Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

La propagación del mal

Curada por Marialy Soto

Centro Cultural de España en México Ciudad de México, México 10/25/2017 – 02/25/2018

Vista de la exposición La propagación del mal, Centro Cultural de España en México, Ciudad de México, 2017-2018. Cortesía de Centro Cultural de España en México

Vista de la exposición La propagación del mal, Centro Cultural de España en México, Ciudad de México, 2017-2018. Cortesía de Centro Cultural de España en México

Vista de la exposición La propagación del mal, Centro Cultural de España en México, Ciudad de México, 2017-2018. Cortesía de Centro Cultural de España en México

La propagación del mal, curada por Marialy Soto, es el resultado de la convocatoria Culturas Disidentes. Concurso para la investigación y producción interdisciplinaria, lanzada por Centro Cultural de España en México y Centro Cultural Border.

La exposición presenta un análisis antropológico del uso de las identidades y las normas de expresión como variables para la tipificación de los delitos contra el “orden social establecido”.  A través de documentos, objetos, fotografías, mapas y textos realiza un análisis crítico de la sociedad mexicana partiendo de los archivos de Belem, Lecumberri y los penales actuales en la Ciudad de México.

Para la curadora, el sistema penal mexicano pareciera asumir que la pena y el castigo están dispuestos para todo aquel individuo que atente contra la familia, la propiedad privada y el Estado. Lo que se juzga no es el delito en sí mismo, sino aquello que amenaza el modelo de país en turno.

El poder dicta la palabra y empuña la letra que anuncia la idea de una sola nación, de un solo territorio y de una misma identidad mexicana. Nos dice que es la patria la que nos reclama la invención de un futuro mejor y que es nuestro deber responder a la mejora de costumbres […]. Todos los demás somos el otro, el anormal, el enfermo, la puta, el marica, el marginado, el maestro, el revolucionario, el vago… Somos los “rehabilitables”, esos, aquellos que amenazan las fronteras del deber ser.

Este es un fragmento del texto que da la bienvenida al visitante. Una declaración que establece las líneas discursivas de toda la exposición. En la primera sala, que contextualiza la situación en el México de finales del s. XIX y principios del s. XX, encontramos fotografías, textos y objetos de medición antropométrica que nos acercan a las tensiones raciales derivadas del nacimiento de la criminología en México.

Al transitar a la sala dos, el visitante se encuentra dentro de una celda de Lecumberri. Nos situamos en primera mitad del s. XX con el proyecto del México moderno en pleno auge y en un momento en el que “pareciera que los prejuicios se transforman en leyes” según los textos que acompañan esta sala.

Sueño de justicia en una tarde en la Alameda

Una reproducción del Hemiciclo a Juárez, monumento capitalino erigido en 1910 por orden de Porfirio Díaz para honrar la memoria de Benito Juárez, nos recibe en la sala contigua. Frente al hemiciclo vemos un montaje con las figuras de los más importantes personajes de la historia oficial de México que han pasado por Lecumberri, así como otras personas anónimas que personifican los delitos más recurrentes de la época, como “Obstrucción a vías de comunicación” que se utilizaba para criminalizar a los disidentes políticos.

En sala cuatro, como si de un espacio de interrogación se tratase, podemos interactuar con reproducciones de expedientes reales, que nos muestran irregularidades, inconsistencias y omisiones perfectamente identificables y que han determinado casos de presos anónimos, sin rostro, sin historia. Lo anterior contrasta con los videos mostrados en esta misma sala, donde podemos observar material audiovisual que, según la curadora, reafirma los valores prioritarios para el Estado.

Finalmente, en la última sala, podemos leer fragmentos del diario de un preso, escrito en el 2013, junto con fragmentos audiovisuales de los penales actuales en la Ciudad de México.

