Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

10 de 500. La cuadratura del círculo

Curaduría por Concha Fontenla

Factoría Habana La Habana, Cuba February 7, 2020 – April 18, 2020

Francisco de la Cal y Fernando Rodríguez, Sostente (Parábola del hombre ciego) (2019 -2020). Instalación. Pulpa de papel reciclado y madera policromada. Imagen cortesía de Factoría Habana

Adonis Ferro, Des-concierto 10. Rectángulo (2020). Video estéreo a color. Imagen cortesía de Factoría Habana

Carlos Martiel, Sabor a lágrimas (2019). 14a Bienal de Sharjah. Bait Obaid Al Shamsi. Sharjah. Emiratos Árabes Unidos. Imagen cortesía de Factoría Habana

En 10 años de intensa presencia en el panorama de las artes visuales cubanas, el Centro de Arte Contemporáneo Factoría Habana se ha dado la labor de funcionar como medidor y propulsor de la producción nacional. Sobrepasando la cifra de treinta exhibiciones, ha presentado la obra de los actores más activos y reconocidos del circuito. Las reflexiones en torno a estado del arte, estándares, tópicos, tendencias han mantenido una línea discursiva coherente que interconecta cada una de sus exposiciones como proyectos curatoriales continuos.

Con una proyección de intereses fuertemente sustentada en el aspecto conceptual, se han presentado bajo criterio expandido de las artes todas las formas y registros posibles. Los criterios curatoriales manejados toman un matiz activo creador que otorga forma de mega instalación artística a cada una de las muestras. Construye un mapa actualizado de los fenómenos estéticos y conceptuales pertinentes a cada momento en que se originan, a la vez que provoca la propulsión de nuevos modos de expresión creativa e intereses temáticos.

Para celebrar el décimo aniversario de la galería y los 500 años de la fundación de la villa San Cristóbal de La Habana, se concibe 10 de 500. La cuadratura del círculo. En su corpus estructural reúne a algunos de los artistas con presencia en exposiciones anteriores, aborda temáticas contenidas en los preceptos teóricos del proyecto. Todo ello unido por un fino hilo relacional que pone a dialogar obras y artistas.

En la metáfora del título, alusiva a la búsqueda de la perfección y proporciones ideales en el gesto de hacer coincidir el área del círculo con la del cuadrado, queda plasmada la intención de una tarea casi imposible.  Resumir el trabajo realizado en diez años, así como la influencia en la forma de entender y valorar el arte, resulta complejo en una única exhibición. La solución final en la concepción de 10 de 500. La cuadratura del círculo ha sido sintética y minimal, más empeñada en rememorar estéticas, temas, autores, aspectos recurrentes, que en una revisitación exhaustiva de la historia expositiva de la galería.

Los elementos de significación simbólica se diseñan estableciendo analogías y contrapunteos por plantas de contenido, de manera que el planteamiento locativo de las obras conduce al espectador orgánicamente por el recorrido museográfico a la vez que se pueden establecer claras relaciones temáticas y formales entre ellas y exposiciones anteriores.

En el primer nivel, nos recibe un dibujo realizado directamente sobre el muro por Fabián Muñoz bajo el título No pasarán (2019). El creador, que se ha movido versátilmente entre los campos del diseño y las artes visuales, realiza una síntesis interpretativa de la propia metáfora del título. Un personaje burlesco compuesto por instrumentos métricos intenta hacer pasar por un aro un grupo de cuadriláteros dispersos. Esta primera intervención reafirma la intención del trabajo de Factoría Habana al tratar zonas limítrofes, cada vez de una manera más expandida e inclusiva. Se han asimilado en los procesos creativos desde las más tradicionales expresiones del arte contemporáneo en nuestro contexto hasta la aplicación de nuevos medios transgresores y tecnológicos, colaboraciones con científicos y otras áreas del conocimiento. Con un tratamiento atento, el diseño (en sus múltiples formas) ha sido escrutado en varias exposiciones como D’disegno. Respuesta cubana (2013), Arte Industria (2015), Clara Porset. El eterno retorno (2016), Convergencia (2018), Intersecciones (2019), Conexiones (2019). Este énfasis se ha desplegado en pos de una mayor valoración a la producción nacional en este campo, muchas veces desatendida y olvidada; a la vez que busca estimular la creación actual en ese punto donde se imbrican más de cerca el arte y la vida.

