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Marginalia 54

Por Lucas Lugarinho November 1, 2019 – November 30, 2019

Every month Marginalia invites an artist, curator or project to provide a series of images that will serve as the background of Terremoto, in relation to their practice and current interests. At the end of each month, the whole series of images is unveiled.

 

Scenescence

The multiple cosmogonies and primal myths that portrait the creation or manifestation of light as a primordial stage of existence—such as let there be light—, make me wonder that perhaps the narrative of humanity and the cosmos might be a meta-history of images, or maybe every single known narrative we ever created could be a story about our entanglement with images themselves.

As we now know, life might have originated in the deepest bottoms of the ocean, pullulating from thermal vents that injected its various ingredients into the primordial soup. Said event allows us to hypothesize that light itself might have been the first alien our molecular ancestors ever contacted, seducing us with its freedom from gravity and time. Maybe those ancient narratives are the oldest memories that we still carry printed into our genetic codes—from our microscopic ancestors into the age of digital images. That way, spirituality could be seen as a survival pact between humanity and images. Just as mitochondria once were independent organisms that developed a mutualistic relationship with other cells: maybe for better hunting, for longer lives, or to rule countries. As an exchange for the material benefits images grants us, we allow them to feed on our sights—as time only exists for pictures as we look at them—thus allowing it to grow and reproduce.

But how can images die in the age of museography and conservation, in the age of limitless storage and thorough coverage of every single event? I bet Flusser would be intrigued. From gods to dildos, from shamans to artists, and then finally, users: the long road we traversed to get to the internet age is the very tree of life for images, flourishing in abundance as never before. But it doesn’t take too much effort to realize that this overflow of images is currently saturating our planet, de-terraforming our ecosystem in exchange to improve their network. The problem lies in the fact that we produce so many images that they just can’t senescence, generating a surplus of content that we can’t stop from storing but can’t really reach out nonetheless, forever frozen in time.

For this Marginalia, I have presented a selection of pictures proposing a fictional field of study for aging images: Scenescence (a contraction between Scene and Senescence). Thinking about how images relate with time, I selected art pieces, screenshots, memes, among other images, while reflecting on how the seemingly endless machine that is capitalism subjects both images and humanity into a suspended timeless space, a landscape always building itself atop the desire of some men to be eternal and some images to be granted death.

—Lucas Lugarinho

Marginalia consiste en la invitación mensual a unx artista, curadorx o proyecto a escoger una serie de imágenes para el fondo de la página de Terremoto en relación con su práctica e intereses del momento. A final de cada mes se revela el conjunto de las imágenes publicadas y un texto que las contextualiza.

 

Scenescence

Las múltiples cosmogonías y mitos fundacionales que encabezan la creación o manifestación de la luz como una de las facetas primordiales de la existencia —como que se haga la luz— me hacen pensar que quizá toda la narrativa de la humanidad y el cosmos puede ser leída como una meta-historia de las imágenes. O, tal vez, cada una de las narrativas creadas hasta hoy puede ser una historia sobre nuestro enredo con las imágenes mismas.

Como ahora sabemos, la vida puede haberse originado en los confines más profundos del océano, pululando desde respiraderos hidrotermales que inyectaban sus distintos ingredientes al caldo primigenio. Este evento posibilita teorizar que la propia luz pudo ser el primer alien al cual nuestros ancestros moleculares contactaron, seduciéndonos con su libertad de la gravedad y del tiempo. Quizá, estas narrativas ancestrales sean en realidad nuestras memorias más antiguas de dicho encuentro, mismo que ha sido contenido en nuestros códigos genéticos —desde los más antiguos ancestros celulares hasta la era de las imágenes digitales. De tal forma, podríamos decir que la espiritualidad no es más que un pacto de supervivencia entre humanos e imágenes. Justo como las mitocondrias fueron alguna vez organismos independientes que desarrollaron una relación de mutualismo con otras células: quizás para obtener mejor caza, una vida más larga, o para gobernar un país. En cambio, de estos beneficios materiales, nosotros dejamos que las imágenes se alimenten de nuestras miradas —porque el tiempo sólo corre para ellas a medida que nosotros las observamos—, posibilitando así que éstas crezcan y se reproduzcan.

Pero, ¿cómo es que las imágenes mueren en la era de la museografía y la conservación, en la era del almacenamiento ilimitado y la cobertura minuciosa de todo tipo de evento? Estoy seguro de que Flusser estaría intrigado. De dioses a dildos, de chamanes a artistas y, por fin, usuarios: la larga jornada, la cual nosotros navegamos para llegar a la era del Internet, es el propio árbol de la vida de las imágenes, que actualmente crece en una abundancia nunca antes vista. Pero no nos cuesta mucho trabajo entender que este sobreflujo de imágenes ha saturado nuestro planeta, des-terra-formando nuestro ecosistema a cambio del perfeccionamiento de su red. El problema reside en el hecho de que nosotros actualmente producimos tantas imágenes que éstas simplemente no logran la senescencia, generando así un excedente de contenido, el cual no podemos dejar de almacenar, pero al cual tampoco logramos acceder, dejándonos para siempre congelados en el tiempo.

Para este Marginalia, he presentado una selección de imágenes que proponen un campo de estudios ficticios sobre el envejecimiento de las imágenes: Escenescencia (una contracción entre escena y senescencia). Pensando en cómo las imágenes se relacionan con el tiempo, seleccioné piezas de arte, capturas de pantalla, memes, entre otras imágenes; y con ello, reflexiono sobre cómo la aparentemente interminable máquina capitalista somete a las imágenes y a los humanos a un espacio sin tiempo: un paisaje que siempre se está construyendo sobre el deseo de algunos hombres de ser eternos, y de ciertas imágenes que se toman por muertas.

—Lucas Lugarinho

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