Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

La carne muerta nunca se abriga

Teresa Margolles; curaduría de Andrea Pacheco

Museo de la Solidaridad Salvador Allende Santiago, Chile August 31, 2019 – February 2, 2020

Teresa Margolles, El capital te culea. Vista de instalación. Foto por Lorna Remmele, cortesía del Museo de la Solidaridad Salvador Allende

Teresa Margolles, La Exhumación. Vista de instalación. Foto por Benjamín Matte, cortesía del Museo de la Solidaridad Salvador Allende

Teresa Margolles, La carne muerta nunca se abriga (2019). Vista de instalación. Foto por Benjamín Matte, cortesía del Museo de la Solidaridad Salvador Allende

LA CARNE MUERTA NUNCA SE ABRIGA

Teresa Margolles (México, 1963) ha dedicado más de dos décadas a investigar la naturaleza humana bajo condiciones extremas. Extrema inseguridad, extrema discriminación, extremo abandono y, en el caso de este proyecto en Chile, extrema desigualdad. Su trabajo ha conseguido penetrar en conflictos aparentemente locales pero que, sin embargo, afectan de forma transversal a casi todo el planeta. Violencia machista, trans-femicidios, narcotráfico y desplazamientos forzados son algunos de los asuntos que ha abordado a través de su obra. Las investigaciones que pone en marcha escarban en la herida social que generan estas violencias, atendiendo al dolor y la infección que provocan. Su traslado al espacio expositivo incorpora siempre la presencia residual de un cuerpo vivo o muerto, atravesado por diferentes niveles de sufrimiento y vejación.

En su primera exposición individual en Chile, Teresa Margolles presenta un proyecto inédito, cuya extensión en el tiempo es difícil de prever. Siguiendo la línea de sus últimas obras, como la investigación desarrollada en la frontera entre Venezuela y Colombia, la artista atiende la violencia sobre el cuerpo vivo. En las calles encuentra tanto dolor como el que habita en las morgues.

Durante los tres viajes realizados al país entre 2018 y 2019, la artista continúa investigaciones desarrolladas en otros contextos, con la colaboración de habitantes de Santiago, Copiapó e Inca de Oro. Fiel a su formación forense, Margolles transforma el espacio público en un laboratorio. Con rigor minucioso recoge muestras, testimonios, restos de cuerpos y lugares que han permanecido históricamente fuera del festín del capital. Las fotografías, videos, piezas sonoras, cerámicas y textiles que componen esta exposición ofrecen un diagnóstico -fallido e incompleto como todos- de una patología que se expande a una velocidad desmesurada y que condena a una buena parte de la población a un infra vida.[1]

El proyecto conecta, desde Mesoamérica al Cono Sur, cuestiones aparentemente diferentes pero con potencial similitud ideológica. Se sumerge en la raíz de la barbarie, donde aparece el capitalismo en su fase necropolítica, es decir, un sistema de gobernanza paraestatal, centrado en el beneficio económico, con el poder de decidir quién puede vivir y a quién puede dejarse morir.

Desde la instauración del capitalismo liberal en los años 80, Chile ha mantenido un liderazgo macroeconómico en el continente. Los beneficios de su industria minera han repercutido en los ingresos de un pequeño sector de la población, que incrementa el promedio nacional y le han permitido destacar con una de las rentas per cápita más altas de la región. Sin embargo, en paralelo, lidera la lista de los países con peor distribución de la riqueza del mundo. Según estudios recientes, es una riqueza que se concentra históricamente en cinco familias, cada una de las cuales ingresa anualmente lo mismo que cinco millones de chilenos. [2] La mayor violencia que se respira en Chile es, por tanto, la de la desigualdad.

