Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Grabador Fantasma

Adrián Balseca y Kara Solar

Centro de Arte Contemporáneo Quito, Ecuador 06/11/2019 – 07/14/2019

Adrián Balseca y Kara Solar, Grabador Fantasma (2018). Vista de instalación. Foto por Martina Álvarez Orska/ Centro de Arte Contemporáneo

Adrián Balseca y Kara Solar, Grabador Fantasma (2018). Vista de instalación. Foto por Martina Álvarez Orska/ Centro de Arte Contemporáneo

Adrián Balseca y Kara Solar, Grabador Fantasma (2018). Vista de instalación. Foto por Martina Álvarez Orska/ Centro de Arte Contemporáneo

The extractive endeavors on Ecuadorian territory are the guiding principle of Balseca’s work. From the extraction of rubber in The Skin of Labour (2016), to petroleum and the first oil spill in Mar cerrado (2016), to the end of the petroleum boom and the development of the automotive industry in El Cóndor pasa (2015) and Medio camino (2014), the artist sheds light upon hybrid objects, revealing in this way the several anachronisms and invisible peripheries of the project of modernity of the Ecuadorian State.

Currently, the influence of human activity upon the Earth has become a major geological force, capable of irreversibly transforming the planetary ecosystem: we live now in the age of the Anthropocene. With Phantom Recorder (2018), Adrián Balseca—in collaboration with Kara Solar—questions the materiality of the world in this age. Balseca acts and gets involved as an artist to generate a symbology of these challenges on the Ecuadorian territory. This involvement happens in opposition to the modern order, which represents the world based on the “Great Division” (Latour 1991) between nature and culture.

The point of departure of Phantom Recorder is Werner Herzog’s film Fitzcarraldo (1982), which tells the story of Brian Sweeney Fitzgerald in the early 20th century. This businessman, a lover of music, aspires to make a fortune with rubber and dreams about building an opera house in the Amazon jungle. What catches Balseca’s attention in this excessive endeavor is the visually dislocated, out-of-place aesthetic of a gramophone on a boat that wanders through the jungle. Balseca removes the main character in Herzog’s film and reuses the gramophone’s technology in order to “listen to nature”. The boat records the sound of the forest, aware of both the human and the non-human. Phantom Recorder operates as a translating device for cosmic and material processes.

Balseca participates in the development of an ecology of sensation, making us aware that the conditions of our existence depend upon our relationship with the non-human and that we must urgently cease the ”war” based on “domination and appropriation” that Michel Serre exposes (1990). Through an artistic device, Balseca repairs our sensibility, our capacity of understanding how the ecosystem communicates.

In Phantom Recorder, Balseca joined efforts with Kara Solar’s project in order to construct a solar-powered vessel. Through this alliance, Balseca opens the way to a post-carbon art. It helps us get rid of the “phantasy of the Holocene” (Franke 2018); It allows us to see what an aesthetic regime and a creative process outside the bounds of an economic model based on fossil fuel extraction would look like.

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Adrián Balseca y Kara Solar, Grabador Fantasma (2018). Vista de instalación. Foto por Martina Álvarez Orska/ Centro de Arte Contemporáneo

Adrián Balseca y Kara Solar, Grabador Fantasma (2018). Vista de instalación. Foto por Martina Álvarez Orska/ Centro de Arte Contemporáneo

Adrián Balseca y Kara Solar, Grabador Fantasma (2018). Vista de instalación. Foto por Martina Álvarez Orska/ Centro de Arte Contemporáneo

Los emprendimientos extractivistas en territorio ecuatoriano son el hilo conductor del trabajo de Balseca. De la explotación del caucho en The Skin of Labour (2016), al petróleo y el primer derrame en Mar cerrado (2016), el fin del boom petrolero y el desarrollo de la industria automotriz en El cóndor pasa (2015) y Medio camino (2014), el artista da luz a objetos híbridos, revelando los anacronismos y periferias invisibles del proyecto de modernidad del Estado ecuatoriano.

En la actualidad, la influencia de la actividad humana sobre la Tierra se volvió una fuerza geológica mayor, capaz de marcar de forma irreversible el ecosistema planetario: nos encontramos en la era del Antropoceno. Con Grabador Fantasma (2018), Adrián Balseca en —colaboración con Kara Solar— cuestiona la materialidad del mundo en esta era. Actúa y se involucra como artista para generar una obra simbólica de estos retos sobre el territorio ecuatoriano. Este involucramiento sucede en oposición con el orden moderno, el cual representa el mundo desde la “Gran División” (Latour 1991) entre naturaleza y cultura.

El punto de partida de Grabador Fantasma es la película Fitzcarraldo (1982) del alemán Werner Herzog, que cuenta la odisea de Brian Sweeney Fitzgerald al inicio del siglo XX. Este empresario, y a la vez amante de la música, aspira hacer una fortuna con el caucho y sueña con construir una edificación para la ópera en la selva amazónica. Lo que le llama la atención a Balseca de este emprendimiento desmesurado es la estética fuera de lugar y visualmente desconectada de un gramófono sobre un barco que erra en el medio de la selva. Balseca borra al personaje principal de la obra de Herzog y reutiliza la tecnología del gramófono para “escuchar a la naturaleza”.  La barca capta los sonidos del bosque, a la escucha de los sonidos humanos y no humanos que habitan en él. Grabador Fantasma opera como un dispositivo de traducción de procesos materiales y cósmicos.

Balseca participa del desarrollo de una ecología de la sensaciones, enfatizando que las condiciones de nuestra existencia dependen de nuestra relación con lo no-humano y del deber de cesar la “guerra” basada en “la dominación y la apropiación” que denuncia Michel Serre (1990). A través de un dispositivo artístico, Balseca repara nuestra sensibilidad, nuestra capacidad en entender cómo el ecosistema comunica.

Para Grabador Fantasma, Balseca se unió con el proyecto Kara Solar para fabricar una barca que funcione con energía solar. A través de esta alianza con Kara Solar, Balseca abre la vía para un arte post-carbón. Nos ayuda a deshacernos de la “fantasía del Holoceno” (Franke 2018), mostrándonos a qué se podría parecer un régimen estético y un proceso de creación fuera de un modelo económico basado en la extracción de energías fósiles.

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