Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Condicionamiento operante

Jhafis Quintero y Paola Mancini

Centro Cultural de España – Casa del Soldado Ciudad de Panamá, Panamá 02/28/2019 – 04/19/2019

Jhafis Quintero y Paola Mancini, Condicionamiento operante (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de CCE Casa del Soldado

Jhafis Quintero y Paola Mancini, Condicionamiento operante (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de CCE Casa del Soldado

Jhafis Quintero y Paola Mancini, Condicionamiento operante (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de CCE Casa del Soldado

El Centro Cultural de España – Casa del Soldado presenta Condicionamiento operante, una exposición de Jhafis Quintero (La Chorrera, 1973) y Paola Mancini (Senigallia, 1980).

La relación entre el cuerpo humano y la idea de encarcelamiento es, de cierta manera, una de las fuerzas motoras de la investigación de Jhafis Quintero. Con una carrera de dos décadas, su trabajo se desarrolla a partir de diversos medios que observan las muchas prisiones por las cuales la existencia humana puede pasar. Una de ellas, inevitablemente, es la del propio cuerpo. Es a partir de su materia que transformamos el mundo y, en el caso de cualquier insatisfacción anatómica, es a partir de su propia sustancia que cualquier alteración debe ser operada —así como un pedazo de arcilla, el acto de moldear tiene sus límites físicos.

Cuando observamos su trayectoria, notamos cómo uno de sus constantes lenguajes es el uso del video para explorar los límites de su propio cuerpo. Además, una acción recurrente en su obra es la producción de objetos (algunos a escala humana), que a veces pueden ser accionados por el propio público.

En la presente exposición percibimos la continuidad de esos aspectos de su investigación en una instalación pensada especialmente para el Centro Cultural de España. Las seis jaulas se colocan lado a lado y ocupan el espacio de forma simétrica. Como ataúdes verticalizados hechos de metal, la medida de estos poliedros hace que rápidamente humanicemos sus escalas. El hecho de que estas estructuras estén sostenidas por carritos de carga también nos permite rápidamente leerlas a través del carácter utilitario que evocan. Si en cuanto a su altura nos recordamos de la anatomía humana, es en su anchura que la claustrofobia de la instalación es evocada —su forma estrecha recuerda a una perversa jaula animal. Es una sugerencia de la objetivación y encarcelamiento del cuerpo humano.

Dentro de cada jaula, una secuencia de videos —hechos en colaboración con la artista italiana Paola Mancini— muestran a ambos artistas apagando sus cuerpos a partir del uso de tinta negra. Los videos confunden frente y fondo, claro y oscuro, y, condicionados en esas cajas, añaden a la dramaticidad de su propia materialidad. En silencio, esos cuerpos desaparecen ante nuestra mirada de la misma manera que la población carcelaria es silenciada de manera continua en la mayor parte del mundo.

Además de esa lectura más sociológica y política del trabajo, no se hace difícil también verlo de manera más abierta y existencialista en su reflexión en cuanto a la dicotomía entre aparición y desaparición contenida en cada uno de nosotros.

Esa es la calle de la amargura que cada uno de nosotros tiene dentro de sí —entre declarar y silenciar, entre transparencia y opacidad. Seguimos vivos dentro de cada una de esas jaulas, pero el silencio y la opción por la penumbra se configuran como posturas quizá más críticas que los excesos de las palabras.

Jhafis Quintero comenzó su carrera como artista durante una pena de prisión de 10 años que cumplió en Costa Rica. Su experiencia en la cárcel juega un papel primordial en su obra, influenciado por las contiendas tanto físicas como psicológicas, inducidas por el aislamiento y una constante reflexión sobre la supervivencia y la muerte. Quintero es capaz de crear estructuras escapistas, mientras mantiene una actitud irónica e incluso jocosa de la vida. La sed de transgresión lo llevó a la delincuencia, pero descubrió en el arte una forma natural de satisfacer y volver a orientar su necesidad de quebrantar lo establecido, sin infringir la ley.

En 2013, representó a Panamá en la Bienal de Venecia con el performance Protesis (2013), en la que entregó dibujos originales a los espectadores para comunicarse con ellos. El proyecto se inspiró en el pasaje furtivo de notas en prisión como una forma de mantener la privacidad, la interacción social y el sentido de identidad.