Teresa Margolles aborda la exclusión social como un crimen a través de sus víctimas. Las piezas y acciones que articula, atienden a viejas patologías que afectan la sociedad chilena y que se expanden incorporando nuevas formas de opresión, como las que afectan hoy a las poblaciones migrantes. La artista presenta objetos icónicos del bienestar, como un par de sillones recién tapizados o una fuente de cerámica, en cuyo interior se condensan tragedias. Utiliza la fotografía, el video y el registro sonoro para señalar también el lugar donde se esconde la riqueza en el Sur del mundo, con la paradoja de su inmensidad material y vacío social; una riqueza que permanece secuestrada dentro de montañas huecas, retenida bajo la losa de una injusticia endémica.

Durante las últimas dos décadas, la obra de Teresa Margolles ha conseguido una traducción artística cada vez más sobria de la retórica de la desgracia humana. Su puesta en escena genera siempre un malestar, más incómodo en la medida en que conlleva un enigma, un algo por descubrir, que una vez desvelado, horroriza y conmueve a partes iguales. El Museo de la Solidaridad Salvador Allende, una institución concebida en el Chile pre-liberal de los setenta, se transforma así en un espacio de reflexión sobre las paradojas de un país tan rico en minerales como en campamentos para personas sin techo. [3] Sin embargo, la exposición no propone respuestas ni soluciones a estos dilemas. Margolles se ubica en las antípodas del activismo y rehuye el juicio moral sobre el culpable. Nada más fuera de su órbita que transformar el espacio expositivo en un tribunal; quizá sí en un territorio liminal, donde no es posible escapar al dolor ajeno. Por ello, la utilización de subjetividades tiene como fin ofrecer más bien un testimonio de alguien o algo que no está, de su espectro.

La carne muerta nunca se abriga, título de la muestra, corresponde a una frase del poeta pirquinero Raúl Adriazola que surgió en una de las conversaciones con la artista. Durante su investigación en el país, Margolles sostuvo una serie de encuentros con mineros artesanales, como también con hombres y mujeres haitianas y pobladores de campamentos, cuya existencia en Chile transcurre con dificultades. La experiencia artística en la que estuvieron implicadas estas personas, se convirtió en un espacio de diálogo e intercambio que hoy tiene carácter de urgente. Esta exposición se enmarca en la necesidad de frenar l a normalización de la miseria, a la que tristemente se acostumbra la mirada. Escuchar los relatos que resuenan en las salas de este museo, concebido desde la nada lucrativa idea de solidaridad, ofrece la oportunidad de humanizar nuevamente el lugar desde donde se mira y obtener quizá alguna clase de abrigo.

 

—Andrea Pacheco González, curadora

 

 

[1] En Necropolítica (Ed. Melusina, 2011), el filósofo camerunés Achille Mbembe aborda la condición de muertos-vivientes . “En nuestro mundo contemporáneo, las armas se despliegan con el objetivo de una destrucción máxima de las personas y de la creación de mundos de muerte , formas únicas y nuevas de existencia social en las que numerosas poblaciones se ven sometidas a condiciones de existencia que les confieren el estatus de muertos-vivientes”.

[2] Daniel Matamala, Los dueños de Chile, CIPER. [https://ciperchile.cl/2015/12/09/los-duenos-de-chile/]

[3] Según el Centro de Investigación Social de la Fundación TECHO-Chile, desde 2011 el número de familias que vive en campamentos ilegales ha aumentado en un 70%. [https://www.techo.org/chile/centro-de-investigacion-social/]