Algunas líneas temáticas comunes se pueden establecer de manera inmediata antes los exponentes de la planta baja. Uno de esos puntos aglomerantes es “la historia”, que también ha tenido anterior tratamiento en exposiciones como Espejismos (2010), Miradas (2014), La Utilidad de la historia (2014), Índice de Imágenes (2017), etc… En este caso se nos presenta de múltiples maneras, desde la indagación del pasado, la reflexión sobre acontecimientos y fenómenos recientes, hasta en la ficcionalización de sucesos en historietas y situaciones distópicas. La investigación y traída en el tiempo del documento u objeto como vocación de José Ángel Toirac, se expresa una vez más en las dos piezas que propone: Retrato de Mercedes de Santa Cruz, Condesa de Merlín (2019), realizada en colaboración con Octavio César Marín y 1933. La ciudad del pecado (2020). En ambos casos se encuentra contenida la labor arqueológica del artista en el rescate de piezas cargadas de valor simbólico histórico. Funcionan como detonante de interés hacia zonas olvidadas de épocas pasadas como registros de procesos políticos y socio-culturales valiosos. José Manuel Mesías también se incorpora a esta temática histórica. El artista, protagonista de la exposición personal Índice de Imágenes (2017), esta vez regresa al lienzo de gran formato con Antonio Maceo en el combate de Mangos de Mejía 1877 (2013-2014). La escena recrea el momento en que el héroe, luego de ser abatido por la artillería enemiga, es atendido y prácticamente resucitado. Una composición de personajes en torno al cuerpo de Maceo, como una sublimación de tema religioso, se expresa en oscuros tonos barroquistas mientras una fuente de luz, escondida entre los cuerpos, crea contrastes en juegos de colores ocres.

Como línea continua, prolongada de representaciones que empiezan a evidenciarse en las obras de Toirac y Mesías, otro giro temático se nos presenta: “la racialidad”, específicamente “la negra”. René Peña y Carlos Martiel son fuertes emisarios del tópico y participantes activos de las exposiciones en Factoría Habana. La muestra La ceiba me dijo tú (2017) fue una ocasión especial para profundizar en la herencia afrocubana y su presencia en la plástica nacional. Tuvo un lugar privilegiado la presentación de la obra de Belkis Ayón. Una planta estuvo dedicada a su universo de personajes y mitos provenientes del imaginario abakuá. En Intersecciones (2019) (insertada en la XIII Bienal de La Habana) se asimiló el proyecto curatorial Inside Out con la presentación de los artistas africanos Ayo Akinwandé (Nigeria) y Athi-Patra Ruga (Sudáfrica).

René Peña, artista que acompaña el proceso evolutivo de la galería desde sus orígenes, expone una composición de cuatro fotografías. A través de sus obras, explora y plantea nuevas formas de masculinidad en el hombre, añadidos los valores del color de su piel, el gesto y la huella de los años en su cuerpo maduro. Nos regala fragmentos de miembros, posiciones encontradas y responsoriales del sujeto, con un ritmo marcado por el tambor milenario que otorga fuerza a sus autorretratos.

Para Carlos Martiel el cuerpo es el soporte del arte. Su carrera ha estado signada por la acción performativa; los límites físicos de la resistencia humana ante el dolor de perforaciones físicas, emocionales, políticas; el discurso del hombre negro y la prolongada herencia de vejaciones imperdonables que aún postcolonialmente viene cargando.  En disposición continuada a lo largo de un mismo muro, luego de las obras de René Peña y la documentación fotográfica de la década del 30 en Cuba que devela José Ángel Toirac (en la que también aparece el hombre negro), se colocan dos videos en los que se documentan sus acciones Gente de Color (Ecuador, 2018) y Sabor a lágrimas (Emiratos Árabes Unidos, 2019).

En el muro opuesto, aparecen rostros “de mujer”. En la obra de José Ángel Toirat apreciamos un retrato de la Condesa de Merlín, realizado en acrílico y pan de oro sobre una tapa de arcón del siglo XVIII original del Convento de Santa Clara. A continuación, cuatro piezas de Cirenaica Moreira: Memorias sobre la vagancia en Cuba; Respondiendo a Vita Sackville-West; El mercado del arte y Dentro de un mes, dentro de un año; 2017. La artista, en la pródiga y profunda expresión de su carrera, ha explorado el universo íntimo autorreferencial. El autorretrato ha estado entre sus registros predilectos en fotografías y performances, aunque también disecciona las áreas propias que se pueden encontrar en el estudio del “otro”. En esta ocasión, aparece como blanco del lente su propia hija. Las piezas fotográficas son intervenidas sobre el papel y se le añaden elementos textiles, flores, objetos que refuerzan su riqueza semántica y expresiva.

De Rocío García encontramos Es urgente… (2015), página 2 de la Serie TheMission. En el lienzo de gran formato que compone una narración a modo de historieta, predomina el rosa. Representa un primer plano de la escena en que la protagonista Zarina, inicia su misión rescate de Sireman. La femme fatale cambia su traje de gala por maya elástica de super mujer, con máscara y botas. Se enfrenta a los malhechores que secuestraron al mutante y se dispone a devolverle “su hombría”. El escenario en que ocurren los hechos combina el rascacielos neoyorquino con escena portuaria habanera en juego distópico de realidades coexistentes atemporales. Como de costumbre, se expresa en la escena la maestra colorista que divide las áreas de color, de luz y sombras, con finísima línea y trazo seguro.