Jhafis Quintero vive y trabaja en Verona, Italia.

http://ccecasadelsoldado.org

Jhafis Quintero y Paola Mancini, Condicionamiento operante (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de CCE Casa del Soldado

Jhafis Quintero y Paola Mancini, Condicionamiento operante (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de CCE Casa del Soldado

Jhafis Quintero y Paola Mancini, Condicionamiento operante (2019). Vista de instalación. Imagen cortesía de CCE Casa del Soldado

El Centro Cultural de España – Casa del Soldado presenta Condicionamiento operante, una exposición de Jhafis Quintero (La Chorrera, 1973) y Paola Mancini (Senigallia, 1980).

La relación entre el cuerpo humano y la idea de encarcelamiento es, de cierta manera, una de las fuerzas motoras de la investigación de Jhafis Quintero. Con una carrera de dos décadas, su trabajo se desarrolla a partir de diversos medios que observan las muchas prisiones por las cuales la existencia humana puede pasar. Una de ellas, inevitablemente, es la del propio cuerpo. Es a partir de su materia que transformamos el mundo y, en el caso de cualquier insatisfacción anatómica, es a partir de su propia sustancia que cualquier alteración debe ser operada —así como un pedazo de arcilla, el acto de moldear tiene sus límites físicos.

Cuando observamos su trayectoria, notamos cómo uno de sus constantes lenguajes es el uso del video para explorar los límites de su propio cuerpo. Además, una acción recurrente en su obra es la producción de objetos (algunos a escala humana), que a veces pueden ser accionados por el propio público.

En la presente exposición percibimos la continuidad de esos aspectos de su investigación en una instalación pensada especialmente para el Centro Cultural de España. Las seis jaulas se colocan lado a lado y ocupan el espacio de forma simétrica. Como ataúdes verticalizados hechos de metal, la medida de estos poliedros hace que rápidamente humanicemos sus escalas. El hecho de que estas estructuras estén sostenidas por carritos de carga también nos permite rápidamente leerlas a través del carácter utilitario que evocan. Si en cuanto a su altura nos recordamos de la anatomía humana, es en su anchura que la claustrofobia de la instalación es evocada —su forma estrecha recuerda a una perversa jaula animal. Es una sugerencia de la objetivación y encarcelamiento del cuerpo humano.

Dentro de cada jaula, una secuencia de videos —hechos en colaboración con la artista italiana Paola Mancini— muestran a ambos artistas apagando sus cuerpos a partir del uso de tinta negra. Los videos confunden frente y fondo, claro y oscuro, y, condicionados en esas cajas, añaden a la dramaticidad de su propia materialidad. En silencio, esos cuerpos desaparecen ante nuestra mirada de la misma manera que la población carcelaria es silenciada de manera continua en la mayor parte del mundo.

Además de esa lectura más sociológica y política del trabajo, no se hace difícil también verlo de manera más abierta y existencialista en su reflexión en cuanto a la dicotomía entre aparición y desaparición contenida en cada uno de nosotros.

Esa es la calle de la amargura que cada uno de nosotros tiene dentro de sí —entre declarar y silenciar, entre transparencia y opacidad. Seguimos vivos dentro de cada una de esas jaulas, pero el silencio y la opción por la penumbra se configuran como posturas quizá más críticas que los excesos de las palabras.

Jhafis Quintero comenzó su carrera como artista durante una pena de prisión de 10 años que cumplió en Costa Rica. Su experiencia en la cárcel juega un papel primordial en su obra, influenciado por las contiendas tanto físicas como psicológicas, inducidas por el aislamiento y una constante reflexión sobre la supervivencia y la muerte. Quintero es capaz de crear estructuras escapistas, mientras mantiene una actitud irónica e incluso jocosa de la vida. La sed de transgresión lo llevó a la delincuencia, pero descubrió en el arte una forma natural de satisfacer y volver a orientar su necesidad de quebrantar lo establecido, sin infringir la ley.

En 2013, representó a Panamá en la Bienal de Venecia con el performance Protesis (2013), en la que entregó dibujos originales a los espectadores para comunicarse con ellos. El proyecto se inspiró en el pasaje furtivo de notas en prisión como una forma de mantener la privacidad, la interacción social y el sentido de identidad.

Jhafis Quintero vive y trabaja en Verona, Italia.

http://ccecasadelsoldado.org

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