Teresa Margolles estudió arte en la Dirección de Fomento de la Cultura Regional del Estado de Sinaloa y Ciencias de la Comunicación en la U.N.A.M. Se diplomó en Medicina Forense en el Servicio Médico Forense de la Ciudad de México. Junto a un grupo de artistas fundó en 1990 el colectivo Semefo (Servicio Médico Forense). En el 2000 comenzó a trabajar de forma individual. Su obra ha sido expuesta individualmente en: Museo de Arte Moderno de Bogotá, MAMBO (2019), Colombia; Witte de With, Rotterdam (2018); Padiglione d’Arte Contemporánea , PAC, Milán (2018); Musée d’Art Contemporain, Montreal (2017); Museo de la Ciudad de Queretaro, México (2016); Migros Museum für Gegenwartskunst, Zurich (2014); Centro de Arte Dos de Mayo, CM2, Madrid (2014); Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC, Ciudad de México (2012); Los Angeles County Museum of Art, LACMA (2011), Kunsthalle Fridericianum de Kassel (2010), y en el Museum für Moderne Kunst, MMK, Frankfurt (2004) entre otros. Representó a México en la 53º Bienal de Venecia. Obtuvo Mención Honorífica en la 58a Bienal de Venecia de 2019, en el 2012 el Premio Prince Claus, de Holanda y el Artis Mundis en Cardiff; la beca de residencia DAAD 2017-2018 en Alemania. Ha sido becaria del Sistema de Creadores de Arte 2000-2006 por la Secretaría de Cultura de México.

Andrea Pacheco González es curadora e investigadora chilena residente en Madrid. Licenciada en Comunicación Social, Máster en Comisariado en Arte y Nuevos Medios y doctoranda en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Su trabajo se ha enfocado en las prácticas artísticas y culturales que atienden las problemáticas del presente: desplazamientos forzados, exilio y diásporas latinoamericanas en Europa, procesos de memoria histórica, estrategias artísticas de resistencia y subversión. Ha sido Coordinadora del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile, donde coordinó exposiciones con artistas como David Shrigley o el colectivo Superflex. Ha sido curadora de varias colectivas (Sala Gasco, Galería Concreta, Fundación Cultural de Providencia) y muestras individuales con artistas como Juan Castillo (Galería Macchina) o Los Carpinteros (NC-arte y MAMU, Bogotá). Actualmente prepara una exposición colectiva para el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid y para CAAM, de Canarias, con el artista Dagoberto Rodríguez. Es directora de la plataforma de residencias FelipaManuela, centrada en el intercambio entre España y América Latina y El Caribe, con programas en colaboración con instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía o Matadero Madrid.

mssa.cl

Teresa Margolles, El capital te culea. Vista de instalación. Foto por Lorna Remmele, cortesía del Museo de la Solidaridad Salvador Allende

Teresa Margolles, La Exhumación. Vista de instalación. Foto por Benjamín Matte, cortesía del Museo de la Solidaridad Salvador Allende

Teresa Margolles, La carne muerta nunca se abriga (2019). Vista de instalación. Foto por Benjamín Matte, cortesía del Museo de la Solidaridad Salvador Allende

A CARNE MUERTA NUNCA SE ABRIGA

Teresa Margolles (México, 1963) ha dedicado más de dos décadas a investigar la naturaleza humana bajo condiciones extremas. Extrema inseguridad, extrema discriminación, extremo abandono y, en el caso de este proyecto en Chile, extrema desigualdad. Su trabajo ha conseguido penetrar en conflictos aparentemente locales pero que, sin embargo, afectan de forma transversal a casi todo el planeta. Violencia machista, trans-femicidios, narcotráfico y desplazamientos forzados son algunos de los asuntos que ha abordado a través de su obra. Las investigaciones que pone en marcha escarban en la herida social que generan estas violencias, atendiendo al dolor y la infección que provocan. Su traslado al espacio expositivo incorpora siempre la presencia residual de un cuerpo vivo o muerto, atravesado por diferentes niveles de sufrimiento y vejación.

En su primera exposición individual en Chile, Teresa Margolles presenta un proyecto inédito, cuya extensión en el tiempo es difícil de prever. Siguiendo la línea de sus últimas obras, como la investigación desarrollada en la frontera entre Venezuela y Colombia, la artista atiende la violencia sobre el cuerpo vivo. En las calles encuentra tanto dolor como el que habita en las morgues.