Al fondo de la sala se proyecta Des-concierto 10. Rectángulo (2020), de Adonis Ferro. El video constituye el registro audiovisual de la experiencia de igual nombre desarrollada por el artista en la galería. Con el protagonismo de la luz incidental se colocaron diversos objetos que realizaron la danza sosegada en proyección de sombras espectrales. En el espacio rectangular correspondiente al área del lucernario del edificio formaron filas un grupo de actores vestidos de negro. Al ir penetrando el público a la sala comenzaba la intervención sonora de aplausos que se iba intensificando in crescendo e invertía la ecuación de reconocimiento espectador/obra.

Se expresan reivindicadas en la planta inferior las voces de áreas marginadas históricamente y temas frecuentes. Entre ellos “la movilidad”, ya sea referida a la migración internacional como a los procesos de transportación local y las dificultades que se afrontan en ambos casos. Dos piezas tridimensionales funcionan como conectores orgánicos discursivos entre la planta baja y primera planta de la galería. La escultura de fibra de vidrio Emigrante n°8 (2020) de Esterio Segura es una suerte de automóvil híbrido entre auto clásico americano, submarino y avión. Pareciera inspirada en La Nave (1961) de Ángel Acosta León por las hélices traseras, alas y estructura blindada de la máquina negra con detalles plateados. El objeto escultórico continua el interés del artista de ingeniarse la representación de medios de transporte versátiles y extraños.

Con puntos de conexión temáticos y formales evidentes, la nave de Esterio Segura encuentra continuidad en la instalación planteada por Humberto Díaz en el siguiente nivel: Dos Cristos (2020).  La carrocería de un carro ha sido introducida y conducida hacia una planta alta de Factoría. La obra no es solo el resultado final, sino todo el despliegue logístico de la producción para hacerla realidad. Fuertes cables tensores aseguran la pesada estructura y nylon negro la envuelve. Sobre esta se haya un cristo blanco crucificado, envuelto en plástico retráctil. Este gesto alude a El Cuerpo de piedra (2016), site-specific en el que el artista recurre a envolver el espacio intercolumnio con el mismo material durante la exposición El silencio de Duchamp (2016).

Fernando Rodríguez regresa acompañado de su personaje heterónimo Francisco de la Cal con la instalación aérea Sostente. Parábola del hombre ciego (2019). Desde la planta baja se observa una composición de bloques construidos a base de pasta de papel, a manera de cubierta quebrada y en peligro de derrumbe. En la planta superior se aprecia sobre la estructura el conjunto de bastones de madera tallados con la caracterización de Francisco de la Cal. El campesino, artista naif, además de ciego, ahora es cojo y mudo.

En este nivel encontramos, en el mismo muro que acogió Vértice #1 (2018) en la exposición personal Divergencias: paradigma líquido (2018) de Rafael Villares, el conjunto compositivo Vértices (2020). En este se recrean los grupos montañosos más elevados e importantes del mundo y se realiza un estudio del color asociado a la elevación del terreno en cada caso. Viene a recordarnos la relación del arte con otras áreas del conocimiento, también el culto al escenario natural en su dimensión sobrecogedora y mística.

En paredes enfrentadas hayamos dispuestas las obras de los artistas Alejandro Campins y Luis Gómez. El primero ha marcado una visualidad propia en la composición de paisajes estilizados, expresiva y matéricamente pictóricos en gran formato. Propone Desierto Pintado II, de la Serie BadLand (2018). Por su parte, Luis Gómez, que ha dedicado su carrera al trabajo con nuevos medios y el desarrollo de experiencias pedagógicas creativas en estos soportes, presenta por primera vez su pintura. Sin título de la Serie Speak in Tongues (2014) son ocho lienzos coloridos en los cuales se puede leer en italiano la expresion “la revoluzione siamo noi”. Las composiciones simulan la pantalla de cine, cual fotogramas de escenarios diversos, semi abstractos en pincelada suelta y expresiva. De la Serie Sentido desplazado (2016) se muestran nueve dípticos de pequeñas dimensiones, una de las piezas es una abstracción, la otra un texto. Su propuesta es extremadamente conceptual, autorreflexiva, estética…

