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01.08.2016

Gente de bien: interview with Franco Lolli

Franco Lolli y Natalia Valencia discuten sobre los problemas de discriminación de clase de la sociedad colombiana contemporánea y cómo éstos fueron retratados en el largometraje Gente de Bien (2014) dirigido por Lolli.

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Natalia Valencia: ¿Me puedes contar un poco sobre qué referencias e inspiraciones tenías cuando decidiste hacer esta película? En ella retratas todas las ambiguedades afectivas que surgen en la convivencia de diferentes clases sociales. ¿Estabas leyendo alguna novela en particular o te interesaste por estudios sociológicos específicos? Creo que es un tema que nadie ha tocado de manera tan sensible en el cine contemporáneo en Colombia.

Franco Lolli: La película nace más de cosas que ví, viví o sentí en la vida real que de referencias literarias o cinematográficas, aunque éstas siempre están presentes en el inconsciente y van apareciendo sin que uno lo busque. Los personajes están casi todos inspirados en personas que conocí, y lo que sienten es lo que yo sentí. Aunque vengo de un medio privilegiado, cuando joven tenía un complejo porque era el más pobre entre mis amigos ricos (que para mí no eran ricos sino normales), y al mismo tiempo en realidad siempre he sido rico para lo que es Colombia. Por esto siempre me ha interesado mucho la forma en que la sociedad se divide en clases, y en especial cómo los individuos viven, desde adentro, el hecho de pertenecer a una clase determinada. No es extraño entonces que haya contado una historia en la que los personajes pasan de una clase a otra y replantean su relación con la clase de la que vienen. Pero la verdad mi propósito no fue hacer una película de análisis social sino una película emotiva en un contexto preciso y realista.

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NV: El personaje de Maria Isabel, la patrona con buenas intenciones que decide de alguna manera adoptar al hijo de su empleado parece transparente en su bondad pero personalmente me quedé preguntándome un poco por su complejidad como personaje. ¿Cómo puede ella ser tan naive de creer que puede romper las barreras sociales tan fácilmente? ¿Cómo construiste su personaje?

FL:Yo no siento que Maria Isabel sea ingenua ni que su bondad sea transparente. Siento que es un personaje muy complejo, lleno de contradicciones y que es muy difícil discernir la parte de ella que quiere adoptar al niño para ayudarlo y la parte que quiere adoptarlo para ayudarse a sí misma. Es un personaje con un gran corazón y es al mismo tiempo un personaje monstruoso, muy arrogante en su manera de hacer las cosas –si no, jamás se le ocurriría siquiera que puede cuidar mejor a un niño que apenas conoce de lo que lo puede hacer la propia familia del niño. A la vez es el personaje más idealista de la película y el más cruel. Y es justamente esta contradicción la que la convierte también en el más interesante. Es a través de ella que se plantean casi todas las preguntas morales de Gente de Bien.

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NV:¿Qué opinas respecto al silencio que se guarda respecto a estas problemáticas sociales tan complejas? En esta edición de Terremoto estamos mirando hacia la sombra de las problemáticas de discriminación de clase, su presencia que persiste pero que se trata de ignorar, pues legalmente se supone que vivimos en una sociedad inclusiva.

FL: No sé si haya un silencio general respecto a la cuestión de las clases o a la manera cómo estas se relacionan. Mucha gente habla de esto e intenta modificar los paradigmas en este aspecto. Es más, hay muchos partidos políticos basados, al menos ideológicamente, en que se acaben las injusticias entre las clases. ¿Y cuántos sociólogos, artistas y periodistas no intentan, a su manera, hacer lo mismo? Pero es verdad que la mayoría no quiere ver de frente el mundo en el que vivimos, tal vez porque si lo hace se le cae la ilusión de que nos vemos y nos tratamos como iguales, cuando en realidad las cosas funcionan al revés, bajo la idea de que hay gente superior a otra por la clase de la que viene. Esa idea, tácita en el mejor de los casos, es lamentablemente clave en la construcción de nuestra sociedad, no solo en Colombia sino en el mundo. Tal vez por lo violenta que es, no se grita a los cuatro vientos. Y tal vez por lo mismo no está de más representarla.

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NV: ¿Quieres contarme un poco sobre tus próximos proyectos?

FL: Estoy escribiendo una nueva película. Es el retrato de una mujer de casi cuarenta años –abogada y madre soltera– que el año en el que su hijo entra al colegio, decide cambiar de vida. Creo que habla, en parte, de la dificultad de ser mujer en una sociedad machista y del momento de la vida en el que uno deja de dar vueltas y de buscar cosas que en realidad no le interesan para empezar a encontrarse a sí mismo. También estoy produciendo, en el seno de mi empresa Evidencia Films, los trabajos de varios jóvenes directores colombianos. Entre otros, estamos terminando los nuevos cortos de Laura Huertas Millán y un largo de Simón Mesa, y estamos preparando un corto y un largo de Juan Sebastián Quebrada. Todos estos autores tienen en común la búsqueda de un cine arriesgado y muy personal, y sus nuevos proyectos harán hablar mucho de ellos.

NV: ¿Cómo ha sido para tí establecer una productora en Colombia? Si no me equivoco, los esfuerzos de Proimágenes por lograr que el fomento al cine en el país sea rentable para los empresarios y patronos ha logrado que se estimule mucho más la producción y la inversión privada. Ahora se vive un momento de crecimiento económico en el país, pero éste beneficia sólo a ciertos sectores y sigue faltando inversión en educación –en cierta manera, este momento de desarrollo sigue perpetuando la misma desigualdad de la que se ocupa la película. Por otro lado, lo poderoso del cine (y muchas veces contrario al arte contemporáneo) es que es un lenguaje asequible a todo el mundo. ¿Crees que los cineastas tienen ahora más herramientas que antes?

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FL: Nuestra productora no existiría si no existiera el FDC (Fondo para el Desarrollo Cinematográfico) que entrega estímulos, casi en todos los casos por concurso, a las películas colombianas. Por el tipo de cine que queremos hacer, o sea un cine arriesgado, nos es absolutamente necesario recurrir a estos dineros públicos para financiar las películas. En realidad la inversión privada en el cine colombiano, si bien existe gracias a los incentivos tributarios que otorga el Estado, se concentra sobre todo en un cine mucho más comercial que el nuestro. Respondiendo a la otra parte de tu pregunta, diría que es evidente que hay un déficit terrible en educación en este país. Vuelvo de Ecuador, donde dicté un taller en la Universidad de las Artes, que es una institución pública creada por el gobierno hace unos años, con instalaciones increíbles y profesores bien pagados. El gobierno colombiano, en cambio, no tiene ningún interés en invertir en educación. Y, mientras sea así, estamos condenados a que los ricos monopolicen también el saber. Por último, no creo que los cineastas tengamos más herramientas que antes –se sigue haciendo cine con una cámara y un micrófono– pero creo que nuestro oficio sí se ha democratizado mínimamente gracias a la tecnología, que ha bajado los costos de los equipos y ha permitido otros tipos de difusión. Cada día hay más películas y más gente puede verlas. Pero la calidad no va siempre de la mano con la cantidad; el mejor soporte de rodaje y de proyección sigue siendo el fílmico y a mi juicio al menos, las mejores películas también se hicieron antes de esta revolución tecnológica.

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