Durante los tres viajes realizados al país entre 2018 y 2019, la artista continúa investigaciones desarrolladas en otros contextos, con la colaboración de habitantes de Santiago, Copiapó e Inca de Oro. Fiel a su formación forense, Margolles transforma el espacio público en un laboratorio. Con rigor minucioso recoge muestras, testimonios, restos de cuerpos y lugares que han permanecido históricamente fuera del festín del capital. Las fotografías, videos, piezas sonoras, cerámicas y textiles que componen esta exposición ofrecen un diagnóstico -fallido e incompleto como todos- de una patología que se expande a una velocidad desmesurada y que condena a una buena parte de la población a un infra vida.[1]

El proyecto conecta, desde Mesoamérica al Cono Sur, cuestiones aparentemente diferentes pero con potencial similitud ideológica. Se sumerge en la raíz de la barbarie, donde aparece el capitalismo en su fase necropolítica, es decir, un sistema de gobernanza paraestatal, centrado en el beneficio económico, con el poder de decidir quién puede vivir y a quién puede dejarse morir.

Desde la instauración del capitalismo liberal en los años 80, Chile ha mantenido un liderazgo macroeconómico en el continente. Los beneficios de su industria minera han repercutido en los ingresos de un pequeño sector de la población, que incrementa el promedio nacional y le han permitido destacar con una de las rentas per cápita más altas de la región. Sin embargo, en paralelo, lidera la lista de los países con peor distribución de la riqueza del mundo. Según estudios recientes, es una riqueza que se concentra históricamente en cinco familias, cada una de las cuales ingresa anualmente lo mismo que cinco millones de chilenos2. La mayor violencia que se respira en Chile es, por tanto, la de la desigualdad.

Teresa Margolles aborda la exclusión social como un crimen a través de sus víctimas. Las piezas y acciones que articula, atienden a viejas patologías que afectan la sociedad chilena y que se expanden incorporando nuevas formas de opresión, como las que afectan hoy a las poblaciones migrantes. La artista presenta objetos icónicos del bienestar, como un par de sillones recién tapizados o una fuente de cerámica, en cuyo interior se condensan tragedias. Utiliza la fotografía, el video y el registro sonoro para señalar también el lugar donde se esconde la riqueza en el Sur del mundo, con la paradoja de su inmensidad material y vacío social; una riqueza que permanece secuestrada dentro de montañas huecas, retenida bajo la losa de una injusticia endémica.

Durante las últimas dos décadas, la obra de Teresa Margolles ha conseguido una traducción artística cada vez más sobria de la retórica de la desgracia humana. Su puesta en escena genera siempre un malestar, más incómodo en la medida en que conlleva un enigma, un algo por descubrir, que una vez desvelado, horroriza y conmueve a partes iguales. El Museo de la Solidaridad Salvador Allende, una institución concebida en el Chile pre-liberal de los setenta, se transforma así en un espacio de reflexión sobre las paradojas de un país tan rico en minerales como en campamentos para personas sin techo3. Sin embargo, la exposición no propone respuestas ni soluciones a estos dilemas. Margolles se ubica en las antípodas del activismo y rehuye el juicio moral sobre el culpable. Nada más fuera de su órbita que transformar el espacio expositivo en un tribunal; quizá sí en un territorio liminal, donde no es posible escapar al dolor ajeno. Por ello, la utilización de subjetividades tiene como fin ofrecer más bien un testimonio de alguien o algo que no está, de su espectro.

La carne muerta nunca se abriga, título de la muestra, corresponde a una frase del poeta pirquinero Raúl Adriazola que surgió en una de las conversaciones con la artista. Durante su investigación en el país, Margolles sostuvo una serie de encuentros con mineros artesanales, como también con hombres y mujeres haitianas y pobladores de campamentos, cuya existencia en Chile transcurre con dificultades. La experiencia artística en la que estuvieron implicadas estas personas, se convirtió en un espacio de diálogo e intercambio que hoy tiene carácter de urgente. Esta exposición se enmarca en la necesidad de frenar l a normalización de la miseria, a la que tristemente se acostumbra la mirada. Escuchar los relatos que resuenan en las salas de este museo, concebido desde la nada lucrativa idea de solidaridad, ofrece la oportunidad de humanizar nuevamente el lugar desde donde se mira y obtener quizá alguna clase de abrigo.