La idea, como soporte esencial de la obra, es el elemento aglutinante de esta planta, tanto el gigantesco óleo de Campins hasta la ilustración de Antonio Eligio F. Tonel, Iluminaciones (2019), versión de Iluminaciones (2012) en la exposición Paredes que hablan, Factoría Habana (2012). A continuación de esta pieza, realizada directamente sobre la pared, se encuentran cuatro creaciones de Ernesto Oroza. TacticalPlaceholder (Object of necessity) (2017); es un fotocollage realizado con un tabloide impreso y fotografías color de varios objetos utilitarios elaborados a partir de materiales reciclados, comunes en escenas domésticas cubanas. Las imágenes de vasos y tazas plásticos o de vidrio se integran al cuerpo de un discurso religioso en juego contrastado de la beatificación de lo simple. Silla vector (Silla monobloc corregida con madera de marabú) (2017), #metameme (2016) y Sin título (marabú mental) (2017) versan sobre la metáfora de la especie vegetal invasora. Se auxilia de la tipografía textual y diversas formas representativas para proyectar un discurso alusivo a estructuras mentales, culturales, lógicas del individuo cubano en la estructuración de su pensamiento cotidiano.

La última planta acoge un conjunto de obras asociadas por el uso de la instalación lumínica como medio expresivo. Y se hizo la luz (España, 2014) y Kalei2copio Habana (Portugal, 2016) funcionan como exposiciones referenciales para el desarrollo de este apartado temático. Inscritas en este registro, hallamos las obras de Ernesto Niebla y Saydí Boza Identidad (2016), Antes que la luz (2016), Mitral (2016) y Cartel Kalei2copio (2016). El dúo artístico desarrolla temas de identidad a partir del tratamiento del símbolo nacional. Fragmenta, deconstruye, recompone la bandera cubana en juegos con la transparencia de acrílicos calados, estructuras piramidales segmentadas y la incidencia de la luz como parte esencial de las piezas.

Sandra Ramos es una de las voces artísticas cubanas más constante con un discurso político diáfano y original. Fue parte de la exhibición que Factoría presentó a la XI Bienal de La Habana Las metáforas del cambio (2012).  En esta ocasión no nos presenta a la icónica pionera que piensa la isla, sino Charada (2018) de la Serie Ashes and Diamonds, una instalación de placas de acrílico con arquetipos del tarot calados en su superficie. Los valores se proyectan a modo de sombras sobre las repisas volantes que sostienen el material al incidir sobre este la luz. Aplica dibujos con grafito o pintura roja en algunos prototipos que componen junto a los reflejos una nueva imagen. También muestra dos videos: Powerball y Ping Pong. En ellos la política internacional se convierte en el campo de juego. Los líderes son sorteados en cósmica maquina expendedora galáctica y lanzados sobre la mesa. Las pelotas componen pares dicotómicos random. Aparecen los rostros más influyentes en el panorama político internacional del siglo XX y XXI rebotando sobre el mapamundi.

Para Duvier del Dago el dibujo es el registro elemental pero no el planteamiento bidimensional sobre una superficie plana, sino un dibujo expandido, proyectado en el espacio. Compone las imágenes en impresionantes instalaciones, en las cuales dibuja con hilo de seda y luz UV. Para 10 de 500… el artista versiona su obra Error humano (2020), presentada con anterioridad en Y se hizo la luz y Kalei2copio Habana.

La composición en tres escenas resulta la conexión idónea con el tema de naves híbridas desplegada desde el primer nivel con la obra de Esterio Segura; la de Humberto Díaz, en el segundo; y ésta, por último. Cerrando el ciclo sígnico del objeto escultórico como vehículo de escape de arquitecturas físicas y mentales rígidas. La pieza de Duvier plantea la relación morfológica entre la forma de una ballena y un submarino. Ambas figuras colocadas en extremos opuestos. Al centro sobrepone los dibujos en un espectro biomecánico que mueve interrogantes profundas. Acaso evidencia la inspiración que encuentra la máquina en el mundo natural, acaso el ciclo en que una destruye a la otra, acaso la pluralidad como aspecto intrínseco a cada objeto o sujeto.

El submarino queda contenido en la ballena, la luz se apaga, Cristo monta en el carro, la pintura mancha la pantalla de TV, la silla se rompe, la mujer grita, el negro rompe sus cadenas, pero el círculo y el cuadrado siguen sin encajar.

