Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

No hay que hacerle mucho caso a nadie

Laura Castro

Casa Quién Santo Domingo, República Dominicana 01/25/2019 – 03/02/2019

Laura Castro, No hay que hacerle mucho caso a nadie (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de Juan Canela

Laura Castro, No hay que hacerle mucho caso a nadie (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de Juan Canela

Laura Castro, No hay que hacerle mucho caso a nadie (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de Juan Canela

No hay que hacerle mucho caso a nadie es una muestra individual de Laura Castro que despliega distintas estrategias artísticas que emergen del observarse a una misma desde un ejercicio de memoria universal. Las obras que conviven en el espacio de Casa Quien ejercitan un conocimiento afectivo que brota de las grietas de lo racional, a medio camino entre el hacer y el dejar de hacer, construyendo un saber que pone en conversación lo ancestral con lo nuevo desde una certera posición de fragilidad, desconfianza e incertidumbre.

Las pruebas de color y mezclas, normalmente desechadas en el proceso de pintar, sirven ahora de punto de partida para una serie de dibujos que indaga en la libertad del descarte. Ante la falta de objetivo específico, se abre un campo de posibilidades para que forma y color se adentren, desde algún escenario previo, en el territorio de la abstracción. La serie de pinturas, realizadas directamente en la naturaleza, reproducen paisajes a partir de ejercicios de observación emancipados, en los que mirada y cuerpo se encuentran con el territorio sin ninguna pretensión de réplica. Asoma más bien una placentera confluencia que permite que los trazos, sueltos y efímeros, produzcan escenarios más o menos definidos. Mental State es una acumulación de materiales y objetos de distinta procedencia recolectados durante los últimos años en cada recorrido vital. Colocados sobre una imposible línea recta de troncos cortados, se agrupan enmarañados elementos naturales como rocas, minerales, animales o plantas; fragmentos y escombros de entornos arquitectónicos y urbanos; y objetos, fracciones y recuerdos procedentes de ámbitos familiares.

El insistente acopio precisamente de estos materiales y no otros, y las conversaciones de trazos y colores en las telas y el papel componen un íntimo y recurrente cuestionamiento sobre la construcción de la identidad, el sujeto subjetivo, las formas de comunidad y nuestra relación con el mundo. ¿Quienes somos? ¿Cómo nos construye lo íntimo en relación con lo social? ¿Cómo afectan nuestras decisiones en las marcas de la tierra que pisamos? ¿Cuáles son las cicatrices que surcan nuestros cuerpos?

Quizá permitirnos de una vez por todas no saber debiera ser la tarea de los próximos tiempos. Aceptar que somos parte de un todo ingobernable, imaginar un nosotros que incluya a otros seres e instancias no humanas. Dejar que lo palpable se haga impalpable, y al revés. Que lo conocido se confunda con lo desconocido. Perdernos en lo indiferenciado.

—Curaduría por Juan Canela

https://www.casaquien.com/

Laura Castro, No hay que hacerle mucho caso a nadie (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de Juan Canela

Laura Castro, No hay que hacerle mucho caso a nadie (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de Juan Canela

Laura Castro, No hay que hacerle mucho caso a nadie (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de Juan Canela

No hay que hacerle mucho caso a nadie es una muestra individual de Laura Castro que despliega distintas estrategias artísticas que emergen del observarse a una misma desde un ejercicio de memoria universal. Las obras que conviven en el espacio de Casa Quien ejercitan un conocimiento afectivo que brota de las grietas de lo racional, a medio camino entre el hacer y el dejar de hacer, construyendo un saber que pone en conversación lo ancestral con lo nuevo desde una certera posición de fragilidad, desconfianza e incertidumbre.

Las pruebas de color y mezclas, normalmente desechadas en el proceso de pintar, sirven ahora de punto de partida para una serie de dibujos que indaga en la libertad del descarte. Ante la falta de objetivo específico, se abre un campo de posibilidades para que forma y color se adentren, desde algún escenario previo, en el territorio de la abstracción. La serie de pinturas, realizadas directamente en la naturaleza, reproducen paisajes a partir de ejercicios de observación emancipados, en los que mirada y cuerpo se encuentran con el territorio sin ninguna pretensión de réplica. Asoma más bien una placentera confluencia que permite que los trazos, sueltos y efímeros, produzcan escenarios más o menos definidos. Mental State es una acumulación de materiales y objetos de distinta procedencia recolectados durante los últimos años en cada recorrido vital. Colocados sobre una imposible línea recta de troncos cortados, se agrupan enmarañados elementos naturales como rocas, minerales, animales o plantas; fragmentos y escombros de entornos arquitectónicos y urbanos; y objetos, fracciones y recuerdos procedentes de ámbitos familiares.

El insistente acopio precisamente de estos materiales y no otros, y las conversaciones de trazos y colores en las telas y el papel componen un íntimo y recurrente cuestionamiento sobre la construcción de la identidad, el sujeto subjetivo, las formas de comunidad y nuestra relación con el mundo. ¿Quienes somos? ¿Cómo nos construye lo íntimo en relación con lo social? ¿Cómo afectan nuestras decisiones en las marcas de la tierra que pisamos? ¿Cuáles son las cicatrices que surcan nuestros cuerpos?

Quizá permitirnos de una vez por todas no saber debiera ser la tarea de los próximos tiempos. Aceptar que somos parte de un todo ingobernable, imaginar un nosotros que incluya a otros seres e instancias no humanas. Dejar que lo palpable se haga impalpable, y al revés. Que lo conocido se confunda con lo desconocido. Perdernos en lo indiferenciado.

—Curaduría por Juan Canela

https://www.casaquien.com/

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