Issue 11: Curadores al borde de un ataque de nervios

Issue 11: Curadores al borde de un ataque de nervios

February 12 - May 14, 2018

Crisis and anxiety characterize our relationship with the reality we share: inhabiting it causes a ‘nervous breakdown’ that is the result of a succession of events that alter our daily routine and lead to increased stress. Corruption, global warming, feminicide, drug trafficking, precariousness, insecurity, racism, abuse, exploitation, repression... although we have managed to turn a critical eye upon the realities that surround us, the information that represents them as a whole is confusing, fragmented, and sometimes unintelligible. Perhaps it is for this reason that the figure of the curator in three decades has evolved from simple organizers to almost gurus, capable of providing narrative, perspective, and order to artistic and visual production—art being now one of the few spaces available for dissemination of anti-hegemonic, anti-patriarchal, decolonial, and anticapitalist thoughts. If we consider the visual and sensory regime that constitutes art as a sibylline refuge, necessary in the face of the systematic violence of the provocative language imposed by the extreme ideologies of our time, the curator can be understood as the oracle who will make art “speak” as a whole, the aporia that would cure us of the schizophrenic malaise of living in this world, allowing a true encounter with diversity to enable other collective ways of approaching our environment. Alas! In a continent ravaged by colonization, imperialism, machismo, and neoliberalism, the voice of the curator often murmurs on the edge of dominant rhetoric. Reigning from the fragile castles that are their museums and institutions of art, from the precariousness of the independent spaces and behind the ridiculous walls, nourished by knowledge such as aesthetics, humanities, or philosophy, the curators are stateless sovereigns, prophets without gods who we follow with a faith deceived by few successful profiles shining from Paris or New York, but whose real achievements consist in the humble work realised day after day in the less shiny commons of our Global South. In this issue of Terremoto, we will critically review in the most pragmatic and lucid way possible, what we call the ‘curatorial’ in various parts of the American continent and how it articulates the cultural network and approaches reality to order it. We will examine the models of expression and organization that we have adopted to reevaluate the structures we reproduce and understand the impact, limits, and possibilities of our activities, possibly beyond the limited world of art.

Febrero 12 – mayo 14, 2018

Crisis y ansiedad caracterizan nuestra relación con la realidad que compartimos: habitarla provoca un ‘ataque de nervios’ que es resultado de una sucesión de hechos que alteran nuestra rutina cotidiana y que desembocan en el aumento de estrés. Corrupción, calentamiento global, feminicidios, narcotráfico, precariedad, inseguridad, racismo, abuso, explotación, represión, deshumanización… si bien hemos logrado visibilizar críticamente las realidades que nos rodean, la información que las representa en conjunto es confusa, fragmentada y en ocasiones ininteligible.

Eso podría explicar entonces que la figura del curador en tres décadas haya evolucionado de sencillxs organizadores a casi gurús, capaces de dotar de narrativa, perspectiva y orden a la producción artística y visual —el arte siendo ahora uno de los pocos espacios disponibles para la divulgación de pensamientos contrahegemónicos, antipatriarcales, decoloniales y anticapitalistas. Si consideramos el régimen visual y sensitivo que constituye el arte como un refugio sibilino, necesario ante la violencia sistemática del lenguaje provocador impuesto desde las ideologías extremas de nuestra época, el curador sería entonces el oráculo que hará al arte “hablar” en su conjunto, la aporía que nos curaría del malestar esquizofrénico de vivir en este mundo, permitiendo un encuentro verdadero con la diversidad para posibilitar otras formas colectivas de abordar nuestro entorno.

¡Alas! En un continente asolado por la colonización, el imperialismo, el machismo y el neoliberalismo, la voz del curador murmura a menudo a orillas de las retóricas dominantes. Reinando desde los castillos frágiles que son sus museos e instituciones de arte, desde la precariedad de los espacios independientes y detrás de las murallas irrisorias, constituidas por conocimientos como la estética, las humanidades o la filosofía, los curadores son soberanos apátridos, profetas sin dioses que seguimos con una fe engañada por escasos perfiles exitosos reluciendo desde París o Nueva York, pero cuyos logros reales consisten en tareas humildes realizándose día a día, en lo común de nuestro Sur Global.

En este número de Terremoto, revisaremos críticamente cómo lo que llamamos lo ‘curatorial’, en varias partes del continente americano, articula el tejido cultural y aborda la realidad para ordenarla —de la manera más pragmática y lúcida posible. Examinaremos los modelos de enunciación y organización que hemos adoptado para revaluar las estructuras que reproducimos y entender el impacto, los límites y las posibilidades de nuestras actividades, posiblemente más allá del acotado mundo del arte.