—Texto por Claudia Karina Ricardo

Artistas

Adonis Ferro, Alejandro Campins, Antonio Eligio Fernández Tonel, Carlos Martiel, Cirenaica Moreira, Duvier del Dago, Ernesto Niebla & Saidí Boza, Ernesto Oroza, Esterio Segura, Fabián Muñoz, Fernando Rodríguez, Humberto Díaz, José A. Toirac, José M. Mesías, Luis Gómez, Octavio C. Marín, Rafael Villares, René Peña, Rocío García y Sandra Ramos.

https://www.instagram.com/factoriahabana/

Francisco de la Cal y Fernando Rodríguez, Sostente (Parábola del hombre ciego) (2019 -2020). Instalación. Pulpa de papel reciclado y madera policromada. Imagen cortesía de Factoría Habana

Adonis Ferro, Des-concierto 10. Rectángulo (2020). Video estéreo a color. Imagen cortesía de Factoría Habana

Carlos Martiel, Sabor a lágrimas (2019). 14a Bienal de Sharjah. Bait Obaid Al Shamsi. Sharjah. Emiratos Árabes Unidos. Imagen cortesía de Factoría Habana

En 10 años de intensa presencia en el panorama de las artes visuales cubanas, el Centro de Arte Contemporáneo Factoría Habana se ha dado la labor de funcionar como medidor y propulsor de la producción nacional. Sobrepasando la cifra de treinta exhibiciones, ha presentado la obra de los actores más activos y reconocidos del circuito. Las reflexiones en torno a estado del arte, estándares, tópicos, tendencias han mantenido una línea discursiva coherente que interconecta cada una de sus exposiciones como proyectos curatoriales continuos.

Con una proyección de intereses fuertemente sustentada en el aspecto conceptual, se han presentado bajo criterio expandido de las artes todas las formas y registros posibles. Los criterios curatoriales manejados toman un matiz activo creador que otorga forma de mega instalación artística a cada una de las muestras. Construye un mapa actualizado de los fenómenos estéticos y conceptuales pertinentes a cada momento en que se originan, a la vez que provoca la propulsión de nuevos modos de expresión creativa e intereses temáticos.

Para celebrar el décimo aniversario de la galería y los 500 años de la fundación de la villa San Cristóbal de La Habana, se concibe 10 de 500. La cuadratura del círculo. En su corpus estructural reúne a algunos de los artistas con presencia en exposiciones anteriores, aborda temáticas contenidas en los preceptos teóricos del proyecto. Todo ello unido por un fino hilo relacional que pone a dialogar obras y artistas.

En la metáfora del título, alusiva a la búsqueda de la perfección y proporciones ideales en el gesto de hacer coincidir el área del círculo con la del cuadrado, queda plasmada la intención de una tarea casi imposible.  Resumir el trabajo realizado en diez años, así como la influencia en la forma de entender y valorar el arte, resulta complejo en una única exhibición. La solución final en la concepción de 10 de 500. La cuadratura del círculo ha sido sintética y minimal, más empeñada en rememorar estéticas, temas, autores, aspectos recurrentes, que en una revisitación exhaustiva de la historia expositiva de la galería.

Los elementos de significación simbólica se diseñan estableciendo analogías y contrapunteos por plantas de contenido, de manera que el planteamiento locativo de las obras conduce al espectador orgánicamente por el recorrido museográfico a la vez que se pueden establecer claras relaciones temáticas y formales entre ellas y exposiciones anteriores.

En el primer nivel, nos recibe un dibujo realizado directamente sobre el muro por Fabián Muñoz bajo el título No pasarán (2019). El creador, que se ha movido versátilmente entre los campos del diseño y las artes visuales, realiza una síntesis interpretativa de la propia metáfora del título. Un personaje burlesco compuesto por instrumentos métricos intenta hacer pasar por un aro un grupo de cuadriláteros dispersos. Esta primera intervención reafirma la intención del trabajo de Factoría Habana al tratar zonas limítrofes, cada vez de una manera más expandida e inclusiva. Se han asimilado en los procesos creativos desde las más tradicionales expresiones del arte contemporáneo en nuestro contexto hasta la aplicación de nuevos medios transgresores y tecnológicos, colaboraciones con científicos y otras áreas del conocimiento. Con un tratamiento atento, el diseño (en sus múltiples formas) ha sido escrutado en varias exposiciones como D’disegno. Respuesta cubana (2013), Arte Industria (2015), Clara Porset. El eterno retorno (2016), Convergencia (2018), Intersecciones (2019), Conexiones (2019). Este énfasis se ha desplegado en pos de una mayor valoración a la producción nacional en este campo, muchas veces desatendida y olvidada; a la vez que busca estimular la creación actual en ese punto donde se imbrican más de cerca el arte y la vida.

