas o encubiertas en pan de oro, que María José Argenzio nos presenta un contra-barroco, una mirada contestataria a la modernidad y a su sensibilidad por el poder y las apariencias de la riqueza.

—Texto y curaduría por Sara Garzón

MAAC

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