Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

El vicio del peso

Gwladys Alonzo

Galería Hilario Galguera Ciudad de México September 6, 2019 – November 11, 2019

Gwladys Alonzo, El vicio del peso (2019). Installation view. Photography credit: Sergio Lopez. Courtesy of Hilario Galguera

Gwladys Alonzo, El vicio del peso (2019). Installation view. Photography credit: Sergio Lopez. Courtesy of Hilario Galguera

Gwladys Alonzo, El vicio del peso (2019). Installation view. Photography credit: Sergio Lopez. Courtesy of Hilario Galguera

The vice is to seek for a body sculpted with amphetamines, it is to eat chocolate until vomiting, it is to crave swimming in gold, it is an excess. The vice is to desire too much, it is to suffer an avid thirst. Enunciating them all seems impossible. Here, we talk about those we stumble upon with.

This concrete-overflowing world has the urgency of building walls, it has the bad habit to use it obscenely because of its low cost. The irreverent handling that Gwladys Alonzo (France, 1990) gives to concrete manifests her drive to build. When finishing a sculpture, the need to make another one arises immediately. Euphoria passes and emptiness comes, like a cycle that has no end.

Here, the rods mutate in metal skeletons, and gray matter turns into meat. Another possibility of concrete is activated, in which it ceases to be. Mad, the colors and deliberate textures that inhabit it, make the most terrible material take shape. Matter confronts us and makes us see it from within, from another place. In the bowels of each piece, something deeper is hidden. In the act of shredding the flesh, one thing is clear: the contained tension.

The vice of weight points to the abuse of scale. It challenges gravity to oscillate between light and the monumental, putting in tension two oppositely close spaces—The Bunker and the terrace of Galería Hilario Galguera—where Alonzo’s concrete rises.

Weight is a metaphor. It is a memory that seems dense, it is as consistent as a solid mass, so fragile that in gravity it has no rest. The sculptures arise like clouds of chantillí, airy and floating, as bulky as meat, and some others, almost naked as carrion, they seem like dripping skeletons. Wherever the inert comes alive, Alonzo’s bad habits provoke a strange fascination that leads us to crumble that filthy impenetrable paste.

—Text and curatorship by Ana Gabriela García

Galería Hilario Galguera

Gwladys Alonzo, El vicio del peso (2019). Vista de instalación. Foto por Sergio Lopez. Cortesía de Hilario Galguera

Gwladys Alonzo, El vicio del peso (2019). Vista de instalación. Foto por Sergio Lopez. Cortesía de Hilario Galguera

Gwladys Alonzo, El vicio del peso (2019). Vista de instalación. Foto por Sergio Lopez. Cortesía de Hilario Galguera

El vicio es buscar un cuerpo esculpido a base de anfetaminas, es comer chocolate hasta vomitar, es ansiar nadar en plata, es un exceso. El vicio es desear demasiado, es sufrir una ávida sed. Enunciarlos todos es imposible. Hablaremos aquí de los que nos tocan.

Este mundo desbordado de concreto tiene la urgencia de construir muros, se ha malacostumbrado al uso obsceno del mismo por su bajo costo. El irreverente manejo que Gwladys Alonzo (Francia, 1990) da al concreto manifiesta sus pulsiones por construir. Al terminar una escultura, inmediatamente surge la necesidad de hacer otra. Pasa la euforia y viene el vacío, como un ciclo que no tiene fin.

Aquí, las varillas mutan en esqueletos metálicos, y la materia gris en carne. Se activa otra posibilidad del concreto, en donde pareciera que éste deja de serlo. Loco, los colores y texturas deliberadas que lo habitan hacen que el material más terrible tome forma. La materia nos confronta y nos hace querer verla desde dentro, desde otro lugar. En las entrañas de cada pieza, se esconde algo más profundo. En el acto de desmenuzar la carne, una cosa queda clara: la tensión contenida.

El vicio del peso apunta al abuso de la escala, reta la gravedad para oscilar entre lo ligero y lo monumental, poniendo en tensión dos espacios opuestamente cercanos —El Búnker y la terraza de Galería Hilario Galguera—  donde el concreto de Alonzo se levanta.

El peso es una metáfora, es un recuerdo que suena denso, es consistente como una masa sólida, tan frágil que en la gravedad no tiene descanso. Las esculturas se elevan como nubes de chantillí, ligeras y flotantes, tan abultadas como la carne y otras de ellas, casi desnudas cual carroña, se antojan como esqueletos chorreantes. Ahí donde lo inerte cobra vida, las malas costumbres de Alonzo provocan una extraña fascinación que nos lleva a desmenuzar esa asquerosa pasta impenetrable.

—Texto y curaduría por Ana Gabriela García

Galería Hilario Galguera

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