Algunas líneas temáticas comunes se pueden establecer de manera inmediata antes los exponentes de la planta baja. Uno de esos puntos aglomerantes es “la historia”, que también ha tenido anterior tratamiento en exposiciones como Espejismos (2010), Miradas (2014), La Utilidad de la historia (2014), Índice de Imágenes (2017), etc… En este caso se nos presenta de múltiples maneras, desde la indagación del pasado, la reflexión sobre acontecimientos y fenómenos recientes, hasta en la ficcionalización de sucesos en historietas y situaciones distópicas. La investigación y traída en el tiempo del documento u objeto como vocación de José Ángel Toirac, se expresa una vez más en las dos piezas que propone: Retrato de Mercedes de Santa Cruz, Condesa de Merlín (2019), realizada en colaboración con Octavio César Marín y 1933. La ciudad del pecado (2020). En ambos casos se encuentra contenida la labor arqueológica del artista en el rescate de piezas cargadas de valor simbólico histórico. Funcionan como detonante de interés hacia zonas olvidadas de épocas pasadas como registros de procesos políticos y socio-culturales valiosos. José Manuel Mesías también se incorpora a esta temática histórica. El artista, protagonista de la exposición personal Índice de Imágenes (2017), esta vez regresa al lienzo de gran formato con Antonio Maceo en el combate de Mangos de Mejía 1877 (2013-2014). La escena recrea el momento en que el héroe, luego de ser abatido por la artillería enemiga, es atendido y prácticamente resucitado. Una composición de personajes en torno al cuerpo de Maceo, como una sublimación de tema religioso, se expresa en oscuros tonos barroquistas mientras una fuente de luz, escondida entre los cuerpos, crea contrastes en juegos de colores ocres.

Como línea continua, prolongada de representaciones que empiezan a evidenciarse en las obras de Toirac y Mesías, otro giro temático se nos presenta: “la racialidad”, específicamente “la negra”. René Peña y Carlos Martiel son fuertes emisarios del tópico y participantes activos de las exposiciones en Factoría Habana. La muestra La ceiba me dijo tú (2017) fue una ocasión especial para profundizar en la herencia afrocubana y su presencia en la plástica nacional. Tuvo un lugar privilegiado la presentación de la obra de Belkis Ayón. Una planta estuvo dedicada a su universo de personajes y mitos provenientes del imaginario abakuá. En Intersecciones (2019) (insertada en la XIII Bienal de La Habana) se asimiló el proyecto curatorial Inside Out con la presentación de los artistas africanos Ayo Akinwandé (Nigeria) y Athi-Patra Ruga (Sudáfrica).

René Peña, artista que acompaña el proceso evolutivo de la galería desde sus orígenes, expone una composición de cuatro fotografías. A través de sus obras, explora y plantea nuevas formas de masculinidad en el hombre, añadidos los valores del color de su piel, el gesto y la huella de los años en su cuerpo maduro. Nos regala fragmentos de miembros, posiciones encontradas y responsoriales del sujeto, con un ritmo marcado por el tambor milenario que otorga fuerza a sus autorretratos.

Para Carlos Martiel el cuerpo es el soporte del arte. Su carrera ha estado signada por la acción performativa; los límites físicos de la resistencia humana ante el dolor de perforaciones físicas, emocionales, políticas; el discurso del hombre negro y la prolongada herencia de vejaciones imperdonables que aún postcolonialmente viene cargando.  En disposición continuada a lo largo de un mismo muro, luego de las obras de René Peña y la documentación fotográfica de la década del 30 en Cuba que devela José Ángel Toirac (en la que también aparece el hombre negro), se colocan dos videos en los que se documentan sus acciones Gente de Color (Ecuador, 2018) y Sabor a lágrimas (Emiratos Árabes Unidos, 2019).

En el muro opuesto, aparecen rostros “de mujer”. En la obra de José Ángel Toirat apreciamos un retrato de la Condesa de Merlín, realizado en acrílico y pan de oro sobre una tapa de arcón del siglo XVIII original del Convento de Santa Clara. A continuación, cuatro piezas de Cirenaica Moreira: Memorias sobre la vagancia en Cuba; Respondiendo a Vita Sackville-West; El mercado del arte y Dentro de un mes, dentro de un año; 2017. La artista, en la pródiga y profunda expresión de su carrera, ha explorado el universo íntimo autorreferencial. El autorretrato ha estado entre sus registros predilectos en fotografías y performances, aunque también disecciona las áreas propias que se pueden encontrar en el estudio del “otro”. En esta ocasión, aparece como blanco del lente su propia hija. Las piezas fotográficas son intervenidas sobre el papel y se le añaden elementos textiles, flores, objetos que refuerzan su riqueza semántica y expresiva.

De Rocío García encontramos Es urgente… (2015), página 2 de la Serie TheMission. En el lienzo de gran formato que compone una narración a modo de historieta, predomina el rosa. Representa un primer plano de la escena en que la protagonista Zarina, inicia su misión rescate de Sireman. La femme fatale cambia su traje de gala por maya elástica de super mujer, con máscara y botas. Se enfrenta a los malhechores que secuestraron al mutante y se dispone a devolverle “su hombría”. El escenario en que ocurren los hechos combina el rascacielos neoyorquino con escena portuaria habanera en juego distópico de realidades coexistentes atemporales. Como de costumbre, se expresa en la escena la maestra colorista que divide las áreas de color, de luz y sombras, con finísima línea y trazo seguro.