— Andrea Pacheco González, curadora

 

[1] En Necropolítica (Ed. Melusina, 2011), el filósofo camerunés Achille Mbembe aborda la condición de muertos-vivientes . “En nuestro mundo contemporáneo, las armas se despliegan con el objetivo de una destrucción máxima de las personas y de la creación de mundos de muerte , formas únicas y nuevas de existencia social en las que numerosas poblaciones se ven sometidas a condiciones de existencia que les confieren el estatus de muertos-vivientes”.

[2] Daniel Matamala, Los dueños de Chile, CIPER. [https://ciperchile.cl/2015/12/09/los-duenos-de-chile/]

[3] Según el Centro de Investigación Social de la Fundación TECHO-Chile, desde 2011 el número de familias que vive en campamentos ilegales ha aumentado en un 70%. [https://www.techo.org/chile/centro-de-investigacion-social/]

Teresa Margolles estudió arte en la Dirección de Fomento de la Cultura Regional del Estado de Sinaloa y Ciencias de la Comunicación en la U.N.A.M. Se diplomó en Medicina Forense en el Servicio Médico Forense de la Ciudad de México. Junto a un grupo de artistas fundó en 1990 el colectivo Semefo (Servicio Médico Forense). En el 2000 comenzó a trabajar de forma individual. Su obra ha sido expuesta individualmente en: Museo de Arte Moderno de Bogotá, MAMBO (2019), Colombia; Witte de With, Rotterdam (2018); Padiglione d’Arte Contemporánea , PAC, Milán (2018); Musée d’Art Contemporain, Montreal (2017); Museo de la Ciudad de Queretaro, México (2016); Migros Museum für Gegenwartskunst, Zurich (2014); Centro de Arte Dos de Mayo, CM2, Madrid (2014); Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC, Ciudad de México (2012); Los Angeles County Museum of Art, LACMA (2011), Kunsthalle Fridericianum de Kassel (2010), y en el Museum für Moderne Kunst, MMK, Frankfurt (2004) entre otros. Representó a México en la 53º Bienal de Venecia. Obtuvo Mención Honorífica en la 58a Bienal de Venecia de 2019, en el 2012 el Premio Prince Claus, de Holanda y el Artis Mundis en Cardiff; la beca de residencia DAAD 2017-2018 en Alemania. Ha sido becaria del Sistema de Creadores de Arte 2000-2006 por la Secretaría de Cultura de México.

Andrea Pacheco González es curadora e investigadora chilena residente en Madrid. Licenciada en Comunicación Social, Máster en Comisariado en Arte y Nuevos Medios y doctoranda en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Su trabajo se ha enfocado en las prácticas artísticas y culturales que atienden las problemáticas del presente: desplazamientos forzados, exilio y diásporas latinoamericanas en Europa, procesos de memoria histórica, estrategias artísticas de resistencia y subversión. Ha sido Coordinadora del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile, donde coordinó exposiciones con artistas como David Shrigley o el colectivo Superflex. Ha sido curadora de varias colectivas (Sala Gasco, Galería Concreta, Fundación Cultural de Providencia) y muestras individuales con artistas como Juan Castillo (Galería Macchina) o Los Carpinteros (NC-arte y MAMU, Bogotá). Actualmente prepara una exposición colectiva para el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid y para CAAM, de Canarias, con el artista Dagoberto Rodríguez. Es directora de la plataforma de residencias FelipaManuela, centrada en el intercambio entre España y América Latina y El Caribe, con programas en colaboración con instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía o Matadero Madrid.

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