Lunes 2 de marzo. Por último, llegó uno más y ya éramos 40. Siete dormían parados, sin comer, sin agua. Lo bueno es que los 40 alcanzábamos a bañarnos con agua fría. En los cantones de al lado había de 15 a 30 personas. Nosotros no podíamos ni movernos.

http://ccemx.org

Vista de la exposición La propagación del mal, Centro Cultural de España en México, Ciudad de México, 2017-2018. Cortesía de Centro Cultural de España en México

Vista de la exposición La propagación del mal, Centro Cultural de España en México, Ciudad de México, 2017-2018. Cortesía de Centro Cultural de España en México

Vista de la exposición La propagación del mal, Centro Cultural de España en México, Ciudad de México, 2017-2018. Cortesía de Centro Cultural de España en México

La propagación del mal, curada por Marialy Soto, es el resultado de la convocatoria Culturas Disidentes. Concurso para la investigación y producción interdisciplinaria, lanzada por Centro Cultural de España en México y Centro Cultural Border.

La exposición presenta un análisis antropológico del uso de las identidades y las normas de expresión como variables para la tipificación de los delitos contra el “orden social establecido”.  A través de documentos, objetos, fotografías, mapas y textos realiza un análisis crítico de la sociedad mexicana partiendo de los archivos de Belem, Lecumberri y los penales actuales en la Ciudad de México.

Para la curadora, el sistema penal mexicano pareciera asumir que la pena y el castigo están dispuestos para todo aquel individuo que atente contra la familia, la propiedad privada y el Estado. Lo que se juzga no es el delito en sí mismo, sino aquello que amenaza el modelo de país en turno.

El poder dicta la palabra y empuña la letra que anuncia la idea de una sola nación, de un solo territorio y de una misma identidad mexicana. Nos dice que es la patria la que nos reclama la invención de un futuro mejor y que es nuestro deber responder a la mejora de costumbres […]. Todos los demás somos el otro, el anormal, el enfermo, la puta, el marica, el marginado, el maestro, el revolucionario, el vago… Somos los “rehabilitables”, esos, aquellos que amenazan las fronteras del deber ser.

Este es un fragmento del texto que da la bienvenida al visitante. Una declaración que establece las líneas discursivas de toda la exposición. En la primera sala, que contextualiza la situación en el México de finales del s. XIX y principios del s. XX, encontramos fotografías, textos y objetos de medición antropométrica que nos acercan a las tensiones raciales derivadas del nacimiento de la criminología en México.

Al transitar a la sala dos, el visitante se encuentra dentro de una celda de Lecumberri. Nos situamos en primera mitad del s. XX con el proyecto del México moderno en pleno auge y en un momento en el que “pareciera que los prejuicios se transforman en leyes” según los textos que acompañan esta sala.

Sueño de justicia en una tarde en la Alameda

Una reproducción del Hemiciclo a Juárez, monumento capitalino erigido en 1910 por orden de Porfirio Díaz para honrar la memoria de Benito Juárez, nos recibe en la sala contigua. Frente al hemiciclo vemos un montaje con las figuras de los más importantes personajes de la historia oficial de México que han pasado por Lecumberri, así como otras personas anónimas que personifican los delitos más recurrentes de la época, como “Obstrucción a vías de comunicación” que se utilizaba para criminalizar a los disidentes políticos.

En sala cuatro, como si de un espacio de interrogación se tratase, podemos interactuar con reproducciones de expedientes reales, que nos muestran irregularidades, inconsistencias y omisiones perfectamente identificables y que han determinado casos de presos anónimos, sin rostro, sin historia. Lo anterior contrasta con los videos mostrados en esta misma sala, donde podemos observar material audiovisual que, según la curadora, reafirma los valores prioritarios para el Estado.

Finalmente, en la última sala, podemos leer fragmentos del diario de un preso, escrito en el 2013, junto con fragmentos audiovisuales de los penales actuales en la Ciudad de México.

Lunes 2 de marzo. Por último, llegó uno más y ya éramos 40. Siete dormían parados, sin comer, sin agua. Lo bueno es que los 40 alcanzábamos a bañarnos con agua fría. En los cantones de al lado había de 15 a 30 personas. Nosotros no podíamos ni movernos.

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