Al fondo de la sala se proyecta Des-concierto 10. Rectángulo (2020), de Adonis Ferro. El video constituye el registro audiovisual de la experiencia de igual nombre desarrollada por el artista en la galería. Con el protagonismo de la luz incidental se colocaron diversos objetos que realizaron la danza sosegada en proyección de sombras espectrales. En el espacio rectangular correspondiente al área del lucernario del edificio formaron filas un grupo de actores vestidos de negro. Al ir penetrando el público a la sala comenzaba la intervención sonora de aplausos que se iba intensificando in crescendo e invertía la ecuación de reconocimiento espectador/obra.

Se expresan reivindicadas en la planta inferior las voces de áreas marginadas históricamente y temas frecuentes. Entre ellos “la movilidad”, ya sea referida a la migración internacional como a los procesos de transportación local y las dificultades que se afrontan en ambos casos. Dos piezas tridimensionales funcionan como conectores orgánicos discursivos entre la planta baja y primera planta de la galería. La escultura de fibra de vidrio Emigrante n°8 (2020) de Esterio Segura es una suerte de automóvil híbrido entre auto clásico americano, submarino y avión. Pareciera inspirada en La Nave (1961) de Ángel Acosta León por las hélices traseras, alas y estructura blindada de la máquina negra con detalles plateados. El objeto escultórico continua el interés del artista de ingeniarse la representación de medios de transporte versátiles y extraños.

Con puntos de conexión temáticos y formales evidentes, la nave de Esterio Segura encuentra continuidad en la instalación planteada por Humberto Díaz en el siguiente nivel: Dos Cristos (2020).  La carrocería de un carro ha sido introducida y conducida hacia una planta alta de Factoría. La obra no es solo el resultado final, sino todo el despliegue logístico de la producción para hacerla realidad. Fuertes cables tensores aseguran la pesada estructura y nylon negro la envuelve. Sobre esta se haya un cristo blanco crucificado, envuelto en plástico retráctil. Este gesto alude a El Cuerpo de piedra (2016), site-specific en el que el artista recurre a envolver el espacio intercolumnio con el mismo material durante la exposición El silencio de Duchamp (2016).

Fernando Rodríguez regresa acompañado de su personaje heterónimo Francisco de la Cal con la instalación aérea Sostente. Parábola del hombre ciego (2019). Desde la planta baja se observa una composición de bloques construidos a base de pasta de papel, a manera de cubierta quebrada y en peligro de derrumbe. En la planta superior se aprecia sobre la estructura el conjunto de bastones de madera tallados con la caracterización de Francisco de la Cal. El campesino, artista naif, además de ciego, ahora es cojo y mudo.

En este nivel encontramos, en el mismo muro que acogió Vértice #1 (2018) en la exposición personal Divergencias: paradigma líquido (2018) de Rafael Villares, el conjunto compositivo Vértices (2020). En este se recrean los grupos montañosos más elevados e importantes del mundo y se realiza un estudio del color asociado a la elevación del terreno en cada caso. Viene a recordarnos la relación del arte con otras áreas del conocimiento, también el culto al escenario natural en su dimensión sobrecogedora y mística.

En paredes enfrentadas hayamos dispuestas las obras de los artistas Alejandro Campins y Luis Gómez. El primero ha marcado una visualidad propia en la composición de paisajes estilizados, expresiva y matéricamente pictóricos en gran formato. Propone Desierto Pintado II, de la Serie BadLand (2018). Por su parte, Luis Gómez, que ha dedicado su carrera al trabajo con nuevos medios y el desarrollo de experiencias pedagógicas creativas en estos soportes, presenta por primera vez su pintura. Sin título de la Serie Speak in Tongues (2014) son ocho lienzos coloridos en los cuales se puede leer en italiano la expresion “la revoluzione siamo noi”. Las composiciones simulan la pantalla de cine, cual fotogramas de escenarios diversos, semi abstractos en pincelada suelta y expresiva. De la Serie Sentido desplazado (2016) se muestran nueve dípticos de pequeñas dimensiones, una de las piezas es una abstracción, la otra un texto. Su propuesta es extremadamente conceptual, autorreflexiva, estética…

