Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Marginalia #50

Por Ulrik López 07/01/2019 – 07/31/2019

Every month Marginalia invites an artist, curator or project to provide a series of images that will serve as the background of Terremoto, in relation to their practice and current interests. At the end of each month, the whole series of images is unveiled.

 

This selection of images shows my most recent approaches to practices with the body. Practices that I consider first ephemeral, and then performatic: an incident that is disseminated through the links they may have with other disciplines. In this case, sound is articulated as music and dance as a spectacle. I like to stress the ephemeral as an event, in relation to the material production such as sculpture, which predominates in my practice, in addition to the connections that the body has as an incident and as a channel of the ritual. In what ways is the body linked to orality?

The images speak of collaborative processes: those in which the same body and its performativity encourage joint production, even the simplest format. As Pascal Quignard comments about Asian music: “Even the most refined, Chinese music, resolutely lonely, presents in its most radical legends the idea of ​ group: in its slightest expression, the encounter of two unfailing friends. A couple”. This is another aspect that inclines me to these bodily and ritual practices: the couple, the couple and the spectators, and even the members of the couple as witnesses of themselves. The ritual used by the body and orality do not interest me if they do not occur within this group configuration, I do not see it indispensable for the performatic medium, however, the nuances that cross my practice do, using other devices, which are autonomous, constant, present. The body, at least mine, needs this.

Pataki 1921 and Si nosotros no ardemos exemplify that crisscross in my work: there where the footprint operates as a path and action, or where the delicate act of stacking the fragmented happens, what a dancer does as resistance and the lost sounds that the archaeologist seeks. Pataki 1921 re-articulates a tribute to the only Latin American player—Caribbean for historical justice—of chess, José Raúl Capablanca, who in 1921 managed to be world champion. It is not until 1966 that it is celebrated—tragically—in the eyes of the world, through a European colonizing veil. Here, the body recovers the Afro, Yoruba, Santera, Caribbean, through dance, music, and the outfit that becomes sculpture. While in Si nosotros no ardemos the cave is reviewed as the entrails of an instrument, the birth of a new sound consciousness, linked to thunder and fire; the hum of lightning and the whispers of our own echoes. The cave and its darkness turn the noise into flames.

Ulrik López

Marginalia consiste en la invitación mensual a unx artista, curadorx o proyecto a escoger una serie de imágenes para el fondo de la página de Terremoto en relación con su práctica e intereses del momento. A final de cada mes se revela el conjunto de las imágenes publicadas y un texto que las contextualiza.

 

Esta selección de imágenes muestra mis acercamientos más recientes a prácticas con el cuerpo. Prácticas que considero primeramente efímeras, y luego performáticas: un suceso que se disemina a través de los vínculos que puede tener con otras disciplinas. En este caso, el sonido se articula como música y la danza como espectáculo. Me gusta poner en tensión lo efímero como acontecimiento, en relación a la producción material como la escultura, que predomina en mi práctica, además de las conexiones que tiene el cuerpo como suceso y como canal de lo ritual. ¿De qué maneras se vincula el cuerpo con la oralidad?

Las imágenes hablan de procesos colaborativos: aquellos en los que el mismo cuerpo y su performatividad incitan a la producción conjunta, así sea el formato más sencillo. Como lo comenta Pascal Quignard acerca de la música asiática: “Hasta la música más refinada, china, resueltamente solitaria, presenta en sus leyendas más radicales la idea de grupo: en su mínima expresión, el encuentro de dos amigos indefectibles. Una pareja”. Esto es otro de los aspectos que me inclinan a estas prácticas corporales y rituales: la pareja, a la pareja y los espectadores, e incluso los integrantes de la pareja como testigos de sí mismos. Lo ritual empleado por el cuerpo y la oralidad no me interesan si no se dan dentro de esta configuración de grupo, no la veo indispensable para el medio performático, sin embargo, los matices que cruzan mi práctica sí, valiéndose de otros dispositivos, mismos que son autónomos, constantes, presentes. El cuerpo, por lo menos el mío, precisa de esto.

Pataki 1921 y Si nosotros no ardemos ejemplifican ese entrecruce en mi trabajo: ahí donde la huella opera como camino y acción, o donde sucede el acto delicado de apilar lo fragmentado, aquello que hace un bailarín como resistencia y los sonidos perdidos que el arqueólogo busca. Patakí 1921 rearticula un homenaje al único jugador latinoamericano —caribeño por justicia histórica— de ajedrez, José Raúl Capablanca, quien en 1921 logra ser campeón del mundo. No es hasta 1966 que se le celebra —trágicamente— ante los ojos del mundo, a través de un velo europeo colonizante. Aquí, el cuerpo recupera las huellas afro, yoruba, santera, caribeña, por medio de la danza, la música, y el atuendo que se vuelve escultura. Mientras que en Si nosotros no ardemos se revisa la cueva como las entrañas de un instrumento, el nacimiento de una nueva conciencia sonora, ligada al trueno y el fuego; el zumbido del rayo y los susurros de nuestros propios ecos. La cueva y su oscuridad hacen que el ruido se haga llamas.

Ulrik López

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