La idea, como soporte esencial de la obra, es el elemento aglutinante de esta planta, tanto el gigantesco óleo de Campins hasta la ilustración de Antonio Eligio F. Tonel, Iluminaciones (2019), versión de Iluminaciones (2012) en la exposición Paredes que hablan, Factoría Habana (2012). A continuación de esta pieza, realizada directamente sobre la pared, se encuentran cuatro creaciones de Ernesto Oroza. TacticalPlaceholder (Object of necessity) (2017); es un fotocollage realizado con un tabloide impreso y fotografías color de varios objetos utilitarios elaborados a partir de materiales reciclados, comunes en escenas domésticas cubanas. Las imágenes de vasos y tazas plásticos o de vidrio se integran al cuerpo de un discurso religioso en juego contrastado de la beatificación de lo simple. Silla vector (Silla monobloc corregida con madera de marabú) (2017), #metameme (2016) y Sin título (marabú mental) (2017) versan sobre la metáfora de la especie vegetal invasora. Se auxilia de la tipografía textual y diversas formas representativas para proyectar un discurso alusivo a estructuras mentales, culturales, lógicas del individuo cubano en la estructuración de su pensamiento cotidiano.

La última planta acoge un conjunto de obras asociadas por el uso de la instalación lumínica como medio expresivo. Y se hizo la luz (España, 2014) y Kalei2copio Habana (Portugal, 2016) funcionan como exposiciones referenciales para el desarrollo de este apartado temático. Inscritas en este registro, hallamos las obras de Ernesto Niebla y Saydí Boza Identidad (2016), Antes que la luz (2016), Mitral (2016) y Cartel Kalei2copio (2016). El dúo artístico desarrolla temas de identidad a partir del tratamiento del símbolo nacional. Fragmenta, deconstruye, recompone la bandera cubana en juegos con la transparencia de acrílicos calados, estructuras piramidales segmentadas y la incidencia de la luz como parte esencial de las piezas.

Sandra Ramos es una de las voces artísticas cubanas más constante con un discurso político diáfano y original. Fue parte de la exhibición que Factoría presentó a la XI Bienal de La Habana Las metáforas del cambio (2012).  En esta ocasión no nos presenta a la icónica pionera que piensa la isla, sino Charada (2018) de la Serie Ashes and Diamonds, una instalación de placas de acrílico con arquetipos del tarot calados en su superficie. Los valores se proyectan a modo de sombras sobre las repisas volantes que sostienen el material al incidir sobre este la luz. Aplica dibujos con grafito o pintura roja en algunos prototipos que componen junto a los reflejos una nueva imagen. También muestra dos videos: Powerball y Ping Pong. En ellos la política internacional se convierte en el campo de juego. Los líderes son sorteados en cósmica maquina expendedora galáctica y lanzados sobre la mesa. Las pelotas componen pares dicotómicos random. Aparecen los rostros más influyentes en el panorama político internacional del siglo XX y XXI rebotando sobre el mapamundi.

Para Duvier del Dago el dibujo es el registro elemental pero no el planteamiento bidimensional sobre una superficie plana, sino un dibujo expandido, proyectado en el espacio. Compone las imágenes en impresionantes instalaciones, en las cuales dibuja con hilo de seda y luz UV. Para 10 de 500… el artista versiona su obra Error humano (2020), presentada con anterioridad en Y se hizo la luz y Kalei2copio Habana.

La composición en tres escenas resulta la conexión idónea con el tema de naves híbridas desplegada desde el primer nivel con la obra de Esterio Segura; la de Humberto Díaz, en el segundo; y ésta, por último. Cerrando el ciclo sígnico del objeto escultórico como vehículo de escape de arquitecturas físicas y mentales rígidas. La pieza de Duvier plantea la relación morfológica entre la forma de una ballena y un submarino. Ambas figuras colocadas en extremos opuestos. Al centro sobrepone los dibujos en un espectro biomecánico que mueve interrogantes profundas. Acaso evidencia la inspiración que encuentra la máquina en el mundo natural, acaso el ciclo en que una destruye a la otra, acaso la pluralidad como aspecto intrínseco a cada objeto o sujeto.

El submarino queda contenido en la ballena, la luz se apaga, Cristo monta en el carro, la pintura mancha la pantalla de TV, la silla se rompe, la mujer grita, el negro rompe sus cadenas, pero el círculo y el cuadrado siguen sin encajar.

—Texto por Claudia Karina Ricardo

Artistas

Adonis Ferro, Alejandro Campins, Antonio Eligio Fernández Tonel, Carlos Martiel, Cirenaica Moreira, Duvier del Dago, Ernesto Niebla & Saidí Boza, Ernesto Oroza, Esterio Segura, Fabián Muñoz, Fernando Rodríguez, Humberto Díaz, José A. Toirac, José M. Mesías, Luis Gómez, Octavio C. Marín, Rafael Villares, René Peña, Rocío García y Sandra Ramos.

https://www.instagram.com/factoriahabana/

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Morder el polvo

Hablaba con las salamandras, las oropéndolas y los ornitorrincos…

Tierra Vaga

«Camp Fires. The Body as Queer Stage» en UV Estudios, Buenos Aires, Argentina